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De: Siri

Para: Remi

Asunto: Snape

A lo mejor él no es tan mala persona. Le gusta el popcorn.

S.

--
jau


De: El hombre lobo incrédulo

Para: El perro sato masticando  

Asunto: Re: Snape

Sí claro, ahora el popcorn se usa para juzgar a una persona, ¿no?

Yo estaba mas interesado en la profecía de anoche que en tu relación con Snape. Y llamarlo Snape es mucho mas fácil de leer que Snivellus.

¿Ya entendiste lo que significa la profecía, verdad?

R


De: Ya has usado ese insulto

Para: El que tiene mala memoria

Asunto: Re: Re: Snape

Te admito que es más fácil de escribir.

¿La profecía? Sí: Harry se enfrenta a Voldemort, Harry gana, Harry y Ginny se casan y yo obtengo un chorro de nuevos Potter para corromper.

Canuto

--
jau


De: El olvidadizo

Para: El olvidado

Asunto: Re: Re: Re: Snape

Moviéndose rápido.

En cuanto a la profecía, significa que Harry es el ÚNICO que puede matar a Voldemort. No importa lo que hagamos, no podremos evitar que Harry tenga que quitar una vida.

Remus suspirando


De: El abochornado

Para: El educado

Asunto: Re: Re: Re: Re: Snape

Maldición.

Maldición, maldición, maldición, maldición.

¡Maldición!

Siri

--
maldición


De: El entretenido 

Para: El que entretiene

Asunto: Re[muchos]: Snape

Exactamente lo que siento yo. Bueno, imagino que lo que nos queda es asegurarnos de estar ahí para el chiquillo. Hablar con Ginny sería buena idea. Estoy seguro que ella sabe lo que está pasando.

Hablando de ella, lo que hizo anoche estuvo fenomenal. Hasta se me pararon los pelos cuando ella flotó y habló con esa voz de trueno. Claro está, me di cuenta de que Fred y George la ayudaron con los hechizos, pero como sea…

R


De: El que se pierde los detalles

Para: El que se fija en los detalles

Asunto: Re: Re[muchos]: Snape

De hecho, fue esa pequeña interpretación lo que me puso al tanto. Ver a Harry ahí parado, tan maduro, tomando el mando de la orden, bueno, digamos que me entristecí un poco.

No lo estoy comparando con James otra vez., pero anoche, no pude evitar pensar en qué hubiese pasado si James estuviera vivo, él sería el cabecilla de la orden, no Harry. James estaba destinado para cosas grandes y Voldemort lo asesinó.  

Sirius.

--
moviendo el rabito


De: Remus

Para: Sirius

Asunto: James

Se lo que quieres decir, especialmente en esa luz tenue de anoche. Pudo haber sido James, y Ginny pudo haber sido Lily, pero la ilusión fue solo por un segundo.  Con todo y lo que lo apreciaba, no creo que James hubiese terminado como el cabecilla.  ¿No has notado que Harry y Dumbledore comparten algo profundo con su magia y James, con todo y lo poderoso que era, no la tenía?

Lunático


De: No nos pongamos serios

Para: El otro merodeador

Asunto: Re: James

Podrías tener razón. Pero como sea, no nos metamos tan a fondo. Anoche descubrimos que hay esperanza, descubrimos que Harry puede ser un líder. Yo lo sigo al infierno y a donde sea, y descubrimos también que cuando escoge amigos, escoge los mejores.

S.

--
Viste, no más bromitas de Sirius


De: Incrédulo

Para: Canuto

Asunto: Bromitas

¿De veras?

Entonces significa que Harry logró lo imposible…

¿Debería señalarte que el forzarte a echar de lado tu enemistad con Severus no era la broma pesada que tenía en mente para ti?

¿Quieres enviarle mensaje mágico para reunirnos mañana con él?

Lunático


De: Incrédulo también

Para: Aquel-que-sabe-mucho

Asunto: Re: Bromitas

Okey, ahora estoy gruñendo.

Sí, yo le escribo.

El día que estaba tan bonito...

S.

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de pucheritos


De: Tío Sirius

Para: Harry

Asunto: Mañana

Harry, mi viejo,

Espero que hayas pasado un bonito día, y no me refiero a estar besuqueando a Ginny.

De todos modos, Remus y yo pensamos que nos tiraríamos para allá mañana y acompañarlos a cenar a ti y a Ginny.

Y, si prometo sobre la tumba de Lunático nunca tirarme otra bromita de Sirius/serio, ¿te olvidas de la broma pesada?

Canuto el adorable

--
Jau esperanzado


De: Fred (o es George)

Para: El Chico-Que-Besuquea-A-Nuestra-Hermana

Asunto: CMOdBeH

Harry, cuando tengas un segundo, podrías pasar por la tienda, necesitamos darte una actualización sobre nuestro progreso.

George (o es Fred)

--
Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon.


Minerva McGonagall tomó su taza de té y contempló el Gran Salón frente de ella. Como siempre, sus ojos se posaron en la mesa de Gryffindor. Hermione, Ron y Ginny estaban sumergidos en su conversación, mientras los chicos alrededor hablaban en voz baja, tratando de no interferir.

Era obvio al mirarlos que ellos tres eran, cuando Harry no estaba alrededor, los portavoces del muchacho. Hasta los del séptimo año les echaban el ojo de cuando en cuando, asegurándose de que su atención no hacía falta.

La profesora bajó la taza y movió los ojos hacia la mesa de Hufflepuff, cuando un grito que por poco le parte el alma se escuchó por todo el lugar. Los ojos de McGonagall volvieron a la fuente del sonido: Ginny Weasley. La profesora vio con horror como la muchacha se agarraba el collar antes de desmayarse.

El grito hizo eco por todo el lugar, imprimiéndose en el cerebro de Minerva de una forma que nunca podría olvidar. Parecía que alguien le acababa de arrancar el corazón.

McGonagall se volteó hacia Dumbledore para verlo aparecerse al lado de la muchacha. McGonagall no estaba segura como el anciano profesor se había movido tan rápido y se preguntó vagamente si era similar a la forma súbita de moverse de Harry que Ginny había descrito.

Albus se inclinó y luego se volteó. Un fuego aparecía al frente de sí y con voz grave llamó. – ¡Aberforth Dumbledore!

– ¿Albus? – otra cara apareció en el fuego, con obvia resemblanza familiar.

– ¿Esos collares que les diste a Harry y a Ginny, que es lo que hacen? – demandó Albus, poder y preocupación emanando a la vez de su persona.

– Los enlaza a los dos a un nivel mágico. ¿Por qué?

– Ginny se acaba de desmayar después de gritar y agarrarse el collar.

La cabeza en el fuego pausó por un segundo para luego ponerse pálida. – Encuentra a Harry. Ahora. Yo voy de camino.

Albus se volteó, el fuego detrás de él apagándose, y Minerva, acompañada de otros miembros del personal, se le unió en el suelo. Madame Pomfrey estaba ya de rodillas al lado de la muchacha, chequeándola, con Hermione a su lado actuando como enfermera.

– Harry está en Hogwarts. – dijo Dumbledore con voz que no admitía disputa. – Desafortunadamente, no se donde.  

– Quiero que esta escuela se investigue de arriba a abajo. Prefectos… – la voz de Albus se apagó un poco cuando se volteó hacia Hermione. – ¿Qué se me ha olvidado? – preguntó con un suspiro.

Hermione, quien había estado mirando al profesor con confusión en la cara, juntó las manos de repente. – Dobby.

– ¿Sí, Srta. Grangy? – preguntó Dobby el elfo, apareciendo con un pop.

– Escucha con cuidado, Dobby. – Hermione dijo, todavía de rodillas. – Creemos que Harry está en líos. Sabemos que está en la escuela, pero no sabemos donde. Nos urge encontrarlo.

Los ojos de Dobby se agrandaron y una expresión de horror apareció en su rostro. El elfo se volteó y aplaudió con las manos con urgencia. Dos docenas de elfos aparecieron en una serie de pops rápidos.

– Harry Potter señor está en problemas. – Dobby dijo con voz firme. – ¡Encuentren a Harry Potter señor ahora y repórtense de vuelta a Dobby!

Los elfos domésticos asintieron a la vez a Dobby y se desvanecieron con un pop.

– Los elfos encontrar rápido a Harry Potter. – dijo Dobby. – Dobby buscará también. – y con eso, el elfo se desvaneció.

– ¿Hermione no te hace sentir inferior a veces? – preguntó McGonagall a la profesora Sprout con un susurro.

– Todo el tiempo.

– Gracias a Merlín. – replicó McGonagall con alivio. – Pensaba que era solo yo la que pensaba así.

– Los elfos han encontrado a Harry Potter, señor. – dijo Dobby, apareciendo con un pop en el Salón. – Inconsciente en el sótano de Severus Snape. El profesor Snape está abajo también.

– Gracias, Dobby. – dijo Dumbledore.

Hermione y Ron no esperaron. Los dos ya andaban corriendo por la puerta, dirigiéndose hacia la habitación del profesor Snape cerca de la sala común de Slytherin.

Minerva verificó que a Ginny la estuviesen atendiendo y empezó a seguir a los dos jóvenes cuando se dio cuenta de que podía simplemente aparecerse hacia allá. Ella trató, se desvaneció y reapareció frente a la puerta de Snape. Albus apareció un segundo mas tarde.

– Todos los alojamientos de los profesores tienen barreras protectoras. – Dumbledore explicó cuando Ron y Hermione se aparecieron sin aliento. – Puedo entrar pero no los puedo sacar sin abrir la puerta.

– ¿Y que espera entonces? – preguntó Ron.

Dumbledore frunció el ceño levemente. – Tengo problemas abriendo la puerta de Severus. – admitió un poco abochornado.

Dumbledore silbó a la puerta y esperó. Suspirando, intentó otra vez.

– ¿Es en lengua pársel? – preguntó Hermione.

Dumbledore asintió y trató una tercera vez.

– Los alojamientos de los profesores son los más seguros del castillo. – McGonagall explicó calladamente. – Tienen que ser así para mantener a los bromistas afuera.

Con otro intento, la puerta se abrió y Albus corrió adentro.

Harry y Severus estaban en el suelo completamente inertes.

Hermione se dirigió hacia Harry y con mano temblorosa le tocó el cuello. – Hay pulso. – susurró ella, cerrando los ojos con alivio. – Es débil, pero está ahí.

– Bien. – dijo Dumbledore agarrando a Severus. – Min, agarra a Harry y Aparécete con él en la enfermería.

– Los veremos allá. – dijo Hermione. – Vamos, Ron.

Los dos estudiantes salieron corriendo del cuarto mientras Minerva movía la varita, levitando a Harry afuera del cuarto.

Albus la siguió, pero sin usar su varita.

Tan pronto estuvo fuera de las barreras, McGonagall colocó los brazos alrededor del muchacho y respiró profundo. Nunca había sido buena en Aparición doble. McGonagall cerró los ojos y los empujó a los dos a su destino.

Los dos llegaron un segundo mas tarde con un pop.

– Ponlo aquí, Min. – ordenó Pomfrey, apuntando a la cama al lado de donde estaba ya Ginny acostada.

– ¿Cómo está ella?

– Inconsciente, pero en buen estado. Ponga a Snape al lado de Harry, Albus.

– ¿Que puede decirnos? – preguntó Albus.

– Shh. – la enfermera dijo, lanzando hechizos. – Hermione. – dijo ella tan pronto la muchacha apareció por la puerta. – ¿Te puedes encargar de Ginny?

Hermione asintió, y Minerva se salió del medio mientras la bruja más joven se encargaba de lanzarle hechizos para vigilar a la otra muchacha.

– ¿Qué fue lo que sucedió? – preguntó Ron, con voz llena de preocupación.

– No lo sabemos aun, Ron. – dijo Albus con un suspiro. – Voy a ir a asegurarles al resto de los estudiantes de que Harry está vivo. ¿Min, presumo que te quedas?

– Seguro.

McGonagall vio como Albus se iba de la enfermería, para luego sentarse fuera del medio. Ella se sorprendió un poco cuando Ron se le unió segundos mas tardes.

– Me siento tan impotente. – susurró Ron.

– Entiendo, Sr. Weasley. – respondió Minerva de forma suave.

– Él es Harry, ¿sabe? Él es el héroe. No se supone que pase la mitad del tiempo inconsciente. Y mi hermana, se supone que sea feliz con él, no llorando a lágrima viva todo el tiempo. Me asusta, sabe, que estén tan cercanos, cuando son tan vulnerables el uno con el otro.

– Parece que por fin aceptó la relación de ellos. – McGonagall dijo con gentileza. Ron nunca se había abierto así con ella y estaba curiosa de ver si podía encontrar algo más profundo que la pinta de Gryffindor que era mas obvia en el pelirrojo.

– Una vez salí de la reacción de sorpresa. Tiene sentido, los dos han pasado por muchas cosas, como el ser poseídos por Voldemort. Cuando tomé el tiempo de observarlos a los dos, son diferentes cuando están juntos. Él pierde esa desconfianza y distancia y sonríe más. Ella es la misma, es como si por fin hubiese encontrado la paz que ha estado buscando desde su primer año.

– Usted dijo Voldemort.

– Sí lo dije. – respondió Ron. – Él es el responsable por todo. Es su culpa que mi mejor amigo esté inconsciente de nuevo; es su culpa que mi hermana esté ahí como un cadáver.

– ¿Cómo sabe eso?

– Porque nadie más puede tocar a Harry.

– Pudo haber sido algo con el profesor Snape. – ella sabía que no, pero quería ver como el muchacho respondería.

Ron suspiró y se volteó para mirarla directamente. – No, no es eso. Harry confía en el profesor y eso es suficiente para mí.

– ¿Lo es?

– Lo es ahora. No voy a dudar más de él. He estado en la oscuridad y no quiero volver allí.

– Eso suena como si ya estuviera creciendo.

– Estoy tratando. – dijo Ron con otro suspiro. - ¿Sabe que el partido de Quidditch ya no importa? No vamos a hacerlos romper si les ganamos.

– Parece muy confiado en que va a ganar.

Ron rio suavemente y miró alrededor. – No lo estoy. – admitió. – En lo absoluto. Este año especialmente con Harry planeando todo adelantado y pensando en todo. Él no se pondría en una situación en la que podría perder. Al menos no con un plan alterno.

McGonagall sonrió y asintió lentamente.

Los dos levantaron la mirada cuando Hermione dijo. – Se está despertando.

La puerta de la enfermería se abrió y Aberforth Dumbledore entró, ligeramente sin aliento. – Es en momentos como este cuando desearía tener la agilidad del joven Potter. – dijo quejándose. - ¿Qué tenemos aquí?

– No tengo la más mínima idea de que les pasa al Sr. Potter y a Severus. – dijo Madame Pomfrey con un suspiro. – Los dos están vivos, pero no logro hacerlos reaccionar a nada. Y Ginny está despertándose.

Abe asintió y se movió al lado de la pálida muchacha.

Ginny abrió los ojos y gimió. – ¡Harry! – antes de romper en llanto histérico.

Al lado de Minerva, Ron se movió y pasando por el lado del anciano mago, se acercó y abrazó a su hermana fuertemente. – No te preocupes, Ginny. Está vivo. – dijo asegurándola.

Ginny se quedó helada y luego se echó para atrás para poder mirar a su hermano. - ¿Vivo? – susurró ella, con lagrimas bajándole por el rostro.

– Mira por ti misma. – dijo Ron señalando para el lado.

Ginny se levantó de un salto y se tambaleó hasta la cama de Harry, observando por sí misma que el joven estaba respirando.

– No sabemos que le pasa. – dijo Ron suavemente, moviéndose al lado de ella y colocando una mano sobre el hombro de ella.

– No lo puedo sentir. – Ginny dijo, bajando la cabeza hasta que estaba sobre el pecho de Harry. – Ya no está aquí.

– Todavía hay esperanza, Ginny. – dijo Aberforth suavemente. – Todavía respira.

– Pero no está.

– ¿Quieres decir que no lo puedes sentir más?

Ginny asintió levemente. – Desde que usted nos dio estos collares, siempre puedo sentirlo, ¿sabe? Siempre estaba ahí en mi mente, aspa que apenas lo sentía. Entonces, de repente se fue. – Su voz se iba poniendo más y más alta según sus emociones salían a flote. - ¡Y ya no estaba ahí! ¡Ya no lo podía sentir más!

– Duérmete. – Abe dijo suavemente, colocando una mano sobre la frente de la muchacha. Ginny cayó dormida en la cama sin hacer ruido.

Abe caminó hacia Harry y puso su mano sobre la frente del joven. – Su mente está ahí. – dijo lentamente. – Eso es buena señal.

– ¿Alguna idea de porque está inconsciente? – preguntó Hermione.

– No tengo la más mínima idea. – suspiró Abe. – ¿Alguien sabe lo que estaban haciendo?

– Ni idea. Sabemos que Snape quería hablar con Harry sobre algo, pero no sabemos de que. Harry se iba a reunir con nosotros mas tarde.

– Pues bien. – dijo Abe lentamente. – Lo único que nos queda entonces es esperar. – dijo mientras distraídamente conjuraba una silla cómoda y se sentaba sobre ella.


De: Remus

Para: Sirius

Asunto: ¿Dónde demonios estás?

Hay una emergencia. ¿Donde demonios estás?

R.


De: Sirius

Para: Remus

Asunto: Re: ¿Dónde demonios estoy?

Londres. Te veo en La Casa de los Gritos.

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gruñendo


De: Fred

Para: George

Asunto: Maldición

Bueno, mi viejo. ¿Imagino que ya te enteraste?

F.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: George

Para: Fred

Asunto: Re: Maldición

Me enteré, sí. Yo sinceramente espero que se encuentre el porque está malo. Y rápido.

¿Piensas que deberíamos atrasar los planes de la cerveza de mantequilla?

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Freddie

Para: Georgie

Asunto: Planes

Creo que no, no hay razón para posponerlo. A Harry no le gustaría que lo hiciéramos, y hay que asumir que él saldrá de esta.

F

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: George P Bestiasalvajus (1)

Para: Frederick Von Sexjaimer

Asunto: Re: Planes

¿Y si no la hace?

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon  


De: Barón Von Sexjaimer

Para: Conde de Bestiasalvajus

Asunto: Si no la hace…

Entonces desempolvamos el viejo plan y nos encargamos de todo por nuestra cuenta.

F.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Un poco nervioso

Para: El bravucón

Asunto: Encargarnos de todo

Bueno, pienso que tienes razón. La profecía dice que a lo mejor Harry es el que puede matarlo, pero no creo que sea del todo verdad. No hay problema que unas cuantas libras de explosivos no arregle.

Así que, usaríamos el hechizo que convierte nuestra sangre en nitroglicerina, nos “atrapan” los mortífagos, nos llevan a donde Voldemort para interrogatorio, nos prendemos la mecha, nos llevamos a cuantos sea posible, y dejamos una monstruosa columna de humo y fuego como nuestro epitafio.   

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: No eres el único

Para: La única persona con quien haría algo así

Asunto: Mejoras

Okey, el plan era bueno el año pasado, pero ahora estamos mejor. Vamos a meterles unas cuantas mejoras. Tiene que haber una forma en la que se pueda usar esto para promover a SW. Obviamente le dejaríamos la tienda a las muchachas, pero hay que estar seguros de que no les faltará nada de por vida.

Quizás le podríamos añadir par de cargas para cuando explote la cosa tenemos un enorme anuncio que diga “Esta aniquilación de mortífagos es cortesía de Sortilegios Weasley.”

¿Qué crees tú?

Fred.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Co-genio

Para: Co-genio

Asunto: Re: Mejoras

Tremenda idea. No sería tan difícil. Si atáramos las explosiones a nuestro núcleo mágico seríamos capaces de armar la grande, ya que como sea estaríamos muriendo. Rayos y centellas sería un buen detalle, en honor a Harry.

Pero como sea, yo todavía espero que no lleguemos a esa, que Harry se recupere, se case con Ginny y nos provea con una nueva prole de chiquillos poderosos a los cuales corromper.

George.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Admirado

Para: Inspirador

Asunto: chiquillos

Excelente idea. Los hijos de dos de las personas más poderosas que conocemos deben de salir igual de poderosos. Piensa en todas las bromas que les podemos enseñar.

Nos va tomar algo de trabajo, pero si mostramos algo de madurez frente a Harry y a Ginny, podemos persuadirlos de que nos dejen ser niñeras. Una vez nos dejen, entonces les enseñamos a los chiquitos desde temprano, amoldar esas mentes jóvenes dentro del marco perfecto para que prosigan con la tradición Weasley.

Ya tengo ideas para la clase de bromitas que un chiquillo de tres años puede hacer. Deja ver que más me invento.

Frederick Von Sexjaimer

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Dama Nocturna

Para: Cuidador de serpientes

Asunto: Voldemort

Snape,

No se que fue lo que hizo Potter anoche, pero Voldemort está de malas. Casi parece un espectro. Todo lo que Lucius me dijo fue que se la pasó gritando ‘¡Potter!’ antes de que colapsara.

Sabes, por primera vez en muchos años me siento entusiasmada por algo.

Bella.


De: Pansy Parkinson

Para: Mamá

Asunto: Noticias

Tengo que hacer esto rápido... Acabo de escuchar a Dean Thomas hablar… Parece que el primo de Potter está saliendo con la hermana muggle de Thomas y que los dos viven en un sitio llamado Little Whinging. Si nuestro Señor los capturara, entonces Potter iría de rodillas hacia él. Tú sabes como son los Gryffindors.

Pansy

--
La pureza es verdadera  


Desmaius. – Parvati Patil, Padma Patil, Luna Lovegood, Blaise Zabini, Lavender Brown y Susan Bones dijeron a la vez.

Pansy apenas pudo decir un ‘ay’ antes de salir volando contra la pared y colapsar inconsciente.

– Vamos. – dijo Blaise con alegría. – Tenemos que sacarla de aquí antes de que alguien nos vea.

– ¿Importa? – preguntó Lavender. – Quiero decir, todos saben que estamos haciendo esto por Harry y de que ella es una morti-morona.

Blaise pausó y luego sonrió con algo de bochorno. – Lo siento. – dijo disculpándose. – Es un hábito de Slytherin. Si vas a hacer algo, lo haces a escondidas.

Padma lanzó un hechizo para levitar a la muchacha que estaba tirada. – Pues bien, llevémosla a la Torre de Astronomía.

Las seis chicas rodearon a la otra inconsciente y la escoltaron por la escuela. Los pocos estudiantes que las vieron instantáneamente decidieron que no querían ni necesitaban saber lo que estaba pasando y se escurrieron del lugar, los ojos mirando para el techo o el suelo mientras se alejaban.

Arriba en el techo, las muchachas ataron a Pansy a un marco hecho a la ligera, para que se viera que ella estaba mirando por encima del parapeto y colocaron la varita de Pansy fuera de su alcance.

Enervate. – dijo Blaise, lanzando el hechizo a Pansy.

– ¿Qué…? – gimió Pansy, antes de alzar la Mirada.

– Hola, Pansy. – dijo Blaise. – Nos hemos dado cuenta de que te has portado muy mal, y nosotras no queremos chicas malas interfiriendo en las cosas que no les importa.

– ¿De que demonios estás hablando Zabini? – demandó Pansy poniéndose pálida.

Padma se le acercó y le dio senda cachetada a la chica atada que le viró la cara de lado. – Sin hablar feo. – dijo calmadamente.

Pansy sacó la lengua, probando la sangre que le salió de la nariz. – Me pegaste. – dijo con shock en la voz.

– Eso hice. – asintió Padma. – Eres basura. Eres una vil racista, y te odio por lo que eres y crees.

– Vamos hermanita. – dijo Parvati, alejando a su hermana. – No nos vayamos por la tangente.

– Pero… – se quejó Padma.

– Lo se hermanita, lo se. Me encantaría a mí también darle por donde mas duele, pero no podemos hacer eso, nos pondría en su mismo nivel.

– Semánticas. – dijo Padma con desdén. – Tratar a alguien como se lo merece no nos hace quedar mal.

Parvati suspiró. – Las dos sabemos que nunca voy a ganar una discusión lógica contigo. Así que en vez, pregúntate si Harry haría lo que hiciste.

– No. – contestó Padma. – No lo haría.

– Cuando salga de esta, te expulsarán por pegarme. – chilló Pansy.

– Bueno, en ese caso, no puedo permitir que Padma se vaya sola. – dijo Susan con calma, mientras caminaba hacia Pansy y le daba otra cachetada.

– Hufflepuff típica. – dijo Pansy con desdén. – Le pegas a alguien cuando no puede pegarte de vuelta.

– Pues bien que sí. Soy una típica Hufflepuff. – replicó Susan. – Te lo merecías y estoy siendo leal a Harry. ¿Recuerdas, justa y leal?

– De todos modos. – interrumpió Blaise. – Nos estamos hartando de que nos estés espiando, así que te invitamos aquí para persuadirte de que dejes de hacer eso.

– No voy a dejar de hacer nada y cuando el Señor Tenebroso gane, me encargaré de que pasen el resto de sus vidas sirviendo a los mortífagos. – dijo Pansy a sus captoras.

Blaise se adelantó y le propinó otra cachetada fuerte a Pansy. – Divertido. – dijo con una sonrisa. – He querido hacer eso desde hace años. – la joven miró a Pansy. – De verdad que eres estúpida. Voldemort no va a ganar. Harry va a ganar.

Pansy bufó. – ¿Potter? Por favor.

– ¿No lo entiendes, verdad? – dijo Blaise. – Míranos a nosotras. Tenemos dos Gryffindor, dos Ravenclaw, una Hufflepuff y una Slytherin, todas trabajando unidas, haciendo algo por un amigo. Todas castigándote por interferir con la relación de Harry y Ginny.

– ¿A quien le confía Voldemort para que haga algo así? A nadie. Porque todos los morti-estúpidos lo siguen por las razones equivocadas.

– Muérete Zabini. – gruñó Pansy.

Luna le pasó por el lado a Blaise y miró fijamente a la chica amarrada, inclinándose hasta quedar frente a frente con la Slytherin.

Pansy le escupió en la cara, pero Luna ni se inmutó.

– Permisito. – dijo Lavender, moviendo a Luna para atrás y propinándole otra cachetada a Pansy. – No puedo dejar que una Ravenclaw, una Slytherin y una Hufflepuff tengan toda la diversión. – dijo alegremente. – Luna, por favor, prosigue. – dijo y se movió para el lado.

– No tiene caso. – Luna dijo soñadoramente. – Ella cree en su corazón de piedra de que pasará el resto de sus días de rodillas sirviendo personalmente a Voldemort. – Luna alargó la mano y acarició la cara de Pansy. - ¿Y no puedes esperar a que llegue ese día, verdad?

– ¿De que demonios hablas, engendro raro?

Luna se inclinó mas cerca y susurró de forma conspiradora. – Los narbucles. Me dicen todo. Me dicen que no vas a cambiar. – le confió a la horrorizada Slytherin. – Me dicen que tienes que morir.

– ¿Qué?? – chilló Pansy.

– ¿No los escuchas? – dijo Luna alegremente. – Ellos me hablan. Ellos quieren que te mueras para así bailar en tu sangre. Los hace feliz.

– ¿Err, Luna? – Parvati preguntó. – No la vamos a matar.

– Claro que sí. – replicó Luna inocentemente. – Para eso la trajimos aquí. Miren, todo lo que hay que hacer es cortar la soga.

– Dijiste que la traeríamos aquí para asustarla. – protestó Susan. – No para asesinarla.

– Pero su alma está ya muerta. – dijo Luna alegremente. – Está toda negra y corrupta. No hay señal de vida ni nada.

– Pero – Padma empezó y luego negó con la cabeza. – Sabía que estabas chiflada. Si vas a hacer esto, entonces no me quedaré para verlo.

– Yo tampoco. – dijeron Parvati y Lavender a la vez.

– Cuéntenme fuera también. – dijo Susan.

– ¡Esperen! – chilló Pansy, y todas se volvieron a mirarla. – ¡No me pueden dejar sola con esta loca!

– Y no lo haremos. – dijo Susan. – Blaise te hará compañía.

– Tengo que asegurarme que Luna tenga una coartada. – Blaise se encogió de hombros. – Sabes como soy, querida Pansy, como una buena Slytherin, la muerte no me asusta.

– Pero… - Pansy dijo con lágrimas en los ojos. – Ustedes, ustedes no pueden hacer esto.

– Nosotras no vamos a hacer nada. – dijo Padma en acuerdo. – Loony es. Nosotras solo decidimos no detenerla.

– Ellos quieren sangre, los narbucles. – cantó Luna mientras daba un bailecito. – Y están tan contentos de que la van a recibir. – ella se detuvo de repente y puso la mano otra vez en la cara de Pansy. – Tú no les gustas. – dijo en un susurro escalofriante.

Las otras cuatro chicas se fueron, dejando a Luna, Blaise y Pansy.

Luna bailoteó alrededor de Pansy antes de agarrar la soga y usarla para halar a Pansy al borde del parapeto. – Sabes. – le dijo a Blaise. – Matar a alguien es mucho mejor que el chocolate.

– ¡Esperen! – Gritó Pansy. – Por favor, por todo lo que es bueno, esperen un poco.

– ¿Qué sabes tú de ser buena? – espetó Blaise. – Interferiste con Harry y Ginny; le pasaste secretos a los mortífagos.

– ¡No lo haré más! – gritó Pansy.

– Shhh. – dijo Luna consolando. – Gritar hará que tu sangre sepa horrorosa para los narbucles. Un poco más agria. Y entonces se pondrán furiosos. Y tú no quieres eso, ¿verdad?

– Será una muerte rápida. Solo dos segundos de miedo antes de que llegues al suelo. Debes de morir instantáneamente, o a lo mejor no. El suelo está un poco suave. Pero no te apures, los narbucles no les importa si no te has muerto. Un poco muerta es igual de bueno para ellos.

– Estás loca de remate. – susurró Pansy.

– No, no lo estoy. – Luna dijo, trepándose en el parapeto para poder mirar fijamente a la otra chica. – Yo soy la única persona que ve el mundo como se debe. Los demás son los que están locos.

– ¡Ayúdenme! – gritó Pansy.

– ¡Calmadus! – dijo Luna con una risita maniática. – Ya está. – dijo cantando. – Ahora solo puedes hablar en susurros. ¿No está mejor? Si lo pides con gracia, lo removeré antes de empujarte por el borde. ¿Te gustaría que todos te oyeran mientras caes?

– Aléjala de mí. – Pansy pidió susurrando gravemente, como si estuviera tratando de gritar. – Por favor.

– Lo siento mucho. – dijo Blaise. – Pero no podemos permitir el riesgo de que vayas a decirle a tus padres lo que está pasando aquí. Así que tendré que dejar que Luna te mate.

– Pero no le diré a más nadie, lo juro.

– No te creo. – dijo Blaise de forma indiferente.

– ¡Lo juro, por mi magia, que nunca le diré a nadie las cosas que pasan en Hogwarts!

Un brillo salió del marco de madera por el lado izquierdo, mientras la varita de ella emitía una luz blanca brillante.

– ¿Se logró? – preguntó Susan.

– Claro que sí. – dijo Padma, moviéndose de donde estaba detrás de Pansy. La muchacha sacó otra soga y haló a Pansy del parapeto.

– ¿Qué, que está pasando? – preguntó Pansy tontamente lo mas alto que pudo. Todas la ignoraron.

– Luna, estuviste genial. – Blaise dijo abrazando a la pequeña rubia. – Eres increíble.

– Blaise tiene razón. – dijo Parvati, acercándose para darle otro abrazo. – Hiciste que se me pararan los pelos.

– En realidad no estoy loca. – dijo Luna con la mirada baja.

– Lo sabemos. – dijo Lavender gentilmente. – Somos tus amigas ahora. Eres una de las nuestras.

– ¿De veras? – preguntó Luna, con lágrimas de alivio en el rostro.

– De veras. – dijo Susan firmemente, dándole otro abrazo. La Hufflepuff miró alrededor y sonrió levemente. – Somos lo que Harry quería; amigas de diferentes casas, trabajando juntas para ayudarlo a derrotar a Voldemort.

– ¿Qué está pasando? – Pansy trató de chillar.

Las seis chicas se voltearon a verla con idénticas sonrisas socarronas.

– Verás. – dijo la Slytherin. – Harry dijo que cuando las casas trabajan juntas, no hay nada que nos pueda detener. Parvati y yo sugerimos el plan, Susan, Padma y Lavender encontraron los hechizos. Y Luna lo llevó a cabo a la perfección.

– Tú, mi querida. – continuó Blaise. – Caíste en la trampa.

– Pero. – dijo Pansy frunciendo el ceño. – ¿Por qué? Quiero decir, aparte de asustarme de por vida.

– Oh, no solo te asustamos. – dijo Susan con una risita. – Te hicimos lanzarte a ti misma un hechizo en el proceso.

– ¿¿Qué??

– “Juro, por mi magia, que nunca le diré a nadie las cosas que pasan en Hogwarts.” – citó Susan. – El hechizo que encontramos nos permitió hacer del marco de madera una extensión de tu varita. Le pusimos un juramento encantado de por vida, y dejamos que tú hicieras el resto.

– Me encantaría verte decir algo. – dijo Blaise. – Me encantaría ver como te las arreglas de por vida siendo una Squib.

– ¿¿Qué??

– ¿Ella no es buena con las palabras cuando está estresada, verdad?  - dijo Padma riendo. – O muy inteligente que digamos. Lo que significa, Parkinson, es que si trataras de romper el juramento, tu magia se desvanecerá dejándote como una Squib.

Pansy abrió la boca, dejándola abierta del asombro.

Lavender se movió detrás y le cortó las sogas. Pansy cayó duramente de rodillas.

– Te sugiero que corras ahora, chiquita. – dijo Parvati fríamente. – Y para que lo sepas, sí pensamos en matarte, pero decidimos que a Harry no le hubiese gustado. La próxima vez te matamos por fea.

Pansy asintió y tropezándose, se fue corriendo.

Todas esperaron en silencio, escuchando el sonido de los pasos frenéticos de Pansy mientras se alejaba.

– Eso te quedó frío, Parv. – dijo Padma con una sonrisa de admiración.

– Lo se. – contestó riendo. – Tomé la voz prestada de Harry. De todos modos, no creo que ella ocasione más problemas.

– ¿Así que se lo creyó?

Blaise sonrió y colocó un brazo alrededor de Luna. – Gracias a nuestra querida actriz aquí, ella cayó como pez a la camada.

– ¿No querrás decir carnada?

Blaise hizo ademán de oler el aire y luego apuntó a un charco en el suelo. – Dije lo que quise decir. – terminó riendo.

– Que lástima que el juramento encantado no existe. – dijo Padma. – Voy a hablar con Hermione a ver si luego buscamos si uno existe. Porque sería una buena forma de demostrar que otros son igual de leales a Harry que nosotras.

– No importa si existe o no. – dijo Luna calmadamente. – Pansy se lo creyó, así que otros lo harán.

– Tiene razón. – dijo Lavender alegremente. – Así que vayamos a averiguar si Harry ya despertó. Entonces nos podremos ir a almorzar.


La escena dentro del hospital era una de calma.

Ron y Hermione estaban trabajando sobre un escritorio, Ginny estaba sentada al lado de Harry y leyendo uno de sus libros de texto, y Sirius, en su forma de Canuto, estaba hecho un ovillo a los pies de Harry.

– Un chico y su perrito. – dijo Remus con una sonrisa leve.

– Sirius no se quiso ir a dormir anoche. – dijo Ginny encogiéndose de hombros. – No hasta que yo despertara.

– Creo que Sirius solo confía a Harry contigo. – dijo Remus, encogiéndose de hombros también. – Es algo que hace sin darse cuenta. Pero es devoto a Harry y sabe que tú también lo eres.

Ginny se inclinó y levemente rascó la cabeza de Sirius. – Odio esta espera. – dijo con un suspiro.

– Nos pasa a todos. – dijo Hermione. – Pero mientras esté respirando hay esperanza. Y encontraremos algo, Gin, te lo prometo.

Ginny asintió y sonrió levemente. Ella alargó la mano y rascó el pelo de Harry suavemente. – Odio verlo así. – susurró. – Odio verlo tan inmóvil. Él es Harry. Él debería de estar riendo a carcajadas. Él debería estar mirándome como si fuera lo mas importante en su vida, no aquí tirado en una cama del hospital.

Sirius abrió un ojo y ladró suavemente en acuerdo.

Los hermanos Dumbledore entraron al cuarto juntos. – Tenemos noticias. – Albus dijo, mientras tomaba asiento. – Parece que lo que sea que le pasó a Severus y a Harry, le pasó también a Voldemort. Por lo que los espías dijeron, Voldemort parece haber regresado a como era antes de su resurrección. Así que solo puedo resumir que hubo algo de conflicto mágico entre los tres.

– ¿Así que tenemos algo de tiempo para que Harry se recupere? – preguntó Ron.

– No lo había pensado de esa manera, Sr. Weasley. – dijo Dumbledore lentamente. – Pero parece que tiene razón. Voldemort no estará en forma de atacarnos.

Sirius gruñó suavemente.

– Abe. – preguntó Ginny suavemente. – ¿Qué es lo que hacen nuestros collares?

Abe se encogió de hombros levemente. – Usan la magia de ustedes para que se puedan comunicar entre sí, ¿Por qué?

Ginny se quedó helada, con el ceño fruncido. – ¿No son mágicos de por sí? – preguntó. – ¿Usan nuestra magia?

– Exactamente.

Ginny brincó de la cama, accidentalmente pateando a Sirius, el cual ladró y brincó a sus pies, cambiando formas para mirar a Ginny.

La pelirroja sacó su varita y la apuntó a Harry.

– ¿Ginny? – preguntó Hermione lentamente.

– Ahora no. – dijo Ginny. Ella cerró los ojos y buscó por las memorias que tenía de la infancia de Harry. Ella dejó que alimentaran su temperamento, mientras sacaba su magia. Ginny apuntó la varita a Harry y le lanzó un rayo de magia pura hacia él.

Harry dio una sacudida antes de ponerse quieto otra vez. Ginny gruñó por lo bajo y lanzó el mismo hechizo otra vez. Dos veces más. De repente ella cayó de rodillas rompiendo a llorar. La muchacha se agarró el collar y sonrió a los otros. – Está de vuelta. – susurró antes de desmayarse exhausta.

Sirius fue el primero en moverse, agarrando a Ginny antes de que cayera al suelo. Sirius la cargó a la cama de Harry y la acostó al lado del muchacho. Rápido le quitó los zapatos para luego arroparla con las mantas.

– ¿Qué? – preguntó mientras los otros lo miraban. – Los dos necesitan esto. – dijo, con un tono que retaba a cualquiera que estuviera en desacuerdo.

– ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Ron.

 – Tu hermana es muy perspicaz. – dijo Hermione con una sonrisa. – Se dio cuenta de las cosas antes que yo.

– ¿Se dio cuenta de que? – preguntó Remus.

– Ginny no podía sentir a Harry. Acabamos de descubrir que Harry estuvo luchando contra Voldemort, y que Voldemort está en mal estado. Ginny luego descubrió que los collares usan la magia de ellos. La conclusión lógica es que Harry usó toda su magia en la lucha y que no quedaba nada para impulsar los collares. Así que Ginny usó su propia magia para darle un poco a Harry. – explicó Hermione.

– Oh. – dijo Ron lentamente. – ¿Y ella está inconsciente porque, conociendo a Harry, necesitaba mucha magia? ¿Entonces, porque sigue dormido?

– Presumo. – dijo Abe lentamente. – Que Ginny solo le dio un empujón a la magia de Harry, o sea le dio la suficiente para que empiece a reconstruirse, en vez de darle la suficiente para que funcione normalmente.

– ¿Como revivir un corazón luego de un infarto? – preguntó Hermione.

Abe caminó hacia Harry y movió las manos sobre el joven. – Exacto. Y cuando los dos se despierten, les debo una disculpa. Me temo que no pensé en el hecho de que no podía sentir la magia de Harry. Pensaba que solo estaba inconsciente.

– ¿Despertamos a Snape también? – preguntó Ron.

– Yo lo haré. – dijo Dumbledore con una sonrisa. – Sospecho que si Ginny nos hubiese dicho algo, le podríamos haber ayudado y no estaría inconsciente.

– Oh, por favor. – resopló Ron. – ¿Decirle a mi hermana que no le de algo a Harry? Sale mejor si convence a Voldemort a que se ponga a vender cepillos.

Sirius hizo una mueca. – ¿Te puedo interesar en una escoba? – preguntó, con voz silbante. – Viene con un encantamiento gratis de ‘Odio a todo el mundo.’

Albus apuntó su mano hacia Snape y dos rayos de luz impactaron al pecho del profesor.

– Eso ha de bastar, Albus. – dijo Abe sonriendo. – Y ya que sabemos que se van a despertar mas tarde, me voy a ver a los gemelos. Necesito asegurarme de que todo va bien para nuestro lanzamiento.

– Abe, gracias por ayudar. – dijo Albus sinceramente.

– Es gente como Harry y Ginny los que me da esperanza para el futuro. – dijo Abe suavemente. – Esta vez ganaremos, y terminaremos con este lío permanentemente. – dijo asintiendo a los otros y salió del lugar.

– Creo que me gusta. – dijo Ron. – ¿Acaso todo el mundo en su familia siempre dicen lo que piensa?

Albus soltó una carcajada. – No si podemos evitarlo, Sr. Weasley. – dijo alegremente. – ¿Les puedo sugerir a todos ustedes que vayan a comer algo? Yo me quedaré aquí por un tiempo.

Hermione asintió y se dio un estirón. – ¿Estamos seguros sobre Harry?

– Si Ginny lo está, yo también. – dijo Albus con una sonrisa.

Hermione asintió. – Vamos Ron.


Ginny se dio un estirón y sonrió. Podía sentir el corazón de Harry latiendo contra el pecho de ella y sentir la magia de él a través del collar. Era débil, pero estaba ahí. Ginny solo deseó que al menos una vez, ella despertara al lado del muchacho y no estar toda vestida.

No parecía justo que Ron y Hermione podían dormir juntos y ella todo lo que había recibido era poco mas que un serio chupetón.

Ginny se sentó suavemente y se quitó el pelo de los ojos.

– Buenos días, Ginny. – Snape dijo desde el otro lado del lugar.

– ¡Profesor Snape! – saludó Ginny, saliendo de la cama. – Está despierto.

– Lo estoy. – dijo él, sonriendo en la penumbra del cuarto.

– Llamaré al profesor Dumbledore. – dijo ella, buscando por sus zapatos.

– No, Ginny, por favor. – dijo él. – Me gustaría hablar un poco contigo primero.

– Okay. – dijo Ginny amablemente., moviéndose a una silla al lado del profesor y acomodándose sobre ella. – ¿De que quiere hablar, profesor Snape?

– Severus. – dijo él.

– ¿Perdón?

– Mi nombre es Severus, Ginny. Me gustaría que me llamaras así cuando no haya otros estudiantes. Harry tiene mi permiso también.

– ¿Por qué yo?

– En parte porque te debo una disculpa. – dijo lentamente. – Y en parte porque ahora te conozco mejor.

– ¿Por qué me debe una disculpa?

– Me temo que tomé una decisión necia que ayudó a causar esta situación. Ayer, invité a Harry a mis alojamientos porque tenía un problema y necesitaba la ayuda de él.

Ginny asintió.

– Cuando era más joven, estaba bien enamorado de Bellatrix Black. Ella fue una de las razones por las que me uní a los mortífagos. Cuando se casó con Rodolphus, me hice espía para Albus.

– Bella me contactó la semana pasada, después de que Harry se las arregló para removerme la Marca Tenebrosa, y me preguntó si podía pasarse a este lado.

Ginny resopló de sorpresa.

– Como Harry es la única persona que puede remover la Marca Tenebrosa, le pregunté a él su opinión. Me temo que Harry se dio cuenta rápidamente de que necesita a Bella.

– ¿Cómo espía? – preguntó Ginny.

– Exacto. Harry no estaba muy contento pero accedió a ayudarme. Después de una bebida, él me hizo una pregunta interesante. Si pensaba yo si era posible usar el mismo hechizo que unió nuestras mentes para sacar la marca, para usarlo para derrotar a Voldemort.

Ginny asintió lentamente. – La idea de derrotar a Voldemort le hubiese sido atractiva a Harry.

– Y para mí. – dijo Snape. – Así que accedí y los dos fuimos, en mi mente, a encontrar a Voldemort. Desafortunadamente nos estaba esperando y nos atrapó. Se las echó por un momento y luego nos lanzó el Maleficio Avada a los dos.

Ginny jadeó horrorizada.

– Creía que nos íbamos a morir. Harry pensó que íbamos a morir.

– ¿Qué fue lo que pasó?

Snape suspiró suavemente. – ¿Serías tan amable de darme un vaso de agua?

Ginny asintió, saltando de la silla y corriendo hacia la pileta. La joven regresó con un vaso de agua.

– Siéntate. – dijo Snape gentilmente. – Antes de continuar, tenemos que darle para atrás un poco. ¿Te has puesto a pensar en la forma que Harry usa sus poderes para hacer lo que le venga en gana?

– En realidad no. – dijo Ginny con una vocecita.

– En un nivel de su psiquis, Harry es bien vulnerable. Si alguien en quien él confía le dice que puede hacer algo, él les cree y lo hace. Desafortunadamente, lo opuesto ocurre también.

– ¿Qué quiere decir?

Snape suspiró y se acomodó un poco. – Voldemort le dijo a Harry que había encontrado hechizos que Harry jamás hubiese soñado, y Harry le creyó. Los hechizos que nos mantenían unidos no eran tan fuertes, pero como Harry creía que no podía escapar, los hechizos se hicieron inquebrantables.

– Entonces Voldemort nos lanzó el hechizo. Yo estaba bien profundo dentro de la mente de Harry en ese momento y pude ver sus pensamientos. Parte de Harry creía que iba a morir y con su mente ya decidida, los dos estábamos fritos.

– Pero entonces otros pensamientos pasaron por su mente. ¿Sabías que tú fuiste la primera bruja que él conoció por nombre?

Ginny negó con la cabeza.

– Pude ver la historia entera de ustedes dos, incluyendo lo que él hizo en la Cámara de los Secretos. Lo vi todo, y pude ver lo mucho que te ama. Tú eres el centro de su universo, Ginny. En cierta manera tú eres la persona más importante en el mundo, y mucho mas para Harry, porque eres su inspiración, su razón de luchar, de derrotar a Voldemort.

– Y no quería dejarte sola. Él sabía lo triste que te pondrías y no podía hacerte eso. Todo esto estaba pasando muy rápido que pude verlo todo como si pasara en cámara lenta.

– Dos partes de Harry batallaron una contra la otra; la parte que creía que iba a morir y la parte que te ama mucho. La parte que no te quiere dejar sola.

Ginny tenía lágrimas bajando por sus mejillas mientras escuchaba como el profesor que había detestado en el pasado le explicaba lo mucho que su novio la quería.

– En el último segundo, su deseo de estar contigo ganó y empezó a luchar.

– Harry fácilmente pudo haberse protegido a sí mismo del hechizo, pero yo hubiese muerto. Yo le dije que lo hiciera y todo lo que me dijo fue me callara la bocota.

Ginny se atragantó tratando de no reírse.

– Literalmente el chico agarró su propia magia y la mía y formó un escudo al frente de los dos. Era lo más precioso, la cosa más increíble que he visto en mi vida. El maleficio rebotó contra el escudo y le dio de lleno a Voldemort, y básicamente eso es lo último que recuerdo, hasta que me desperté hace unos veinte minutos.

– Gracias por decírmelo. – susurró Ginny.

Snape sonrió en la oscuridad. – Él es un muchachito increíble. – dijo suavemente. – Él tuvo la oportunidad de salirse y dejarme. Y honestamente, yo no lo hubiese culpado si lo hacía. En vez, decidió asegurarse de que yo saliera vivo, sin pensar en las consecuencias para sí mismo.

– Harry se ve a sí mismo como alguien normal. – dijo Ginny con un ligero suspiro. – Él se cree que, en cualquier situación, todo el mundo actuaría igual que él. Harry no se ve a sí mismo como alguien especial.

– Permíteme un segundo. – dijo Snape. – ¿Podrías pasarme la varita? Acabo de recibir mensaje mágico de Bella.

Ginny asintió y buscó dentro de un armario y le dio la varita a su profesor.

– Oh, muy bien. – sonrió Snape. – Parece que Voldemort está en igual estado que nosotros.

Ginny asintió. – Uno de los espías de Dumbledore dijo que necesitaría igual de tiempo para recuperarse. Lo cual es bueno porque Harry también lo necesita.

Snape asintió. – Creo que pasar tiempo contigo es todo lo que él necesita.

– Eso espero. – dijo Ginny. – Siento como si pasáramos de una crisis a la otra la mitad del tiempo sin casi nada para nosotros.

– Eso vi. – dijo Snape. – Pero te puedo decir que las veces que está contigo a solas son las más importantes para él. Cuando te llevó a Londres a caminar por los jardines esa era su idea del cielo.

Ginny sonrió lentamente. Estaba contenta de que Harry estaba bien, pero no le gustaba para nada que se tirara así a hacer algo sin nada de apoyo. – Le voy a dar tremenda regañada. – admitió ella.

– Lo se. – dijo Snape riendo. – Y tengo que ir a decirle a Albus. Se va a disgustar conmigo y me lo hará saber muy claro. No seas muy dura con él.

– No lo seré. – prometió Ginny. – Solo quiero dejarle saber que debe de pensar las cosas muy bien antes de ponerse así en peligro.

Snape bostezó suavemente. – Si no te molesta, Ginny, me voy a dormir otra vez. Por favor, no le digas a nadie sobre Bellatrix; eso es entre Harry y yo. Si te lo dije fue para que puedas ayudarlo tomando decisiones.

Ginny se puso de pie y jadeó un poco al encontrar que el piso estaba más frío de lo que pensaba. – Gracias por ayudar a Harry para que volviera a mí. – dijo dándole una palmadita en la mano.

Ginny se movió a la cama de Harry y se deslizó a su lado. Ella colocó una de las piernas sobre él y la cabeza sobre el hombro del muchacho. Snape le había dado algo en que pensar. Todo estaba muy bien: todo el mundo jugando con la psiquis de Harry para su propia ventaja, pero como Voldemort había demostrado, podía tener efectos negativos también.

Ginny suspiró cuando se dio cuenta de algunos ejemplos que ella pudo captar. Las veces que Harry aparecía que estaba bien después de hacer magia complicada, pero tan pronto ella le había dicho que estaba cansado, de repente él se veía agotado. Si ella no hubiese dicho nada, de seguro él hubiese seguido como si nada, pero en su estado ingenuo y la confianza que le tenía a ella, había accedido.

Ella estaba tan cansada que ni siquiera se dio cuenta cuando el brazo de Harry se movió para aguantarla más cerca de su cuerpo. 


– ¿Y bien? – dijo Lavender. – ¿Por donde empezamos?

– Pos. – Parvati dijo, mirando alrededor. – ¿La habitación?

Alguien tocó a la puerta, y cuando fueron a abrir, cuatro chicas entraron a trote.

– ¿No estaban pensando en decorar el cuarto de Harry sin nosotras, verdad? – preguntó Susan alegremente.

– Se supone que fuera un secreto. – explicó Parvati.

– Eso no existe en Hogwarts. – dijo Blaise con una risita. – Así que estamos aquí para ayudar.

Un pequeño pop se escuchó y Dobby apareció. – Con el permiso de las señoritas. – dijo Dobby, inclinándose y moviéndose. – ¿Pero que hacen estudiantes aquí?

Luna se acercó y se arrodilló frente al elfo. – Este será el cuarto de Harry. – dijo ella. – Estamos aquí para decorárselo.

Los ojos de Dobby se agrandaron. – ¿Harry Potter vivirá aquí señorita?

Luna asintió, sus ojos igual de grandes.

Dobby sacudió la cabeza visiblemente disgustado. – No, no, no. – chilló. – No está bien.

– ¿Qué no está bien, Dobby?

– Harry Potter señor no puede vivir así. Este pequeño, diminuto cuarto no está bien para tan grande y poderoso mago como Harry Potter, señorita. – el elfo de repente se alegró. – Dobby arreglará esto. – prometió.  Dobby aplaudió las manos, y como antes, dos docenas de elfos domésticos aparecieron.

– Harry Potter señor, el gran y poderoso mago va a vivir aquí. Los cuartos de Harry Potter son muy pequeños. ¡Hogwarts necesita darle habitaciones más grandes a Harry Potter!

Los elfos asintieron todos a la vez, y caminaron hacia las paredes, seis al frente de cada una, y empezaron a empujar. El cuarto pareció crecer mientras los elfos empujaban para atrás, lucecitas brillando en donde ellos tocaban las paredes.

– Harry Potter necesitará una cocina también. – dijo Dobby. Los elfos se movieron como diablillos dando vueltas, arreglando las paredes mientras Dobby los dirigía a diestra y siniestra.

Diez minutos más tarde, Dobby colapsó en el suelo frente a ellas, mientras los otros elfos se desvanecían. – Dobby está cansado. – dijo suavemente. – Este cuarto ya está digno de Harry Potter señor. Si las señoritas necesitan mas ayuda, Dobby regresará mañana.

Luna se arrodilló otra vez y le dio un abrazo ligero al elfo. – Debes estar aquí cuando le mostremos a Harry este cuarto. – dijo ella. – Te mereces que él te lo agradezca también.

Dobby se ruborizó y tartamudeó antes de irse con un pop.

– Estuviste muy bien con él. – dijo Susan.

Luna sonrió. – Esto es fantástico. – dijo ella mirando alrededor. – Me pregunto si Ginny nos dejaría mudarnos aquí.

Lavender se echó a reír. – De seguro no. Ella es un poco posesiva.

– Y yo que pensaba que los Gryffindor sabían compartir. – dijo Blaise con una risita. – Es una buena idea el que viniéramos, porque definitivamente van a necesitar la ayuda ahora.

– Sí. – dijo Lavender. – No sabía que los elfos podían hacer eso.

– Tampoco yo. – dijo Padma. – Voy a tener que investigar un poco mas tarde sobre eso. Hacen tan buen trabajo.

– Chicas. – gritó Lavender. – ¡Vengan y vean esto!

Las demás siguieron el sonido de la voz y salieron a un balcón enorme que estaba de frente al campo de Quidditch.

– Harry nunca querrá salir de aquí. – dijo Blaise suavemente.

– Apuesto que eso es algo que Ginny espera. – respondió Parvati.

– Y bien. – dijo Lavender palmeando las manos. – Vamos a trabajar. Padma, tú y Luna van a investigar. Quiero que investiguen como se hace el techo del Gran Salón. Blaise, Susan, ustedes empiecen con el baño. Se que los dos son Gryffindor, pero no lo hagan muy Gryffindor. Queremos que este lugar sea una mezcla de todas las casas.

Blaise saludó instantáneamente. – ¡Señor, sí, señor! – dijo ella y giró sobre sus talones.

– ¿De veras la necesitamos? – Lavender le preguntó a Parvati.

– Creo que sí. – dijo Parvati con una risita. – Además es divertida.


Viernes en la mañana amaneció con una monotonía que solo pasaba una vez en la semana.

Ginny bostezó profundamente e inhaló. Estas últimas noches ella había dormido muy bien, y aunque todos en la escuela sabían donde estaba durmiendo ella, nadie había hecho bromas al respecto. Ni siquiera Draco.

– ¿Por qué siempre estamos vestidos cuando nos despertamos juntos? – preguntó Harry, su voz seca y rasposa.

– Me he preguntado eso mismo durante toda esta semana. – respondió Ginny, antes de quedarse helada. – ¿Harry?

El muchacho asintió.

– ¡Harry! – chilló ella y se tiró encima de él. La muchacha escondió la cara en el cuello del joven y se echó a llorar.

– Shhh. – murmuró Harry, rascando la espalda de ella. – Estoy bien, estoy aquí.

Ella lo miró, su visión estaba un poco borrosa debido a las lágrimas. – Harry. – dijo ella seriamente. – Necesito que me hagas un favor.

– Lo que sea. – dijo él con seriedad.

– Ven a mi mente, necesito que veas algo.

Él asintió, murmurando un hechizo en voz baja.

Ginny respiró hondo y le permitió entrar a su mente. Con cuidado, ella lo guió a la memoria que había guardado para él.

Él no se echó para atrás, él absorbió la memoria completamente antes de salir. Tenía lágrimas bajando por sus mejillas y parecía que tenía el corazón roto.

– Así es como me sentí cuando pensé que te había perdido. – dijo ella atragantándose, llorando con él. – No me puedo sentir así otra vez, Harry.

– Lo lamento mucho. – murmuró Harry.

– Lo se. – dijo ella. – Solo quiero que recuerdes la próxima vez que pienses en hacer algo así de nuevo. No te lo echaré en cara si estoy allí, Harry, para ayudarte, pero no puedes irte así solo de nuevo.

– No lo haré. – prometió él.

– Bien. – dijo Ginny suavemente y besándolo gentilmente. – Ahora, ven a mi mente otra vez.

Harry asintió e hizo como ella pidió, y ella se alivió al ver que él aceptó lo que ella hizo de forma rápida. Había estado asustada de que él la empujaría, por su propio bien, pero decidió que esa era la mejor manera de hacerlo entender.

Cuando lo sintió, ella lo dirigió hacia otra memoria, esta era más grande.

Él se movió dentro y se quedó ahí. Después de un segundo, el joven pareció brillar y crecer dentro de la mente de ella.

Él la dejó a regañadientes, y ella lo vio a los ojos. Él la estaba mirando con asombro absoluto. – Eso es cuanto te amo. – dijo ella suavemente. – Y lo mucho que me quieres. Severus me lo dijo, así que pensé que era justo para ti demostrarte lo mucho que te adoro, Harry.

– Gracias. – dijo él, su voz quebrándose un poco. – Gracias.

Ella se inclinó y le besó otra vez.

– ¿Cómo están todos? – preguntó Harry. – ¿Severus está bien?  ¿Que día es hoy?  ¿Ya Fred, George y Abe lanzaron la cerveza de mantequilla?  ¿Y el ED, como le va?  ¿Y que ha pasado con Voldemort?

Ginny se echo a reír. – Típico Potter. Estás despierto por unos minutos y ya estás preguntando demasiado. Y no vas a recibir respuestas inmediatamente. Creo que necesitamos una reunión. Así que brinca a la ducha y yo traigo a todo el mundo aquí.

– ¿Y el desayuno? – preguntó con ganas.

– Y el desayuno. – accedió Ginny.

Harry sonrió y le besó rápidamente en los labios y lentamente se dirigió a la ducha. Su cuerpo estaba obviamente más cansado que su mente. Ginny salió del cuarto de Harry en el hospital y se dirigió a la chimenea, echándole un poco de polvo Flú para llamar a Sirius y a Remus.

Ginny pausó por un segundo para luego llamar a su mamá también, invitándola a la reunión, para que pudiera ver por sí misma que Harry estaba bien. Molly había estado más que disgustada cuando no se le había dicho inmediatamente que Harry estaba inconsciente.

Con eso hecho, la muchacha caminó por el pasillo adormilada hacia el Gran Salón, a sabiendas de que estaba hecha una facha por haber dormido en sus ropas otra vez.

Ella empujó la puerta para abrirla y sonrió cuando todo el mundo se giró a verla. – Está despierto. – dijo simplemente.

Los vítores espontáneos que corrieron por el lugar casi la tumban al piso.

Ginny alzó la mano para calmarlos un poco. – Solo para que sepan. – dijo. – Harry y el profesor Snape fueron emboscados por Voldemort. Voldemort había preparado el ataque de antemano y encerró al profesor Snape y a Harry en sus mentes, y luego les lanzó el maleficio Avada a los dos.

Un resoplido de horror recorrió el Salón.

– Con suerte. – continuó Ginny. – Voldemort otra vez olvidó que mi novio es el Niño-Que-No-Será-Derrotado-Por-El-Gran-Cretino, y Harry se las arregló, con la ayuda del profesor Snape, de redirigir el maleficio de vuelta a Voldemort.

Hubo otro vitoreo de parte de los estudiantes – uno al que los profesores se unieron también.

– Obviamente, hacer lo imposible les tomó mucho a Harry y al profesor Snape, y por eso era que estaban los dos inconscientes. Como Harry usó toda su magia, yo honestamente pensé que había muerto. Y como pueden imaginar, estoy más que contenta de que todavía esté vivo.

Una ligera ola de risas recorrió el lugar.

– Pero. – continuó Ginny. – Hemos escuchado de los espías que Voldemort está hasta en peor estado que Harry.

Los vítores esta vez se acompañaron con brincos y saltos (con excepción de dos o tres) por toda la escuela.

Ginny sonrió y esperó a que terminaran. Había preparado ese discursito en su mente mientras esperaba por Harry, pero no esperaba esa clase de recepción. Le hizo darse cuenta que, como novia de Harry, había pasado de la oscuridad a la fama en muy poco tiempo. Así como Harry tenía ciertas responsabilidades, también las tenía ella.

– Profesor Dumbledore, profesor Snape, Profesora McGonagall, Ron, Hermione, Harry tiene algunas preguntas. Ya llamé a Canuto y a Lunático, y vienen de camino.

– Gracias, Ginny. – dijo Albus poniéndose de pie.

– Hay algo más. – dijo Ginny de súbito.

– Como no. – el director dijo abriendo los brazos.

Ginny puso las manos en las caderas y miró fijamente a todos en el lugar.

– Harry mañana tendrá un día libre. – dijo ella secamente. – Vamos a tener un picnic, y luego unos juegos, y terminar con una barbacoa. Todos, incluyendo a los maestros, están invitados. – ella pausó por un segundo para luego sacar su varita del bolsillo y murmurar – Sonorus. – mientras se la apuntaba a su garganta. – ¡Silencio! – gritó ella por encima de los vítores. Su voz ampliada mágicamente resonó por el lugar.

Cuando todo el mundo se aquietó y la miraron en silencio, ella canceló el hechizo. – Gracias. – murmuró. Ella miró duramente a todo el mundo en el lugar, incluyendo a los profesores. – Eso significa que mañana Harry no estará disponible para resolver ningún problema. No me importa lo que pase en el resto del mundo, mañana nadie va adonde Harry para que él resuelva. Él se va a divertir, se va a relajar, y se va a acordar de las cosas buenas del mundo Mágico, y lo mucho que se puede disfrutar.

– ¿Me entendieron todos?

Todos asintieron a la vez y hasta varios estudiantes tragaron en seco de forma audible.

– Muy bien. – dijo Ginny sonriendo. – Lavender, Parvati, ustedes están a cargo de organizar el menú. Hablen con Dobby, le encantará ayudar. Si quieren comprar algo, vengan a donde mí y se los traeremos aquí. Seamos, Dean, a ustedes les tocan los juegos. Háganlos mezcla de mágicos y muggles. Blaise, Susan y Luna, a ustedes les toca la música. Quiero algo suave para las comidas, y algo con que se pueda bailar en la tarde. Prefectos, a ustedes les toca buscar suficientes sillas para los profesores que no quieran sentarse en el suelo, y los hechizos para iluminar al atardecer. Orla, a ti te toca la fotografía, pero nada de publicar fotos de Harry sin mi aprobación.

Ella miró a la mesa de los profesores para encontrar a Snape riéndose tan fuerte que hasta tenía lágrimas bajándole por la cara.

– ¿Profesor?

Snape respiró profundo y se las ingenió para calmarse. – Gin. – empezó, y pausó en lo que el resto de la gente jadeaba en shock porque él había usado el sobrenombre de ella. – Ya que ordenaste a toda la escuela a organizar un picnic para tu novio, ¿te podría preguntar que estás planeando para más luego?

Ginny le sonrió. – Harry estará lo suficiente recuperado para encargarse de eso la próxima vez. – dijo ella de forma amable. – Así que no tendré que preocuparme de esa.

Snape resopló y se puso de pie. – Vamos, profesor. – le dijo a Dumbledore. – Ya nos dijeron lo que tenemos que hacer.

– Tienes toda la razón, Severus. – dijo Dumbledore alegremente. El se volteó para salir por las escaleras y pausó. – Creo que el plan de Ginny es excelente. – anunció. – Así que vamos a cancelar las últimas dos lecciones del día para darle aquellos que tienen trabajo el tiempo suficiente para cumplirlos. Espero que mañana sea un maravilloso día.

Los vítores que recibió fueron casi tan ruidosos como los anteriores. Casi.


Mientras Ginny dirigía a los profesores, a Ron y a Hermione fuera del lugar, Dean se volteó hacia Seamus. – Bueno, eso fue inesperado.

– Sí. – dijo Seamus alegremente. – Pero va a ser divertido.

Dean asintió y suspiró levemente.

– ¿Dándote de puntapiés?

– Un poco, sí. – dijo Dean suspirando. – Ella es como una flor.

– ¿En que sentido?

– Estos últimos días ella estuvo morosa y apenas se le notaba. Hermione, Ron y Blaise tomaron cargo del ED, con todo y que ella estaba ahí. Todo el mundo estaba siendo cuidadoso alrededor de ella. Pero no hace Harry más que despertarse y ella brilla de nuevo. Ella sola acaba de ordenar a toda la escuela como si nada, y se veía bonita haciéndolo.

– Sí. – dijo Seamus. – Eso hizo. Pero como dijiste, solo Harry es el único capaz de ponerle a ella esa sonrisa y esa energía.

– Lo se. – Dean suspiró de nuevo. – Me pregunto si yo hubiese sido capaz de hacer eso por ella, si hubiese peleado por ella, ¿sabes?

– No lo tomes a mal, amigo. – dijo Seamus. – Pero no hubieses podido. Solo tienes que verlos a los dos juntos para darte cuenta lo mucho que se quieren. Pero no te concentres en eso, concéntrate en las cosas buenas.

– ¿Cómo que? – dijo Dean morosamente.

– Ella nos acaba de sacar de Astronomía por un día y nos dio la libertad de organizar los juegos para mañana.

– Cierto. – dijo Dean, sonriendo lentamente. – Y hey, fue bueno de ella el invitarnos. Obviamente hay algo más en todo eso.

– ¿Te refieres a que Snape de repente la está llamando Gin, o que el director solo se vio divertido de verla a ella ordenando la escuela como si nada, en vez de estar disgustado?

– Ajá. – dijo Dean con una risita. – ¿Te pone a pensar, no?

– Un poco. – dijo Seamus, la sonrisa desapareciendo. De repente se dio cuenta que había estudiantes escuchando su conversación con Dean. Seamus se puso de pie y miró alrededor. – Pero sabes. – dijo en voz alta. – Me alegro de no estar más envuelto de lo que estoy. Para bien o para mal, Harry parece ser nuestra única esperanza, y si eso significa que él reciba tratamiento especial, así sea. Él es el que está arriesgando el pescuezo por todos nosotros y el único que casi siempre se pone en peligro al menos una vez cada año. No quisiera tener ese tipo de presión. Me gusta ser un chico normal de dieciséis. Prometo que cuando Harry me necesite, ahí estaré, de igual forma que él siempre ha estado ahí por mí cada año.

Al otro lado del Salón, Blaise se trepó sobre la mesa de Slytherin. – Con la excepción de dos o tres aquí. – dijo ella mirando duramente hacia la mesa. – Miren lo que es la escuela ahora. Lo que Hogwarts se ha convertido. Estudiantes de distintas casas están empezando a hablarse, a ser amigos. Eso es lo que Harry ha estado haciendo por nosotros, así que lo menos que podemos hacer es que tenga un día fenomenal mañana.

– Todos saben lo que les toca hacer. Si no se les ha dado nada que hacer, y quieren ayudar, vengan a ver a Susan, Luna, Parvati, Padma, Lavender o a mí, y los pondremos a trabajar. Vamos a demostrar que podemos organizarlo todo sin la ayuda de Harry, Ginny, Hermione o Ron.

Seamus sonrió y le ofreció una reverencia. - ¿Alguien mas quiere ofrecer un discurso? – preguntó.

– ¿Por qué no? – dijo Susan, poniéndose de pie y ruborizándose furiosamente. – Erm. – dijo ella mirando alrededor. – Soy una Hufflepuff, no Gryffindor. – murmuró ella, lo suficientemente alto para que la escucharan. – Para reforzar lo que dijeron Blaise y Seamus; por mucho tiempo hemos estado dependiendo de Harry y sus amigos. Esta es nuestra oportunidad de decirles gracias por arriesgar sus vidas por nosotros y nuestras familias. No lo echemos a perder, ¿vale?

Una ovación siguió a estas palabras, especialmente de la mesa de Hufflepuff y a Susan se le puso más roja la cara.

Cho Chang se trepó a la mesa también. – Pienso que el honor de Ravenclaw se quedará mancillado si al menos una Ravenclaw no dice nada aquí. – dijo ella respirando hondo. – Como casa, estamos completamente detrás de Harry y Ginny. Y luego de la forma magnánima en que me trataron después de mi error, yo, personalmente, estoy apoyándolos al ciento por ciento.  Tomando prestadas unas palabras de Harry, ‘cuando Hogwarts está unido, no hay nada que no podamos hacer.’

Hubo más vítores de parte de los estudiantes. Lavender entonces se puso de pie. – Muy bien, todo el mundo. Recuerden lo que dijo el profesor Dumbledore. Clases primero, organizar la fiesta después. Así que todos vayan a donde se supone que hay que ir.

Entre risas generales, los estudiantes salieron del Salón.


Ginny entró de vuelta al cuarto de Harry para encontrar que sus padres, Canuto y Lunático estaban ya allí con Harry, el cual estaba terminando de desayunar algo. Ella caminó hasta la cama y levantó los brazos hacia el muchacho. Ella era más que capaz de treparse a su lado, pero ese no era el punto.

Harry hizo desaparecer su bandeja con un chasquido de sus dedos, alargó la mano y fácilmente haló a Ginny, dándole un besito antes de sentarla a su lado. Inmediatamente ella colocó las piernas sobre el regazo de Harry y se acurrucó a su lado. No habían compartido demasiado contacto para su gusto y ahora que ya lo había regañado, definitivamente que era tiempo para arrumacos.

Harry colocó un brazo sobre ella, y le dio un apretoncito, obviamente sintiendo lo mismo.

– ¿Cómo te sientes, Sev? – preguntó Harry al profesor.

– Mucho mejor. Tú vas a estar cansado por el resto del día.

– Todavía te ves todo baldado. – dijo Harry riendo. – La luz del sol no mata, sabes.

Severus hizo una mueca. Ginny tuvo que esconder una sonrisa cuando miró las caras asombradas de Ron y Hermione. Aparentemente la idea de Snape y Harry repartiendo bromitas estaba fuera de su compresión. Ella no le había contado a nadie lo que había pasado y no era su historia para contar.  Pero si había algo que haría a Harry y a Snape acercarse, era el compartir un ataque con Voldemort.

– ¿Mañana descubriremos eso, verdad? – dijo Snape con una risita.

– ¿Cómo fue? – preguntó Harry.

– Pues sí. – dijo Snape. – La General Weasley, la que está sentada en tu regazo, decidió que mañana vas a tener el día libre y ordenó a toda la escuela a ayudar o enfrentar su ira. Fue un discurso verdaderamente emotivo.

– ¿Ginny? – preguntó Harry.

La joven sintió ruborizarse furiosamente. – No los amenacé. – protestó ella.

– No con esas palabras, Ginny. – dijo McGonagall con una ligera sonrisa. – Pero sí les dejaste bien claro que te enojarías si algo salía mal.

Ginny se encogió de hombros y se volteó hacia Harry. – Solo quería asegurarme que descansaras y te divirtieras mañana. Vamos a tener un picnic, unos cuantos juegos y una barbacoa al final del día.

– ¿Una parrillada? – preguntó Sirius. – ¿Estamos invitados?

– Claro que sí.

– ¡Wopa! – chilló Sirius. – Ahí voy, carne a la parrilla. ¡Que venga el fuego!

– Cocina la tuya, Canuto. – dijo Harry riendo. – Yo prefiero que la mía la cocine alguien que sepa cocinar.

– Me insultas. – refunfuñó Sirius.

– ¿Por qué? – preguntó Lunático. – Tú eres la única persona que conozco que deja quemar el agua.

– ¡Hey! – protestó Sirius. – ¿Qué es esto, el día de fastidiarme?

– Podría ser. – dijo Snape. – Pero por más divertido que sea eso, creo que deberíamos contestar las preguntas de Harry primero.

– Gracias. – dijo Harry secamente. – ¿Okey, que está pasando con Voldemort?

Dumbledore contestó. – Parece que te las arreglaste para rebotar el maleficio Avada hacia él, y ahora está sufriendo mas que tú.

– Muy bien. – dijo Harry alegremente. – Así que podemos esperar algo de quietud.

– Yo diría que sí. – dijo Dumbledore. – Los mortífagos no saben lo que pasó, así que estarán quitecitos hasta que les digan que hacer.

– ¿Entonces, hoy es viernes? – preguntó Harry.

– Sí. – dijo Hermione. – Estuviste noqueado por dos días y medio.

– Hey. – dijo Harry con una risita. – No está mal, considerando mi record. ¿Qué pasó con el ED?

– Yo y Hermione... – empezó Ron.

– Hermione y yo. – corrigió Hermione.

– ¿Importa? – preguntó Ron.

– Sí. – dijo Hermione con firmeza.

– Muy bien. – suspiró Ron. – Hermione y yo hemos estado a cargo, junto con Blaise, Susan, Lavender, Luna y Padma. Seguimos tus notas y practicamos el escudo un poco más.

– Excelente. – dijo Harry. – ¿Ahora, alguien mas puede decirme que mas pasó mientras estuve noqueado?

Ginny se acomodó plácidamente, escuchando con una oreja lo que los otros hablaban y con la otra el corazón de Harry.


Harry escuchó lo que había pasado mientras estaba noqueado, haciendo preguntas y todo eso, pero estaba más preocupado por Ginny.

El sentimiento de desolación que ella sintió lo había dejado helado. Era algo que nunca había experimentado y no quería que ella pasara por eso otra vez. Ella lo amaba. Más que cualquier otra cosa, ella lo amaba. Lo hacía sentirse humilde porque por fin tenía lo que mas deseaba. Ella era alguien que lo ponía a él primero y lo quería de la misma forma que él la quería a ella.

Y él sí que la amaba. Y el picnic de mañana era el momento perfecto para él darle el primero de los tres anillos a ella.

Harry miró su reloj cuando la gente dejó de hablar y vio que era casi la hora de almorzar. – Okey. – dijo él mirando alrededor. – Me voy a robar a Ginny por el resto de la tarde. Necesito investigar como les va a Fred, George y Abe. Creo que tenemos que empujar lo del lanzamiento lo más pronto posible para darle a Lucius donde le duela mientras Voldemort está fuera de comisión. Eso le debe hacer sentirse inseguro sobre qué hacer en caso de que haga algo que Voldemort no le guste.

– Buena idea. – dijo Dumbledore.

– Canuto, toma la tarde libre también. No quiero que te metas en líos antes de mañana. La búsqueda por la base de Voldemort puede esperar.

– ¿Molly, tiene algo planeado para esta tarde?

– Nada en absoluto. – contestó la aludida.

– ¿Ginny, a quien tienes trabajando para la comida de mañana?

– Lavender y Parvati. – respondió Ginny al instante.

– ¿Podría usted trabajar con ellas? Creo que las dos agradecerían el consejo de una experta.

– Me encantaría, Harry.

Harry cerró los ojos y convocó su billetera en silencio. Cuando apareció en su mano, se la pasó gentilmente a la mamá de su novia. – Compre lo que haga falta. Si vamos a tener fiesta, mas vale que sea una buena.

– ¿Hermione, Ron? A ustedes les tengo un trabajito más difícil.

– ¿Qué cosa? – preguntó Hermione.

– Quiero que vayan con Remus a la biblioteca.

– ¿Para que? – preguntó Remus.

Harry respiró profundo. – Estuve pensando mientras me duchaba. – el joven pausó por un segundo y decidió ver a cuantos adultos les podía tomar el pelo. – Y debí haber estado cansado porque no estaba pensando en Ginny. – Harry pausó y se echó a reír. Ginny estaba colorada, Snape se veía divertido, Sirius estaba gagueando, Molly y Arthur estaban con esta mirada de que lo que acaban de escuchar era demasiada información. Minerva y Albus estaban riendo levemente, y Ron y Hermione se veían como si supieran que Harry estaba bromeando. Tendría que tratar más fuerte la próxima vez. – Y por alguna razón. – continuó. – Estaba pensando en la vez aquella que estuve aquí en el hospital cuando Lockhart me removió los huesos del brazo.

– ¿Y que más? – preguntó Remus suavemente.

– Bien. ¿Todos sabemos que él era un completo fraude, verdad?

– Erm, no todos lo sabíamos, Harry. – dijo Sirius secamente.

– Oh, bueno, lo era. Pero eso no es lo importante ahora. Lo que él hizo fue, viajaba por el mundo, conocía gente, y sus historias, y las escribía clamando que él había hecho esas cosas.

– Ajá. – dijo Sirius asintiendo.

– Bueno, una vez nos contó una historia, en la clase de Defensa, de cuando estuvo por Australia.

Hermione miró sorprendida a Harry. – ¿Cómo me olvidé de eso? – preguntó bufando.

– No era tan importante en ese momento, Hermione. – dijo Harry encogiéndose de hombros.

– Pero me memoricé todos sus libros. – dijo ella. – Incluyendo Extraviado con Hombres Lobos… debí haber recordado.

– No debes culparte, Hermione. – dijo Harry con firmeza.

– Quien quiere apostar. – la voz de Sirius los interrumpió.

– Cara. – dijo Snape, mientras un galeón volaba por el aire.

– Cara es. – suspiró Sirius. – Todo tuyo.

– Muchas gracias. – dijo Snape con una risita. – Ya que gané, me toca la hacer la pregunta. ¿De que rayos hablan ustedes dos?

Harry se ruborizó mientras Ginny se reía a su lado. – Hermione, probablemente tú puedas citarlo mejor que yo.

Ella sintió. – Lockhart estaba hablando en clase con Harry al frente y dijo, “Yo me le eché encima, así - y lo estrellé contra el piso - entonces con una mano me las arreglé para aguantarlo - y con la otra, le puse mi varita contra la garganta. Saqué lo que me quedaba de energía y le lancé un inmensamente complejo Encanto Homorphus y él dejó salir un maullido de angustia. Venga, Harry, más alto que eso - muy bien. La piel se le esfumó, los colmillos se achicaron y él se volvió hombre otra vez. Simple pero efectivo. Y otra aldea me recordará para siempre como el héroe que les removió el terror de ataques de hombre lobos mensuales.”

– Tú a veces asustas. – dijo Ron sonriendo. – ¡Hasta la voz imitaste!

– Así es como en parte recuerdo las cosas. – explicó Hermione. – Me fui de vuelta a donde estuve en ese momento.

– Pues bien. – Harry continuó, mirando la cara incrédula de Remus. – Nadie le hizo caso porque era Lockhart quien lo dijo. ¿Pero, que tal si en realidad había un hombre lobo en Wagga Wagga? ¿Qué tal si alguien se las arregló para encontrar una cura?

– Pero… – Empezó Remus.

– Vale la pena investigar, Remus, mi viejo. – dijo Sirius alegremente. – De hecho, hasta me voy con ustedes a investigar.

Harry chilló. – ¡Ayy! – y se desvaneció con Ginny. – ¿Ya es seguro salir? – preguntó de debajo de la cama. Podía sentir a Ginny riéndose a su lado.

– ¿Err, donde te metiste? – preguntó Ron.

– Debajo de la cama. – respondió Harry. – Canuto queriendo ir a estudiar es uno de las señas de que el Apocalipsis se avecina.

Harry se Apareció de vuelta a la cama y sonrió cuando vio que todos, menos Sirius, estaban riendo a carcajadas.

– ¡Hey! – protestó Sirius.

– Okey. – dijo Snape mirando a su reloj. – Yo tengo una clase que enseñar. Los veré mas tarde.

– Y yo también. – dijo McGonagall, poniéndose de pie. – Es bueno verte despierto otra vez, Harry.

– Yo tengo que regresarme al trabajo. – dijo Arthur alegremente. – Te veré mas tarde querida. – dijo a su esposa y salió del lugar.

– Yo iré a ver que han hecho las chicas con lo de la comida. – anunció Molly. – Debe de ser divertido.

– No se preocupen por la bebida. – dijo Harry. – Veré si Fred y George pueden traer bastante cerveza de mantequilla para la escuela, si tienen la capacidad. Si no, compramos bastante de la vieja.

– Okey. – dijo Molly asintiendo. – Compórtate esta tarde. – le dijo a Ginny.

– Lo haré. – dijo Ginny calmadamente.

– Y nosotros nos vamos para la biblioteca. – dijo Hermione, llevándose a Ron, Remus y Sirius con ella, dejando a Harry, Ginny y Dumbledore a solas.

– Hablé con Severus. – dijo Dumbledore lentamente.

– Y yo ya tuve una charla muy efectiva con Harry. – interrumpió Ginny.

– Ahh. – dijo Albus y asintió lentamente. – En ese caso, le das mis saludos a sus hermanos y al mío.

– Lo haremos. – sonrió Harry y se Apareció junto con Ginny en su cama en la torre de Gryffindor.

– Tengo que cambiarme de ropa. – dijo él. – Y a lo mejor tomar una siestecita.

– Vaya, Sr. Potter. – dijo Ginny con una sonrisa. – ¿Está tratando de que me acueste con usted?

Harry asintió con ganas. Si no fuera porque estaba tan cansado, trataría la parte de estar sin ropa también. – Por favor. – pidió.

– Bueno. – dijo Ginny, quitándose los zapatos y la falda, dejándose puesta una larga camisa blanca. – Que no se diga que yo no hago nada por ti. – dijo ella mientras se escurría debajo de las cobijas con él.

– Gracias. – él sonrió y le dio un beso largo. – Te amo. – le dijo suavemente.

– Lo se, mi amor. – murmuró ella. – Duerme ahora, aquí estoy. Siempre estaré aquí.


De: Filius

Para: Los otros jefes de casas

Asunto: Un milagro

Estaba corrigiendo las tareas de mis estudiantes de sexto año durante el almuerzo y me encontré con un ensayo peculiar.

Estaba muy bien escrito, una E definitiva. Y estaba hecha en la letra del estudiante.

El único problema es que yo nunca le di esta tarea a este estudiante en particular. Y él ha estado inconsciente durante todo este tiempo.

Ahora, o los poderes de Harry han crecido tanto que puede escribir ensayos mientras está inconsciente o algo extraño está pasando.

F


De: Sev

Para: El comandante Albus y sus manos derechas

Asunto: Re: Un milagro

Debo confesar que yo noté algo similar. La tarea de Harry está aquí, bien hecha, bien escrita y es material E.

Desafortunadamente, la Srta. Granger es muy lista para su propio bien. Ella puede haber copiado la letra de Harry, y muchas de sus frases, pero no fue capaz de atontarlo lo suficiente.

Harry nunca ha escrito “a quien” en todo el tiempo que le he enseñado. Y tampoco ha usado la palabra “ininteligible” cuando “confundido” trabajaría de igual forma.

Así que, ¿Por qué está la Srta Granger haciendo la tarea de Harry que no se ha asignado todavía?

Sev – Curioso

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Mujer mano derecha

Para: El resto

Asunto: Re[2]: Un milagro

Yo también lo recibí – tarea perfecta. Es una falsificación excepcionalmente buena, y si le hubiese asignado la tarea a Harry le daría puntos por el esfuerzo.

¿Creen que le deberíamos preguntarle a la Srta Granger?

Min – Igual de curiosa

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prrr


De: Comandante Albus

Para: segundos al mando

Asunto: Re[3]: Un milagro

Conociendo a la Srta Granger como la conozco, pienso yo que ella está simplemente asegurándose de que Harry termine la escuela a tiempo y con buenas notas. Todos sabemos que él tiene cosas más importantes en su mente, como el mantener a todo el mundo vivo. Y como no le dijimos, ni a la Srta Granger, de que no le íbamos asignar tarea, ella debe de estar haciéndolas por él para asegurarse de que sus calificaciones no sufran.

Encuentro admirable y otro ejemplo de la lealtad que Harry genera en aquellos alrededor suyo.

Voy a tener una conversación calmada con ella sobre el asunto y si estoy correcto sobre sus motivos, entonces les sugiero a ustedes que acepten las tareas como si Harry la hubiese entregado y que ajusten las calificaciones según sea el caso.

Claro está, estoy seguro que una vez Harry derrote a Voldemort, él volverá a sus estudios de forma normal.

Albus

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Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Brote de la derecha (2)

Para: Izquierdos

Asunto: Re[4]: Un milagro

Bueno, en ese caso espero con ansias el recibir más tareas excelentes de parte de ‘Harry’.

¿Sev, como siguen las apuestas?

Pommie


De: General guardador del libro de apuestas

Para: Los-casi-casi-ricos-profes

Asunto: Apuestas

Buenas noticias, tengo apuestas de cuatro a uno de uno de los sindicatos de los duendes.

Y yo no me preocuparía de que nos hagan trampa. Seré más amable hoy en día, pero mis veinte y tantos años de práctica de ser un antipático no están ahí por nada.

Casi me creo que él pagaría aún si Harry perdiera.

Sev – silbando inocentemente

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Director General

Para: Coroneles superiores

Asunto: Re: Apuestas

Severus, debería castigarte por amenazar a un duende, pero como estoy en las apuesta, no lo haré.

¿Has estado practicando?

Albus

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Snape

Para: Minnie y Rolanda

Asunto: Ayuda

¿Les podría pedir un favor? Albus me acaba de recordar que necesito algo de práctica, así que ¿podrían reunirse conmigo para una práctica o dos?

Gracias,

Sev

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Buscadora Min

Para: Buscador Sev

Cc: Guardarora Rollie

Asunto: Re: Ayuda

Normalmente no… pero como hay dinero envuelto, cuenta conmigo. Todavía me acuerdo de un truco o dos de aquellos tiempos que hasta el día de hoy no se han visto.

Min

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prrr


De: Sev Agradecido

Para: Minnie

Asunto: Re[2]: Ayuda

No eres tan vieja, querida Minnie, ciertamente no lo aparentas

Severus

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Una ruborizada Min

Para: Encantador de serpientes

Asunto: Re[3]: Ayuda

Eres un encanto, pero de todos modos, todavía recuerdo cuando YO te enseñé Transformaciones.

Min

--
prrr prrr


De: El que no encanta a los gatos

Para: La gata

Asunto: Re[4]: Ayuda

Pero los añitos los llevas tan bien…

¿Puedo pasar por tu oficina más tarde? Necesito algo de consejos del corazón.

Sev

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Ahí se fue otra de mis vidas

Para: El mata-gatos 

Asunto: Re[5]: Ayuda

Creo que por poco me atraganto cuando leí ese último mensaje. Me sentiría mal si no fuera porque estoy bien curiosa.

Ven como a las nueve. Te tendré una bebida lista.

M.

--
prrr


De: Harry

Para: Sev

Asunto: Plantas Venenosas

Agradezco la lección de botánica. Entiendo ahora como las pociones son más útiles con un chin de veneno.

Me gustaría una demostración, frente a frente, como quien dice, el domingo.

Harry.

--
Audaces fortuna juvat


De: Profesor Snape

Para: Harry Potter

Asunto: Re: Plantas Venenosas

¿Estás SEGURO que no eres un Slytherin?

Arreglaré para una demostración, y dale mis disculpas a la Srta Weasley, pero esto debe ser una sesión a solas.

S.

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: HJP

Para: SS

Asunto: Re[2]: Plantas Venenosas

Accedí a contarle después a Gin todo lo que aprenda, y ella está conforme con eso.

Me deja saber a que hora.

Oh, debería hablar con Sirius… él tiene una cura bien efectiva para las resacas. Si los dos ponen esas mentes a trabajar, quien quita si la logran mejorar. CMOdBeH te compraría la receta de ustedes y venderla junto a la cerveza de mantequilla para la perfecta salida nocturna.

Así los dos ganarían mucho dinero con eso.

Harry

--
Audaces fortuna juvat


De: Sev

Para: Sirius

Asunto: Sociedad

Parece que Harry no está contento con que nosotros nos llevemos bien; ahora decidió que deberíamos trabajar juntos.

Me dice el chico que tienes una cura para las resacas que podría mejorarse un poco. Él sugirió que trabajáramos juntos y luego venderle la licencia a Harry para producirla.

¿Qué crees?

Sev.

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Pensativo

Para: Provocador

Asunto: Re: Sociedad

¿Ya saliste de clases? Estoy tan atrás en esto de investigar que estoy pensando en convertirme en Canuto para al menos ser útil y calentarles los pies.

Si ya saliste, paso por allá y discutimos esto en persona.

¿Alguna vez pensaste que terminaríamos de amigos y que pasaríamos el tiempo detrás de un chico de dieciséis años que tiene siempre problemas buscando pasar tiempo con su novia?

Sirius

--
ladrando pensativamente  


De: Pobre Profesor

Para: La persona que puede cambiar eso

Asunto: Re[2]: Sociedad

En realidad, podremos hablar de eso cuando llegues acá. Aunque no voy a romper la confianza de Harry (estuve dentro de su mente) tenemos que ver como nos las arreglamos para facilitarles algo de tiempo a solas.

Ven para el sótano cuando puedas, está cerca de la sala común de Slytherin.

Sev

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


– Ponte esto. – dijo Ginny, colocando una camisa negra en la cama.

– Okey. – sonrió Harry. – Es un poco desconcertante despertarte y darte cuenta que te perdiste la mitad de la semana.

– Apuesto que sí. – sonrió Ginny mientras se sentaba en el borde de la cama. – ¿Cuál es el plan de esta tarde?

– Vamos a ir a ver a Fred, George y Abe primero. Luego iremos a ver a los duendes y actualizarlos en lo que está pasando. Luego iremos al Ministerio a ver como les va a Percy y a Kingsley.

Ginny sonrió suavemente. – Esa es una tarde ocupada. – dijo ella. – ¿Pero donde está la hora de beso-Ginny en todo eso?

Harry pausó en abotonarse la camina y la miró seriamente. – Estoy esperando tener la suficiente energía al final del día, y si la tengo, iremos a pasear en bote hasta el medio del lago para estar a solas.

Ella le sonrió de forma radiante. – Maravilloso. – dijo aplaudiendo. – Vamos pues. Y no te preocupes sobre tener la energía. La tendrás.

Harry asintió. – ¿Me veo bien?

– Te ves como si hubieses luchado por tu vida, y que deberías estar descansando, pero eres muy responsable para hacer eso.

La sonrisa de Harry era torcida. – Así es como me siento. Pero te prometo que mañana soy todo tuyo. – dijo alargando los brazos. – Vamos.

Ginny sonrió y se movió hacia los brazos de él, abrazándolo fuertemente. Un segundo mas tarde, los dos habían Aparecido en un almacén gigante.

Una inmensa rueda estaba dando vueltas en una esquina, un líquido marrón bajando en forma de cascada en lo que parecía un riachuelo profundo. Alrededor de riachuelo, botellas multicolores estaban burbujeando alegremente, ocasionalmente eructando burbujas reverberantes.

– Bienvenidos. – exclamó Aberforth, saludando feliz. – A la fábrica de Cerveza de Mantequilla Original de Abe el Honesto.

– Se ve fantástico. – dijo Ginny, mirando alrededor.

– Lo es. – dijo Abe. – Vengan, y echen un vistazo. – él los llevó a una esquina, donde lo que parecían un par de brazos gigantes estaban moviéndose a un ritmo estable. – Esto es el Burbujeo. – dijo con orgullo. – Es lo que le da a la cerveza su espuma. Parte muy importante del negocio.

– Esto. – continuó él apuntando a la rueda. – Es la mezcladora. Lo que hace es mezclar agua y la primera parte de mi fórmula. La altura está puesta de forma perfecta. Intentamos usar una batidora gigante, pero no era tan dramático. Cada una de esas burbujas de cristal está añadiendo mas ingredientes a la mezcla, incluyendo los preservativos.

Abe dio un bailecito hasta donde el riachuelo de cerveza parecía desafiar la gravedad y flotar en una tubería enorme. – De aquí va a la planta embotelladora. – explicó alegremente.

– Este lugar parece un parque de diversiones muggle. – dijo Harry.

– Exacto. – dijo Abe abriendo los brazos. – Vamos a abrir una sucursal de Sortilegios Weasley aquí y cobrarles a las familias mágicas por un tour. Vamos a tener un área experimental donde los chiquillos puedan jugar con los últimos inventos de los gemelos, sin cargos, dándonos una invaluable investigación de mercadeo y sujetos de prueba de forma gratuita.

– Y luego vamos a añadir un campo de Quidditch para que la gente pueda pretender que son Víktor Krum u Oliver Wood.

Harry se rio suavemente y colocó el brazo alrededor de Ginny. – ¿Necesitan dinero para hacer todo eso?

– Debemos de tener suficiente con lo que ya invertiste. – dijo Abe, de repente serio.

Harry se encogió de hombros. – Es solo dinero, Abe, y me gusta ver a mis amigos felices.

– Ese no es el punto, Harry. – replicó seriamente Abe. – El punto es divertirnos haciendo algo que nos gusta.  He vivido una existencia tranquila por muchos años. Con solo Michael y yo. Esto. – dijo, agitando la mano alrededor. – Es lo mas divertido que he hecho desde la vez aquella que Albus y yo cruzamos el Mediterráneo en un crucero con la monjas de La Madre de todos los Santos.

– Un día de estos – dijo Harry lentamente. – Vamos a sentarnos y me vas a contar todas tus historias.

– Y a mí también. – dijo Ginny con firmeza.

– Debes de saber, Harry. – dijo Abe con una risita. – Que a los viejos nos encanta hablar.

– Y a nosotros nos encanta escuchar. De todos modos, ¿Dónde están Fred y George? Quiero hablar con ellos sobre lo que está pasando aquí.

– Por aquí. – dijo Abe, abriendo una puerta hacia el área de embotellamiento.

Adentro había otra plétora de avisos y olores. La cerveza de mantequilla que había pasado por la tubería del otro lado, todavía estaba desafiando la gravedad, mientras corría por el techo hacia una tubería al revés antes de entrar a un cernedor enorme. La cerveza entonces se dividía en treinta o cuarenta vías diferentes y fluía dentro de una serie de conductos, cada cual terminando en una línea de botellas.

Una contracepción que funcionaba con vapor controlaba el flujo, deteniéndose cuando nuevas botellas eran colocadas en su lugar. Cuando las botellas estaban llenas, estas se movían a otra maquina donde dos manos en forma de esqueleto les ponían la tapa y la etiqueta.

– ¿Eso no que es algo ineficiente? – preguntó riéndose Harry.

– Un poco. – dijo Fred, apareciendo de la nada. Tenía puesto un mameluco azul. – Pero esto es solo para las botellas. La distribución al por mayor se hace abajo y allá tenemos el cuádruplo del volumen que tenemos aquí.

– ¿Cómo van con el volumen?

– Estamos a producción total, y listos para el lanzamiento el lunes.

– ¿Les sobra lo suficiente para repartirla a los estudiantes de Hogwarts mañana?

George bajó del techo, colgando de una soga patas arriba. Estaba vistiendo un mameluco naranja brillante. - ¿Nos vas a entrar a Hogwarts? – preguntó George con una amplia sonrisa.

Harry asintió.

George dio una voltereta hacia el suelo y dio un bailecito. – ¡Tan pronto prueben esto, estarán adictos y le dirán a sus padres! ¡Perfecto!

– Pueden agradecer a su hermana. Es su idea y ella es la que está organizando la fiesta.

– Y sí. – dijo Ginny instantáneamente. – Los tres están invitados. Es mañana a las diez en punto.

– ¿Qué dices, Abe? – preguntó Fred. - ¿Crees que puedas tomar un día para ir a socializar y enseñar lo que tenemos?

– Creo que sí. – dijo Abe alegremente. – Esta cosa ya corre por sí sola.

– Bueno. – sonrió Harry. – Sobre eso. Les tengo otro reto.

– ¿Otro? – preguntó George. – Todavía no terminamos con este.

– Shh, George. – dijo Fred consolando. – Estoy seguro que nos traerá mucho dinero. ¿Verdad que sí, Harry?

Harry echó un pasito para atrás para no estar ya al lado de Ginny. – Tengo a Snape y a Sirius trabajando juntos en una cura para las resacas. Ya yo la traté y se que funciona. De esta forma, la gente puede beber todo lo que quiera y luego tomar la cura y estar bien para trabajar al día siguiente.

Fred y George se miraron uno al otro antes de lanzarse contra Harry, el cual se echó calmadamente para el lado.

Mientras Fred y George volaban por los aires, Abe brincó y cayó encima de Harry.

– ¿No pensaste que te saldrías con la tuya con esa de nuevo, eh? – demandó Fred con una enorme sonrisa.

Harry gruñó y tiró a Abe para el suelo, un poco asombrado de lo fuerte que era el anciano – Lo esperaba. – gruñó. – De todos modos, voy a ir a ver a Amelia Bones para ver si aumenta el castigo para los borrachos y los que arman líos. No habrá excusa para todo eso cuando se pueden curar la resaca de forma rápida. De esa forma no arriesgamos el que alguien se vuelva loco bebiendo.

– Y podemos reclamar que uno sea socialmente responsable. – dijo Fred en acuerdo.

– ¿Socialmente responsables? ¿Nosotros? – preguntó George, antes de caer al piso riendo histéricamente.

Ginny sonrió y sacudió la cabeza lentamente. – Si no fuera por que estoy relacionada con ustedes dos, los negaba desde hacía tiempo.

– No lo harías. – dijo Fred, respirando fuerte después de tanta risa. – Siempre has sido nuestra hermana favorita.

– Soy su única hermana.

– Irrelevante. – dijo George con desdén. – El punto es, nos amas porque somos guapos.

– Seguro. – dijo Harry secamente. – No para volver sobre lo mismo, pero ¿como están los abogados con las notificaciones de cese y desista?

– Están listas.

– Estaba pensando. – dijo Harry lentamente.

– Rápido, alguien que busque algo de oxígeno. – dijo Abe. – Cuando empieza a pensar hay que estar preparado.

Harry le espetó una mirada de pocos amigos. – ¿No sería mas efectivo que los abogados fueran acompañados de algunos duendes armados, como guardias? Eso enviaría el mensaje de que no estamos jugando.

– ¿Cómo vas a arreglar eso? – demandó Fred.

– Déjenmelo a mí. – sonrió Harry. – Los tendré aquí el lunes. -  él se volteó hacia Ginny de forma de disculpa. – Me va a tomar un poco mas de tiempo en el banco del que pensé.

Ginny sonrió y rodó los ojos. – No te olvides de la hora beso-Ginny.

– ¿Problemas en el paraíso? – preguntó George, con los ojos encendidos divertidos.

– Solo que Harry tiene problemas con su tiempo libre, del cual no tiene nada. Organizar la derrota de Voldemort le toma mucho tiempo. – dijo con un mohín.

– Te prometo que mañana soy todo tuyo. – dijo Harry suavemente. – Y esta noche.

– Lo se. – dijo ella, parándose en la punta de los pies para besarlo en la mejilla.

– Se me olvidó eso. – dijo Fred, negando con la cabeza. – Siempre se me olvida que todavía estás en la escuela, y organizando todo este lío a la vez. Pareces siempre estar en todos lados cuando se te necesita.

– No soy infalible. – dijo Harry encogiéndose de hombros. – Solo estoy tratando en lo mejor posible que aquellos a quienes quiero estén contentos. – Harry miró su reloj. – Y más vale que nos vayamos. Tengo que hablar con Mackrack.

– Sí que te mueves en círculos altos. – comentó Fred. – Pero porque nos asombramos; sabíamos que estarías destinado para cosas grandes, especialmente después que salvaste a nuestra Ginny. Y nunca te hemos dicho esto. – dijo poniéndose serio de repente. – Pero te debemos más de lo que podemos pagarte. El que tú vinieras a nuestras vidas fue lo mejor que pudo haberle pasado a nuestra familia. Hasta persuadiste a Percy de que dejara de ser un pedazo de tonto.

– Seguro que sí. – continuó George. – Estaremos ahí contigo en donde sea.

Harry se ruborizó y miró para abajo, levemente de la enorme sonrisa que tenía Ginny. Ella se movió hacia al frente y besó a sus dos hermanos en la mejilla. – A ustedes los amo también. – dijo ella. – Con todo y lo incorregibles que son.

Fred y George sonrieron a la vez. – ¿Quieres un caramelo? – dijeron a la vez.

Ginny soltó una risotada y brincó a los brazos de Harry. – Sácame de aquí, rápido.

– Okey, los veremos mañana. – dijo Harry con una sonrisa y los Apareció a los dos en la entrada de Gringotts.

– Cuando entremos, no te sorprendas de lo que diga. – dijo Harry entrelazando un brazo con el de ella.

– ¿Oh? – preguntó ella.

Harry le sonrió. – Mackrack hace un buen té. – dijo cambiando el tema. – Me sorprendí mucho cuando lo conocí el lunes.

– ¿Qué le vas a preguntar?

Harry se echó una sonrisita. – Eso sería decirlo todo.

Ginny dio un brinquito frente a él y colocó los brazos alrededor del cuello de Harry. Ella se movió firmemente contra él, dándole besitos en la quijada. – Harry. – ronroneó.

Harry sintió sus brazos agarrarla de forma automática, abrazándola cerca. – Ginny. – gruñó.

– ¿Qué le vas a preguntar? – preguntó ella de nuevo, sus ojos grandes y claros, mirándolo con amor absoluto.

– Eres una bruja. – gruñó él. – ¿Cómo se supone que le hable ahora a Mackrack?

– Solo piensa en Umbridge con un bikini. – sugirió Ginny. – Y ahora que te abochorné lo suficiente, tienes a un duende esperando hacia la izquierda.

– Hola, Griphook. – dijo Harry. – Se que no tengo una cita, pero me preguntaba si podría ver a Mackrack esta mañana.

Griphook se inclinó solemnemente. – Creo que se puede arreglar. – dijo. – Si me siguen por favor.

– Venga mi moza. – gruñó Harry. – Y no te creas que no me las va a pagar por esa mas tarde.

– No puedo esperar. – dijo ella riendo.

Los tres caminaron por el pasillo de estatuas hasta la lujosa oficina. – Mackrack, esta es Ginny, mi compañera. Ginny, este es Mackrack, manejador de Gringotts y el actual líder de los duendes. – dijo Harry presentándolos.

Mackrack se inclinó formalmente. Ginny hizo una reverencia y sonrió al duende. – Es un placer conocerlo. – dijo ella, caminando hacia el duende y ofreciéndole la mano.

Mackrack la tomó y luego miró a Harry. – Debí suponer que la compañera de Harry Potter no tendría tampoco prejuicios.

Harry sonrió y colocó un brazo sobre los hombros de Ginny.

– Por favor, tomen asiento. – dijo Macrack, indicando un sofá en la esquina. – Mi escritorio es un poco formal a veces. ¿Les puedo ofrece algo de beber?

– Harry me dijo que usted hacía un té excelente. Eso sería maravilloso.

Mackrack enseñó los dientes y asintió. – Griphook. – llamó, tomando asiento en una silla enorme.

– Creo que debería saber. – dijo Harry sentándose al lado de Ginny. – Que Voldemort y yo tuvimos una de nuestras peleas el martes. Me temo que Voldemort salió peor que yo.

– La cara de serpiente esa tiene esta manía de que le rebote el maleficio Avada. – añadió Ginny.

Mackrack sonrió lentamente. – Me alegra ver de que no está muerto.

– También yo. – dijo Harry riendo. – Pero ya basta de eso, vamos a hablar de cosas más importantes.

– ¿Qué es mas importante que Voldemort? – preguntó Mackrack.

– Dinero, por supuesto. – contestó Harry.

– Ahh, Harry, sabía que usted era especial. – dijo Mackrack riendo. – ¿Qué es lo que desea?

– Pues bien. – dijo Harry, respirando hondo. – Estaba pensando que los Mercenarios Duendes son legendarios, especialmente por su valentía. Si los fuera a contratar, no solo tendrían ellos algo que hacer y mantenerse en forma, pero también podrían disfrutar de una buena pelea. También les enseñarían al mundo mágico que tan lejos los duendes han llegado en los últimos siglos y la población se daría cuenta de la suerte que tienen de tener tan buenos banqueros.

Mackrack lo miró, sus ojos sin revelar nada. Él tomó la bandeja que Griphook trajo al lugar y les pasó a cada uno una taza de té. Harry tomó un sobro del suyo y sonrió conforme. – Excelente. – dijo exhalando.

– Sí, es bueno. – dijo Ginny.

– Creo, Harry. – dijo Macrack mientras sorbía su té. – Que podré dejarle contratar nuestros mercenarios. Obviamente, tengo que cobrarle.

– ¿Cuánto? – preguntó Harry.

– Hmmm. – dijo Mackrack lentamente. – Ciento cincuenta soldados, comandantes y personal asociado, más equipo. Le tendría que cobrar un galeón.

– Usted sí que es duro con los trueques. – dijo Harry asintiendo. – Sin querer meterme en sus tratos confidenciales, pero si, digamos, Lucius Malfoy viniera y preguntara por un servicio similar… – dijo él sin terminar.

– Le cobraría el precio completo. – dijo Mackrack. – No puedo permitir que dos personas tengan el descuento; simplemente no se hace. Y juzgando por el estado de las finanzas de los Malfoy a él se le haría extremadamente difícil conseguir la suma.

– Más aún después del lunes. – dijo Harry riendo. – Una de mis compañías acaba de adquirir los derechos legales de marca registrada de la cerveza de mantequilla. El lunes, nuestros abogados van a visitar diferentes negocios y las fábricas principales, demandando el cese inmediato de la producción y venta de la cerveza de mantequilla bajo nombre actual.

– A la misma vez, les vamos a ofrecer el comprar toda la cerveza vieja, a precio reducido y ofrecerles venderles el producto nuevo, mejorado, bebido y endorsado por mí personalmente.

– Va a hacer una absorción completa. – dijo Mackrack calmadamente. – ¿Estás escribiendo esto Griphook?

– Sí señor. – dijo Griphook.

– Me gustaría contratar algunos guardias mañana para los abogados. Esto es negocio, no personal, así que pagaré el precio completo.

Mackrack asintió firmemente. – Eso es lo que me gusta de usted, Sr. Potter. Sabe hasta donde llegar. Gustosamente les proveeremos con los guardias. ¿Quiere que le diga a los que visiten las fábricas que cualquier daño accidental a la propiedad no se verá con buenos ojos?

– Absolutamente. Dígales que se les pagará con un bono. Se que los duendes detestan eso.

– De hecho. – dijo Mackrack. – Griphook. ¿El Sr. Malfoy tiene cuentas pendientes con nosotros?

– Algunas. – dijo Griphook. – No tengo la cifra exacta.

– Prepare los documentos para el cierre del lunes. Queremos asegurarnos de obtener nuestro dinero primero.

– ¿Eso no lo pondrá en aprietos con los morti-estúpidos?

– En lo absoluto. – Mackrack dijo enseñando los dientes. – Esto es estrictamente negocios, y ellos saben que los negocios son primero.

Harry termino su té y se relajó en su asiento. – Cuando todo esto se termine, me gustaría hablar con usted sobre mis bóvedas y manejarlas propiamente. Creo que me gustaría empezar una compañía de inversiones.

– Sr. Potter – dijo Mackrack con firmeza. – Si las cosa salen como esperamos que salgan, usted nunca tendría que preocuparse por semejante cosa. Tenemos los mejores aquí.

– Eso no lo dudo. – dijo Harry sonriendo. – ¿Va a sacar el costo de mi bóveda para los guardias del lunes?

– Seguro que sí.

– ¿Terminaste ya, cariño? – le pregunto Harry a Ginny. Cuando ella asintió, el se puso de pie, dándole un apretón de manos a Mackrack. – Ha sido un placer. Me gustaría hacer esto de nuevo sin todas estas necedades.

Mackrack se inclinó, y mientras tomaba la mano de Ginny, le dio un beso en el dorso. – El placer ha sido mío, Harry. Usted y su compañera siempre serán bienvenidos.

– Gracias. Estaré en contacto con usted sobre lo de los mercenarios. A lo mejor querrán practicar un poco por si las moscas.

– Estarán listos, tiene mi palabra.

Harry se inclinó y tomó la mano de Ginny. – Fue agradable verlo también, Griphook. – deslizándose mientras abrazaba a Ginny, Harry los Desapareció del lugar.


Mackrack se quedó mirando el espacio por varios largos minutos. Luego se giró y presionó el botón sobre su escritorio, echando para atrás la pared, para poder llamar en conferencia a los jefes de las otras sucursales.

– ¿Mackrack? – el jefe de la sucursal egipcia preguntó. – Esto es inusual.

– Acabo de tener una reunión inusual. – dijo Mackrack, gruñendo suavemente.

– Seguro. – dijo el jefe de Egipto, levantando las manos. – No quise implicar nada.

– Acabo de tener al Sr. Potter aquí de visita junto con su compañera. Parece que Harry está siguiendo la costumbre de los duendes de encontrar a su compañera de por vida a temprana edad. Los dos parecen ser devotos uno al otro.

Una ola de aprobación corrió por las diferentes chimeneas.

– Y su compañera es igual de abierta que él.  Accedí a contratarle nuestros mercenarios por la suma de un galeón, para que Harry se enfrente a Voldemort.

–¡Un galeón! – el jefe de Egipto demandó. – ¿Está loco?

– Sr. Slitcsythe. – tronó Mackrack. – Va a recordar su lugar o lo remuevo de ahí.

– Pero se ha vuelto loco. – protestó.

– ¿Loco? – gruñó Mackrack. – ¿Cuanto piensa usted vale la confianza total de la población del mundo mágico? ¿Qué tanto vale la recomendación personal del héroe de ellos? ¿Cuánto vale la derrota de Voldemort? ¿Cuánto vale Harry solamente – el Harry que está organizando la toma total del negocio de la cerveza de mantequilla?

– Su problema, Slitscythe, es que es incapaz de ver más allá de su pequeña e insignificante nariz. – insultar la nariz de otro duende era el peor insulto posible. – Nos están dando la posibilidad de sobrepasar la desigualdad que sufrimos y todo lo que importa son unos míseros galeones.

Él pausó y miró hacia todas las chimeneas.

– Aprovecho y llamo aquí a votación para remover a Slitscyche como manejador general de Gringotts de Egipto.

– Secundada. – el jefe de la sucursal francesa dijo instantáneamente. – ¿A favor?

 Una coro de “sí” corrió por el lugar.

– ¿En contra?

Solo hubo silencio. Debido a sus reglas, cualquiera que se enfrentaba a ser despedido de la junta no podía hablar en defensa propia. Tenía que depender en otros para defenderlo. Desafortunadamente, esta vez nadie intercedió por su bienestar.

– Entonces  estamos de acuerdo. – dijo Mackrack complacido. – Voy a enviar a Griphook inmediatamente para que se haga cargo por unos días en lo que elegimos un reemplazo. – Mackrack presionó un botón y la cara de Slitcyche se desvaneció del fuego.

– Ya que salimos de esa. – dijo el jefe de la sucursal española alegremente. – ¿Mencionó usted una absorción?

– Oh, de hecho. – dijo Mackrack, mostrando los dientes. El duende explicó el plan rápidamente. – Harry no solo insistió en pagar por los guardias el lunes, pero también prometió el permitirnos manejar su enorme fortuna.

– Como usted dijo. – el jefe de la sucursal española señaló alegremente. – Vamos a ganar más que el precio de los mercenarios. Muy buen negocio.

– Harry entiende que cuando todos ganan, es mejor. Él confía en nosotros y nosotros devolveremos esa confianza.

– Sobre todo.

– Muy bien. – dijo Mackrack. – Ya que estamos todos aquí, vamos a discutir las ganancias del día de hoy.


De: Draco

Para: Mamá

Asunto: Yo

No se si puedo escribir esto, pero se me sugirió que sería buena idea sacármelo del pecho.

Muchas cosas han pasado en estas últimas semanas. Algunas las debes de saber, estoy seguro que papá se habrá quejado bastante.

Para clarificar…

Soy gay.

Creo que siempre lo he sido.

He tratado mucho ser lo que Papá quería – una versión joven de él. He odiado lo que él odia, me he burlado de lo que él se burla y he alineado a medio mundo con la esperanza de que recibiría algo de parte suya. Una mirada, lo que sea.

¿Y sabes que? He fallado en todo eso. Lo que sea que haga, Potter ha sido mejor que yo y Papá nunca me ha perdonado por eso.

¿Y la cosa más tremenda? A Potter no le importa. A él no le importa lo que yo, o Papá haga, él solo quiere que le dejen en paz. Él va a salvar el mundo, y si se sale con la suya, se retirará de la vida pública para ser feliz.

Y ahí es donde puedo aprender de él. Él quiere ser feliz. No puedo recordar la última vez que estuve feliz. Aun cuando papá compró mi entrada al equipo de Quidditch, yo estaba muy asustado pensando que lo iba a defraudar.

Por mucho tiempo me he negado lo que soy. Quien soy.

No soy Lucius Malfoy hijo.

Soy Draco Malfoy, un chico que no va a negar más lo que ha tratado desesperadamente de negar.

Se que papá me va a abandonar por esto. Es una de las cosas de las que he tenido que hablar, y no se si pueda soportar ser pobre, pero imagino que no tengo mucha opción en el asunto, ¿verdad?

Yo te quiero, y verdaderamente espero, que por una vez, te enfrentes a papá, y que puedas mantenerme en contacto contigo. No te preocupes, no diré eso en persona. Se muy bien como detestas las declaraciones de afecto. Pero, considerando que estoy admitiendo que soy gay, decir que te quiero no está como quien dice en el mismo nivel.

Y antes de que lo pienses, no, no hay nada que puedas hacer para detenerme de ser gay, y no hay ‘cura’ tampoco. No estoy sufriendo de una enfermedad aquí.

Espero que me escribas de vuelta, pero entenderé si no lo haces.

Draco Malfoy


De: Drac

Para: Ter

Asunto: Mamá

Le dije. No le he dicho a papá, ella lo puede hacer. De todos modos, él es un homo fóbico… encima de ser un supremacista y racista. De hecho, no creo que haya un ‘ista’ que a papá no le guste. 

D


De: Orgulloso

Para: Mi orgullo

Asunto: Re: Padres

Estoy orgulloso de ti, Drac.

Y ya sabes lo que dicen de los homo fóbicos.

“No soy homo fóbico, no tengo fobia del hogar”

Terry


De: D

Para: T

Asunto: Re[2]: Padres

Argggg

D.


Los dos se aparecieron en el Ministerio de Magia, cerca de la oficina de Percy. Ginny miró a Harry y suspiró suavemente. – ¿Estás seguro de que tienes que hacer esto ahora?

Él asintió, luciendo exhausto. – Tengo que saber que está pasando. Tengo que dar la impresión de que estoy en todos los sitios donde tengo que estar, como Fred y George dijeron. – él enderezó los hombros y forzó el cansancio para fuera.

Ella suspiró de nuevo y le dio un ligero abrazo. – No puedo esperar a que todo esto se acabe, y no tenga que compartirte con todo el mundo.

– ¿Tienes planes para mí? – preguntó él sonriendo.

– Planes que incluyen una cama, nada de ropa y muchos gruñidos. – dijo ella bromeando y riendo cuando lo vio ruborizándose.

Ella abrió la puerta de la oficina de Percy, y pausó cuando el sonido de gritería les llegó.

– ¡Va a detener esta investigación inmediatamente!

– ¡No lo haré! – respondió la voz de Percy.

– Si sabe lo que es bueno para usted y su familia…

Harry suspiró y se movió hacia la puerta, abriéndola de sopetón. – ¡Lucius! – llamó alegremente. – ¡Qué bueno verle de nuevo!

Malfoy lo miró e hizo una mueca. – ¡Potter!

– Muy bien. Reconocimiento instantáneo. Bien impresionante. ¿Así que, me puede decir porque está fallando en intimidar a alguien aquí?

– Yo…

– Está fallando porque su apoyo en el ministerio está bien abajo. – dijo Percy formalmente. – Eso será todo, Lucius. Puede estar seguro que su intento de suprimir la verdad estará bien prominente en mi reporte.

Lucius juró por lo bajo.

Harry tomó un paso hacia el frente. Parecía que estaba planeando en partir a Lucius por la mitad. El hombre se echó para atrás hasta quedar contra la pared.

– Me enoja sobremanera cuando alguien amenaza a mi familia. – dijo Harry. Ginny sintió una corriente leve de electricidad pasar por ella cuando Harry dejó de controlar su magia, sorprendiéndose de sentirlo tan débil en ese momento. Aunque, obviamente Lucius no lo sentía de esa manera porque el hombre estaba mas blanco que un papel.

– Si yo fuera usted. – continuó Harry. – Estaría más preocupado de cosas que están pasando más cerca de su casa.

– ¿Qué quieres decir?

La sonrisa de Harry se tornó algo maquiavélica. – Ya verá, mi querido Lucius, ya verá.

Lucius miró alrededor, con una mueca desdeñosa, solo que el efecto no era efectivo gracias a la ligera mirada de temor en los ojos. – Me las pagarás.

– No, no lo haré. – dijo Harry. – ¿Cómo está Voldemort al momento?

Lucius abrió la boca, y la cerró antes de pasar como alma que lleva el diablo y salió del lugar.

Harry sonrió levemente, y luego colapsó en la silla que estaba frente al escritorio de Percy, cerrando los ojos.

Ginny sacudió la cabeza y caminó hacia Harry, arrodillándose al lado de la silla.

– ¿Estás bien? – preguntó un preocupado Percy.

– Un poco cansado. – suspiró Harry.

– Él ha estado poniéndose al día hoy, correteando por todos lados. – explicó Ginny.

Percy asintió y se volteó abruptamente hacia la chimenea. Agarrando algo de polvo Flú, lo echó al fuego. – ¿Penélope?

– ¿Sí, Percy?

– Se que es una imposición muy grande, pero ¿te molestaría tener invitados extra para la cena? Tengo a Ginny y a Harry aquí, y Harry parece que necesita una buena cena y los dos tenemos que hablar.

– Claro que sí. – dijo Penélope sonriendo. – Estaba preparando extra. Si quieres, vengan a casa ahora, y abriré una botella de vino para antes de la cena.

– Gracias. – Percy sonrió suavemente, lo que parecía fuera de lugar en su normalmente rostro restringido.

Percy se volteó hacia ellos. – Vengan, pues. – dijo antes de entrar en las llamas verdes. – Mientras mas pronto lleguemos a casa, más rápido ponemos a Harry a descansar.

– Percy. – llamó Harry, antes de que Percy se desapareciera. – Gracias.

– De nada. – dijo Percy.

– Los veremos allá. – dijo Harry. – Odio viajar por el Flú.

– Claro. – dijo Percy con una ligera sonrisa. El joven entró al fuego y se desvaneció.

– Vamos. – dijo Harry a Ginny.

Ella sonrió y se sentó sobre el regazo del muchacho, presionando la cara contra el cuello de él e inhalando profundamente.

Hubo un movimiento leve, antes de aterrizar en la sala de la casa de Percy y Penélope. Por un segundo, Ginny se sintió un poco desorientada. La sala era absolutamente perfecta, sin nada fuera de lugar. Era como abrir una página de la sección de mejoras al hogar del diario el Profeta.

– Vengan al estudio. – dijo Percy alegremente desde el otro cuarto. Se veía más relajado de lo que Ginny recordaba, y hasta se había quitado sus túnicas del ministerio, la corbata y se había desabotonado el primero botón de su camisa muggle.

El estudio le aseguró a Ginny que Percy era un Weasley. Tenía dos sofás cómodos, una mesa detrás y un radio sonando en el alfeizar de la ventana.

– La sala es para cuando juego a la política. – dijo Percy encogiéndose de hombros. – Me gusta más la informalidad de aquí, pero no dejaría algunos de esos buitres estar cerca de donde vivo si tuviera esa opción.

Harry se sentó y estiró las piernas. – Esto es muy cómodo. – dijo gruñendo.

– Encantado de esa manera. – dijo Penélope con una sonrisa, trayendo cuatro copas de vino. – Estoy segura que existen muchas razones para no darles alcohol, pero te ves como si de veras necesitaras un trago, Harry.

Harry se rio suavemente. – Gracias. ¿Ginny, podrías ponerlos al día por favor?

Ginny asintió. Ella sabía que Harry odiaba hablar sobre sí mismo, así que estaba más que contenta en hacerlo. También le daba la oportunidad de asegurarse de que Harry no se atribuyera sus logros como debía.

Ginny terminó su recital con lo que había con Fred y George, no muy segura si Harry quería que ella hablara sobre lo que habían hecho después.

– Luego fuimos a una reunión con Mackrack. – continuó Harry. – Arreglamos para que los mercenarios de los duendes se nos unan en la batalla final.

– Bueno. – dijo Percy lentamente, después de intercambiar una mirada con Penélope. – ¿Estás seguro que deberías haber hecho todo eso hoy? Te ves medio muerto.

– Es importante que la gente me vea alrededor. – suspiró Harry. – Es más bien algo psicológico. El Profeta imprimirá rumores de que me vieron por ahí, y Voldemort y los mortífagos los leerán y pensarán que estoy bien mientras Voldemort está todavía hecho un lío.

– Tienes instintos excelentes para la política, Harry. – dijo Percy.

Harry sonrió sardónicamente.

– Lo que me preocupa es lo baja que está su magia. – dijo Ginny, cambiando el tema de la política. Ella no estaba lista para que Harry supiera los planes de ella para él, todo eso podía esperar hasta después de que Voldemort estuviera pudriéndose en alguna parte.

– ¿Baja? – preguntó Percy.

– ¿No lo sentiste hace un rato? – preguntó Ginny, un poco sorprendida.

– ¿Eso fue bajo??

Ginny asintió con firmeza.

Percy se rió suavemente y sacudió la cabeza. – Estoy empezando a darme cuenta que no teníamos ninguna oportunidad en contra de ustedes. – admitió.

Al lado de ella, Ginny podía sentir a Harry relajarse y caer dormido, así que ella alargó la mano y agarró el vaso de vino de la mano del joven.

– No lo tomen a mal. – dijo Ginny calladamente. – Él solo hace eso si se siente cómodo y seguro.

Penélope sonrió. – Entonces para mi es un cumplido de los grande. ¿Nos vamos a la cocina?

– Creo que es una buena idea. – dijo Percy. Poniéndose de pie, él sacó una sabana de la parte de atrás de la silla y cubrió a Harry con ella.

Ginny siguió a Percy a la cocina y fue hacia donde él y le dio un beso ligero en la mejilla. – Te quiero mucho. – dijo ella suavemente.

– Algo por lo que estoy muy agradecido. – dijo Percy solemnemente. – Pero suficiente de eso. ¿Cómo estás, Ginny?

Ginny fue hacia el mostrador y se sentó sobre el. – Cansada y asustada. – admitió suavemente. – Ha sido una semana increíblemente larga. El no tener a Harry en mi mente fue peor que tener a Voldemort ahí.

– No lo dudo. – dijo Percy con cuidado. – ¿Pero, estas segura de que estás haciendo lo correcto, al estar a su lado?

– Esto es lo que siempre quise, toda mi vida. – dijo ella simplemente. – Nunca pensé que el precio sería tan alto, pero tampoco imaginé que las recompensas serían igual. Tuve la oportunidad, Percy, de irme por lo normal. Tuve esa oportunidad con Dean, me pude haber ido para el lado y salirme de la pelea. No serían tan asustadizo, pero sí aburrido y soso. No había fuego. Harry me hace sentir como si la sangre estuviera a fuego y como si fuera el ser mas importante de este mundo.

– Con Dean, hubiese conocido a su mamá y padrastro y a su media hermana durante unas vacaciones. En un solo día con Harry, he visto la nueva fábrica de cerveza de mantequilla, me presentaron como la compañera de Harry ante, nada más y nada menos que Mackrack, y ahora estoy pasando el rato con mi hermano durante horas de escuela, con el permiso de todos.

– Pero lo que necesito en realidad es tiempo a solas con Harry.

Percy se le quedó mirando, pensativo. – No por ignorar lo que acabas de decir, pero ¿Harry te presentó como su compañera?

– Sí. – contestó Ginny. – ¿Por qué?

Percy sonrió lentamente. – Eso me hace sentir mejor. – admitió.

– ¿Por qué es eso, cariño? – preguntó Penélope desde la estufa.

– Porque los duendes se unen de por vida. Presentar a una fémina como su compañera, es tan efectivo como decir esta es mi prometida.

– ¿De veras? – preguntó Ginny, de repente sintiendo algo del miedo por Harry desvanecerse.

– Significa que él está haciendo planes a largo plazo para contigo. – explicó Percy.

– Significa que él piensa que puede derrotar a Voldemort. – dijo Ginny con alegría. – Estaba preocupada que esta última semana le había golpeado su confianza en sí mismo.

– Contratando mercenarios es una buena señal de eso. – dijo Percy. – Que lástima que Snape ya no sea espía.

Ginny tosió suavemente. – No puedo decirte nada. – dijo disculpándose. – Pero Harry sí tiene un espía dentro del círculo privado, por favor no le digas a nadie.

– No lo haremos. – dijo Percy con firmeza. – Son buenas noticias. Él sí que ha avanzado en estas últimas semanas, ¿no?

– ¿No te ha puesto a pensar que fue gracias a ustedes? – preguntó Ginny con una sonrisa.

– ¿De veras? – preguntó Percy dudoso.

– Si no lo hubiesen acorralado como lo hicieron, él nunca hubiese descubierto que tiene la habilidad para liderar.

Percy soltó una risita y negó con la cabeza. – Creo que esa información me la guardo. – dijo. – Mi comportamiento no ha sido exactamente ejemplar, y aún si algo positivo salió de todo eso, no lo admitiría.

– ¿Hey, Perce, estás ahí? – una voz llamó desde la chimenea.

– ¿William? – preguntó Percy moviéndose hacia la chimenea.

– Es Bill. – gruño éste.

– Y yo soy Percy. – dijo Percy, antes de quedarse callado. Ginny escondió una risita.

– Muy bien, Percy. – dijo Bill. – ¿Has visto a Harry y a Ginny? Albus dijo que estaban correteando por todos lados.

Percy miró a Ginny, y ésta asintió.

– Están aquí. – respondió Percy.

– ¿Puedo ir allá? – preguntó Bill.

– Claro. – dijo Percy echándose para atrás.

El mayor de los Weasley llegó a través de la chimenea segundos más tarde, sacudiéndose casualmente las cenizas. – Hey Enana. – saludó alegremente. – ¿Dónde está Harry?

– Durmiendo una siesta. – Ginny dijo alargando los brazos para un abrazo.

Bill se movió y la agarró, levantándola del mostrador y dándole vueltas antes de abrazarla fuertemente. Él la bajó y sonrió.

– Bueno. –dijo alegremente. – ¿Alguno de ustedes tiene alguna idea el porque mi jefe en Gringotts de repente fue reemplazado, y el nuevo tipo, un duende que creo que se llama Griptook, está a hora a cargo?

– ¿Griphook? – corrigió Ginny. – Tuvimos una reunión con él y Mackrack más temprano.

– Pensaba que Harry tenía algo que ver con esto. – dijo Bill. – Me han encargado, oficialmente, para secundar a Harry en lo que dura la crisis, a paga completa, y también Fleur. Ella está empacando en casa ahora mismo.

– Eso es maravilloso. – dijo Percy. – Será bueno tenerlos aquí más tiempo.

Bill pausó y miró a Percy. Luego a Penélope. – Penélope. – dijo lentamente. – No se lo que hiciste, pero funcionó.

Penélope rio suavemente. – Harry hizo el trabajo duro. – dijo ella gentilmente. – Yo solo ayudé a Percy a lidiar con el asunto. Siempre he visto al hombre que está dentro.

Percy estaba en ese momento demostrando que era un Weasley cuando se ruborizó de arriba abajo.

– Bueno. – dijo Bill, cambiando el tema. – ¿Por donde anda mamá hoy?

– Está en Hogwarts. – dijo Ginny prontamente. – Está ayudando organizar lo de la comida para el picnic de mañana y la barbacoa. Vamos a tener un día libre para Harry, con la nueva cerveza de mantequilla, juegos y comida. Y sí, todos ustedes están invitados.

– Que bien. – dijo Bill. – Estaremos allí.

– Absolutamente. – añadió Percy.

– Okey, Bill. – dijo Ginny. – Escucha bien, que te voy a contar todo lo que ha pasado esta semana.

Cuando ella terminó, Bill silbó lentamente. – Wow. ¿Alguno de ustedes siente un cosquilleo?

– Yo sí. – dijo Percy.

– Yo también. – dijo Penélope.

– ¿Qué cosquilleo? – preguntó Ginny.

– Se llama esperanza. – dijo Bill suavemente. – Es algo que hacía falta desde hace un tiempo.

– Ginny. – dijo Penélope. – ¿Por qué no vas y despiertas a Harry? La comida está casi lista.

– Eso huele bien. – dijo Bill.

– Bill. – suspiró Percy. – Las indirectas no son tu fuerte. Ve y llama a Fleur para que se nos una.

– Gracias. – dijo Bill con una risita y brincó hacia el fuego.

– ¿De verdad que es el hermano mayor? – preguntó Percy.

Ginny se echó una carcajada y caminó de vuelta al estudio. La muchacha se arrodilló frente a Harry y gentilmente le echó el pelo para atrás. Ese era el momento en que él solo para ella. Nadie más podía verlo cuando dormía. Era diferente a cuando estaba inconsciente; más personal, y ella sabía que si él sentía a alguien más, se despertaría en un santiamén. Nadie mas lograba verlo así de joven y vulnerable.

– Hey. – dijo Harry, su voz sonando un poco ronca. – Debería disculparme con Percy.

– Yo no lo haría. – dijo Ginny suavemente. – Para ellos es un cumplido el que te sintieras seguro y cómodo aquí como para quedarte dormido.

– El vino ayudó. – admitió Harry.

Ginny se inclinó y le dio un beso suave, sintiendo como él respondía. – La comida está lista. – dijo cuando renuentemente se separó. – Y Bill y Fleur vienen para acá. Griphook parece que se le promovió a manejar la sucursal de Egipto y pusieron a Bill y a Fleur bajo tu comando por tiempo indefinido con paga completa.

Harry pasó sus dedos por el pelo mientras se sentaba. – Eso fue un gesto bonito de Mackrack. – dijo lentamente. – Me pregunto que pensaría Fleur sobre el modelaje.

Ginny parpadeó rápidamente y sacudió la cabeza. – ¿Qué?

– ¿Te imaginas el efecto que una Veela tendría en el mercado, si tuviéramos fotos de ella bebiendo cerveza de mantequilla como parte de nuestra campaña publicitaria?

Ginny pausó por unos segundos, dejando que la información procesara por su mente. – Eso sí que sería una buena idea.

– Y los podría usar a los dos investigando para mi. Los dos son buenos en lo que hacen, y podrían encontrar maleficios que yo podría usar. – sonrió Harry. – Estoy pensando en terminar con esto lo más pronto posible.

– ¿De veras? – preguntó Ginny.

– Sí, está interfiriendo con mi vida amorosa, y no quiero que eso siga pasando por mucho tiempo.

Ginny sonrió ampliamente y besó a su novio. – Creo que me gustará ser tu compañera. – dijo con firmeza.

Harry sonrió suavemente y se puso de pie con la facilidad que siempre la asombraba. – Vamos. – dijo, mientras su estómago gruñía.

– Solo siéntate a la mesa, Harry. – dijo Penélope desde la cocina.

– Gracias. – respondió Harry, tomando asiento.

Ginny fue hacia un armario y saco algunos cubiertos; ella nunca había estado allí, pero era donde su mamá los guardaba así que imaginó que era donde Percy los guardaría también.

La muchacha puso la mesa rápidamente y luego fue a la cocina a ver si podía ayudar.

– ¿Puedo usar el Flú? – preguntó Ginny.

– Hazlo rápido. – dijo Percy con firmeza.

Ginny asintió y brincó dentro de la chimenea. No le tomó mucho tiempo en persuadir a Fred ya a George en que donaran algunas botellas de Abe el Honesto y ella se regresó con su carga.

– Es la nueva cerveza de mantequilla. – le explicó a Penélope con alegría.

– Oh que buena idea. – sonrió Penélope. – Tengo que admitir que estoy muy curiosa. Bill y Fleur están hablando con Harry.

Ginny asintió y se dirigió de vuelta al comedor, sentándose al lado de Harry y opuesta a Bill. Había dos espacios libres en cada extremo de la mesa para Percy y Penélope.

Ginny sintió la mano de Harry agarrar la de ella, el dedo pulgar pasando suavemente sobre el dorso de la mano.

– Oficialmente, los duendes están neutrales. – dijo Harry. – Pero Mackrack y yo somos amigos, así que cuando haga falta, se nos unirán. Estoy esperando que no tengan que hacerlo. Su neutralidad es buena para los negocios.

– El que Mackrack te pusiera como mi segundo no me lo esperaba, pero me alegro. Tenemos una investigación grande al momento y si podemos aligerarla los resultados rebotarán por todo el mundo.

– ¿Oh sí? – preguntó Bill, curioso.

– ¿Han escuchado algo sobre el encanto Homorphus?

Bill y Fleur negaron con la cabeza.

– Se rumorea que es una cura para los hombres lobos. Como es un encanto, presumo que eso de ser hombre lobo empezó como un maleficio. Al momento, tengo a Remus, Hermione y a Ron estudiándolo, pero ellos solo pueden hacerlo a tiempo parcial, y me gustaría que ustedes dos se encarguen de eso. Es importante porque si podemos encontrar una cura, le costaría a Voldemort algunos de sus apoyos, y haría que otros lo pensaran dos veces antes de unírsele.

– Si eso es así, entonces es el maleficio más grande. – dijo Bill suavemente, para luego mirar a Fleur. – Suena divertido.

– Lo es. – dijo Fleur, sonriendo. – Vamos a disfrutar investigando eso.

Percy y Penélope entraron, cada quien cargando dos platos humeantes con lo que parecía guisado de res. Ginny sonrió cuando se dio cuenta que el plato de Harry estaba mas lleno que el de los demás.

Penélope se sentó mientras Percy se regresó y trajo dos platos más y otro plato lleno de pan. Percy puso los platos en la mesa y se sentó a la cabeza de la mesa. Ginny se pie y le sirvió a todos un vaso con la nueva cerveza de mantequilla.

– Antes de empezar. – dijo Percy formalmente. – Creo que vale la pena hacer un brindis.

Bill gruñó y Fleur le dio un codazo.

– Gracias, William. – suspiró Percy. – Iba meramente a decir ‘A la esperanza.’

– Y libertad. – añadió Harry.

– Al amor. – dijo Ginny sonriendo a Harry.

– Y a la vida. – continuó Penélope.

– A los amigos. – añadió Fleur.

– Y a la familia. – terminó Bill, mirando a Harry directamente.

Todos chocaron los vasos y bebieron a la vez.

– Wow. – dijo Bill. – Esto sabe genial.

– Lo es. – dijo Ginny. – Deja que veas la fabrica de Fred, George y Abe.

– Hablando de eso. – dijo Harry, cuando empezaron a comer. Él pausó en lo que iba a decir para voltearse hacia Penélope. – Esto está sabroso.

– Gracias. – dijo la joven bruja. – Era una receta de mi abuela.

Harry asintió y se volteó hacia Fleur. – ¿Te gustaría ser famosa?

– ¿En que sentido? – preguntó Fleur mientras mordisqueaba el guisado.

– Nuestro logo de la Cerveza de mantequilla de Abe el Honesto es básicamente la cabeza de Abe contra un fondo negro. Mientras se ve bien para algunos, no creo que sea suficiente para todos, especialmente los jóvenes. Estaba pensando en una serie de anuncios contigo en ellos bebiendo la cerveza para atraerlos.

Fleur se ruborizó de forma bonita. – ¿Quieres que sea la modelo?

– Exactamente.

Fleur miró a Bill.

Bill se echó a reír. – ¿Pensabas que te iba a decir que no?

Fleur sonrió ampliamente. – ¡Me encantaría!

– Muy bien. – dijo Harry. – Hablaré con Fred y George mañana para que ellos hablen con algunos especialistas de anuncios y ver que nos inventamos. Queremos algo con clase, ya que esto será una bebida familiar.

Fleur asintió.

Ginny alargó la mano y agarró un poco de pan, partiéndole en pedazos y mojándolo en el guisado. De repente se dio cuenta de lo mucho que Harry estaba haciendo por su familia, especialmente sus hermanos, y la forma calmada en que lo estaba haciendo. La carrera de Percy estaba por buen camino, más ahora que Harry ayudó a sacarle esa rigidez de siempre. El reporte que estaba haciendo era su oportunidad de hacerse notar, y eso era debido a su relación con Harry.

Fred y George, bueno, ellos eran los que se estaban beneficiando más. Si las cosas seguían como se esperaba, los dos serían más ricos que los Malfoy, y era todo debido a que Harry creía en ellos dos y a la oportunidad que se les había dado.

A Bill se le estaba dando ahora la oportunidad de hacer algo extraordinario. Encontrar la cura para los hombres lobos, aparte del hecho que Mackrack sabía quien era, ayudaría mucho en su carrera.

La muchacha apretó suavemente la pierna de Harry. No sabía que tenía en mente para Charlie, pero apostaba en que muy pronto se enteraría. Ginny no sabía si Harry se daba cuenta de lo que estaba haciendo, o si creía que todo el mundo tenía derecho a ser exitoso y feliz.

Harry sería un excelente ministro de Magia. Aparte de que era incorruptible, y tenía una nobleza sin par, estaba determinado a hacer lo correcto, sin importarle lo que otros pensaran.

– Okey. – dijo Harry. – Perdónenme por traer esto a colación, pero estoy aquí por una razón. ¿Percy, como va la investigación?

– Frustrante. – suspiró Percy. – Nuestra visita a Azkaban fue perfecta en todos los aspectos.

–¿Y que mas? – preguntó Bill.

– Eso es todo. Es una prisión. No debería ser perfecta. Estaba inmaculada. Era como si se hubiesen preparado para nosotros.

– Toma algunos Aurores contigo y has una visita de sorpresa la semana que viene. – dijo Harry frunciendo el ceño. – No le digas a nadie de antemano, excepto a Kinsgley. Si están ocultando algo, será más fácil para ti encontrarlo de esa manera. Hay algo sospechoso sucediendo ahí o de lo contrario Mackrack no me hubiese dado la pista.

Percy asintió. – Hasta el momento, el reporte, con todo y que tiene al Ministerio en entredicho, no tiene nada explosivo. Estoy seguro que la clave es Azkaban.

– Se que encontrarás lo que sea que es, Percy. – dijo Harry confiadamente. – Si te encuentras con problemas, me dejas saber. Puedo estar ahí en segundos. Y no te preocupes de caer en la misma actitud del año pasado. De seguro es lo que esta gente necesita para responderte mejor.

Ginny sonrió cuando vio que Percy enderezaba la espalda y asentía. Era otro signo del efecto Harry. Unas pocas palabras y la gente se revitalizaba, listos para luchar de nuevo.

Esto le hizo darse cuenta de que había estado en lo correcto. No era lo que Harry estaba haciendo, sino cómo lo estaba haciendo. A pesar de haber luchado contra Voldemort y casi morirse. Aquí estaba él, dando consejos y asumiendo la responsabilidad, apoyando y la gente respondiendo a eso. Era como si supieran que, a pesar de estar cansados y frustrados, tenían a quien responderle y que había alguien trabajando mas duro.

El resto de la cena pasó con todos hablando de cosas generales, el tema cambiando de Voldemort a otras cosas, y Ginny encontró que le gustaba la oportunidad de disfrutar una cena como si fuera una adulta, junto a su pareja y dos de sus hermanos mayores. Cuando terminaron de comer, ella se le acercó a Harry, y éste le puso el brazo por encima de los hombros. Ella escuchó, mentalmente planeando lo que serviría cuando fuera su turno de ser la anfitriona durante una cena.


De: SS

Para: BB

Asunto: Encuentro

Belle. Domingo, 1pm. En el claro del Bosque Prohibido. Llevaré un invitado.

S

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino por Quince Años


De: Belle informal

Para: Sev el estirado

Asunto: Re: Encuentro

Estaré ahí – sin bromear

B.


De: Sinistra

Para: Director, Hogwarts

Asunto: Ginny Weasley

Albus,

¿Estaba la Srta Weasley enferma hoy? Pregunto, porque ella no fue a clases hoy y no recibí informe de Madame Pomfrey.

Sin


De: Albus

Para: Profesora de Astronomía

Asunto: Re: Ginny Weasley

Ginny estaba con Harry hoy.

Albus.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Sinistra (otra vez)

Para: Director, Hogwarts (otra vez)

Asunto: Ginny Weasley (otra vez)

Albus,

¿Y porque se le permitió a la Srta. Weasley cortar clases hoy junto con el Sr. Potter? La lección de hoy era muy importante para sus TIMOS.

Sin


De: Albus

Para: Sinistra

Cc: todo el staff

Asunto: Re: Ginny Weasley (otra vez)

Estoy muy consciente que nuestra principal función en Hogwarts es enseñar. Y desde esa perspectiva, me atrevo a apostar que Ginny aprendió hoy más con Harry que lo que pudo haber aprendido hoy en la escuela. El estar dentro de la sociedad de los duendes es muy educativo.

Lo más importante es que le permití a Ginny estar con Harry hoy. Por más que quisiera tenerlos a los dos en la escuela, hay planes en movimiento para deshacernos de Voldemort, y un par de estudiantes perdiéndose un día de lecciones es un pequeño precio.

Muy pronto, en las próximas semanas y quizás meses por venir, van a haber mas estudiantes que no van a estar disponibles para ir a clases.

Tenemos estudiantes excepcionales en esta escuela que están tras Harry y dedicados a la destrucción completa de Voldemort. Por primera vez, la escuela es una sola, donde la rivalidad entre las casas ha sido suspendida y yo, sobre todo, estoy muy complacido de ver eso.

Ya que no es secreto, Harry es la única persona que puede derrotar a Voldemort. No hay ‘peros, ni paras, ni porqués’ en todo eso. Él ha demostrado en estos últimos días que él puede hacerse cargo y liderar a otros y como profesor que es ahora, tiene derechos a ciertas libertades que no se les da normalmente a otros estudiantes o miembros del staff.

Si alguien tiene problemas con esto, favor de pasar a verme en persona.

Albus.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: w4n|} M4K3|25

Para: 4L8U5 |}UM8L3|}0|23

Asunto: ¡Mejore su varita!

¿Quiere que el tamaño de su varita sea superior al promedio?

¡Por supuesto que sí! Muchas brujas han confesado que no están satisfechas con el tamaño de la varita de su brujo. Esto demuestra que el tamaño importa. Las brujas consideran que los magos con varitas grandes son más atractivos, más poderosos, y probablemente
capaces de realizar todos los hechizos que deseen. Una varita más grande proporciona una superficie mayor, con lo que se dispone de más espacio para sujetarla, y para focalizar su magia. ¡Una varita mayor y más natural es una provocación visual para las brujas!

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De: El Trío Terrorífico del Mundo Mágico.  

Para: El Salvador del Mundo Mágico

Asunto: Lunes

Anejo: negocios.pmt

Harry, mi viejo. Solo para dejarte saber que nuestra primera parada el lunes será la fábrica de cerveza en las afueras de Guildford. Aquí te anexamos el itinerario para ti.

F&G&A

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: El Salvador REACIO del Mundo Mágico

Para: Abe y Fred y George

Asunto: Re: Lunes

Entendido.

Pregunta: ¿Por qué su firma dice que su tienda va abrir muy pronto cuando ya es harta conocida y todo eso?

H.

--
Audaces fortuna juvat


De: Los abochornados – no Abe

Para: Harry

Asunto: Firma

Digamos que fue una lección que aprendimos y lo dejamos así.

G&F

--
Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: El chico curioso

Para: Los curiosos

Asunto: Re: Firma

Venga… me pueden decir…

H.

--
Audaces fortuna juvat


De: Los curiosidades

Para: Ya sabes lo que le pasó al gato

Asunto: Re[2]: Firma

Es una de las cosas que le dijimos a Lavender y a Parvati. Cuando empezamos, le hicimos caso a un vendedor y terminamos con un cargamento de papel para correo mágico personalizado con la información incorrecta. Intentamos demandar pero el tipo la juyó. Así que estamos usando ahora el papel para todo lo que no sea negocio.

F-G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Conocedor de gatos

Para: Burladores de gatos

Asunto: El gato curioso

Al menos el gato murió feliz…

Harry.

--
Audaces fortuna juvat


– Los veremos mañana en Hogwarts. – dijo Harry a Percy, Penélope, Bill y Fleur, mientras acurrucaba a Ginny.

– Oh, y pónganse ropa casual. – añadió Ginny, mientras Harry los Desaparecía de allí.

– ¿Dónde estamos? – preguntó Ginny, mirando alrededor.

– En los Cárpanos de Rumanía. Pensé que te gustaría invitar a Charlie para mañana.

Ginny alargó los brazos y bajó la cabeza del joven para besarlo. – Me encantaría. – dijo ella.

– Vamos, pues. – dijo él sonriendo y tomando la mano de ella. La última vez que había visto a un dragón había sido durante el Torneo de los Tres magos y aquella vez había sido un dragón gruñón.

Los dos caminaron hasta llegar a lo que parecía un campamento permanente. – Estamos buscando a Charlie Weasley. – gritó Harry cuando vio a alguien corriendo por el sitio.

– El campo oeste. – el hombre gritó señalando hacia la izquierda.

Los dos caminaron por la grama en silencio, siguiendo una vereda. – Me gustaría hacer esto algún día. – dijo él calladamente. No quería pensar en Voldemort y todo lo demás en ese momento. Solo quería disfrutar del momento con su novia.

– Lo se. – dijo ella murmurando y moviéndose mas cerca.

La comida en casa de Percy había sido deliciosa, pero la idea de tener sus propias cenas junto con Ginny en el futuro había sido el pensamiento más estimulante. Sí, todavía estaba débil mágicamente hablando, pero podía sentir su magia regresando, especialmente después de la siestecita.

Harry abrió un portal en la verja para que Ginny pasara y entraron a un caos completo.

Uno de los dragones, azul oscuro, parecía que estaba tratando de escapar, tirando de las sogas que los manejadores estaban usando para sosegarlo. El dragón rugió, lanzando una columna de fuego brillante hacia el cielo, antes de volverse violentamente hacia ellos.

Harry suspiró suavemente y se preguntó si la bendición de su madre, que le había permitido vivir, estaba arruinándole la suerte. Porque parecía que cada vez que él llegaba a algún lado algo malo le pasaba.

– ¡Harry, Ginny, sálganse del medio! – escucharon a Charlie gritar.

– No te muevas. – dijo a Ginny firmemente y dio un paso al frente. A la que el dragón se acercó, Harry dejó salir su magia, dejando que lo cubriera como un escudo y esperó.

Cuando estaba a unos quince pies de distancia, Harry se lanzó un encanto Sonorus a la garganta. – ¡Siéntate! – le gritó.

El sonido hizo eco por todo el lugar como un trueno y el dragón se detuvo, mirando sorprendido, al frente de Harry.

– ¿Qué demonios te crees que estás haciendo? – le demandó Harry al dragón. – Traigo a mi compañera para ver a su hermano ¿y nos atacas? ¿Qué demonios estabas pensando?

El dragón se quejó y puso la cabeza en el suelo, cubriéndose el hocico con las patas delanteras.

– Mira a los otros dragones. – continuó Harry. – Se están portando bien, pero tú no.

Los enormes ojos grises del dragón parecían brillar en disculpa. Harry suspiró y caminó hacia el dragón, rascándole la cabeza suavemente. – ¿Estabas jugando, verdad? – le preguntó, cancelando el hechizo Sonorus.

El dragón asintió.

– ¿Sabes que los humanos solo están tratando de ayudarte, verdad?

El dragón asintió otra vez.

Harry suspiró. – Eres una bestia tonta, lo sabes.

El dragón bufó y se puso de pie, oliendo a Harry. Harry se mantuvo inmóvil, sintiendo el aliento pesado del dragón. Estaba mas que sorprendido cuando el dragón hizo lo que le ordenó ya que estaba preparado para pelear con él. Tendría que preguntarle a Charlie sobre eso mas tarde.

– Esta es mi compañera. – dijo Harry, señalando a Ginny hacia el frente.

El dragón la olió también y asintió.

– ¿Tienes compañera? – le preguntó.

El dragón asintió orgullosamente.

– ¿Bueno, nos presentas?

El dragón asintió otra vez y le ofreció una pata a Harry.

– ¿Quieres que te montemos?

El dragón asintió otra vez.

– ¡Genial! – sonrió Harry. El pensar en volar sobre otro animal le entusiasmaba sobremanera. Harry se había disfrutado el volar sobre Buckbeak cuando era más joven. Volar sobre un animal era diferente a volar sobre una escoba. Harry puso un pie sobre la pata del dragón y se montó en la espalda, cayendo sobre dos jorobas que lo mantenían en su sitio de forma cómoda. Harry alargó la mano y ayudó fácilmente a Ginny a montarse detrás de él. Harry sintió a Ginny colocar los brazos alrededor de su cintura y gritó. – Estamos listos.

El dragón bufó y se viró galopando hacia el norte. A la que tomaba velocidad, el dragón alargó las alas y un segundo mas tarde estaba volando en picada por el aire.

Harry podía escuchar gritos y se dio cuenta de que venían de él. Ginny estaba gritando como loca detrás de él. Era una experiencia sin igual y dejaba corta la experiencia con Buckbeak. El dragón era tan fuerte, tan mágico y tan poderoso que el joven podía sentir como afectaba sus sentidos.

– ¡Más rápido! – gritó animando al dragón. El dragón rugió y se fueron en una picada profunda. Estaban moviéndose más rápido que antes, más rápido que en una escoba, cuando descendieron de una gran altura antes de pasar por encima de un lago, la velocidad a la que iban causaba una gran espuma en el agua.

De repente se detuvieron. El dragón alargó las alas y alzó la cabeza mientras bajaban. Casi delicadamente, el dragón aterrizó en el rebaño de los otros dragones y les ofreció una pata para bajarse.

Harry ayudó a Ginny a bajarse, antes de brincar hacia el frente, sobre la cabeza del dragón cayendo frente a éste.

El dragón bajó la cabeza y suavemente le tocó el pecho a Harry con el hocico.

– Sí que eres fuerte. – dijo Harry suavemente, rascando la cabeza del dragón. – Eso estuvo increíble.

– Lo fue. – dijo Ginny, acercándose para rascar la cabeza del dragón. Ella le rascó detrás de las orejas y la pata izquierda trasera del dragón le dio pataditas al suelo en placer.

– Muchas gracias por la corrida. – le dijo Ginny al dragón, sonriéndole de oreja a oreja. – Fue increíble.

El dragón alzó la cabeza y rugió suavemente. Un segundo dragón se acercó. Este era una mezcla preciosa de blanco y amarillo pálido.

– ¿Tu compañera? – preguntó Harry.

El dragón azul asintió.

– Es preciosa.

El dragón echó la cabeza para atrás pavoneándose.

Harry se acercó a la dragona blanca y amarilla. – Yo soy Harry. – dijo presentándose. – Esta es Ginny, mi compañera.

La dragona blanca los olió con cuidado para luego sonreír como solo un dragón sabe hacerlo. Ella bajó la cabeza y Harry se la rascó también.

– Harry. – la voz de Charlie se escuchó. – ¿Les puedes preguntar que se mantengan quietos durante la noche? Queremos reparar las barreras hoy, para que los muggles no vean su nido.

– ¿Escucharon eso? – preguntó Harry.

Los dragones bufaron.

– ¿Lo van a hacer?

El dragón blanco bufó de nuevo, rodando los ojos.

– ¿Qué es lo que sucede? – preguntó Harry. – ¿No necesitan las barreras?

El dragón negó con la cabeza.

– ¿Por qué no?

El dragón rugió suavemente y parecía que se encogió de hombros. Se veía frustrado de no poder comunicarse con Harry.

– ¿Puedo intentar un hechizo para entrar a tu mente? – preguntó Harry suavemente. – Soy muy bueno con eso y prometo no invadir tu privacidad.

El dragón resopló y miró a Harry a los ojos. – Solo yo. – dijo en acuerdo Harry. No estaba muy seguro de lo que el dragón quería pero estaba funcionando.

¡Legilimens! – murmuró Harry y flotó dentro de la mente del dragón. Lo que encontró fue nada de lo que esperaba. El dragón parecía una mezcla de humano y animal. Había pensamientos definitivos, pero también los instintos eran más importantes así como los sentidos. Harry descubrió que su olor era uno de poder y respeto a pesar de su temprana edad.

Harry abrió un poco su mente, compartiendo el respeto y asombro que sentía por los dragones. Que magníficos se veían y que poderosos y fuertes se sentían.

El dragón le mostró en imágenes algunas cosas. – ¿Crenth? – pensó. – ¿Ese es tu nombre?

Harry sintió a Crenth sonreírle. – Ahh, es tu nombre como yo lo entendería. – dijo Harry riendo. – ¿Qué hay de malo con las barreras?

Otra serie de imágenes pasaron por su mente, incluyendo como los dragones vivían antes de que los magos los encontraran.

– Gracias. – dijo y se salió de la mente de Crenth.

– Charlie. – gritó Harry. – ¡Cancela el hechizo de las barreras!

– ¿Estás loco? – gritó Charlie. – ¡Eso es lo único que los mantiene fuera del alcance de los muggles!

Harry se volteó hacia Charlie y los otros cuarenta manejadores, colocando las manos en las caderas. – ¡Suspende las malditas barreras!

Detrás de él podía sentir a Crenth y a Midram, la compañera de Crenth, respirar una pira de fuego en acuerdo con él. Típico de los magos, el presumir lo que era bueno para ellos.

Charlie tragó en seco y asintió. El joven se dirigió al que parecía ser el jefe. Este suspiró y asintió mientras miraba duramente a Harry.

El grupo de magos se volteó y todos apuntaron sus varitas hacia arriba, cada quien lanzando el hechizo para cancelar las barreras. Mientras las barreras caían se pudo ver una serie de luces rojas.

– Adelante, Crenth. – le dijo Harry al dragón.

Crenth se sentó sobre sus patas traseras y alzó la cabeza. Rugiendo contra el cielo oscuro, respirando fuego. Al lado suyo Midram hizo lo mismo. Los otros dragones le siguieron hasta que el cielo estaba cubierto de fuego. El fuego pareció hacer un arco sobre ellos como una preciosa cubierta amarilla. Con un pequeño gruñido, Crenth se detuvo y el fuego pareció brillar en su lugar por un segundo antes de desaparecer.

Harry alzó la mano, sintiendo la magia, y encontró que Crenth tenía razón. La magia de los dragones había producido una barrera mucho más fuerte.

– Les pediré a ellos que les traigan comida. – le prometió Harry, mientras Crenth se acostaba en el suelo.

Crenth le tocó el hombro suavemente.

– De nada. – dijo suavemente. – Vamos Ginny.

Ella agarró el brazo del muchacho y caminó con él de vuelta hacia donde estaban los manejadores de dragones. Charlie y su jefe se movieron al frente del grupo, esperándoles.

– ¿Qué fue eso? – preguntó Charlie.

Harry suspiró. – Crenth estaba tratando de decirles que ellos se han estado protegiendo a sí mismos por más tiempo que los humanos han estado sobre la faz de la tierra. Él sabía que ustedes iban a renovar las barreras esta noche, y él no quería eso. La magia de los magos los hace picar y los irrita. El primer grupo de manejadores que vino aquí puso las barreras  sin fijarse que ya los dragones tenían una barrera puesta.

Ellos lo han aguantado, sabiendo que ustedes solo querían ayudar, pero Midram está en celo y Crenth quiere ser padre. Él no está dispuesto a soportar nada que le haga más difícil a Midram el dar a luz.

– Los dragones son magia pura. – continuó. – Como estoy seguro ustedes saben. Ellos ven las cosas de forma diferente. Cuando él me vio, reconoció mi poder y se me acercó. Estaba esperando que un Mago Viejo lo pudiera ayudar.

– ¿Un ‘Mago Viejo’? – preguntó Charlie.

Harry buscó la mano de Ginny para agarrarla. – Un mago que pudiera entenderlos. – explicó.

– ¿Cómo hablaste con ellos?

– Usando Legeremencia. – explicó Harry. – Entré dentro de la mente de Crenth. Él es increíble. Una mezcla de humano y animal. Se comunica a través de imágenes, como la TV muggle.

– Bueno, Sr. Potter. – dijo el jefe de Charlie, dándole la mano. – Usted sí que sabe como hacer una entrada. Me llamo Morgo Flashchine. Voy a solicitar al Ministerio que nos envíen un Legilimens para ver que más podemos averiguar.

– Encantado de conocerlo. – dijo Harry. – Esta es Ginny Weasley, la hermana de Charlie. – añadió cuando vio la mirada que el hombre le envió al joven pelirrojo.

– Debe de asegurarse de que envíen a alguien honesto. – aconsejó Harry. – Si no confían en la persona, no funcionará. Sería buena idea si le enseño a Charlie. Crenth confía en él.

– Weasley. – ordenó Flashchine. – Vaya con el sr. Potter, regrese cuando haya aprendido a hablar con los dragones.

– ¿Señor?

– Ya me escuchó. – gruñó Flashchine. – Seré un domador de dragones, pero eso no significa que no estoy al tanto de lo que está pasando en el resto del mundo. Si los dragones confían en él para ser su mensajero eso suficiente para mí.

– ¿Harry, de veras que puedes enseñarme?

Harry asintió.

– ¡Muy bien! – chilló Charlie, brincando en el aire con el puño arriba. – ¿Y podré volar con ellos como hiciste tu?

– A Crenth le gusta volar con los humanos. – sonrió Harry.

Charlie se adelantó par de pasos y haló a Harry en un abrazo fuerte. – Gracias. – le dijo.

Harry sonrió suavemente. – De nada. – dijo croando. – Pero respirar es bueno.

– Lo siento. – dijo Charlie riendo, y volteándose hacia su hermana. – ¡Dragoncita! – el joven agarró a Ginny y le dio vueltas, mientras la abrazaba fuertemente. – Que bueno verte. ¿Qué están haciendo los dos aquí?

– Bueno. – dijo ella, antes de que Harry dijera algo. – Parece que Harry no te había ayudado recientemente, así que pensó que después de ayudar con las carreras de Bill, Percy, Fred y George que haría lo mismo contigo.

Harry parpadeó y miró sorprendido a Ginny. – ¿Ah? – atinó a decir. Él no había hecho nada de eso.

– No te apures. – dijo ella sonriendo, agarrando el brazo de él y con esta sonrisa que le decía que ella sabía algo que él no sabía y que era mejor si lo aceptaba así. – Vinimos aquí para invitarte a ti y a Tonks para un picnic y barbacoa en Hogwarts mañana. – dijo Ginny alegremente. – Toda la escuela, así como la familia, estará allí.

– Nítido. – dijo Charlie. – Estaré allí, viendo que ahora estaré bajo Harry.

Harry sonrió suavemente. – Yo no lo llamaría así. – dijo encogiéndose de hombros. – Pero ven a Hogwarts mañana; voy a ver si consigo que tú, Bill y Fleur se queden allí.

– ¿Bill y Fleur van a estar allí también?

– Mackrack los puso bajo mi comando. – explicó Harry.

Charlie asintió lentamente. – Muy bien, estaré allí mañana en la mañana. Tengo que hacer algunas cosas esta noche.

– Y nosotros tenemos que regresar. – dijo Harry. Gracias al cambio de hora, eran solo las 9:00 p.m. en Hogwarts.


De: Chico Dragón Excitado

Para: Hermanos varones

Asunto: Nuestro futuro cuñado y su compañera

Harry y Ginny acaban de pasar por aquí para invitarme a la fiesta de mañana en Hogwarts. Como siempre, Harry hizo tremenda entrada. Polvoazul, uno de los dragones más grandes de aquí estaba enojado anoche y se escapó, corriendo directito hacia Harry.

Claro está yo traté de decirle que se echara para atrás, ¿pero desde cuando el chico hace algo lógico? En vez, él se echó hacia adelante, como si estuviera protegiendo a Ginny y lanzó un Sonorus. Luego le gritó ‘Siéntate’ al dragón y el dragón se sentó.

Y lo mismo hice yo.

Y lo mismo hicieron todos los que estaban cerca, incluyendo mi jefe y algunos de los domadores más duros que hay sobre este mundo, y cada uno de los dragones en el campamento.

Minutos más tarde, Harry presentó a Ginny como su compañera ante Polvoazul, ¡y éste les ofreció una corrida sobre su lomo! Esto no fue la corrida usual, donde normalmente ponemos una silla de montar en la espalda del dragón y suficiente armadura como para sobrevivir un ataque de Acromántula. Los dos se sentaron detrás del cuello y aparentemente estaban muy cómodos. Y a juzgar por la velocidad de Polvoazul, estaban completamente a salvo.

Cuando se bajaron, tanto Harry como Ginny brillaban de la emoción. Se veía a leguas que los a los dos les encanta volar de la misma forma en que gustan uno al otro) y no empiecen a vomitar hasta que los hayan visto juntos).

Polvoazul luego les presentó su compañera, Brilloestrella, a Harry y a Ginny, antes de que Harry lanzara Legilimens al dragón. Cuando terminó, Harry averiguó que el nombre real de Polvoazul es Crenth, que los dragones crean sus propias barreras y que los dragones y los magos se pueden comunicar.

Así que, mi jefe me ha ordenando que me quede con Harry hasta que haya aprendido a ser un Legilimens también. ¡Estaré en Inglaterra por un tiempo! Para cuando termine, podré volar con los dragones de la misma forma que Harry y Ginny hicieron.

Hablando de ellos, ahora me estoy sintiendo un poco culpable por lo que hicimos. Verlos a los dos tomados de la mano, o las miraditas que se echan, o la forma protectora que Harry mira a Ginny, con todo y que ella en realidad no lo necesita, demuestra que él no está jugando con ella. Muy lejos de eso.

De forma extraña, me gustaría casi, ver que alguien le haga daño a Ginny. Solo porque pienso que la explosión que resultaría sería prueba suficiente para que NADIE toque a Ginny.

De todos modos, Ginny dijo algo que me puso a pensar. Cuando les pregunté que hacían aquí, ella dijo ‘Parece que Harry no te había ayudado recientemente, así que pensó que después de ayudar con las carreras de Bill, Percy, Fred y George que haría lo mismo contigo.’ Él como que no estaba seguro de que dijo ella, pero pienso yo que Ginny me estaba dando un mensaje.

¿Qué piensan de todo esto? 

Charlie

--
Draconis dominium


De: Percival

Para: Hermanos (Varones)

Asunto: Harry y Ginny

¿Charlie, te sientes bien? Creo que este mensaje mágico ha sido el comunicado mas largo que he recibido de parte tuya.

Me encanta saber que estarás más tiempo en Inglaterra.

En cuanto al mensaje de Ginny, se parece a algo que he estado pensando últimamente. Como tú, siento algo de culpa, a lo mejor mas, porque fue mi terquedad lo que alargó todo este lío.

No solo Fred y George recibieron ayuda de parte de Harry desde el principio, pero parece que van a ser más exitosos. A Bill se le ha dado un reto, el cual estoy seguro que va a completar y hacerse un héroe por eso. Mi carrera está echando para adelante, ya que este reporte tiene a gente importante tocándome a la puerta, preguntándome por consejos y ahora parece que tendrás la oportunidad de convertirte en el primer jinete de dragones desde los viejos tiempos.

Lo que encuentro interesante es que él no nos ha dado nada más que la oportunidad de demostrar lo que podemos hacer. Solamente se nos ha dado la oportunidad de ser exitosos.

Y en cuanto a Harry y Ginny, tengo que admitir que perdí el resto de mis reservaciones cuando supe que Harry presentó a Ginny como su compañera antes los duendes.

Percy

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De: El rompe maldición de los hombres lobos

Para: Los Chicos

Asunto: Re: Harry y Ginny

¿Así que todos estaremos en el país para prepararnos para el partido de Quidditch el domingo próximo? Todavía estoy tratando de adivinar si es coincidencia o si Harry se está tramando algo.

Estoy de acuerdo contigo Perc(-e+y), de que él nos está dando la oportunidad – la oportunidad de trabajar duro, pero no que se supone que eso es lo que hace un líder? Él está delegando tareas que no tiene tiempo de hacerlas por sí mismo. Todo es por la guerra, con todo y que él no lo ha dicho en voz alta.

Fred y George: atacando el lado financiero

Percy: Atacando el ministerio

Charlie: apoyo aéreo para cuando haga falta

Yo: removiendo algunos de los que apoyan a Voldemort

Ron: ayudando a liderar en Hogwarts

Bill


De: Ron Investigando

Para: Hermanos Convirtiéndose

Asunto: Re: Harry y Ginny

Recibí el mensaje sobre Bill hace un rato y me alegra saber que vas a encargarte de investigar. Hermione encontró par de cositas para ti, así que no te sorprendas si nos juntamos contigo en la biblioteca de cuando en cuando.

Lista interesante, Bill. Y primero que nada, el que estés en el país cuando Harry te necesita siendo suerte es prácticamente cero. Él está planeando las cosas con tanta anticipación que hasta Dumbledore está recostándose más y más.

Dumbledore le ofreció un lugar a Harry en el juego y éste lo aceptó.

Te olvidaste de añadir a alguien en la lista…

Ginny.

Su rol es el más importante porque ella es la fuerza de Harry. Sin ella, no estaríamos en esta situación. Cuando Harry estuvo inconsciente esta semana, Ginny estaba hecha un lío. Casi se me partió el corazón. Ella se movía como si estuviera en trance, no lo entiendan mal, ella le decía a la gente lo que tenían que hacer, y los animaba, pero la luz se había ido de sus ojos. Era peor que cuando ese diario maldito terminó con ella, porque entonces teníamos algo con que luchar. Esta vez no teníamos nada.

Tan pronto Harry despertó, igual lo hizo Ginny. La primera reacción de él fue buscarla a ella. 

De todos modos, espero con ansias mañana. Quiero probar la nueva cerveza de mantequilla, y mamá ha estado trabajando con Lavender y Parvati toda la tarde, preparando la comida. Ha estado ordenando cosas a diestra, siniestra y al centro. Y hablando de eso, algo pasó aquí porque ella ni se inmutó cuando Harry le dijo que pagaría por todo. Yo estaba esperando una explosión. Odio decir esto, pero me late que mamá por fin se dio cuenta de que Harry creció y lo está tratando como un adulto.

Ron


De: ¡Fred, presentando a… George!

Para: Esta generación de Weasley

Asunto: Re[2]: Harry y Ginny

Bueno, odiamos tener que decir que se lo dijimos… pero… ¡Se los dijimos!

Esperamos con ansias verlos mañana. Tenemos cosas que compartir con ustedes. El lunes el mundo mágico va a caer de fondillo.

No creo que lo que Harry haya hecho por nosotros haya sido a propósito, él no trabaja así. Él simplemente ve la oportunidad y piensa cual de sus amigos es el mejor para ello.

Deberían agradecer el que Harry los considere sus amigos.

Les va a encantar Abe… imaginen a alguien con tanto poder como el de Dumbledore, con cien años de experiencia bromeando.

¡George, con ayuda de… Fred!

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Ron

Para: Hermanos

Asunto: Abe

No se preocupen mucho, Abe no es tan malo… él es buena persona. Pude hablar con él unas cuantas veces mientras le hacíamos compañía a Harry.

Ron


En el balcón de la suite de Harry, Blaise, Susan, Padma, Parvati, Lavender y Luna estaban sentada en sillas cómodas, bebiendo vasos de cerveza de mantequilla mientras observaban el lago.

Padma sacó su varita y cantó un hechizo en voz baja, permitiéndoles a todas ver con más claridad.

Las chicas vieron a Harry parado en el medio de un bote pequeño, con un brazo alrededor de Ginny, la cual estaba parada frente a él. El joven movió la mano derecha lentamente, causando que columnas de burbujas de agua fueran lanzadas hacia el cielo. Una luz brillante apareció alumbrándolos. A la que creció mas en el agua, esta se retractó en un sinnúmero de colores, bañando el agua en un espectáculo de luces.

Dos de las columnas de burbujas se inclinaron hacia sí, creando un arco de agua pura el cual se veía increíble con todas las luces alrededor.

Lentamente, Harry volteó a Ginny e inclinó la cabeza, besándola con tanta ternura y amor que hizo que las muchachas viendo se quedaran sin aliento. Las chicas vieron cuando Ginny alargó las manos y suavemente haló a Harry hasta que los dos se acostaron en el fondo del bote, viendo las estrellas.

Los dos se quedaron hablando calladamente por unos minutos, antes de que Ginny se sentara en el regazo de Harry y lo besara seriamente.

Padma suspiró y canceló el hechizo, dándole a la pareja su privacidad.

– ¿Dónde voy a encontrar yo a un chico cuya idea de romance es crear un hermoso espectáculo de luces y luego mirar a las estrellas desde un bote en el medio del lago? ¿Dónde voy a encontrar a un chico que sepa qué hacer si algo sale mal durante algo así? – preguntó Blaise suspirando suavemente.

– Allá afuera con la pequeña pelirroja. – dijo Lavender. – Todo lo que tienes que hacer es ganarle a Ginny en una pelea, sobrevivir la ira de Harry, rescatarlo de la depresión en la que caerá y luego persuadirlo a que te ame.

– Oh. – dijo Blaise riendo. – ¿Eso es todo? Dudo mucho que logre pasar el paso uno, y olvídate del segundo.

– Cierto es. – dijo Padma. – Me temo que tendremos que decirle a los chicos que si quieren salir con nosotras van a tener que actuar como Harry y menos como, bueno, adolescentes.

– Por eso yo no salgo con nadie. – dijo Luna alegremente. – Estoy esperando hasta que salga de Hogwarts para entonces conocer hombres que no atendieron Hogwarts. No es mucho trabajo.

– No son tan malos. – dijo Parvati. – Siempre y cuando no los compares con Harry. Todos tienen su propio encanto. ¿Vienen mañana en la mañana con nosotras?

– ¿Qué van a hacer? – preguntó Susan.

– Nos vamos asegurar de que Ginny se vea perfecta. Un cambio completo. Le conseguimos una ropa que es perfecta para este tipo de cosas.

– ¿A que hora? – preguntó Blaise.

– ¿Bueno esta cosa empieza a las diez, que tal entonces a las seis? Estaba pensando traerla aquí, para que vea donde es que va a dormir. Y entonces empezamos a trabajar con ella.

– Cuenten conmigo. – dijo Blaise.

– Yo también. – dijo Susan.

– Estaré aquí. – dijo Luna sonriendo.

– Haré el esfuerzo de levantarme temprano. –gruñó Padma.

– Yo te despierto. – ofreció Luna. – Las mañanas son la mejor parte del día. Están llenas de esperanza.

– Siempre me han gustado las noches. – dijo Blaise lentamente. – Cierra el día, pone un velo sobre todo lo que ha pasado, en preparación para el nuevo día.

– ¿Creen que nos dejarán pasar mas veladas aquí? – preguntó Padma.

– Sí. – dijo Blaise al instante. – Porque es lo que Harry quiere. Un grupo de gente de todas las casas queriendo pasar la velada juntos. Con suerte Ginny y Harry se nos unirán también.


Sábado amaneció lentamente en el horizonte, mientras Lavender y Parvati entraban en el dormitorio del quinto año y se escabullían hacia la cama de Ginny.

– Como me gustaría tener esa piel y ese pelo. – se quejó Lavender.

– Oh, shhh. – dijo Parvati riendo. – Ginny. – llamó.

– ¿Aaah? – preguntó la susodicha abriendo los ojos.

– Vamos. – dijo Lavender. – Es hora de prepararte para la fiesta.

– ¿Qué? ¿Ya? – preguntó una adormilada Ginny.

– Sí. – dijo Parvati. – Vamos.

Ginny suspiró y rodó fuera de la cama, todavía con la camiseta con la que había dormido. El hecho de que era de Harry era obvio.

Ginny miró su reloj. – ¡Son solo las seis de la mañana! – dijo quejándose. – Me voy a dormir otra vez.

– Oh, no, no que no. – dijo Lavender agarrando su mano.

– Tú vienes con nosotras. – añadió Parvati. – Te tenemos una verdadera sorpresa para ti.

– Pero…

– ¡Nada de peros!


De: Blaise Zabini

Para: Profesor Dumbledore

Asunto: Harry y Ginny

Buenos días, director

Me preguntaba si nos haría un favor esta mañana. Hemos secuestrado a Ginny, y estamos planeando hacerle un cambio completo para el picnic de hoy.

¿Podría mantener a Harry ocupado esta mañana? No queremos que el sospeche algo.

Sinceramente,

Blaise Zabini, en nombre de las chicas de Harry – Susan, Padma, Parvati, Lavender, y Luna


De: Albus

Para: Harry

Bcc: Las chicas de Harry

Asunto: Esta mañana

¿Harry, cuando despiertes, podrías por favor acompañarme a desayunar? Me gustaría que me pusieras al día en todos tus planes.

Gracias,

A.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Susan

Para: Ron Weasley

Asunto: Harry

Ron, le vamos a dar un cambio completo a Ginny esta mañana. Ya arreglamos con el profesor Dumbledore para que distraiga a Harry.

Cuando Harry se meta a bañar, ¿podrías sacarle del baúl unos pantalones caqui y una camisa verde oscura que vas encontrar a tu izquierda y ponerlos sobre la cama?

Gracias,

Susan – a nombre de las otras.


De: Un Ron cansado que va volver a dormirse

Para: Susan Bones

Asunto: Re: Harry

No hay problema.

R.


Harry se despertó, sentándose instantáneamente y frunció el ceño. El joven miró su reloj y pensó en irse a hacer ejercicios. Un bostezo largo mas tarde, se dio cuenta de que necesitaba dormir un poco más y se acostó de nuevo y se rodó para el lado.

Segundos más tarde estaba roncando de nuevo.


– ¿Para donde vamos? – preguntó Ginny. – Y me hubiesen dejado al menos ponerme unas medias; está muy frío.

– Deja de quejarte. – suspiró Parvati. – Vamos a las habitaciones de Harry.

Ginny instantáneamente despertó. – Oh, y porque no lo dijeron antes.

– Aquí estamos. – dijo Parvati, dando la contraseña.

Ginny entró, dando gracias de que había alfombra para sus pies descalzos, y se detuvo en seco. – Oh. Wow. – dijo sin aliento.

– Gracias. – dijo Padma desde el otro lado. – Le pusimos algo de empeño.

– Se ve increíble. – dijo Ginny. El techo se veía casi transparente, ya que igualaba lo que se veía afuera.

– Sabemos que a los dos les gusta volar. – dijo Blaise suavemente. – Así que hicimos que el techo reflejara el cielo de afuera.

– ¡Esto es enorme!

– Ajá. – dijo Susan. – Era de tamaño normal, pero a Dobby no le gustó la idea de Harry viviendo de esa manera, así que junto con otros elfos ayudó a cambiarle el tamaño.

– Ven para que veas esto. – llamó Luna.

Ginny fue y jadeó de placer cuando vio al sol subir lentamente sobre el campo de Quidditch. El balcón parecía que podía sostener una fiesta entera.

– Esto es increíble. – dijo de nuevo.

– ¿Crees que le gustará a Harry? – preguntó Lavender.

– ¿Gustarle? ¡Le va a encantar! – dijo Ginny con firmeza.

– Ve a ver tu habitación. – dijo Susan.

– Okey. – dijo Ginny y luego de detuvo, ruborizándose. – ¿Quieres decir el cuarto de Harry?

– Sí, claro. – bufó Blaise. – Eres la Caperucita Roja y Harry es el Lobo Feroz. ¿A quien engañas? No creo que nadie en la escuela se sorprenda mucho si duermes aquí.

– Oh. – dijo Ginny y entró al cuarto. Inmediatamente ella se enamoró del cuarto. Desde el techo encantado hasta la gloriosamente enorme cama de cuatro postes y los colores a juego.

– Muy bien, suficiente. – dijo Lavender con firmeza. – Ve a la ducha y asegúrate de lavarte el pelo.

– Okey. – dijo Ginny lentamente y entró al baño. Ella miró alrededor y decidió que las chicas tenían razón. Ella se iba a mudar aquí. Ginny se quitó la camisa de Harry y la ropa interior y jugó con las llaves del agua. Muy pronto tenía corriendo una fuerte ducha caliente y entró, dejando que el agua caliente la despertara.

Hacia el lado había varias botellas; obviamente Lavender y Parvati había tomado prestadas cosas de su armario. Encogiendo los hombros, ella empezó a lavarse el pelo, suspirando un poco ya que le tomaba tiempo lavarlo por completo.

Quince minutos más tarde, ella terminó de enjuagarse el acondicionador y salió de la ducha. Su camiseta y ropa interior se habían desvanecido y todo lo que había eran una bata de baño, una camiseta sin mangas y un par de panties de corte alto. La muchacha se vistió rápido y enrolló una toalla alrededor del pelo.

– Muy bien. – dijo Lavender. – Creo que empezaremos con el cabello.

– Yo lo haré. – dijo Padma. – Tengo un encantamiento nuevo para secar el cabello que ayudará.

– Y yo se uno para hacerle bucles que se le verá muy bien. – anunció Susan.

– Okey, ustedes dos empiecen a trabajar. Siéntate, Ginny. – dijo Parvati, apuntando a una silla en el medio del cuarto. – Y quítate la bata.

– ¿Por qué? – preguntó Ginny.

– Sin preguntas. – dijo Lavender con firmeza. – Tu problema es que creciste con demasiados varones y no muchas chicas. ¿Cuándo fue la última vez que te afeitaste las piernas?

– Unos cuantos días atrás. – dijo Ginny ruborizándose.

– Mas bien una semana. – dijo Lavender pensando. – Como sea, vamos a tener que ponerte cera en las piernas.

– ¿Vas a hacer que?? – preguntó Ginny recelosa.

– Cera. En realidad es una poción, pero ese no es el punto.

– ¿Y eso como se come?

– No se come. Se pone en tus piernas y te arranca los vellos, pero no te apures. – dijo Parvati alegremente, observando un pequeño caldero. – Tiene unos ingredientes anti-inflamatorios para que tus piernas se vean perfectas.

– ¿Va a doler?

– En lo absoluto. – prometió Lavender. – Y no te muevas, Blaise y Luna van a hacer tus uñas.

– Sabes que estás mal cuando hasta yo se mas cosas femeninas que tú, Ginny. – dijo Luna con una risita. – Yo he sido una de las expertas en maquillaje del Quisquilloso desde hace años.

– ¿Tú eres una de ellas? – preguntó Parvati sorprendida.

– Sí. – dijo Luna. – Por poco lo hago medio loco, pero me hubiese sentido mal si alguien se hubiese lastimado siguiendo algún consejo, así que usé un pseudónimo.

– Hubo varios artículos muy buenos. ¿Cuál eras tú?

– Selena. – replicó Luna.

– Ingenioso.

– ¿Por qué es ingenioso? – preguntó Blaise mientras acercaba una silla hacia Ginny.

– Luna es la diosa romana de la luna. Selena es la diosa griega de la luna.

– Eso sí es ingenioso. – dijo Blaise en acuerdo. – Pásame el cortaúñas.

Ginny se sintió un poco sorprendida cuando todas empezaron a trabajar sobre ella. Podía sentir a Padma y Susan haciendo algo con el pelo, y cuando se dio cuenta de que no había oportunidad para escaparse, Ginny suspiró y se relajó. Se sentía bien tener gente prestándole tanta atención. Parvati parecía querer asegurarse de que sus piernas estaban bien secas, aplicando talco sobre ellas.

Ginny casi se durmió cuando cerró los ojos y se relajó más. Confiaba en ellas completamente aun cuando pensaba que todo era una pérdida de tiempo.

Ginny sintió algo sobre la pierna y miró para ver a Parvati aplicándole una línea de algo verde y viscoso por la rodilla. Lavender colocó una tira de algodón sobre la línea y le sonrió alegre a Ginny. La chica agarró la tira y la haló fuerte de la pierna.

Ginny chilló y luego juró violenta repetidamente, con cuanta palabrota había aprendido de sus hermanos.

– ¿Besas a Harry con esa boca? – preguntó Susan.

– ¡Maldita sea, dolió! – se quejó Ginny.

– No fue tan malo. – dijo Lavender secamente. – Vaya coraje Gryffindor.

– ¡Dijiste que no dolería!

– Te mentí. – admitió Lavender encogiéndose de hombros. – Ahora siéntate y no te muevas, o vas a arruinar el trabajo.

– Pero…

– No te muevas, Ginny. – dijo Blaise con firmeza. – Y déjame trabajar con tus cutículas.

Ginny suspiró y se acomodó otra vez en la silla. – Harry mas vale que aprecie lo que estoy pasando por él. – pensó ella.


Harry rodó fuera de la cama y se dio un buen estirón. Distraídamente, el muchacho se dirigió hacia las duchas. Minutos mas tarde, estaba bajo el agua caliente y se sintió mas despierto. Solo le tomó un segundo lavarse el pelo.

Harry se amarró una toalla alrededor de la cintura y fue hacia el lavamanos. Necesitaba una afeitada, así que miró alrededor rápidamente. Como no había nadie, Harry movió la mano hacia su cara y lanzó un encanto en voz baja. Todo el pelo facial y del cuello cayó sin dolor en el lavamanos, dejándolo afeitado.

Harry se peinó el pelo y luego se cepilló los dientes.

Después de darse una mirada rápida en el espejo, el muchacho se regresó al dormitorio.

– Si entras así a desayunar, te garantizo que le harás el año a cuanta muchacha hay en Hogwarts. – dijo Dean secamente.

Harry le espetó una miradita. – No empieces. – murmuró. Harry se sorprendió de ver ropa sobre la cama esperando. Encogiéndose de hombros, el joven se puso un poco de desodorante y se vistió, terminando el atuendo con unas botas marrones. Harry miró hacia fuera y vio que sería un buen día, así que se rodó las mangas de la camisa y se desabotonó los primeros dos botones de la camisa.

– Olvídate de las chicas. – dijo Seamus con una risita. – Estoy pensando yo en brincarle encima.

Harry agarró su almohada y se la tiró al irlandés, pegándole directamente.

– Ron. – dijo Harry. – Tengo que ir a desayunar con Dumbledore; si ves a Ginny, dile que la alcanzo tan pronto pueda. Oh, invitamos a tus hermanos para que vinieran.

– Sí, me enviaron mensaje anoche. – dijo Ron. – Le diré a Ginny.

– Gracias.


– Okey. – preguntó Blaise. – ¿De que color vamos a pintar sus uñas?

– Déjalas claras, solo has que brillen. – dijo Luna. – Ella no necesita muchos arreglos. – la rubia luego agarró la mano de Ginny y le dio una palmada fuerte en la muñeca.

– ¿Por qué hiciste eso? – preguntó una sorprendida Ginny.

– Es una advertencia. – dijo una calmada Luna. – La próxima vez que te comas las uñas, lo vas a recordar y detenerte. No queremos que nuestro trabajo aquí se eche a perder debido a un tic nervioso.

– Terminé. – anunció Blaise después de varios minutos.

– Nosotras también. – dijo Padma.

– Y con esto. – dijo Lavender, arrancando otra tira. – Terminamos aquí también.

– Otro minuto por aquí. – suspiró Luna. – Estoy terminando de reparar el daño dental.

Ginny sintió ruborizarse otra vez.

– Muy bien. – dijo Lavender. – Yo traeré la ropa de hoy. – la muchacha se desapareció y regresó un minuto mas tarde con una pila de ropa cuidadosamente doblada.

– Terminé. – anunció Luna. Ella sacó su varita de detrás de la oreja y le lanzó un encanto a las uñas. – Hasta aquí llegamos, durarán todo el día. Siempre y cuando no te las comas.

– No lo haré. – prometió Ginny.

– Bueno, ve y vístete. – dijo Parvati.

Ginny asintió y se sentó, estirándose. Dándoles la espalda a las otras chicas, ella se puso el sostén que estaba al tope de la pila. No era uno de los de ella, porque ella nunca había tenido algo tan suave y ligero. Luego se puso la blusa, abotonándola y preguntándose si la habían escogido con botones para no arruinar el pelo. Luego siguió con las medias blancas de estas que llegaban hasta el tobillo para ver después la falda que seguía.

– No puedo ponerme esto para un picnic. – se quejó. – Todo el mundo podrá verme por dentro cada vez que me siente.

– ¿Eres o no eres una bruja? – suspiró Lavender. – Le vas a poner un encantamiento de ofuscación en el fondo para que nadie vea nada.

Ginny pausó. – ¿Podemos hacer ese encanto específico?

– ¿Qué quieres decir?

Ginny se rio pícaramente. – No me importaría si Harry pudiera verme. – dijo inocentemente.

Lavender fingió una lágrima y un resoplido. – Estoy tan orgullosa de ella. – dijo a las otras. – Está creciendo y aprendiendo como coquetear con su hombre de forma propia.

– No estoy coqueteando. – dijo Ginny. – Me encantaría tener la oportunidad de agarrarlo a solas y despierto lo suficiente como para que él sepa de mis límites.

– ¿Tienes límites? – preguntó Blaise.

– Claro que no. – dijo Ginny pícara. – Pero él no sabe eso. Y si los tuviera, para el tiempo que él hubiese encontrado el coraje de llegar tan lejos, ya me los hubiese sacado de encima.

– Sí. – interrumpió Padma antes de que la conversación se echara a pique. – Podemos modificar el encantamiento para que Harry pueda ver.

Ginny sonrió y se puso la falda apretada de mezclilla y los tenis blancos. – Y bien. – dijo a las otras. – ¿Cómo me veo?

Blaise silbó lentamente. – Como que es buena cosa que Harry es el tipo mas poderoso en la escuela, porque si no, se la pasaría todo el día peleando con los otros chicos.

– Este es el trato. – dijo Parvati con firmeza. – Obviamente, Hermione sería la madrina de tu boda. Nos haces a nosotras las damas, y hacemos esto de nuevo el día de tu boda para ayudarte a prepararte. – ella movió un espejo grande para que Ginny pudiera verse por primera vez.

Ginny se vio a sí misma y jadeó. – Trato hecho. – dijo al instante. – Y las dos me pueden diseñar el traje y el tuxedo de Harry. Hasta les dejamos que nos tomen fotos de publicidad para ustedes.

– ¿De veras? – exclamó Parvati, en shock.

– Definitivamente. – dijo Ginny sonriendo.

– ¡Muy bien! – exclamó Lavender, brincando hacia Parvati, y bailando alrededor del lugar.

– Gracias. – dijo Ginny suavemente, mirando a las otras chicas.

– De nada. – respondió Susan. – Ahora, vamos a desayunar algo, antes de ir afuera.


– Ginny. – llamó Hermione. – ¿Podemos hablar contigo?

– Seguro. – dijo Ginny.

– En privado. – dijo Hermione, mirando con disculpa a las otras chicas.

– Te veremos afuera. – dijo Susan, liderando a las otras.

– ¿Qué sucede? – preguntó Ginny.

– Vamos a la biblioteca. – sugirió Ron. Cuando entraron, él rápido puso un hechizo de privacidad.

– Tengo una idea. – dijo Hermione. – Pasamos la mayor parte de ayer buscando el encanto ese, sin mucha suerte, cuando de repente se me ocurrió que no lo necesitamos.

– ¿No lo necesitamos? – preguntó Ginny confundida.

– No. – dijo Hermione. – Lo que hacemos es, le damos un encanto falso a Harry y le decimos que todo lo que tiene que hacer es lanzarlo durante la medianoche mientras Remus está convertido en lobo y que debe de hacerlo con facilidad.

Ginny frunció el ceño. – Y él va a preguntar lo mismo que voy a preguntar yo. ¿Por qué no se había hecho antes?

– Esa es la parte ingeniosa. – dijo Hermione sonriendo. – Le decimos que es muy doloroso y que nadie tenía las agallas de hacerlo. Él lo hará, y como es un hechizo falso, no le dolerá.

Ginny se horrorizó. – ¡Por Merlín, que no! – dijo jadeando. – ¡Maldita sea, no! No vamos a hacer eso. De ninguna manera.

– ¿Y porque no? – demandó Ron.

Ginny negó con la cabeza. – No había tenido oportunidad de decirles, pero la habilidad de Harry de hacer lo que le venga en gana funciona doble. Si él piensa que no puede hacer algo, no lo hará. Eso es porque tiene un subconsciente muy susceptible. ¿Qué pasaría si le dijeran que un maleficio sería doloroso?

Ron y Hermione palidecieron dramáticamente.

– Sería peor que un Cruciatus. – contestó Ginny por ellos.

– ¿Bueno, que tal si hacemos que lo haga con dolor? – preguntó Ron.

Ginny negó con la cabeza de nuevo. – No estoy dispuesta a usar eso de nuevo y voy a trabajar con Harry para ver si hay alguna forma de controlarlo. Escuchen, adoro a Remus como todo el mundo, y estoy segura que él estaría de acuerdo conmigo en que si hubiera riesgo de daño permanente para Harry, él no lo haría. Tenemos que encontrar el encanto correcto y dejar que Harry lo haga, y con nosotros sabiendo a que consecuencias atenernos.

Hermione asintió lentamente y empezó a sonreír. – Creo que estoy de acuerdo. – dijo suavemente. – Porque era más o menor hacer trampa.

Ron se rio suavemente y abrazó a Hermione con un brazo. – En ese caso, vayamos a la fiesta.


De: HJP

Para: La Olvidadiza

Asunto: El Quisquilloso

Luna,

¿Cuál es la dirección de correo mágico de tu papá? Creo que le va a interesar el pequeño proyecto que estamos organizando para el lunes

H

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Audaces fortuna juvat


De: ¿Por qué soy la olvidadiza?

Para: El chico que hace comentarios curiosos

Asunto:  Re: El Quisquilloso

Anexo: direccióndepapá.mml

La dirección de mi papá está anejada.

Luna

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La verdad está allá afuera


De: Harry

Para: Luna

Asunto: porque

Me refería a tu pequeña actuación del ED…

Gracias por la dirección de tu papá.

Harry

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Audaces fortuna juvat


De: Harry Potter

Para: Sr Lovegood

Asunto: Soplete

Yo siendo usted tendría un fotógrafo y un reportero disponible el lunes a la hora del almuerzo, quizás almorzando en Las Tres Escobas.

H

--
Audaces fortuna juvat


De: Editor en Jefe, el Quisquilloso

Para: El Niño Que Podría Ayudar a Encontrar los Misteriosos Crockells

Asunto: Re Soplete

Vaya, gracias, jovencito.

Será un placer el ir a un almuerzo de trabajo. Lo aprecio mucho.

Si alguna vez necesitas una mascota nueva, se donde puedes conseguir un Ashwinder.

L.


– Buenos días. – dijo Harry cuando entró a la oficina de director.

– Buenos días, Harry. – respondió Albus. – Escuché que tuviste un día pesado ayer.

– Un poco. – dijo Harry y se lanzó en contar una versión editada de lo que había hecho.

– Interesante. – dijo Albus cuando terminó el relato. – Parece que estás empeñado en terminar con todo esto. 

Harry asintió. – Todavía estoy finalizando los detalles. – admitió. – Pero mientras más se tarde esto, mas tiempo tiene Voldemort para crecer y aumentar sus poderes. Estamos casi casi listos.

– ¿Te puedo preguntar que intentas hacer?

Harry frunció el ceño. – Voy hacer que Voldemort haga algo completamente estúpido, pero no le puedo decir que es al momento. Es algo irónico, pero por fin entendí el porque usted no podía decirme todo. A veces los secretos no se pueden compartir.

Albus sonrió levemente. – Y creo ahora entender tu frustración cuando no se te decía todo.

– Bueno, el destrozar su propia oficina no le hará llegar muy lejos. – dijo Harry sonriendo. – Con todo y lo divertido que puede ser.

Albus rió con ganas. – Es bien inusual para mi el no saberlo todo, Harry. – admitió. – Es un poco desconcertante.

Harry asintió. – Pero creo que eso es suficiente charla por hoy. Le prometí a Ginny que hoy sería de ella y de ella solamente.

– Muy bien. – accedió Albus. – Creo que ya es hora de que vayamos afuera. He escuchado tremendos planes para hoy. Si todo sale bien, creo que lo haré un evento regular.

– Es bueno para la escuela hacer algo así todos juntos donde todos pueden hacer amigos de las otras casas. – dijo Harry.

– Sí que lo es. Me temo con esta batalla sin fin con Voldemort me he olvidado un poco de la escuela.

Harry se encogió de hombros. – En realidad no es su culpa. Todos empezaron a creer que tenían que vivir de acuerdo a las leyendas de sus casas. No hace falta mucho para recordarles a todos que somos chiquillos.

– ¿Todos? – preguntó Albus con una sonrisa.

– Casi todos. – se corrigió Harry, mientras caminaban fuera de la escuela y hacia el terreno al lado del campo de Quidditch. – Wow. – dijo murmurando.

– Estoy de acuerdo. – dijo Albus.

Una enorme carpa estaba en una esquina del campo, cubriendo una hilera de mesas que parecían sobrellenas de comida. Harry entrecerró los ojos y pudo ver los encantos que mantenían la comida fresca.

Hacia la izquierda de la carpa había una caseta mas pequeña donde estaban Fred, George, Abe y Charlie arreglando línea tras línea de botellas de cerveza de mantequilla.

Al lado de ellos estaban Bill, Fleur y Tonks arreglando un despliegue de Sortilegios Weasley.

Hacia la derecha de ellos, cerca de la parte trasera del campo de Quidditch, había una línea de sillas para los profesores y al frente de ellos un área cubierta por una sábana enorme multicolor.

Harry pudo ver en la distancia el pelo rubio de Draco, y se sorprendió un poco al verlo sentado al lado de Terry Boots. Bien cerca de Terry.

Al frente estaban Seamus y Dean, caminando sobre un espacio designado, marcando áreas específicas con movimientos de sus varitas.

Sobre todo había millares de luces pequeñas que proveerían iluminación para cuando empezara a oscurecer.

– Creo, Harry. – dijo Dumbledore suavemente. – Que tienes razón. Cuando todos en la escuela trabajan juntos, no hay nada que no se pueda hacer.

Harry se volteó y se quedó helado. Trató de parpadear, de hacer lo que sea. Alguien le dijo que respirara y eso parecía una buena idea. Harry se sacudió la cabeza tratando de aclararla pero fue en vano.

Ginny se le estaba acercando. No, estaba más bien flotando, porque nadie podía verse así y necesitar caminar.

Su largo y brillante cabello rojo estaba en bucles, y estos caían sobre los hombros, el rojo vivo contrastando marcadamente contra la blusa blanca que llevaba puesta. Harry bajó los ojos, sobre las caderas de ella, sobre la falda de mezclilla que llevaba puesta. Llegaba a medio muslo y exponía mucho de sus piernas, piernas que quería explorar. Un par de tenis y medias cortas terminaban con el atuendo.

Sus ojos subieron sobre ella lentamente, guardando todo en su mente mientras ella se le acercaba. Harry miró las manos de ella y las uñas parecían brillar, antes de volver al rostro de ella.

Los labios de ella le estaban sonriendo, y su piel se veía perfecta en la luz del sol mañanero. Finalmente sus ojos se posaron en los de ella y él se acordó de respirar.


– Hey. – dijo Bill calmadamente.  – Los invitados de honor acaban de llegar.

Tonks silbó por lo bajo. – Charlie, si no fuera porque estoy enamorada de ti, y que Ginny me asusta, estaría encima de él como el salpullido.

– No te apures. – respondió Charlie con una risita. – Yo estaría peleando contigo para caerle encima también.

Bill sacudió la cabeza lentamente. – De veras que no necesitaba escuchar eso. – dijo, mientras el resto del estudiantado empezaba a llenar el campo.

– Y por ahí viene Ginny. – dijo Tonks. – Y me gustaría escuchar lo que se vayan a decir uno al otro. – terminó ella, saltando de la mesa.

Bill le echó una mirada a su hermana y se unió a Tonks, caminando por la grama y consciente de que Fleur estaba al lado.

– ¿Harry? – escucharon a Dumbledore decir. – Respira, Harry.

– ¿Está mal pensar que tu hermana se ve como un pimpollo? – Charlie preguntó en voz baja.

– Sí. – dijo Bill. – Pero es cierto, se ve bonita.

– Y no somos los únicos que piensan lo mismo. – dijo Charlie, moviendo la cabeza hacia la dirección general de los estudiantes.

Bill miró alrededor y suspiró. Algunos de los estudiantes estaban mirando a Ginny como si esta fuera una Veela. – Vamos a tener que recordarles que Ginny es ver pero no tocar. – le dijo a Charlie.

Harry pareció de repente revivir y tomó un paso hacia Ginny, pero entonces pausó y se volteó hacia los estudiantes. El Niño Que Vivió pareció gruñir de repente, dejando salir una ráfaga de magia pura.

Por un segundo Bill se asustó como si hubiese estado dentro de una tumba llena de los peores maleficios imaginables. Bill miró alrededor y rio suavemente. – Okey, a lo mejor no. – dijo a Charlie. – Creo que Harry le acaba de recordar a todos que Ginny es suya.

– Y creo que Ginny no tardará mucho en recordarles a todos que él es de ella. – rio Charlie.

Los dos se callaron, lo suficiente cerca para escuchar, mientras Ginny y Harry se acercaban uno al otro.

– ¿No te da la sensación de que Voldemort podría atacar en cualquier momento y ninguno se daría cuenta? – preguntó Tonks susurrando.

Bill se rio, escuchando a Fleur riendo también.

Cuando Harry y Ginny se acercaron, los dos se detuvieron a un pie de distancia. Harry alargó la mano y tocó suavemente la cara de ella, pasando los dedos gentilmente sobre la mejilla de ella.

– Cada vez que te veo. – murmuró. – Me enamoro cada vez más de ti. En este momento apenas puedo creer que existes y que estás enamorada de mí. Hace que todo lo que hago y todo lo que todavía tengo que hacer valga la pena, solo para poder ver esa sonrisa en tu cara, y ver que estás orgullosa de mí. Siempre estás en mi consciencia y en mis sueños, Ginny y le doy gracias a Merlín de que te tengo en mi vida.

Bill se volteó ligeramente para ver lágrimas en las mejillas de Fleur y escuchar a Tonks resoplando por el otro lado. Bill intercambió una mirada de culpa con Charlie ya que deseaba el no haber escuchado ese momento tan privado. Bill miró a Dumbledore y se sorprendió un poco al ver que el director tenía una expresión similar en su rostro.

– Oh, Harry. – dijo Ginny suavemente. – Soy muy real, y nunca, nunca me has fallado. Me salvaste la vida y me salvaste el alma. Estaré contigo de por vida.

Bill tragó en seco y se pasó la mano por la mejilla. Debe de haber sido una de las bromas Weasley, pensó para sí.

Harry lentamente inclinó la cabeza y besó a Ginny con tanta ternura y amor que Bill se volteó, no queriendo husmear más.

Bill miró hacia al lado y vio a Charlie sonriéndole torcidamente. – ¿Cómo nos vamos a disculpar? – le dijo en mímica.

– Ni idea. – respondió Charlie.

– Bueno. – dijo Ginny de repente, cambiando el humor. – ¿Están todos aquí?

– Creo que sí. – dijo Harry. – Hasta Snape está bajo el sol.

Ginny se rio. – Deberías decir algunas palabras, agradeciéndole a todos por venir. – le sugirió a Harry.

Harry asintió y caminó hacia el frente con ella, para poder estar frente a todos. – Gracias a todos por venir. – dijo.

Bill se sorprendió un poco, ya que no había visto a Harry lanzar el hechizo Sonorus. – No puedo expresar lo impresionado que estoy por todo lo que han hecho. Este lugar se ve increíble. Todos han trabajado mucho y se nota.

Bill se encontró a sí mismo juntándose a los vítores de los estudiantes.

– Hoy es un día para divertirse. – continuó Harry. – Es un día para reenfocarnos y un día para recordar porque estamos luchando. Y esta es la manera perfecta de hacerlo.

– Miren a su alrededor, a sus amigos, compañeros de casa, la gente en su mismo año. Los profesores y gente que han visto y no conocen.

– Cada uno de ustedes está sonriendo, relajado, y está listo para divertirse sin la amenaza del peligro.

– Esta es la razón. Esto es. Esto es lo que los morti-estúpidos quieren quitarnos y el porque tenemos que luchar para retenerlo. Por un día vamos a celebrar, y cada risa que tengamos, cada sonrisa, cada mirada que compartimos será una respuesta directa a aquellos que no nos quieren ver así. En este día reafirmamos nuestra independencia y reunimos la energía que necesitamos para luchar.

– El fin se acerca, y cuando llegue, estaremos listos. Estaremos preparados; tendremos la habilidad. ¡Al final, cuando se aclare el polvo estaremos triunfantes en el campo de la victoria y le demostraremos al mundo que Hogwarts es la mejor escuela de hechicería que existe!

Bill rugió su aprobación, sus ojos fijos en Harry y en Ginny. Por un segundo los dos parecían más que humanos. Bill se dio una sacudida a sí mismo y la sensación se desvaneció, dejando un sentimiento de orgullo de que los conocía a los dos, estaba relacionado con uno de ellos y pronto estaría relacionado con el otro. Podía escuchar a Fleur gritar de la emoción a su lado y cuando miró alrededor hasta vio a los profesores de pie con los estudiantes, y se dio cuenta el porque todos estaban dispuestos a seguir a Harry.

El chico era un líder, simple y puramente un líder. Bill seguiría a Harry hasta donde el chico lo llevara y el sentimiento de esperanza creció más dentro de sí y antes de que se diera cuenta estaba gritando junto con los demás de nuevo.

Harry y Ginny se quedaron quietos por un minuto y luego Harry alzó la mano, deteniendo los chillidos cual si fuera director de orquesta. – Así que, que empiece la fiesta. ¿Dean, Seamus?

Los dos chicos se movieron al frente y hablaron con Harry en voz baja.

Harry asintió y movió la mano. Un pedazo de papel de mensajes mágico apareció al frente suyo. Él pareció pensar por un segundo, y entonces el papel empezó a duplicarse, el original desapareciendo mientras se duplicaba.

Alrededor del campo, el alerta de notificación de un mensaje nuevo de los estudiantes y profesores sonó.

Bill miró cuando el suyo sonó también, y lanzó el hechizo para leerlo.

 “De: Harry

Para: Equipo Gamma

Asunto: Equipos

Felicidades, usted ha sido seleccionado para representar al Equipo Gamma en las competencias de hoy.

Los equipos se seleccionaron al azar y cada equipo tendrá miembros de todos los años.

Para añadirle elemento de competencia, cada miembro del equipo ganador acumulará puntos para las casa de los estudiantes y botellas de vino para los adultos.

Buena suerte, y recuerden divertirse.

HJP

--
Audaces fortuna juvat”

– Estoy en Gamma. – dijo él.

– Delta. – informó Charlie.

– Alfa. – añadió Fleur.

– Beta. – terminó Tonks.

– Me pregunto en cual equipo estarán Harry y Ginny. – se preguntó Bill.

– Todos deben haber recibido su notificación de equipo. – La voz modulada de Harry se escuchó sobre todo el mundo. – Tendremos el primer juego en una hora. Antes de eso, siéntanse en la libertad de beber algo. Por solo un día, las bebidas serán gratis gracias a nuestros aupiciadores, Cerveza de Mantequilla Original de Abe el Honesto.

Hubo otro ligero chillido de aprobación, mientras los estudiantes empezaban a caminar hacia las mesas.

– Más vale que vayamos allá. – dijo Bill. – Van a necesitar nuestra ayuda.

– Bien que sí. – dijo Charlie y empezó a trotar hacia la mesa.

Bill tomó la mano de Fleur y caminó rápido, consciente de que su elegante novia francesa jamás saldría trotando.


– ¿Podrían Harry Potter y el profesor Dumbledore venir acá hacia el frente por favor? – la voz modulada de Dean se escuchó sobre la multitud.

Harry, con una expresión de sorpresa en la cara, le dio un beso ligero a Ginny y se dirigió hacia el frente.

– Bien. – gritó Seamus, su voz bajo un hechizo sonorus. – El profesor Dumbledore y Harry serán nuestros jueces. Como muchas de las competencias de hoy son mágicas, no es justo que algún equipo tenga a uno de los dos magos más poderosos.

– Pero. – dijo Seamus pausando y tirando una risita a la multitud. – Tampoco es justo que ellos solo nos vean a nosotros haciendo el ridículo y ellos no hagan nada, ¿verdad?

– ¡No! – rugieron los estudiantes. Harry no pudo evitar reírse, especialmente cuando vio a Sirius y a Juanita gritando con el resto.

– Así que. – continuó Dean. – Pensamos que para el primer juego sería algo divertido entre Harry y el director. Es como el fútbol muggle, en el sentido de que tienen que meter la bola en el otro lado. Pero. – pausó dramáticamente. – La única regla es que no se pueden mover. Todo debe ser magia. Como jurado tenemos al otro no combatiente de hoy, Abe Dumbledore.

Harry se rio suavemente. – ¿Está listo para perder? – le preguntó a Albus, sabiendo que su rol era el del joven socarrón.

– ¿Perder? Creo que no. Creo que todavía te puedo enseñar un par de cosas, jovencito. – el director dijo jovialmente.

Harry miró alrededor y luego parpadeó cuando vio un flash blanco. Harry tragó en seco cuando se dio cuenta de que podía ver directo por la falda de Ginny cuando esta se sentó frente a él. – Permítame un momento. – dijo ronco y corrió hacia Ginny.

– Estás enseñándoles el mundo a todos. – dijo susurrando, mientras se inclinaba hacia ella.

– Es un encantamiento, Harry. – le susurró ella a él sonando juguetona. – Solo a ti te estoy mostrando algo, nadie mas puede ver nada.

Harry tragó en seco. – ¿Cómo se supone que me pare derecho?

– ¿Umbridge en un bikini?

– Bruja. – gruñó Harry.

– Sí que lo soy. Disfruta. – dijo ella riendo.

Harry sacudió la cabeza y trató de imaginarse a Umbridge en un bikini. Desafortunadamente unas pantaletas blancas se le metían dentro de la mente.

– ¿Listo? – preguntó Abe.

Harry asintió y trató de enfocarse en el juego. Por suerte, notó cuando Ginny cambió de posición y logró concentrarse mejor en el juego.

– Las reglas son simples. No se está permitido que se ataquen uno al otro, solo a la bola. No está permitido construir estructuras permanentes y todo lo que crean debe ser destruido en cinco segundos. Aparte de eso, todo se vale. – Abe tenía en la mano una pelota blanca. – ¡En sus marcas! ¡Listos! ¡Fuera!

Una exaltación larga se escuchó cuando la bola voló por los aires. Un bate apareció al lado de la bola y bateó la bola hacia el gol de Harry.

Harry alargó la mano tratando de controlar la bola.

– ¿Les dije que la bola está encantada para resistir magia directa? – la voz de Abe sonó por encima.

– Sí. – gritó Harry, mientras creaba su propio bate y golpeaba la bola de vuelta. Con una movida de su mano, el bate se desapareció y empezó a planear como ganar el juego.

– ¡Ups! – otra vez Abe, para el gozo de los estudiantes viendo. – Debí haber dicho que es el mejor de tres.

Una planta enorme creció de la nada y agarró la pelota en sus ramas. La planta se echó para atrás y luego para el frente, lanzando la pelota hacia el gol de Harry mas rápido que ligero. Harry creó otro bate, pero como no juzgó bien la distancia, la bola le pasó por el lado y entró a su gol.

Harry juró por lo bajo y luego se echó a reír cuando vio a Albus haciendo un bailecito donde estaba parado, antes de alzar sus manos en señal de victoria extendiendo los dedos índice y meñique de cada mano.

Harry se rio más cuando escuchó a Dean decir incrédulo. – ¡Dumbledore tiró los cuernos!

– Segunda ronda. Si Albus entra ésta, gana. – anunció Abe, tirando la bola en el aire.

Harry movió las manos al frente de él, creando una criatura pequeña con alas. La criatura agarró la bola y voló contra el gol. Harry contó hasta cinco, entonces hizo que la criatura se desvaneciera dejando la bola caer ante el gol de Albus.

Otra planta apareció pero Harry estaba preparado esta vez. Cuando la planta se echó para atrás, un hacha voló por los aires, cortando las ramas. La bola rebotó y entró al gol de Albus.

Harry sonrió ampliamente y le tiró una risita a Ginny. El calor de la media mañana estaba empezando a molestarle y él deseó haberse puesto otro tipo de camisa. Distraídamente él desabotonó la camisa y se la tiró a Ginny.

Harry se preguntó vagamente el porque Ginny sintió la necesidad de ponerse de pie por un segundo y espetar su mirada a los estudiantes detrás de ella.

El joven se encogió de hombros y se preguntó como Dumbledore se las mantenía con todas sus túnicas puestas.

– Encanto enfriador dentro de la túnica. – Albus dijo, interpretando la mirada envidiosa de Harry.

– Bola final, caballeros.

Ahora que los dos habían agarrado el juego, la cosa se nivelaba más, cuando un chorro de objetos voló por todas partes saliendo de la nada, mientras peleaban por la bola blanca.

Harry se las arregló para hacer que la bola volara hacia su blanco cuando Albus alzó las manos causando que la tierra se alzara protegiendo su gol.

El terreno regresó abajo y una bola de fuego pareció circular la bola, lanzándola contra el gol de Harry. Este alargó una mano hacia el lago y sacó varios cientos de galones de agua, usándola para apagar la bola, y tirándola al azar hacia el aire. Usar los elementos le dio a Harry una idea.

Harry empezó a moverse en la grama dando vueltas. Poniendo las manos hacia fuera, empezó a flotar, dando vueltas más y más rápido.

Con un grito, Harry dejó salir un tornado de aire que agarró la bola y la hizo volar directo al gol.

Dumbledore puso sus dos manos hacia el frente y una ráfaga de magia pura sacó la bola fuera de curso, enviándola hacia el cielo, antes de que otra ráfaga la enviara de vuelta a Harry.

Harry se echó a reír. No se acordaba de cuando se había divertido tanto. Harry cayó de rodillas y alzó las manos. Con una pausa dramática, las puso abajo, brincando a sus pies a la misma vez. Doscientas nuevas bolas aparecieron a la vez alrededor de la original, todas eran una ilusión, y al lado de ellas, doscientos murciélagos aparecieron en diferentes direcciones.

Albus trabajó mas rápido de lo que Harry pudo haber pensado mandando hechizo tras hechizo que hacía desaparecer las ilusiones.

Harry envió cinco directamente hacia Albus mientras pateaba distraído la bola verdadera a través del campo.

Albus, mirando hacia arriba, derribó las bolas, sin fijarse de la que iba rodando por el suelo, hasta que cruzó la línea del gol.

– ¡Gol! – gritó Abe. – ¡Harry Potter gana!

Un segundo más tarde, Harry se encontró con una excitada pelirroja besándolo entusiasmadamente. – ¡Eso estuvo sensacional! – gritó ella. Los vítores de los estudiantes viendo estaban de acuerdo con ella.

Harry se sintió ruborizar y caminó hasta su director. – Buen juego. – dijo en voz alta y ofreciendo la mano.

– Muy buen juego. – respondió Albus, agarrando la mano del joven de forma entusiasta. – No me había divertido así en años. Vamos a tener que hacer una revancha el año que viene.

– Absolutamente. – dijo Harry sonriendo y haló al anciano para un abrazo rápido.

– Bueno. – la voz ampliada de Dean se escuchó sobre el ruido. – No creo que nadie esperaba ver ese despliegue de magia. Me gustaría agradecer a Harry Potter y a nuestro director, Albus Dumbledore, por empezar el día con estilo. El próximo juego será entre los equipos Alfa y Delta y empezará en una hora. Lavender, Parvati, la Sra. Weasley y los elfos de Hogwarts han trabajado como esclavos, y ahora es tiempo de disfrutar el resultado. Los encantos se han levantado de la comida.  ¡Así que todos agarren un plato, y a comer se ha dicho!

– Vamos a hacer esto en orden. – se escuchó la voz de Lavender. – Hay más que suficiente comida para todos, así que no se apuren si son los últimos. Equipo Alfa, ustedes van primero.

Harry tomó su camisa de manos de Ginny y se la puso de nuevo, sin molestarse en abotonarla ya que todavía tenía calor. Los dos caminaron tomados de la mano y se sentaron al lado de los padres de Ginny, Percy, Penélope. Sirius, Remus y Juanita.

– Eso estuvo increíble. – dijo Sirius con alegría. – La ultima movida estuvo genial, mocosillo escurridizo.

Harry sonrió, mientras Ginny se acomodaba sobre su regazo. – Fue divertido. – dijo. – ¿Sabías que iban a hacer eso? – le preguntó a Ginny.

– No. – dijo ella, dándole un beso en la cara. – Pero fue muy divertido verlo. Con todo y que tuve que recordarles a algunos que tú me perteneces.

– ¿Posesiva, ah? – bromeó Harry.

– Mucho. – dijo ella. – ¿La están pasando bien? – preguntó ella a sus padres.

– Seguro que sí. – dijo Arthur alegremente. – Es bueno ver a toda la familia aquí, aunque la mayoría están ocupados trabajando con Fred y George. Parece que la nueva bebida será un éxito.

– Eso esperamos. – dijo Harry. – ¿Cómo les fue buscando por ese maleficio?

– Algunas ideas. – dijo Remus encogiéndose de hombros. – Pero nada concreto.

– He asignado a Fleur y a Bill para que trabajen con eso a tiempo completo durante las próximas semanas. – dijo Harry casualmente.

– ¿De veras? – preguntó Remus.

– Sí, es importante que hagamos esto de forma seria. Y esos dos tienen mucha experiencia rompiendo maleficios.

– Gracias. – dijo Remus suavemente.

Harry se encogió de hombros. – ¿Qué tal tú, Juanita, te estas divirtiendo?

– Me siento un poco fuera de liga aquí. – dijo ella sonriendo. – Tú no eres como otros de los magos que vi en mi país. Ellos podían hacer algunas cositas, pero lo que tú haces…

– ¿Percy, Penélope, están disfrutando del día? – preguntó Harry.

– Definitivamente que estamos disfrutando de un día espléndido. El entretenimiento ha sido muy apropiadamente entretenido hasta el momento y admito que tengo algo de anticipación en participar en algunos de los juegos también.

Harry sonrió calurosamente a Percy, feliz de ver que el que fuera estirado Weasley estaba más a gusto consigo mismo. Todavía hablaba medio formal, pero Harry sospechaba que eso era mas bien debido a la compañía que tenía en el trabajo que a un deseo de sonar como si fuera alguien que tenía una varita dentro de su…

– Es nuestro turno para ir a comer. – dijo Ginny, deteniendo la conversación e interrumpiendo el tono de que llevaban sus pensamientos.

Todos se fueron como grupo hasta las pobres mesas llenas a tutiplén de comida. Había cuanta cosa habida de comer. Platos enormes de ensalada peleaban por espacio al lado de platos masivos de quiche, pollo frío y salchichas.

– Esto es increíble. – dijo Harry a Molly.

– Oh, es nada. – respondió ella sonriendo. – Lavender y Parvati arreglaron casi todo esto, yo solo sugerí aquí y allá.

Con los platos llenos de comida, todos se regresaron a su mesa y el resto de la familia se les unió.

– ¿Cuándo fue la última vez que comimos así todos juntos? – preguntó Fred alegremente, mientras Abe se sentaba al lado.

– No creo que hayamos estado así todos juntos antes. – dijo Ron, mientras se sentaba con Hermione al lado de Harry.

– Al menos no con todos en parejas. – añadió Charlie.

– Imagino que somos entonces una gran feliz familia Weasley – dijo George con una sonrisita. (3)

A esto le siguieron varios gruñidos y varios de ellos le tiraron con la comida a George. – Chiste flojo, George. – dijo Fred. – Estoy orgulloso de ti.

– Oigan, el resto de nosotros está comiendo. – protestó Ginny. – ¿Angelina, le das un cantazo o algo?

– Hoy no. – dijo la aludida riendo. – Pero si se sigue portando mal, lo va a lamentar mas tarde.

Alrededor de la mesa se escuchó una carcajada general mientras George se ruborizaba furiosamente.


La tarde pasó rápida, mientras diferentes juegos se llevaban a cabo entre los diez equipos, con algunas riñas personales arreglándose en la diversión. Uno de los momentos mas divertidos fue un relevo de Quidditch que terminó con McGonagall y Snape en carrera alrededor del campo donde había una carrera de obstáculos.

En un despliegue chocante de trampa y deshonestidad, McGonagall le lanzó un encanto a la escoba de Snape, haciendo que fuera para atrás.

A pesar de las protestas fervientes de Snape, su apelación para una revancha fue anulada, cuando los jueces discutieron rápidamente que en ningún lado las reglas decían que estaba prohibido sabotear la escoba del oponente y el equipo Epsilon obtuvo otros diez puntos.

Ginny, en el equipo Zeta, reunió a su gente. La competencia final antes de la barbacoa era un juego mágico de dodge ball (4). Después de una serie de partidos cerrados, el equipo de ella se iba a enfrentar al equipo de Snape en la final. El ganador del partido sería coronado como el equipo campeón. Ginny quería ganar, no por los puntos, sino por los besos que le iba a reclamar a Harry como su premio.

– Muy bien, escuchen. – dijo ella. – Primer y Segundo año, quiero que protejan a los mayores. Su trabajo es agarrar y desviar cualquier cosa que nos tiren. Tercero y Cuarto, su trabajo es alinear las bolas para los Quinto, Sexto y Séptimo. Blaise, tu te encargas de Lavender y Parvati. A Snape me lo dejan a mí. ¿Todos saben lo que van a hacer?

– Sí, Ginny. – su equipo contestó con excitación.

– Recuerden. – dijo Ginny firmemente. – Todo lo que les pido es que traten lo mejor de sí. A lo mejor nos ganan, pero nunca seremos derrotados. Y tenemos una buena oportunidad de ganar. Ahora, con todo y que el profesor Snape ha mejorado bastante, esta es nuestra oportunidad de vengarnos un poco por todos los años que fue un tonto. ¿Están listos?

– ¡Sí! – su equipo gritó.

– ¡Muy bien, al ataque!

El equipo se dividió y se acercó al otro, quienes se veían tan entusiasmados como el quipo de Ginny. Era casi extraño pensar que Severus podría animar a su gente, pero como probó más temprano, cuando su equipo derrotó al de McGonagall, ciertamente era capaz.

 Ginny estaba casi segura de que Harry no había hecho los equipos al azar, ya que el de ella tenia una pequeña desventaja. Su equipo era el único sin ningún profesor y sin nadie de la familia. Esto le había hecho sentirse mas determinada en que podrían ganar, y ella había jugado bien con el estado débil de su equipo, ignorando la vocecita que le decía que un equipo con ella y Blaise no tenía nada de débil.

– ¿Listos? – gritó Abe, quien había decidido que le gustaba mas ser referee que servir cerveza.

Ginny alzó la mano y amarró su pelo en una cola de caballo, mentalmente disculpándose con sus amigas por haber arruinado el peinado. Ella se volteó y desabotonó la blusa para amarrarla en un nudo debajo de los senos. Luego se estiró un poco deseando que la falda fuera menos restrictiva cuando sintió que se movió un poco. Ella miró a Harry, el cual le dijo en mímica ‘buena suerte’ a ella.

Ella le tiro un beso e hizo nota mental en darle las gracias de forma propia por haber transformado la falda de forma discreta.

– ¡Un momento! – gritó Fred de repente, corriendo hacia el medio del campo con George.

– ¿Qué sucede? – preguntó Abe.

Ginny vio a Harry moviéndose hacia el frente, mirando alrededor como buscando por cualquier amenaza.

– Estamos tomando apuestas por el resultado del partido, una apuesta por persona. Siete a uno a favor de Snape, dos a uno a favor de Ginny.

Ella se echó a reír suavemente, cuando un chorro de gente empezó a gritar cantidades de dinero. Bill, Charlie, y sus padres aparecieron al lado de George, apuntando las apuestas en pedazos de pergamino.

– ¿Hay más apuestas? – preguntó George, cuando el ruido se amainó.

– 100 galeones a favor del profesor Snape. – dijo Dumbledore firmemente.

– No podemos cubrir eso. – jadeó Fred.

– Están cubiertos. – dijo Harry. – Yo apuesto la misma cantidad a favor de Ginny con un proviso. El ganador dona el dinero a San Mungo.

– De acuerdo. – dijo Albus en voz alta y fue a darle la mano a Harry.

Abe tomó su lugar otra vez en el campo para deleite de los estudiantes.

– ¿Hay mas interrupciones?

– ¡Sólo una! – gritó Harry, corriendo hacia Ginny. Harry la besó firmemente y le murmuró. – Te amo.

Ginny suspiró alegre y solo lo miró, sabiendo que no necesitaba decir nada.

Harry le guiñó un ojo, y corrió de vuelta a sentarse al lado de Albus.

– En ese caso. – gritó Abe. – ¡Que empiece el juego! – Abe movió las manos dramáticamente y quince bolas rojas aparecieron en el cielo.

El juego no se estaba jugando siguiendo las reglas tradicionales de Dodge Ball. Simplemente, si te pegaban con la bola, estabas fuera.

Los de primero y segundo años del equipo de Ginny estaban haciendo un trabajo tremendo. Los encantos que usaban eran simples, solo apuntaban y gritaban la palabra, pero eran efectivos desviando las bolas al último minuto.

Los de tercero y cuarto año estaban usando encantos para convocar las bolas más cerca, pasándolas a los estudiantes senior, los cuales estaban usando variedades de encantos para dispararlas de vuelta a sus oponentes.

Viendo una oportunidad, Ginny corrió y se zumbó sobre un alumno del primer año, rodando por el suelo. Ella luego brincó de pie al terminar la rodada para tomar una pelota, tirándola de forma diagonal hacia el aire. Ginny apuntó la varita hacia la bola y le disparó un rayo de magia, agarrándola en el momento justo para pegarle directo a Anthony Goldstein, sacándolo del juego.

Ginny se apresuró a la seguridad del grupo y se dio cuenta que estaba disminuyendo rápidamente. Snape de seguro había ordenado a su equipo a sacar del medio a los de primero y segundo año del equipo de ella, lo cual quería decir que los otros tenían que pasar mas tiempo defendiendo.

Ginny miró a sus oponentes y frunció el ceño. Iba a ser cerrado, ya que no tenía tiempo de cambiar tácticas en ese momento. Ella se echó para atrás un poco, dejando que una bola pasara volando y eso le dio una idea. Ginny apuntó su varita a la pelota y la atrapó, haciéndola girar para luego soltarla a toda velocidad directo hacia Lavender.

La bola voló hacia el estomago de la muchacha, pero no hizo daño, ya que todas las bolas habían sido encantadas para detenerse a una pulgada de cada oponente. Lavender gruñó y cayó al suelo, saliendo gateando del partido.

El partido continuó, con más estudiantes saliendo del juego hasta que solo quedaron Ginny, Blaise, Parvati y Snape.

Con un hechizo estrangulado, Blaise esquivó la pelota de Snape pero caminó directito hacia la que venía de Parvati.

Los gritos de apoyo se escuchaban de todos lados, a favor de los dos bandos recorriendo el campo entero.

Ginny rechinó los dientes, determinada a que si caía lo haría luchando hasta lo último.

Cuando las dos bolas volaron hacia ella, Ginny brincó en el aire y luego estiró las piernas, echándose hacia atrás para que las bolas pasaran por encima y debajo de ella. Girando la cabeza hacia atrás, ella agarró las dos bolas con su magia, enviándolas volando como un espiral hacia Parvati.

La Gryffindor se las arregló para esquivar una de las bolas, pero no la segunda, lo cual dejó la competencia en un mana a mano entre Snape y Ginny.

Snape viró en un círculo inmediatamente, recogiendo todas las bolas alrededor de él, antes de lanzarlas todas a la vez hacia Ginny.

Ginny dio una pirueta hacia la derecha, brincando en un flip, antes de zambullirse bajo otra bola, rodando de forma que aterrizó de forma segura en la espalda.  Ginny alzó las piernas y las bajó rápido usando el momento para ponerse de pie. Ginny se hundió de frente, agarró una bola en el aire y usó su cuerpo para enviar la bola hacia Snape.

Snape brincó, esquivando la bola con agilidad, pero el movimiento le dio a Ginny la oportunidad de prepararse para lanzar otro ataque.

La joven rápido lanzó un encanto reversible a una de las bolas, y se la lanzó a sí misma, enviando las otras bolas de forma normal. Las bolas sin encantar se movían rápido, así que Snape llegó a ellas primero, usándolas para atrapar a Ginny.

El profesor se rio socarronamente, cuando se dio cuenta que Ginny no tenía a donde ir. Con un movimiento dramático de la mano, él lanzó la última bola directo a Ginny.

Pero, el encanto reversible hizo su trabajo, y la bola se regresó directamente a un sorprendido Snape.

– ¡Y el ganador es! – anunció Abe. – ¡El equipo Zeta!

Hubo un ruidoso chillido de parte de la audiencia, mezclada con los gruñidos en broma de los estudiantes que habían apostado por Snape.

Ginny sonrió mientras se inclinaba para recobrar el aliento. La muchacha miró cuando vio que Harry estaba acercándose a toda velocidad. Ella abrió los brazos y dejó que el muchacho la abrazara, dándole vueltas alrededor. – ¡Sabía que podías lograrlo! – gritó él.

– Yo sola no lo logré. – corrigió ella. – Todos lo logramos. – dijo señalando a su equipo.

– Y felicitaciones a todos ustedes. – dijo Dumbledore. – Treinta puntos para cada miembro del equipo de Ginny y primer lugar para comer en la barbacoa.

Ginny se soltó de los brazos de Harry y se dirigió hacia su equipo, arrodillándose frente a ellos. – Se los dije. – dijo suavemente. – Que si trataban lo máximo, sería todo lo que le pediría a ustedes. Hicieron mejor que eso, y estoy muy orgullosa de ustedes. Todos ustedes jugaron una parte importante en nuestra victoria y nunca lo olviden. Ahora, vayan a ver a sus amigos y a divertirse.

El equipo gritó animado y todos salieron corriendo con excitación.

– Buen trabajo, Ginny. – dijo Blaise suavemente, abrazando a la otra chica. – Podrás decir que fue un esfuerzo en equipo, pero al final un equipo es bueno solo si tiene un buen líder y tuvimos a la mejor.

Ginny se ruborizó y miró a sus pies. – ¿Me veo bien? – dijo susurrando de repente a Blaise. – He arruinado el peinado y la blusa.

Blaise echó la cabeza para atrás y se rio en voz alta. La muchacha se desamarró su cola de caballo y le dijo riendo a Ginny. – Ve donde Harry y hazle esa misma pregunta.

– Pero…

– Nada de peros, ve. – dijo Blaise con firmeza.

Ginny sonrió y le dio un abrazo ligero a Blaise. – No podía tener otra mejor número dos al mando. – dijo susurrando antes de corretear de vuelta a Harry.

Ella abrió los brazos al muchacho, y Harry se movió hacia ella y de repente Ginny se encontró a sí misma en el topo de la torre de Astronomía.

– ¿Qué hacemos aquí? – preguntó sorprendida.

– ¿Tienes alguna idea de cómo te ves? – le preguntó él, su voz sonando más ronca que de costumbre.

– Hecha todo un lío. – dijo abochornada. – Mi pelo está todo parado, arruiné la blusa, mmpf… – terminó ella cuando Harry la besó de repente.

– No tenemos mucho tiempo. – dijo él disculpándose. – Pero no podía esperar más para darte un beso, de forma apropiada. Estuviste increíble hoy. – él pausó para besarla de nuevo, sus manos escurriéndose por debajo de la camisa de ella y acariciando su piel.

Ella ronroneó contra él, definitivamente disfrutando y animando este tipo de comportamiento.

– Por poco lanzo un hechizo para cegar a toda la escuela. – murmuró él contra los labios de ella. – No quería que todos vieran lo sexy que te veías.

– ¿Sexy? – preguntó Ginny con un chillido, para enojo de ella. Chillar no era forma de verse atractiva.

– Oh sí. – gruñó Harry, besándola de nuevo. – Terminé echándole a tu blusa el mismo encantamiento que usaste con tu falda. Estabas reboteando por todos lados. – dijo de forma reverente, mientras sus manos se escurrían para levantarla contra el cuerpo de él.

– Oh. – atinó a decir Ginny, sintiendo la piedra dura de la pared contra la espalda. – ¿Así que aprovechaste y miraste?

– Seguro que sí. – gruñó Harry. – Me has estado volviendo loco todo el día. Por poco pierdo contra Albus cuando todo lo que tenía en mente era la ropa interior que llevas. Fue imposible sentarme con tus padres cuando te tenía sentada sobre el regazo, porque todo lo que quería era recorrer las manos debajo de esa maldita falda y ver si tus muslos son tan suaves como se ven. Y ser juez de esta maldita competencia… ni siquiera me di cuenta cuando Minerva encantó la escoba de Snape, porque estaba muy ocupado ligándote.

– ¿Qué te detiene ahora de que explores más? – demandó Ginny, ladeando la cabeza para poder besarlo unas cuantas veces.

– El hecho de que se supone que estemos allá abajo. – suspiró Harry, colocando su frente contra la de ella. – Estuviste sensacional hoy, mi amor. Como una guerrera del pasado. Organizaste a tus tropas, los pusiste a trabajar como equipo, y al final te llevaste la victoria. Estoy muy orgulloso de ti, y orgulloso de tenerte.

Ginny jadeó suavemente, de repente sintiendo lágrimas en los ojos. Escuchar esos cumplidos de parte de Harry le llegó directo al corazón y la única respuesta que ella pudo pensar fue la de besarlo fuertemente, y poner su alma en el beso. Lo cual hizo.

Eventualmente y para su desilusión, Harry rompió el beso y se echó un paso para atrás. Su mano la metió en el bolsillo y de repente se veía nervioso.

– Ginny. – dijo suavemente con tono serio. – Iba a hacer esto mas tarde, pero no puedo esperar más. En el corto tiempo que llevamos juntos, nos han pasado muchas cosas. Ni siquiera puedo recordar como era mi vida antes de entraras a ella de forma tan dramática.

Ginny encontró que de repente no podía respirar. Su estómago se retorció nerviosamente, mientras lo miraba, sin tener idea de lo que él estaba haciendo.

– Se que somos jóvenes. – continuó él. – Pero se muy bien que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti. Así que. – Harry sacó la mano del bolsillo revelando una caja alineada de terciopelo negro. – ¿Aceptarías este anillo, a sabiendas de que cuando seamos lo suficiente mayores, te daré un anillo de compromiso propio, y después, tan pronto como podamos, un anillo de matrimonio?  ¿Aceptarías este anillo como mi promesa hacia ti?

Ginny jadeó mirándolo, su mente en blanco. No podía creer lo que él acababa de decirle, era lo último que esperaba.

– ¡Sí, por Merlín sí! – respondió ella casi gritando y colocando los brazos alrededor de él mientras estallaba en llanto.

Ella sintió como él la abrazaba suavemente, mientras le pasaba la mano por la espalda. Ginny se limpió la nariz y le mostró el anillo del dedo, no muy segura que él sabía en cual dedo iba el anillo.

Harry le puso el anillo en el dedo y le sonrió a ella de una forma diferente. Era una forma posesiva, mas aún que ahora la reclamaba en público. Ginny sintió como el anillo se apretaba alrededor de su dedo y dejó salir un resoplido. – Es precioso.

– Es una herencia de familia. – dijo Harry suavemente. – Cuando te ponga los otros dos anillos en el dedo, los tres se unirán en uno solo.

– Me encanta. – dijo Ginny, besándolo firmemente. – Y tú me encantas.

Harry la besó de nuevo, alargando el beso antes de romperlo. – Tenemos que regresar. – dijo gruñendo.

– ¿Por qué’? – preguntó ella. – ¿Por qué no nos Apareces a tu cama y continuamos celebrando en privado?

– Ginny. – suspiró Harry. – No hay nada que me gustaría hacer más que eso. Pero tu familia entera está abajo, y el resto de la escuela, y nos están esperando para que puedan comer.

Las palabras que Ginny usó para expresar lo que sentía sobre la escuela eran muy creativas, considerando la oferta de ella de hace un segundo y le pusieron una sonrisa a la cara de Harry.

– Mas vale que no. – dijo este riendo. – Ese tipo de comportamiento debería ser reservado solo para mí.

– Está reservado para ti. – dijo ella riendo. – Pero vamos a tener que buscar en la bóveda esa tuya para ver si encontramos un anillo para ti.

La mirada que Harry le envió por poco le llevaba el aliento.

– Vamos, mi amor. – dijo él y los Apareció de regreso.

Los dos se aparecieron entre los estudiantes, cerca de la familia de ella.

– ¡Ay, Dios Santo! – Parvati chilló en voz alta, atrayendo la atención de todos. – ¿Qué es eso en tu mano?

– ¿Esto? – dijo Ginny de forma casual, levantando la mano. – Oh, Harry acaba de prometerme matrimonio tan pronto tengamos la edad apropiada.

Lavender chilló y agarró la mano de ella, alejándola de Harry. Ginny miró sobre su hombro para ver a Charlie agarrando a Harry en un fuerte abrazo. Ella se rio cuando vio la expresión en la cara del muchacho, y se dio la vuelta cuando sus amigas, y sus familiares mujeres la rodearon, demandando detalles de lo que había pasado.


Harry exhaló lentamente. Se había sorprendido un poco por la bienvenida completa que le dio la familia. Hasta el señor Weasley le dio la mano de forma excitada. Harry les explicó a todos de donde sacó la idea y cómo estaba planeando comprometerse con Ginny tan pronto cumpliera los diecisiete años y casarse con ella tan pronto ella terminara con la escuela.

Hasta Ron le felicitó, señalando, mientras le daba un abrazo, que ahora serían hermanos de verdad.

Molly Weasley, su rostro hinchado de tanto llorar, le había dado con abrazarlo de repente a cada momento, y pasar el resto del tiempo cuchicheando con Lavender y Parvati, de seguro planeando la boda de los dos.

Después que la distracción se apagó un poco, y Harry estaba contento de no tener que hablar mas del asunto, Albus y Abe trabajaron juntos para que las mesas de picnic se fueran mágicamente, revelando inmensos fogones de barbacoa. Otro encanto prendió la lumbre y todos los elfos de Hogwarts aparecieron, llenos de platos de comida y el aroma de carne cocinándose despertó el apetito de todos.

Las salchichas, hamburguesas, y filetes sabían tan ricos como olían, dejando a todos satisfechos y la noche la pasaron en grupos pequeños, con las personas caminando de un lado a otro, hablando bajo las miles de luces que los prefectos había organizado. En la parte de atrás, algunos de los estudiantes estaban bailando con la música suave.

– ¿Estás seguro que sabes lo que haces? – preguntó Hermione, mientras se sentaba al lado de Harry, con Ron a su lado, formando los tres un pequeño triángulo.

– Creo que sí. – dijo Harry lentamente. – Lo hago a sabiendas de lo que estoy haciendo. Una de las cosas que Voldemort está tratando de hacer es matar la esperanza. Está tratando de evitar que vivamos la vida que queremos vivir. Y bien, yo quiero vivir mi vida con Ginny, y ese anillo de pre-compromiso es mi promesa a ella de que haré lo que sea para sobrevivir para poder ponerle los otros dos anillos en su dedo. Los dos sabemos que a lo mejor eso no pase, pero el miedo no es una buena razón para dejar de vivir.

– Yo pensaba hacerlo mas tarde esta noche, pero ella se veía tan bonita; trabajó tan duro para ganar que me di cuenta que no podía esperar. No puedo estar amenazando al resto de la escuela, así que esto es una declaración hacia ellos de que Ginny es mía y lo será por el resto de mi vida. Y tan pronto podamos encontrar un anillo, lo pienso usar también para que todos sepan que yo le pertenezco a ella de la misma manera.

Hermione sonrió. – Nunca pensé que cuando Ginny empezó a besarte que terminarían así.

– ¿Quien lo hubiese pensado?

– No yo. – dijo Ron riendo. – Yo estaba muy ocupado tratando de proteger a Ginny. Claro está, lo que debí haber echo era protegerte a ti amigo. Una vez ella te puso las garras encima, no tenías ninguna oportunidad.

Harry se echó a reír. – Yo no diría que ella tiene garras. 

– Nunca has peleado contra ella. – dijo Ron riendo.

– Cierto. – asintió Harry.

– ¿De que hablan ustedes tres con tanta intensidad? – preguntó Ginny, sentándose con firmeza en el regazo de Harry.

– Vaya, de usted señorita Weasley. – sonrió Harry.

– Srta. Weasley hasta que salga de la escuela, entonces seré la Sra. Potter. – dijo Ginny alegremente.

– Ves. – dijo Ron con una risita. – Te lo dije.

– Oh, cállate, tú. – dijo Ginny exhalando.

Harry la sintió acurrucarse mas contra el pecho de él, así que colocó los brazos alrededor de ella, abrazándola con fuerza. Uno a uno, el resto de la familia Weasley se les unió, y todos pasaron el resto de la velada hablando calmadamente y disfrutando la compañía.

No fue sino hasta más tarde que Harry se dio cuenta que Ginny se había quedado dormida en su regazo. Las actividades de más temprano obviamente la habían dejado exhausta. Harry se movió un poco para que ella estuviera más cómoda.

– Ve y llévala a que se acueste, Harry. – dijo Molly suavemente. – Somos los últimos aquí, y es hora de irnos a casa.

Harry miró alrededor, un poco sorprendido de ver que casi todos los estudiantes se habían marchado, algunos todavía caminando hacia la escuela. Albus estaba con Dobby en una esquina, y docenas de elfos estaban trabajando limpiando el reguero dejado por los estudiantes.

– Yo llevaré a Hermione a la cama también. – anunció Ron alegremente.

– No lo harás, Ronald Weasley. – dijo Molly con firmeza.

– Pero estás dejando que Harry se acueste con Ginny. – protestó Ron.

– Yo lo que dije fue que la llevara a la cama. – corrigió Molly. – Y te dejaré hacer lo mismo, si Hermione lo permite, cuando le hayas puesto un anillo en el dedo a ella.

– Oh. – dijo Ron, frunciendo el ceño.

– Ni lo pienses. – dijo Hermione suavemente. – Todavía hay tiempo de sobra para eso. Además solo somos el grupo de apoyo; nosotros no tenemos el peso del mundo sobre lo hombros.

– Ustedes son más que el grupo de apoyo. – dijo Harry.

– Lo se, Harry.  – dijo Hermione suavemente. – Pero lo que cuenta es el principio. Y por más que quisiera, no puedo tomar tus problemas por ti. Ginny te puede ayudar de una forma que yo no puedo. Los dos se merecen la relación que tienen.

– Estoy completamente de acuerdo. – dijo Percy, entrando a la conversación. – Y siento mucho mi comportamiento de antes, Harry. No hay nadie en quien pueda confiar mas para mi hermana.

Harry se encogió de hombros y le sonrió a Percy. – No te apures por eso. – dijo, mirando primero a Ginny y luego al resto de los Weasley. – Charlie, quiero que cuando no estés conmigo, pases el resto del tiempo en la biblioteca. ¿Hermione, le podrías buscar algunos libros en occlumencia? Charlie, no practiques sin mí.

– Bill, Fleur, quiero que mañana en la mañana descansen y luego se reúnan con Hermione en la tarde para que ella los ponga al día en lo que han encontrado.

– Molly, me gustaría que empezara a pasar más tiempo en Hogwarts durante el día. No me gusta que esté sola en La Madriguera. Tenemos bastante trabajo aquí para que ayude en algo.

– Percy, tú y Penélope pueden ayudar mañana investigando también. El lunes, empiezas a organizar la inspección sorpresa. Quiero que te lleves a Bill y a Charlie cuando vayas.

– Fred, George, quédense con Abe mañana y chequeen doble todo para el lanzamiento del lunes. Tuve una conversión por mensaje mágico con Luna más temprano y le di un soplete al papá de ella para que tengamos algo de cobertura de parte de la prensa. Eso hará que El Profeta les caiga encima, así que prepárense.

– Sirius, Remus y Juanita, por favor cuídense. Mañana se van de vuelta a investigar donde queda la guarida de los morti-estúpidos. Si se meten en líos, avísenle a alguien de inmediato. Allí estaremos para ayudarlos.

La cara de Harry se puso seria.  – No quiero que ninguno de ustedes vaya a ningún lado por su cuenta. Las cosas van a cambiar mañana y pienso que vamos a empezar la cuenta regresiva ya. No puedo permitir que atrapen a ninguno de ustedes.

Las caras de todos los presentes estaban ligeramente sorprendidas, pero todos asintieron lentamente.

Harry les sonrió a todos. – Buenas noches. – dijo suavemente. – Y gracias por venir hoy.

Harry abrazó a Ginny un poco mas fuerte y los Apareció al cuarto de ella.


– Me pregunto que es lo que va a pasar mañana. – dijo Fred lentamente. – Hubiese pensando que él se refería al lunes cuando vamos a atacar financieramente a los morti-tontos.

– Igual pensaba yo. – añadió George.

– El liderazgo viene acompañado de muchas responsabilidades. – la voz de Albus Dumbledore los interrumpió, mientras se les unía y sentaba en la silla donde hacía un momento Harry estaba sentado. – Y Harry ahora es que entiende mejor mi comportamiento de los últimos años. Hay veces que un líder no puede decirlo todo. Se que algo va a pasar mañana, pero me temo que no tengo la más mínima idea de lo que pueda ser, aparte de especular mucho, lo cual no ayuda nada en este caso.

– Pero nosotros somos sus amigos. – protestó Ron.

– Sí que lo son. – dijo Dumbledore. – Y como buenos amigos que son, tienen que confiar de que él se guarda algunos secretos por una buena razón. Ya han visto como él se toma toda la responsabilidad y como se mantiene en sus dos pies.

– Fue bueno verlo divertirse hoy. – dijo Molly, moviendo la conversación con la destreza de alguien que sabía hacerlo.

– Y verlo proteger a Ginny. – dijo George riendo. – ¿Alguno de ustedes se dio cuenta cuando de repente ella se puso toda borrosa mientras estaba jugando?

Bill soltó una risita. – Sí, fue fácil verlo. Él no fue necesariamente sutil con el encantamiento de ofuscación que le lanzó a ella.

– Pero. – interrumpió Percy. – Me temo que ustedes dos le deben una disculpa.

– Sí. – suspiró Charlie. Todavía estamos tratando de averiguar como se la pagamos al chico que tiene a nuestra hermana.

– ¿Les puedo sugerir una simple disculpa? – preguntó Albus.

– No es suficiente. – dijo Bill, colocando un brazo sobre Fleur. – Debe de haber algo que Charlie y yo podamos hacer por él.

– Ya pensaremos en algo. – suspiró Charlie. – Pero como sea, no puedo esperar a que ya sea sábado de nuevo.

– ¿El partido de Quidditch? – preguntó Hermione.

– Absolutamente. – dijo Charlie con entusiasmo. – He querido jugar contra Harry desde hace años, y esta es mi oportunidad.

– A mi me gustaría saber quienes están en su equipo. – se quejó Bill. El pelirrojo miró alrededor y pausó. – ¿Tú y Remus? – Le preguntó incrédulo a Sirius.

– Síp. – dijo Sirius con una risita. – Y Snape. Snape era un buen cazador cuando joven y Remus y yo éramos muy buenos bateadores.

– ¡Vamos contra los Merodeadores! – gritaron Fred y George a la vez, brincando y haciendo un bailecito.

– Nosotros ya dijimos lo mismo. – dijo Remus secamente.

– Así que tenemos a Snape y Ginny como cazadores, Harry como el buscador, Remus y Sirius como bateadores. – dijo Bill. – ¿Quién es el otro cazador y quien es el guardián?

– Ni idea. – dijo Sirius prontamente. – Pero estoy loco por saberlo. ¿Y sabes? No me sorprendería en lo absoluto si fuese alguien que necesitamos por aquí.

Los otros se echaron a reír. – Bueno. – bostezó Bill. – Ya nos dijeron que hacer, así que sugiero que lo hagamos.

– De acuerdo. – dijo Percy, poniéndose de pie. – Ha sido un día inmensamente placentero.

– Y uno que se repetirá el año que viene. – dijo Dumbledore. – Se convertirá en un evento anual. Con Voldemort cosa del pasado, creo que invitaré a los padrea y hacerlo un día para divertirse.

– Buena idea. – dijo Arthur jovialmente. – Estos juegos fueron bien divertidos.

– Vamos, cariño. – dijo Molly, agarrando el brazo de Arthur. – Los veremos a todos mañana. Yo solo espero recordar como se investiga en la biblioteca.


Harry se apareció en el cuarto oscuro de Ginny, y rápido lanzó un encanto de privacidad alrededor de sí mismo y la cama de Ginny. Lo último que quería era asustar a una de sus compañeras de cuarto. Con cuidado, puso a la muchacha sobre la cama y ligeramente le sacó el pelo de la cara.

Tan gentilmente como pudo, Harry le precedió a quitarle las tenis y los calcetines. De repente deseó que Molly estuviese aquí para ayudarlo. Sabía que tenía que quitarle el sostén para que ella durmiera más cómoda, pero hacerlo mientras ella estaba dormida parecía algo incorrecto.  Por mucho que quisiera ver lo que había debajo del brassiere, él quería hacerlo con ella despierta y animándolo a hacerlo.

Suspirando, Harry cerró los ojos e hizo lo mejor que pudo transformando su ropa en algo mas cómodo. Harry entreabrió el ojo y vio con alivio que había logrado transformar la ropa de ella en un camisón largo.

Harry la arropó y le besó la frente con cariño.

– Te amo. – le susurró, y se Apareció a su propia cama, haciendo nota mental de averiguar en qué estado estaba su cuarto de profesor.


Ginny se despertó y estiró, para luego sentarse de repente. – ¿Me quedé dormida? – murmuró. – Maldita sea, me quedé dormida. – por poco se echaba a llorar. Todas las veces que había deseado pasar la noche con Harry, y él hasta le propuso un pre-compromiso. Y con su mamá feliz como una lombriz, vino ella a quedarse dormida.

Ella se miró a sí misma y parpadeó. Antes de que se diera cuenta, estaba muriéndose de la risa. Harry definitivamente fue quien la había puesto a dormir, y su futuro prometido se comportó tan noble como siempre, a pesar de la obvia tentación.

Su camisón era algo que iba a tener que guardar para la posteridad y enseñárselo a su mamá. Harry sería un mago increíble, pero ella había descubierto su talón de Aquiles: el transformar ropa. Su falda y camisa se habían unido en una sola pieza, cambiando a algo suave, aunque ella no estaba segura de que era el material. Ginny miró dentro y ahí estaba, su sostén, impreso en el interior del camisón.

Ginny se quitó el camisón y lo dobló, colocándolo en su baúl, para luego sacar ropa limpia y dirigirse para las duchas.


De: Ginny

Para: Mamá

Asunto: Anoche

Buenas, mama. Solo para dejarte saber que mi querido pre prometido será el mejor luchador del mundo, pero voy a tener que ser yo la que arregle la ropa.

Para proteger mi dignidad, el chico transformó mi ropa en… algo que era básicamente todo lo que tenía puesto ayer unido en una sola pieza, incluido el sostén.

Gin

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Audaces fortuna juvat


De: Mamá

Para: Mi pre-comprometida hija

Asunto: Re: Anoche

Debo decir que estoy complacida, aunque un poco sorprendida, ya que esperaba que él te pusiera dormir propiamente dicho.

Después de que dormiste, Harry decidió que todos deberíamos pasar mas tiempo en Hogwarts. De hecho, estaré pasando mis días en la biblioteca con Bill, Charlie y Fleur. Yo solo espero recordar como se investiga.

¿Sabes el porque Harry piensa que las cosas van a cambiar hoy?

Con amor,

Mamá – la cual vio que tomaste prestada la firma de Harry.


De: Ginny

Para: Mamá

Asunto: Re[2]: Harry

No me sorprende… todavía es que no pasamos de los besos. Uno de los dos está siempre inconsciente, dormido o muy ocupado para otra cosa. Es verdaderamente frustrante.

Y sí, se lo que va a pasar hoy. Pero no te lo puedo decir.

Con amor,

Ginny – es el lema de la familia, y como voy a unirme a su familia, será mi lema también.

--
Audaces fortuna juvat


De: Mamá

Para: Mi-ya-no-tan-pequeña-hijita

Asunto: Re[3]: Harry

Lo que sea que hagas con Harry, solo ten cuidado, por favor.

Y no necesito saber lo que va a pasar hoy. Me alegra saber que al menos Harry tiene a alguien en quien confiar.

Con amor,

Mamá


De: Harry Potter

Para: Minerva McGonagall

Asunto: Esta mañana

Siento mucho molestarla un domingo, Minerva, pero si todos están trabajando hoy, me temo que la voy a tener que coaccionar también. ¿Puedo pasar la mañana con usted trabajando en mi forma animaga?

Saluditos,

Harry

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Audaces fortuna juvat


De: La Sub Directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería  

Para: El Niño Que Tomó Control

Asunto: Re: Esta mañana

Anexo: direcciones.pmt

Buenas, Harry.

Por alguna razón, no me sorprende tu pedido. Ven a mis alojamientos, desayunaremos aquí y luego repasamos lo básico para la transformación para luego empezar a cambiar formas.

Min.

--
bostezando


De: Harry

Para: Mi futura esposa

Asunto: Esta mañana

Buenos días mi amor,

Quería dejarte saber que tengo una lección de occlumencia esta mañana que se me había olvidado. Al mediodía tengo la reunión aquella. ¿Podrías mantenerles el ojo a todos esta mañana y asegurarte que todo marche bien?

Averigua si puedes convencer a Flitwick para que también nos ayude. Prefiero no inmiscuir todavía a los estudiantes; dejarlos que disfruten de mas días antes de ponerlos a trabajar.

Te quiero,

Harry

--
Audaces fortuna juvat


De: La Futura Sra. Potter

Para: Sr. Potter

Asunto: Re: Esta mañana

Harry, siento mucho el haberme quedado dormida anoche. De veras que quería una buena sesión de besos, pero te sentías tan bien y yo tan relajada que no lo pude evitar.

Pasaré la mañana en la biblioteca. Charlie puede ser un problema de distracción ya que no le gusta estudiar, pero le recordaré sobre montar a Crenth para que se comporte.

Te quiero más,

Ginny

--
 Audaces fortuna juvat


Harry se dirigió lentamente a la habitación de McGonagall, silbando suavemente. Se sentía mejor de lo que se había sentido en buen tiempo. El día libre le había hecho muy bien, más de lo que pensó y se sentía rejuvenecido. Tener un día donde no tenía que preocuparse de nada mas serio que quien ganaría una competencia había sido fantástico y él sabía que le debía a Ginny un gracias en privado tan pronto pudiera imaginarse que hacer para ella.

De todo lo que le habían dado, la paz del día de ayer había sido lo mejor.

Harry tocó la estatua según las instrucciones de McGonagall y un segundo mas tarde, esta se echó para atrás revelando una puerta que se abrió.

Harry se sorprendió un poco al ver a su profesora vistiendo ropa muggle y con el pelo suelto.

– Se como relajarme, Harry. – dijo alegremente. – Entra y siéntate.

Harry asintió y la siguió hasta una pequeña cocina, donde había una mesa puesta para dos. Harry se sentó y sonrió al reconocer las botellas sobre la mesa.

– Fred y George fueron muy generosos. – la profesora dijo. – Y me las arreglé para llevarme algunas botellas antes de que terminara el día.

– Los dos están esperando recibir mucho dinero de vuelta. – dijo Harry con una sonrisa.

– A juzgar por la reacción de los estudiantes, no lo dudo. – dijo ella secamente. – Come, no te pares en atención.

Harry sonrió y atacó su desayuno.

– Cambiar de forma, Harry, es mas mental que mágico. – empezó Minerva. – Estás forzando tu cuerpo a cambiar en una forma nueva. Esta forma no se sentirá natural al principio. Son dieciséis años de tu forma actual que tienes que cambiar y con el tiempo encontrarás que te sentirás bien tanto en una forma como con la otra.

– El proceso en sí es simple. Pones la imagen de lo que te quieres cambiar firmemente en tu mente, y luego usas tu magia para transformarte en esa forma. No hay ningún hechizo, o encantación; es puramente tu magia interna.

– La primera vez que lo intenté, fue después de meses estudiando, y entendiendo como trabajaba mi magia para yo poder confiar en que me cambiaría de forma. Tú no necesitas de eso. Ya tú conoces tu magia mejor que la mayoría de los magos.

– ¿Qué sientes cuando haces magia sin varitas?

Harry tragó lo que le quedaba de huevo y pensó por un segundo. – En control. – dijo lentamente. – En realidad es simple. De alguna forma le digo a mi magia lo que quiero hacer y lo hace por mí. Yo solo controlo cuanto poder estoy usando, para poder controlar la magia en vez de la magia controlarme a mi.

Minerva sonrió llanamente. – Eso es exactamente el punto, Harry. Es esa relación con la magia lo que facilita la habilidad animaga. Bebe algo y ven conmigo. Vamos a intentar una transformación.

– ¿Tan rápido? – preguntó un sorprendido Harry.

Minerva asintió. – Piensa por un segundo, Harry. Ya tu sabes como Aparecer, y eso demuestra que puedes controlar tu cuerpo y tu magia lo suficiente como para transportarte a cualquier parte del mundo. Ya tienes los animales en tu mente, así que sabemos que tienes la habilidad animaga, lo cual no es sorpresa porque tu padre fue uno, y el talento es usualmente hereditario. Y sabes como tu magia trabaja, así que tienes las destrezas necesarias.

– Cuando tu padre, Sirius y Pettigrew se hicieron Animagi, ellos no sabían nada de eso y tuvieron que empezar en cero. Encima de eso, tuvieron que hacerlo mas lento, debido a Pettigrew, para que este estuviera a la par. Y ese nunca fue un mago muy fuerte que digamos.

Harry asintió lentamente, todo lo que ella dijo tenía sentido. Y si Pettigrew lo logró, entonces Harry podría lograrlo también.

– ¿Qué tengo que hacer? – preguntó con ganas.

Minerva sonrió y se dirigió a su salita. – Observa mi magia, Harry, mientras me transformo.

Harry asintió, forzando un poco la vista, mientras la profesora lentamente se encogía y empezaba a crecer pelaje. Su transformación fue mucho más lenta que lo Harry había visto, pero él pudo observar cómo la magia de ella flotaba alrededor y dentro de ella, mientras terminaba con la transformación.

No parecía muy difícil.

– Harry. – dijo Minerva tan pronto se transformó de vuelta. – Quiero que cierres los ojos y encuentres a tu lobo. Si gustas, te puedo ayudar a ponerte en trance.

Harry negó con la cabeza y cerró los ojos. Concentrándose, el muchacho llamó mentalmente al lobo para que viniera a él, y un segundo mas tarde apareció de los rincones de su mente, como con ganas de salir corriendo.

– Lo tengo. – susurró Harry.

– Excelente, Harry. Mantenlo en tu mente firmemente y luego deja que tu magia salga. Conviértete en el lobo, Harry. Cambia a él. Dolerá un poco al principio, pero es nada comparado con el maleficio Cruciatus.

Harry asintió y lentamente dejó salir su magia. Podía sentir los cambios mientras ocurrían a su alrededor. Sus dedos se separaron, y aunque doloroso, no era tan malo como pensó que sería. Podía sentir uñas enormes apareciendo en sus manos y los huesos empezando a cambiar de forma.

Harry abrió los ojos y vio como el cuarto se iba para arriba mientras él se encogía. Su espina dorsal cambió de forma, forzándolo a estar en manos y pies. Harry abrió la boca y sintió los dientes empujando hacia el frente dolorosamente. Harry trató de gritar pero su lengua creció, llenando su boca.

De repente el dolor se detuvo, y Harry se mantuvo quieto. El muchacho miró alrededor y parpadeó repetidamente. Todo se veía mas brillante y claramente. Podía ver de qué forma estaba hecho el sofá y hasta pelo de gato pegado a este.

Harry inhaló profundamente y por poco tose. Podía oler el desayuno en el otro cuarto, las flores en la ventana y el olor a jazmín que venía de la profesora.

Harry vio alrededor y vio sus patas nuevas. Se veían enormes, con garras espectaculares. Harry alzó una pata, volteándola y examinándola, moviéndola levemente hasta encontrar como controlarla.

– ¿Harry? – la voz se escuchaba alta, muy alta y él miró alrededor.

– ¿Por qué no das unos pasos?

Harry asintió y movió las patas de al frente… y por poco se cae.

– Tienes que hacerlo en cuatro patas. – escuchó decir a McGonagall, y podía escuchar que estaba casi riéndose.

Harry trató de nuevo, tropezándose un poco, hasta que se convirtió más natural para él. Era como nadar, en cierta manera, los movimientos innaturales e incómodos hasta que se le hizo más fácil y su cuerpo le decía qué hacer y como moverse.

Harry escuchó algo rodar por el suelo detrás de él y se volteó saltando. Gruñendo, saltó sobre lo que era, con sus garras afuera.

– Lo siento. – dijo Minerva, aunque Harry se dio cuenta de que no lo sentía en absoluto. Su voz estaba más abierta hacia él. Harry gruñó suavemente y miró para ver un juguete para gatos atrapado en sus garras.

Harry lo tiró y se concentró en caminar por el lugar.

Nunca se había sentido tan poderoso, nunca con tanta energía, como si pudiera correr todo el día y todavía poder proteger su camada y a su compañera.

Su compañera. Quería ver a su compañera, pero sabía que no podía. Todo parecía tan simple en ese momento. Proteger a su compañera, proteger a su camada y detener todo lo que se le metía al frente.

Harry gruñó de nuevo, un gruñido de advertencia hacia todos, al que se atreviera a ponerse al frente.

– Harry. – escuchó otra vez. – Quiero que te cambies de nuevo.

Harry se quejó un poco, no quería cambiarse de nuevo. Le gustaba estar así.

– Ginny no es una loba, Harry. – escuchó decir, y podía escuchar la diversión en la voz de ella. – Haz como hiciste antes, pon en tu mente la imagen tuya y deja que tu magia haga el resto.

Harry asintió y encontró su forma en su mente. Era diferente regresar, como ponerse un par de pantalones, cómodo y seguro.

– Wow. – dijo suavemente, mientras se ponía de pie. Harry miró alrededor y parpadeó. – ¿Y mi ropa donde está?

Minerva se echó a reír, echando la cabeza para atrás. – De todas las preguntas que podías hacer, Harry. Tu magia se encarga de la ropa, al igual que los lentes.

Harry asintió. – Eso fue increíble. – dijo. – Me sentía tan fuerte, como si nada se pudiera meter en mi camino. No me quería cambiar de vuelta.

– Todos nos sentimos así la primera vez. – dijo ella. – Se hace más fácil cada vez hasta que se convierte en parte de ti. Mañana trabajaremos tu otra forma. Ahora, debes de estar cansado. ¿Te gustaría dormir una siesta?

Harry asintió de nuevo. Ahora que ella lo mencionaba, se sentía cansado. El muchacho colapsó en el sofá que había examinado antes y se acurrucó. Un segundo mas tarde estaba dormido.


De: Min Victoriosa

Para: Filius

Asunto: Chico lobo

¡Lo logró!

¡Lo logró!

Estuvo magnifico.

Albus me dio una pista hace algún tiempo, sugiriendo que mirara a la relación de Harry con la magia. Resulta que él ya tiene esa habilidad. Solo le dije que hacer, le demostré una vez y dejé que él lo intentara.

Ahora mismo está dormido en mi sofá; mañana intentamos la otra forma.

Min

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ronroneando como una máquina de cortar grama  


De: Flitwick Filosófico

Para: Minerva Maravillosa

Asunto: Re: Chico lobo

¡Felicidades!

¿Cómo se veía?

F.


De: Min Mala

Para: Fil Frívolo

Asunto: Re[2]: Chico lobo

No te lo voy a decir. No te lo voy a decir. No le voy a decir a nadie para no arruinar la sorpresa.

M.

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todavía ronroneando


De: Minerva

Para: Albie

Asunto: Harry

Albus,

Harry ha completado de forma exitosa su primera transformación.

M.

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ronroneando feliz


De: Tu jefe

Para: miembro del staff

Asunto: Re: Harry

¿Y que más? Por favor, Min, detalles.

Albus


De: Sin mi no podrías correr la escuela

Para: Jefe obstinado

Asunto: Re[2]: Harry

Tampoco te lo voy a decir. Eso se lo dejo a Harry.

M

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chillido


Harry despertó de su siesta, sintiéndose refrescado. Miró su reloj y se estiró, antes de ponerse de pie y caminar hacia la cocina. – Nunca me había dado cuenta que tan duro los profesores tienen que trabajar.

Minerva levantó la mirada de las tareas que estaba corrigiendo. – ¿Me ayudas?

– Normalmente me encantaría. – dijo secamente Harry. – Pero tengo una cita.

– Seguro. – dijo Minerva haciendo una mueca. – Ven a verme mañana en la tarde y trabajamos en tu halcón.

Harry asintió. – Gracias por todo.

Ella le sonrió de vuelta. – Uno de los mejores regalos que un educador puede recibir es un estudiante que escucha y sobresale. Ahora, ve a tu reunión, tengo quince ensayos que corregir.

Harry asintió y se despidió, caminado fuera del alojamiento y dirigiéndose hacia el de Severus. Harry tocó a la puerta y entró cuando esta abrió.

– ¿Listo? – preguntó.

– Bastante. – respondió Severus con una leve sonrisa.

– ¿Nervioso?

– En cierto sentido sí. El primer amor es siempre especial, aún cuando las cosas no funcionen y Bella fue mi primer amor.

– Yo también lo estoy. – admitió Harry. – Este es el día que todo cambia. Si todo sale bien, tendré una espía en el círculo interior y mis planes estarán casi completos. – el joven pausó y se sacudió ligeramente. – Voy a Aparecernos a los dos en el borde del bosque. Creo que no debemos de ser vistos.

– Buena idea. – dijo Snape. – ¿Nos vamos?

Harry ofreció la mano y cuando Snape la tomó, Apareció a los dos a través de las barreras y dentro del bosque.

– ¿Sabe adonde hay que ir? – preguntó Harry.

– Esa es el tipo de pregunta que se hace antes de salir. – dijo Snape bromeando.

– Cierto es. – dijo Harry encogiéndose de hombros. - ¿Sabe donde es?

– Claro que sí. – respondió Snape. – Por aquí.

Los dos entraron en el bosque. A pesar de que era media mañana, el bosque estaba oscuro y se sentía opresivo.

Harry olió el aire de forma ausente, de repente dándose cuenta de que era el lobo dentro de él haciendo eso.  Podía oler algo, y se dio cuenta de que quería cambiar formas. Había algo en este bosque que llamaba a su otra forma.

Los dos siguieron en silencio hasta que Snape dijo. – Vengo aquí para buscar ingredientes para pociones.

Harry asintió y miró alrededor. – Puedo ver el porque. – dijo riendo. – ¿Es mas barato, verdad?

Snape asintió. – Albus odia ver si el presupuesto se gasta en cosas que los de tercer año convierten en basura.

Harry se rio suavemente.

– Aquí estamos.

Los dos entraron a un claro circular. Casi parecía un lugar de reuniones con árboles caídos rodeando el claro y un círculo de piedras en el medio. Harry camino hacia un lado y se sentó cómodamente.

– ¿Va a querer hablar con ella en privado? – Harry preguntó a Snape.

Snape pensó por un segundo y luego se encogió de hombros. – No lo se. – admitió. – Solo la he visto cuando estaba espiando estos últimos quince años.

Harry asintió y miró su reloj. Cuando el reloj dio la 1pm, ella llegó.

– Puntual. – dijo Harry secamente sin ponerse de pie.

– Potter. – dijo Bellatrix con una mueca desdeñosa, aunque parecía que era algo automático mas que otra cosa.

– Bella. – dijo Snape.

– Sev. – respondió Bellatrix, una ligera sonrisa asomando a su rostro.

– Bueno, usted todavía se ve hecha una mierda. – dijo Harry casualmente. – Azkaban no le favorece.

– Pues no. – dijo Bella. – Y no tengo ningún deseo de regresar allá.

– ¿Se da cuenta que en este momento, es mas seguro que le rompa el cuello de que la ayude?

– ¿Tú? – rio Bella burlonamente.

Harry se puso de pie, moviéndose tan rápido como pudo, forzándose a llegar hacia ella lo más rápido posible. Harry convocó su espada del salón del ED y se detuvo, quieto y mirando a los ojos de Bella, con la espada apuntando la garganta de ella.

Ella palideció dramáticamente y lo miró en shock absoluto.

– ¿Por qué no la mato ahora mismo? – demandó fríamente, mirando a la mujer que se había atrevido tratar de tocar a su Ginny.

Él vio el reconocimiento en los ojos de Bella, reconocimiento que usaría a su favor.

– ¿Severus? – murmuró ella pidiendo.

– No, Bella. – dijo Snape, detrás de él. – Las cosas han cambiado. Trabajo para él ahora.

– No lo se. – dijo Bella honestamente, contestando la pregunta original.

Harry se echó para atrás, mandando la espada de vuelta a su lugar habitual con un chasquido de los dedos. – Le tengo un trato de tómelo o déjelo para usted, Bellatrix.

– ¿Qué? – preguntó Bella con voz quebrada, cayendo de rodillas y con aire derrotado.

– Usted hace lo que yo le diga, y se la dará una segunda oportunidad cuando Voldemort sea derrotado. No se le dará carta blanca, solo una sentencia suspendida. Lo que eso significa es que usted me paga personalmente por sus crímenes.

– ¿Qué tengo que hacer?

– Usted va a espiar para mí. Usted hará lo que Sev hizo, y cuando el momento sea el adecuando, usted hará todo lo que tenga que hacer para que Voldemort haga lo que quiero que haga.

– Voldemort me mataría si descubre esto. – dijo Bella suavemente.

– ¿Y en que se difiere eso a lo normal?

Bella sonrió torcidamente. – En nada, en realidad. – dijo ella. – Has cambiado.

– Lo se. – dijo él. – ¿Tenemos un trato?

– ¿Si lo hago, me remueve la marca tenebrosa?

Harry asintió una sola vez.

– ¿Y me dejará vivir después?

– Tiene mi palabra.

– Lo haré. ¿Qué tal mi hermana?

– ¿Qué le pasa a ella? – preguntó Harry con frialdad.

– ¿Lo mismo puede aplicar para ella?

– Mientras más gente sepa, más peligro habrá para usted.

– Narcissa nunca le diría a nadie, ni siquiera a Lucius.

Harry suspiró suavemente. – Okey, le daré el mismo trato. Si ella puede persuadir a Lucius de apoyarla a usted cuando le diga lo que quiero, sería útil.

– Gracias. – dijo Bella, un poco incómoda diciendo la palabra.

Harry asintió. – Sev estará en contacto, yo no.

Bella asintió.

– ¿Sev? – preguntó Harry.

– Nada. – dijo el otro simplemente.

– Diría que ha sido un placer, pero estaría mintiendo. – dijo Harry. – Y está más que bienvenida a tratar de traicionarme. Sería retrasar mis planes, pero como quiera ganaré, y cuando lo haga, usted verá el porque Voldemort me teme. – dijo esto último con la voz más fría que pudo.

Bella asintió. – No lo traicionaré. – dijo simplemente. – Voldemort está otra vez en pie. Lucius le consiguió un tipo de poción que tenía guardada y parece que lo regresó a su estado humano. – ella le hizo una seña a Severus y se desapareció.

Severus caminó a donde estaba Harry y se sentó en el tronco de un árbol. – La ibas a matar. – dijo tranquilamente.

– Estaba echándomelas. – dijo Harry, colapsando en la grama.

– ¿Echándotelas? – preguntó Severus en shock.

– Absolutamente. – suspiró Harry. – Ella está acostumbrada a tratar con Voldemort, así que sabía que tenía que hacerle entender de mala manera. Ella necesitaba ver que yo era capaz de ofrecerle el futuro que ella quiere.

– Me asustaste.

Harry se encogió de hombros. – Pensé que lo haría. – dijo. – Por eso no le dije nada de antemano. Quería que su reacción fuera también genuina.

– Lo fue. – dijo Sev riendo. – Y mi lavandería apreciaría que nunca me hables de esa manera de nuevo.

Harry echó una risotada. – Necesito un trago. No esperaba que Voldemort se pusiera de pie tan rápido.

– ¿Las Tres Escobas?

– Buen plan. – dijo Harry.

– Te pago el almuerzo. – ofreció Snape.

– Allá te veo. – dijo Harry, Desapareciéndose de allí sin molestarse en ponerse de pie.


Después de almorzar, Harry se dirigió a la Biblioteca de Hogwarts, sintiéndose un poco cansado. Harry rio suavemente cuando vio una de las mesas. Había una línea de pelirrojos estudiando libros con sus parejas al otro lado.

Harry se acercó a Ginny silenciosamente. – Oye guapa. – ronroneó. – ¿Vienes aquí seguido?

Ginny no levantó la mirada. – A veces. – se dignó a contestar.

– ¿Te gustaría un trago? – preguntó el joven.

– No me interesa. – dijo Ginny, todavía sin levantar la mirada.

Los otros estaban mirando intensamente.

– Mi futuro esposo es bien celoso. – continuó Ginny. – A él no le gustaría que me vaya con cualquiera que me trate de levantar en la biblioteca.

– Él no me asusta. – dijo Harry riendo. – ¿Y que tiene de malo la biblioteca? – él se movió mas cerca de ella y rápidamente puso las manos bajos los brazos de ella y la levantó en vilo sobre la silla.

– Bájame, pedazo de bestia. – dijo Ginny dramáticamente.

– Oh no. – dijo Harry risueño. – Estoy probando que te puedo levantar en la biblioteca.

Ginny suspiró en voz alta. – Eso sí que fue un chiste flojo.

– Lo se. – dijo él girándola en sus brazos. – Pero tienes razón.

– Claro que la tengo. – dijo ella. – ¿Sobre qué?

– Soy celoso. – dijo Harry. – Y no te comparto con nadie.

– Muy bien. – Ginny sonrió y colocó los brazos alrededor del cuello de él. Ella lo haló y lo besó suavemente. – Como sea te quiero, con todo y los chistes flojos.

– Muy bien. – dijo Harry tal si fuera un loro.

– ¿Cómo te fue hoy?  

Harry caminó hacia la cabecera de la mesa y se sentó, con Ginny sobre el regazo. – Muy buenas reuniones. Las cosas van según planeadas. – les dijo a todos. – Las cosas se están colocando y la marea va a la dirección que quiero.

– Estas empezando a sonar como Dumbledore. – se quejó Ron.

Harry parpadeó y se echó a reír. – Vaya, gracias, creo. – dijo riendo. – Ahora que estoy en el otro lado de las cosas, entiendo el porqué Dumbledore habla como lo hace. Tiene perfecto sentido si conoces los dos lados de la historia.

– Como sea. – continuó Harry. – Charlie, vienes conmigo. El resto continúen.

– ¿Y yo que? – dijo Ginny con ojos de cachorrito.

– Donde quieras estar, amorcito. – dijo Harry.

– Buena respuesta. – apreció Ginny. – Me quedo investigando.


Harry se estiró y miró a sus cansados compañeros de biblioteca. Charlie había sido un estudiante animado, más que listo para salir corriendo antes de aprender a caminar, y Harry pasó bastante rato aguantándolo mientras a la vez lo empujaba. Como sea, el segundo de los Weasley tenía talento, y eventualmente podría comunicarse con los dragones.

– Muy bien, terminemos por hoy. – dijo Harry. – Hoy vimos demasiados libros y tenemos buenas pistas que seguir. Mañana tenemos escuela y trabajos así que a dormir se ha dicho.

– ¿Me cargas? – preguntó Ginny yendo hacia él.

– Siempre. – sonrió Harry. – Pero quiero hablar contigo a solas. Tengo algo que enseñarte.

– Apuesto a que sí. – dijo Charlie con una risita.

– ¡Por Dios, esa mente! – exclamó Harry.

Charle bufó burlón.

– Larguémonos de aquí. – suspiró Harry a Ginny. – Buenas noches a todos. – terminó él, mientras colocaba un brazo alrededor de Ginny y los Aparecía al Cuarto de los Requerimientos.

– ¿Por qué estamos aquí? – preguntó Ginny.

– No he sido franco contigo. – dijo Harry suavemente.

– ¿Qué quieres decir?

– No he estado tomando lecciones de occlumencia. He estado aprendiendo a ser animago con Min.

Los ojos de Ginny se abrieron de par en par. – ¿De veras? – se las arregló para decir.

Harry asintió. – No quería decirle a nadie todavía.

– Buen plan. – dijo ella sonriendo aprobando.

– ¿No estás enojada?

– ¿Me vas a enseñar, verdad?

Harry asintió.

– Entonces, claro que no estoy enojada. – dijo ella con una amplia sonrisa.

Harry se rio suavemente y sacudió la cabeza. El joven se movió al centro del lugar y se concentró. Como hizo antes, puso al frente de sí la imagen del lobo y se transformó. Esta vez fue más fácil.

Harry estiró su nuevo cuerpo y trotó hacia Ginny, oliéndola. Si hubiese podido, se hubiese echado a reír. Podía sentir un tenue olor de él en ella, marcándola como suya. Harry puso la cabeza en las rodillas de ella y la miró, dejándose llevar por el deseo de estudiarla desde ese ángulo y perspectiva diferente.

– Oh, Harry. – dijo ella suavemente. – Eres precioso.

Harry hizo un mohín, no muy seguro de que precioso era la palabra adecuada para él.

Ginny alargó la mano y le rascó la cabeza. Harry presionó la cabeza mas firme contra los dedos de ella, queriendo un toque mas firme. Harry giró un poco la cabeza y lamió los dedos de ella, haciendo que ella se riera. Ella sabía a limpia y fresca y suya.

– ¿Puedes caminar para mí? – preguntó Ginny.

Harry se alejó de ella y empezó a caminar por el Cuarto. A la que se acostumbraba a moverse de nuevo, empezó a trotar, acostumbrándose a los músculos que podía sentir, antes de salir corriendo lo más rápido que pudo. Muy pronto encontró como usar la cola para balance y como usar las garras para mantenerse de pie. Lo próximo que hizo fue brincar alrededor del lugar, pausando para mirarla y brincar de un solo salto hasta donde estaba ella.

Harry llegó donde ella y trotó a su alrededor.

– Eso fue increíble. – dijo Ginny sonriendo feliz. La muchacha se arrodilló y abrazó a Harry, escondiendo el rostro en el pelaje. – Mi precioso Harry. – murmuró.

Harry le ladró gentilmente y se apartó, volviéndose a su forma humana. – ¿Qué crees? – preguntó, recordando lo cansado que se sintió la primera vez que lo hizo. – Todavía me saca mucho. – confesó, aguantando un bostezo.

– Increíble. – Ginny dijo simplemente.  – Pero se nota que necesitas dormir.

– Verdad es. – admitió Harry mirando al sofá.

– Consigue una sábana, Harry. – dijo Ginny, quitándose los zapatos y acercándose.

Él asintió y se quitó los zapatos también.

Ginny sacó su varita y agrandó el sofá, hasta que parecía una cama. Ella lo hizo acostarse, quitándole la sábana. Con un movimiento experto de su muñeca, ella puso la sábana sobre él y luego gateó por encima hasta quedar acurrucada a su lado.

– Buenas noches. – murmuró ella, besándolo suavemente.

– Buenas noches. – murmuró él de vuelta, casi dormido antes de decir las palabras.


De: Las chicas de Harry

Para: Profesor Dumbledore

Asunto: Cuarto de Harry

Profesor, el cuarto de Harry está terminado. ¿Cómo va a hacer para entregárselo?

Las chicas


De: Albus P Dumbledore

Para: Destacamento Multi-casa

Asunto: Re: Cuarto de Harry

Cuidadosamente, es la palabra que me viene a la mente. Ahora que Dobby lo ha agrandado un poco, mas grande que el mío. No me gustaría que los otros profesores se sintieran mal por eso.

Les diré casualmente que los elfos se empeñaron en hacer el cuarto un poco más grande.

¿Ustedes estarán allí para darnos el tour?

A.D.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Blaise – de parte de las chicas

Para: Director escurridizo

Asunto: Casa

Profesor… ¿en cual casa estuvo usted cuando estudió en la escuela? Porque he notado tendencias decididamente de Slytherin de parte suya.

Blaise


De: Estimado Director

Para: Estudiantes Curiosas

Asunto: Re: Casa

Me temo que esa información es una a base de necesidad-de-saber solamente. Y nadie más necesita saber.

A.D.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Padma – con las otras

Para: Director, Hogwarts

Asunto: Re[2]: Casa

Eso sonó como un reto.

Considérelo aceptado señor.

Padma


De: Un Feliz Albus

Para: Jefes Felices

Asunto: El Colegio

Buenos días a todos,

Acabo de tener una maravillosa conversación por mensaje mágico con algunas de nuestras estudiantes de sexto año. Por primera vez, me vieron como algo más que el respetado director y me trataron como una persona. Lo encontré refrescante.

De todos modos, ahora están con la misión de saber a cual Casa pertenecí cuando vine a Hogwarts, así que por favor, no las ayuden.

Albus

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Una Cansada Min

Para: Tío Albie

Cc: Los otros jefes

Asunto: Re: El Colegio

Me alegro por ti. Aunque por qué tuviste que decirme esto tan temprano, no lo se. Mientras no se olviden que eres el Director.

M – la que va a tratar de dormir cinco minutos más

--
Haciéndome un ovillo  


De: Tío Albie de hecho

Para: Tía Min

Cc: Los que no gruñen

Asunto: Re[2]: El Colegio

Tú sí que eres de hablar, Min – tú la que invita a Harry a compartir desayuno – tu tienes una casa llena de gente que se te puede acercar. Como director, yo tengo que caminar una línea fina, para que no se vea que favorezco a ninguna casa – y siendo el director, significa que no he podido pasar el tiempo que me gustaría pasar conociendo a la próxima generación de adultos que estamos adiestrando.

A veces ser director es un trabajo en solitario. Tomé este trabajo porque me gusta enseñar, y me gusta ver a los niños convertirse en adultos. Correr la guerra me ha alejado de todo eso y el hecho de que finalmente estoy en un punto donde la gente se siente libre para hablarme me llena de gozo.

Albus.

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: El ahora despierto Sev

Para: El Viejo solitario y los otros

Asunto: Re[3]: El Colegio

Si quiere ayudar, siéntase en la libertad de asistir con mi clase de pociones de primer año.

S.

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Pommie la que también se despertó

Para: Sev – y el resto

Asunto: Re[4]: El Colegio

Aquí me estoy riendo sobre mi café. Pero Snape tiene razón, Tío Albie. Cuando todo este lío con Voldemort se termine, ¿Por qué no empieza a enseñar de nuevo?

P


De: Semi-despierto  Flitwick

Para: Tío Albie

Cc: el trío bromista

Asunto: Re[5]: El Colegio

Estoy de acuerdo con todos – regrese a algo que le gusta hacer. Le caerá a las mil maravillas.

FF


De: Albus Excitado

Para: Maravillosos (si acaso bromistas) colegas  

Asunto: Re[6]: El Colegio

Lo haré. Y creo que pasaré la mañana refrescando en algunas cosas. El reporte para Fudge puede esperar.

AD

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


Harry se despertó lentamente y sonrió mirando al techo. Podía sentir a Ginny a su lado y oler el pelo de ella. Era algo relajante y excitante ya que estaba lo suficientemente despierto para disfrutarlo.

Harry pasó sus manos por la espalda de ella suavemente sobre la camiseta verde que ésta tenía puesta antes de mirar su reloj.

– Gin. – murmuró suavemente.

– No me quiero despertar. – farfulló Ginny, presionando la cara en el hombro de él. – Caliente, cómodo, hueles bien.

Harry se rio suavemente. – ¿Vamos a desayunar?

– Preferiría tenerte. – murmuró ella.

– No tenemos el tiempo.

– Nunca tenemos el maldito tiempo. – gruñó Ginny. – Tan pronto como Tommy-maldito-Riddle esté muerto, espero que me lleven a un sitio calmado y tener al menos una semana con Harry Potter solo para mi; la ropa será opcional.

Harry se movió un poco, tratando de ocultar que mucho le gustaba la idea.

La mano de Ginny se posó casualmente sobre el pecho del muchacho. – Así que no soy la única que le gusta la idea.

– Bruja. – suspiró Harry.

– Tu bruja. – dijo Ginny. – Y no lo olvides.

– Como si pudiera. – dijo Harry.

– Muy bien. – Ginny se sentó y le dio un beso ligero. – Necesito una ducha. – dijo suspirando.

– Yo también. – comentó Harry.

– ¿Compartimos una? – ofreció Ginny.

Harry debatió consigo mismo. Por un lado quería ver a Ginny desnuda. Quería tocarla desnuda. Básicamente quería hacer todo lo que Canuto le dijo sobre estar desnudo. Pero por el otro lado, tenía mucha hambre, ya que no comió la noche anterior y tenía pociones a primera hora esa mañana.

Su mente decidió cuando escuchó el estómago de Ginny rugir. – Duchas a solas. – dijo con firmeza. – Luego a desayunar y entonces podremos hablar sobre la conservación del agua.

– Un tema que suena muy interesante. – Dijo Ginny, risueña. – Y que tomará mucha acción de parte nuestra.

– Absolutamente. – Harry colocó el brazo sobre ella y los Apareció de vuelta a la torre Gryffindor. Estaba vacía con todos los estudiantes desayunando.

– Apresúrate. – dijo él sonriendo.

Ella asintió y salió corriendo escaleras arriba.

Harry la vio irse y se dirigió a las duchas de los varones, casualmente tirando sus ropas en el cesto de la ropa sucia.

Después de una ducha rápida se sentía mas despierto, si acaso con más hambre. Harry caminó hacia su dormitorio y buscó su uniforme. Después de un segundo deliberando, decidió no ponérselo, en caso de que algo pasara hoy. Harry se puso una camisa verde oscura y un par de pantalones, con la túnica de la escuela por encima.

Harry pasó los dedos sobre el pelo y caminó de vuelta a la sala común, a esperar a Ginny.

Ésta se apareció minutos mas tarde, con las túnicas abiertas, mostrando el uniforme debajo.

Harry se puso de pie y le besó lentamente. – Mm, fresco menta. – murmuró.

Ella se echó a reír. – Besos más tarde, comida ahora.

– Seguro. – dijo Harry riendo. – Se mejor que meterme entre una Weasley y su comida.

– ¿Qué quieres decir con eso? – demandó Ginny.

Harry los Apareció casualmente al Gran Salón. – Nada. – dijo con aire inocente.

– Ajá. – Ginny dijo. – Buenas. – saludó ella a Ron y Hermione. – Les recomiendo que Harry los transporte alrededor de Hogwarts. Es mejor que caminar.

– ¿También podremos dormir con él? – preguntó Lavender mas abajo en la mesa.

– No. – dijo Ginny con firmeza. – Eso es reservado para mí.

– ¿Qué tal no dormir con él? – preguntó Parvati.

– La oportunidad sería mejor. – gruñó Ginny.

Ron tenía una expresión en la cara, mitad broma, mitad alivio, y mitad remordimiento. – Ustedes dos de veras que necesitan alejarse de aquí. – farfulló.

– Seguro que sí. – dijo Ginny en acuerdo.

– Y tan pronto Voldemort aprenda las diferentes formas en que se puede usar un tridente, lo haremos. – dijo Harry.

– ¿Pero saben lo que es extraño? – preguntó Ron. – El hecho de que es lunes, tenemos pociones a primera hora y que de veras quiero ir.

Hermione y Harry se echaron a reír, y Hermione le dio un beso en la mejilla. – Nunca cambies. – dijo ella con cariño. – ¿Vas a estar en clase hoy?

– Eso espero. – respondió Harry. – La absorción de la Cerveza de Mantequilla debe salir bien.

– No puedo esperar a que llegue a Hogsmeade. – dijo Lavender. – No quiero volver a tocar la cerveza vieja de nuevo.

– Que bien. – dijo Harry. – A los gemelos les encantará escuchar eso. – Harry alargó la mano y llenó su plato.

– ¿Hambriento? – preguntó Ron.

– Anoche no comí. – dijo Harry, encogiéndose de hombros. – Y usé mucha magia. Me podría comer un venado crudo.

Hermione le frunció el ceño. – Por favor, estoy comiendo.

– Lo siento. – dijo Harry con una risita, y un poco perturbado porque la idea de comerse un venado crudo le parecía buena. Debe de ser el lobo dentro de él, pensó para sí, mientras se comía cuatro salchichas.

Harry abrazó suavemente a Ginny por un segundo y luego atacó su desayuno con ganas. Tenía mucha hambre, y si se concentraba lo suficiente, podría comer sin parecer un animal.

Harry terminó su plato y exhaló suavemente. – Mucho mejor. – dijo con una sonrisita.

– Creo que nunca te he visto comer tanto. – dijo Ginny, sonando sorprendida.

– Tenía hambre. – explicó Harry de nuevo.

– Ya lo vimos. – dijo riendo Hermione.

– Harry. – la voz del profesor Dumbledore los interrumpió. – Tus habitaciones están listas. Te las voy a mostrar hoy después de la cena, y te daremos tu itinerario de lecciones también.

– Gracias. – dijo Harry con otra sonrisa.

– Mas vale que te apresures, no vayas a llegar tarde a clase.

Harry miró alrededor, sorprendido de ver que eran los únicos en el lugar.

– Vamos. – dijo a los otros. – Te veré al mediodía. – le dijo a Ginny.

Ella sintió y le dio un abrazo rápido antes de salir corriendo.

Harry brincó sobre la mesa y agarró los hombros de sus dos amigos y rápidamente los Apareció al sótano de pociones.

– Ginny tiene razón. – dijo Ron risueño. – Es mejor tomar el Harry.

– ¿Tomar el Harry? – preguntó éste. – ¿Acaso ahora soy un taxi?

Hermione resopló. – No, hueles mejor que un taxi.

Harry gruñó y levemente los empujó, abriendo la puerta.

– Tomen asiento. – dijo Snape casualmente. – Esperaba que llegaran tarde, considerando el tamaño del desayuno que te comiste.

– Nah. – dijo Ron riendo. – Él quemó la mitad del desayuno cuando brincó sobre la mesa y nos Apareció aquí.

– Estoy aquí, saben. – recordó Harry.

– Lo sabemos. – apuntó Hermione. – Pero estamos hablando de ti, no contigo.

– Vaya, gracias. – se quejó Harry.

Snape hizo una mueca. – Vamos, tomen asiento.

Harry tomó asiento y rápido miró cuando su notificación de mensajes se activó.


De: Super-espía

Para: Maestro Espía

Asunto: Espía

Harry, tienes un maldito espía en Hogwarts. Alguien que debió haber escuchado algo esta mañana. Voldemort acaba de recibir un mensaje hace unos minutos y ordenó a un grupo de mortífagos para que ayudaran a Lucius con algo. No se lo que es, pero sí se que hay un trasladador envuelto.

Bella


De: Los gemelos en problemas

Para: Harry

Asunto: ¡Ayuda!

¡Harry, necesitamos ayuda ahora!  ¡Estamos en la primera fábrica de cerveza de mantequilla y un chorro de mortífagos se apareció!  Estamos luchando con los duendes. ¡Apresúrate!

--
Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Lord Voldemort

Para: Nott

Anexo: direcciones.pmt

Asunto: Venganza

Nott,

Llévate mañana un escuadrón de mortífagos para esta dirección. Captura a los familiares de Potter y mata a los padres de Dean Thomas – les vamos a demostrar a todos lo que sucede cuando me desafían.

Cuando los tengas, le enviaré un mensaje a Potter, demandando que me ruegue por la vida de su familia.

--
Victoria o Muerte  

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Author Notes:

Bueno, ha pasado tiempo desde la última vez. Para aquellos preguntándose, he estado escribiendo otras historias, juntando a Harry con otros personajes y digamos que esta historia la puse un poco de lado.
Como siempre, mi agradecimiento a Elsielann, Pixiellie, Musings, RDPrice, Camille y Grey Wizard por su tremendo trabajo ayudándome con esta historia. Cualquier error que se quedó es mío.
Bueno, basta de verborreas, que siga el espectáculo.
Notas de Arios: pos, eso mismo….

¿145 páginas? Y yo que juré que no escribiría más que el capítulo anterior.
Pos, que se le va hacer. Aquí aproveché y maté otro cliché. ¿Por qué en fanfiction a Harry no se le permite tener un día libre sin ser atacado?
Hice algunos errores en el capítulo anterior, uno de esos fue el cambiar el segundo nombre de Kingsley, y usar algunas palabras fuera de contexto.
También dije que seguiría usando a Blaise hasta que hubiera una fémina Slytherin decente… bueno, cuando miré bien, me di cuenta de que existía una Daphne Greengrass. Pero, como sea, como yo empecé esto antes de que se confirmara el sexo de Blaise, decidí dejarlo como estaba.
Así que tenemos un espía en Hogwarts. Pobre Harry, debería haberse acordado que la gente habla. ¿Alguna idea de la identidad del espía? Las pistas están en la historia.
Para discusiones y otras cosas me pueden encontrar en mi yahoogroup: http://groups.yahoo.com/group/jeconais_fanfiction/
Este es el penúltimo capítulo, solo falta uno mas. Todas las piezas están cayendo en su lugar, todo lo que necesitan es un empujoncito.
Les prometo que no habrá otra espera tan larga para la parte final, porque quiero terminar esta historia antes de que HBP llegue.

~*~

(1) Fred Vonsexjaimer y George Bestasalvajus – mis intentos de que se lea como alemán y las obvias connotaciones sexuales. Obviamente Fred y George son, como diría Austin Powers, two sexy beasts.

(2) Brote – juego de palabras. En ingles brote se dice “Sprout”

(3) Chiste del fandom en inglés: OBHWF = One Big Happy Weasley Family.

(4) Algo así como el “tira y tápate” que se juega en Puerto Rico. Pero en este, todos se tiran con una seria de bolas y si la bola te pega, estás fuera. Vean la película dodge ball para mas referencias.

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