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De: El que está en la ventana

Para: El que tiene guantes de velcro

Asunto: De vuelta al trabajo

Lunático, viejo amigo, viejo amigote, viejo amigotote. Este fin de semana fue divertido, mas divertido que lo que tuve en años de perro, pero ahora estoy de vuelta al trabajo, y me siento de maravilla.

Estoy en Cornwall en este momento, olfateando una pista (en serio).

Siri.

-- Guau

De: No soy galés.

Para: El que mueve la colita

Asunto: Re: De vuelta al trabajo

Entendí la mayoría de tu mensaje, con todo y que tu inglés está fallando.

De hecho, ¿es posible que sigas algo sin que estés olfateando?

Una para los académicos, de seguro.

Estoy en Kent. Vi a alguien que parece ser un Mortífago (tenemos que hablar con Harry sobre el crear un encantamiento para escanear de seguro desde la distancia).

Remus.

De: No estoy en venta

Para: Gruñón

Asunto: Re: Re: De vuelta al trabajo

Veo que alguien se levantó del lado equivocado de la cama.

Oh, espera, estamos casi en luna llena, ¿verdad? Y les va tomar a Harry y a los otros algo de tiempo en lo que encuentran la cura para esto.

Muy bien, dejo de enviar mensajes por el momento, tengo cosas que hacer, etc.

Paso por allá el miércoles. Iremos al bosque prohibido como lo hacíamos antes.

Sirius.

De: Remus

Para : Sirius

Cc: Harry

Asunto : Luna Llena.

Gracias. Voy a estar en La casa de los Gritos esta noche si me necesitan.

Remus.

De: La persona más importante que tiene Harry en el ministerio

Para: La persona más importante que Harry tiene en los Aurores

Cc : Hombre dragón y Hombre Maleficio

Asunto: Inspección

Solo para dejarles saber que los voy a necesitar el miércoles cerca del mediodía. Tengo un trasladador que nos llevará directo.

Kingsley, trae a Tonks, y cualquier Auror que confíes plenamente.

Bill, Charlie, necesito que se acuerden de sus días de antaño y le pasen por encima a quien sea que se nos meta en el medio.

Necesitamos darles duro, rápido y pedir disculpas luego en caso de que nos hayamos equivocado.

Apuesto hasta mis dientes que nos están escondiendo algo.

Percy

-- La información de este mensaje mágico es confidencial y puede ser privilegio legal. Este mensaje es únicamente para el destinatario original. El acceso a este mensaje mágico por cualquier otra persona no esta autorizado. Si usted no es el destinatario, cualquier revelación, copia o distribución u otra acción tomada u omitida en relación con el mensaje es prohibida e ilegal.

De: Los dos hermanos

Para: Su alteza

Cc: Kingsley

Asunto : Re: Inspección

Estaremos listos. Charlie va a traer algo de su equipo de dragón para mayor efecto.

¿No te duele el cuello?

B&C

-- Draconis dominium

De: Hombre-Auror

Para: Hombre-Político

Cc : Hombre Dragón y Maleficio

Asunto : Re: Re: Inspección

Nah, su cuello ya no le duele. Con suficiente práctica uno soporta a lo que sea.

Tengo una lista de Aurores que ya aclaré con Amelia. Siempre y cuando no matemos a un inocente, no habrá problemas.

Kingsley

-- Los Aurores lo hacen mejor, la primera vez y cada vez

From: Percy

To : Los otros

Subject : Re: Re: Re: Inspección

Jajaja, que risa me da.

Ustedes traten de lidiar con estas víboras todos los días. Con algunos de ellos me dan ganas de chequear mis dedos después de un apretón de manos.

El juego de la política es para adultos, chicos, ustedes resuelven sus problemas con maleficios y los puños, yo tengo que usar la palabra y la intimidación, y soy muy bueno para eso.

P.

-- La información de este mensaje mágico es confidencial y puede ser privilegio legal. Este mensaje es únicamente para el destinatario original. El acceso a este mensaje mágico por cualquier otra persona no esta autorizado. Si usted no es el destinatario, cualquier revelación, copia o distribución u otra acción tomada u omitida en relación con el mensaje es prohibida e ilegal.

De: “Los otros”

Para: Percival

Asunto: Re: Re: Re: Re: Inspección

Lo sabemos, igual te queremos.

C&B

-- Draconis dominium

La reacción de Harry a los mensajes mágicos de Fred y George y Bellatrix fue corta, fuerte y dejó a Hermione frunciendo el ceño en disgusto.

Harry se puso de pie con un brinco. – Tenemos un maldito espía aquí. – dijo con una mueca. – Severus, cuando regrese, vamos a tener que juntar cabezas y ver que podemos inventarnos. Alguien le pasó al Gran Cretino mis planes para hoy.

Severus asintió. – ¿Puedo ayudar en algo?

Harry pausó por un segundo. – Mantenga su correo mágico cerca. Les echo un grito si necesitara ayuda. No quiero soplar nuestras fuerzas si no tengo que hacerlo.

– ¿Adonde vas? – preguntó Hermione.

– Hasta que este lugar tenga encantamientos anti-auditivos, no puedo decirte. – Respondió Harry. – Confío en casi todos aquí en la escuela, así que presumo que es un espía externo. Pero podría estar equivocado. De todos modos, trataré de regresar para el almuerzo.

Por poco se ríe ante la expresión hosca de sus amigos cuando se Desapareció. El joven apareció luego en el salón de McGonagall.

– Lo siento, profesora. – dijo disculpándose. – Tengo una emergencia y necesito la ayuda de Ginny.

McGonagall alzó las cejas de forma inquisitiva.

– Hable con Severus tan pronto pueda. Él le explicará. – dijo Harry mientras se acercaba a su futura esposa y le ponía las manos sobre los hombros. Segundos más tarde, los dos estaban en el vacío.

– ¿Dónde estamos? – preguntó Ginny.

– En el único lugar seguro para poder hablar. – dijo Harry suspirando. – Este es por donde viajas cuando te Apareces. Estamos aquí porque hay un espía en Hogwarts. Bellatrix me lo acaba de decir. Fred y George están en problemas. Al momento están batallando contra un grupo de Mortífagos con los Guardias de los Duendes. Vamos para allá en el medio de una batalla. Mantén tu cabeza abajo; recuerda agacharte y luchar con fuerzas.

Ella lo miró ladeando la cabeza. – ¿Por qué me viniste a buscar? – preguntó con suavidad.

– Porque te prometí que no me iría corriendo sin ti de nuevo como la otra vez.

Ella le sonrió con alegría, antes de darle un beso ligero. – Te quiero. – murmuró ella, y lo soltó. Ginny se quitó las túnicas, mostrando que debajo de ellas, había decidido no vestir el uniforme escolar.

Harry la tomó y le echó un hechizo enviándola a la habitación de ella en la Torre Gryffindor.

– ¿Lista?

– Siempre. – dijo ella, asintiendo con la cabeza.

Harry tomó la mano de ella y los dos reaparecieron afuera de un enorme almacén. Harry levantó su varita y creó un escudo, para luego mirar alrededor. Se habían perdido de la batalla por unas veinte yardas, mientras Mortífagos enmascarados tiraban maleficios a un grupo de duendes hacia la izquierda de Harry. En el centro del grupo había dos cabezas pelirrojas, significando la locación de Fred y George.

Ginny empezó a moverse hacia ellos, pero Harry la agarró colocando su mano sobre el hombre de ella. – No nos esperan. – dijo con calma, y lanzó otro hechizo. – Estamos invisibles, así que ¿Por qué no nos movemos detrás de los Mortífagos?

Ginny se volteó para sonreírle. – Me encanta cuando te pones escurridizo. – le susurró de vuelta, y empezó a trotar hacia el frente, moviendo de arriba para abajo, para mantener el ruido lo mas posible.

Harry la miro por un segundo, tomando tiempo que quizás no debía, antes de imitarla y seguirla.

Los Mortífagos un tanto sorprendidos por los maleficios que los Duendes les estaban lanzando, empezaron a lanzar Maleficios Asesinos mientras hablaban sobre que hacer luego.

– ¿Lista? – preguntó Harry, lo mas callado que pudo.

Ginny asintió.

Harry respiró hondo, esperando saber lo que estaba haciendo y canceló el hechizo de invisibilidad.

Los dos estaban como a quince yardas de los Mortífagos antes de que éstos se dieran cuenta que tenían gente detrás.

– Detrás de nosotros. – uno de los Mortífagos chilló, y mostrando una inteligencia mas baja que la de un perro, todos ellos se dieron la vuelta para enfrentar al nuevo enemigo, lo cual los dejó completamente abiertos para la retahíla de hechizos de los Duendes y los gemelos Weasley.

– Retirada. – uno de los Mortífagos anunció. Todos activaron sus trasladadores y todo el mundo se despareció un segundo mas tarde.

Harry se volteó, recorriendo sus ojos sobre Ginny para asegurarse que estaba bien. Ésta se echó a reír y dio la vuelta completa con los brazos abiertos.

Harry le sonrió mientras los Duendes se les acercaban.

– Interesante manera de empezar el trabajo. – uno de los duendes gruñó. – Creo que logramos matar a varios de ellos.

– Harry. – dijo Fred alegremente. – Se te olvidó decirnos que los guardias que nos enviaste resultan ser una de las divisiones elite de los Duendes.

– Ajá. – añadió George. – Nos cubrieron antes de que terminaran de Aparecerse y sus escudos son fenomenales.

Harry se volteó hacia el Duende que le había hablado. – Gracias. – dijo simplemente.

– Se nos paga para hacer un trabajo. – gruñó el Duende para luego hacer una mueca. – Y además, muchos de nosotros queríamos matar Mortífagos desde hace buen tiempo. Mi hermana se disgusta cuando el dinero deja de llegar y eso es malo para los negocios.

Harry le sonrió al Duende. – Es bueno saber eso. Voldemort de seguro torturará a los que se fueron. Le disgusta la cobardía. Le agradecería si le puede dejar saber a Mackrack que va a recibir muy pronto una visita de parte de Malfoy. Ellos van a decir que teníamos guardia de Duendes, tratando de salvar cara. No funcionará, lo cual es algo bueno.

Ginny le dio un codazo suave al estómago de Harry.

Harry se encogió de hombros ante ella. – Fred, George, tenemos un espía en Hogwarts, así que asegúrense no decir lo que no deben en los correos mágicos, y me los dirigen personalmente a mí.

– ¿Tienes idea de quien pueda ser?

Harry negó con la cabeza. – Confío en todos los que estaban en la mesa conmigo esta mañana, así que pienso que hay alguien con algún tipo de encantamiento auditivo.

Fred asintió. – Toma nota, querido hermano.

– Tomo nota. – dijo George, mientras sacaba una libretita para escribir algo. – Cuando tengamos un momento, algo nos inventaremos para detener eso. Podemos hacer algo con los hechizos que usamos para hacer las Orejas Extensibles, pero al revés.

– Buen plan. – dijo Harry con aprecio. – Y bien, creo que tenemos unos documentos que entregar.

El Duende que estaba al mando sonrió y se dirigió hacia la puerta del almacén. Éste sacó un hacha y la lanzó contra la puerta. La puerta se quebró. – Toc, toc. – dijo el duende.

Harry rió por lo bajo.

– ¿Qué quieren ustedes? – un hombre alto demandó tan pronto apareció por el agujero creado por el Duende.

– A nombre de los verdaderos dueños de la cerveza de mantequilla, estamos aquí para demandar el que ustedes cesen y desistan toda la elaboración de este producto ilegal inmediatamente.

– ¡No puede hacer eso! – chilló el hombre.

Fred se acercó y le alargó unos pergaminos.

El hombre se les quedó mirando, resopló una vez y rompió los pergaminos. – ¿Ustedes no tienen idead de con quien se están metiendo, ah? – dijodesdeñosamente.

– Claro que sí. – dijo Harry echando un paso adelante. – Y si Lucius quiere jugar feo, ya sabe donde encontrarme.

El Duende hizo unas señas de manos y los otros duendes gritaron, un sonido ronco y gutural que hizo que a Harry se le pararan los pelos. Entonces, los duendes se empezaron a moverse.

En perfecta sincronización éstos se movieron hacia la puerta, con hachas en mano. El hombre lanzó una especia de chillido y se salió del medio.

Harry siguió a los Duendes y observó cuando empezaron a destruir la maquinaria, ignorando los chillidos y gemidos de los trabajadores.

– ¿Sabía que destruir pergaminos oficiales de los Duendes es contra el Acuerdo de los Duendes de 1872? – Harry preguntó al hombre caído. – Ellos como que esperaban que usted hiciera eso.

– Deténgalos. – chilló el hombre.

– ¿Para que? – preguntó Harry. – Está haciendo una bebida ilegal para un Mortífago, y como sabe para quien trabaja, no le tengo la más mínima simpatía. Fred, se buenito.

– Claro, cariño. – dijo Fred y brincó sobre el hombre en el suelo. – Ay, perdón. – se disculpó con la sonrisa mas deshonesta mientras posaba una rodilla sobre el estómago del hombre. Fred agarró el brazo del hombre y lo examinó. – Caramba, no tiene marca.

Harry hizo un mohín. – Desafortunadamente, no podemos arrestarlo por asociarse con los Mortífagos.

– ¿Qué tal si le impedimos que se reporte a ellos? – preguntó Ginny.

– ¿Cómo?

– Hazlo una bomba. Si contacta a los Mortífagos, explotará, llevándose al que sea que esté con él.

El hombre en el suelo se puso completamente blanco.

– Oh, buena idea. – dijo Harry apuntando su varita hacia el hombre. Fred brincó para salirse del medio cuando una luz azul cubrió al hombre por un segundo. – Muy bien, ya se puede ir. – dijo Harry como si nada.

– ¡No me puede hacer esto! – protesto.

– Lo acabo de hacer. – dijo Harry, colocando un brazo alrededor de Ginny

El hombre se tambaleó cuando se puso de pie, le espetó una mirada fea y Desapareció.

– ¿No era en serio? – preguntó George.

– Claro que no. – dijo Harry. – Increíble lo que un simple hechizo de luz puede hacer. Si ustedes dos se pueden hacer cargo de aquí, yo me regreso para la escuela.

Ryan Crys gruñó para sí mismo mientras se Aparecía a la casa de contacto más cercana. Si el estúpido chiquillo pensaba que un simple hechizo de luz le iba a detener a que se reportara, era más bruto de lo que parecía. Pero como sea, sus habilidades teatrales le habían permitido escaparse para poder reportarse.

No había tenido un día así de malo en años. No desde que Lucius lo contrató para correr la planta de cerveza de mantequilla. Era una licencia para hacer dinero, y lo había estado haciendo a manos llenas. Hasta había sido honesto y no se había burlado de los jefes. Claro está, Lucius había señalado que al Señor Tenebroso le disgustaba la gente que trataba de defraudarlo, y tendía a lidiar con esos de forma personal. Que lo maldijeran hasta la muerte no era algo que quisiera que estuviera al tope de su lista.

Se había sorprendido cuando la puerta principal se la volaron; era una de las desventajas de los encantos silenciadores alrededor del lugar. Hacer cerveza de mantequilla a escala industrial era un negocio ruidoso y maloliente.

– ¿Sr. Crys? – su contacto, Mathew Veridian, le preguntó. – ¿Qué está haciendo aquí?

– Necesito hablar con Lucius, Matt. – respondió éste. – Es urgente.

Matt asintió y se volteó hacia el Flú, tirando algo de polvo para llamar a Lucius.

– Matt, Ryan. ¿Qué sucede? – preguntó Lucius.

– Tuve un maldito percance con Potter. – dijo Ryan. – El maldito mocoso trató de detenerme en que reportara lo que había pasado usando un rayo de luz y diciendo que yo explotaría si contactaba a un Mortífago.

Tristemente, esas fueron sus últimas palabras, ya que una explosión recorrió su cuerpo, matándolos a él y a Matthew en un abrir y cerrar de ojos. La conexión de Flú absorbió casi toda la descarga antes de apagarse, dejando a un Lucius ligeramente aturdido y sordo a unas cuantas millas de distancia.

Harry apareció de vuelta a Hogwarts, aterrizando cerca del lago. – Pensé que podríamos caminar un poco. – dijo él.

Ginny asintió y deslizó su mano en la del joven. – ¿Por qué fue tan fácil la batalla?

– Sospecho que Voldemort no esperaba a los duendes, y no envió a mucha gente importante. Muchos de sus Mortí-morones de alto rango son todavía parte de la sociedad, porque tienen que mostrar la cara de cuando en cuando.

– Así que tuvimos suerte.

– Sí. – suspiró Harry. – Vamos a tener que hacer algo al respecto. Depender de la suerte es algo tonto.

– Es buena tenerla, verdad.

– Absolutamente.

Los dos caminaron en silencio hacia Hogwarts, ninguno con la necesidad de decir algo tonto solo por hablar. Los dos se dedicaron a disfrutar las cosas simples de la vida: el caminar tomados de la mano y disfrutar del panorama.

Una vez adentro, se separaron con un beso ligero, y Harry se regresó a su clases de Pociones.

– ¿Se resolvió la crisis? – le preguntó Snape tan pronto Harry tomó asiento.

– Por el momento. Los duendes mataron algunos Mortífagos. – dijo Harry. – Y estoy seguro que algunos están actualmente experimentando lo que sucede cuando le fallan al Gran Cretino.

– Sentiría pena por ellos. – dijo Snape. – Si no fuera porque se lo merecen.

Harry le sonrió. – ¿Dónde nos quedamos?

– Pociones sanadoras, Harry. Las instrucciones están en el pizarrón.

Harry asintió y frunció el ceño cuando vio el pizarrón, antes de gruñir y lanzar un hechizo. Las instrucciones en el pizarrón parecieron volar para entonces reformarse en una letra más legible.

– ¿Tenías que usar esa letra? – protestó Snape.

– Es la mejor que he visto. No pienso usar la de mi madre, la de ella es peor que la de usted.

– Va contra mis principios el usar la letra de James para lo que sea. – gruñó Snape en voz baja.

Harry le sonrió con picardía. – A lo mejor puede tomar lecciones.

– Silencio, tú. – ordenó Snape.

– Sí, profesor.

Ahora que por fin podía leer lo que se suponía que hiciera, Harry siguió las instrucciones al dedillo, y muy pronto tenía su poción cociendo. Harry miró alrededor; Draco estaba en la parte de atrás, sin ninguna expresión en el rostro, mientras trabajaba solo y en silencio.

El rubio subió la mirada y sus ojos hicieron contacto visual con Harry, y el muchacho se ruborizó un poco para luego bajar la mirada.

Harry le rogó a cuanta deidad había por ahí que el rubor no fuera por atracción. Harry se regresó a su trabajo luego de un ligero temblor.

De: Belleza Real

Para: Oscura y Peligrosa

Asunto: Mi hijo

¿Esto es lo que gano?

Dejo que Lucius se encargue de la crianza de mi hijo, y resulta que él se convierte en uno… uno… ¡uno de esos!

Supongo que ese tipo de cosas corre en la familia; ciertamente explica el porqué Lucius necesitaba ayuda mágica en la cama.

Debería estar agradecida que nunca me pidió que me vistiera como hombre.

¿Qué se supone que haga ahora, Belle? A pesar de todo, es mi hijo, y las dos sabemos que LV no es exactamente la persona más tolerable.

Narcissa

-- Más quecualquiercosa

De: Rosa Negra

Para: Rosa Blanca

Asunto: Los machos Malfoy come-hombres

¿Qué tiene ese linaje? ¿Por qué no pueden hacer las cosas de la forma tradicional, como el tener un affaire aquí o allá, ir a un prostíbulo y cosas así? No, tenían que ser diferentes.

Creo yo que es el pelo. Son demasiado orgullosos de eso.

Te lo dije Cis, que una rubia no debía haberse casado con otro rubio. De seguro le gustaste porque tu pelo se veía más bonito que el de él.

Así que juzgando por el tono de tu mensaje, ¿no te sorprenderías mucho si te dijera que a lo mejor tengo una forma de salir de este lío?

B.

De: Marfil

Para: Ébano

Asunto: ¿Oh?

Cuenta, cuenta.

N.

-- Más que cualquier cosa

De: Reina Oscura

Para: Princesa Rubia

Asunto: Re: ¿Oh?

Digamos que hice un trato con alguien que puede remover la Marca Tenebrosa, y puede que haya negociado tu libertad a la misma vez.

El precio no es barato, ¿pero que cosa es?

B

De: Jinete pálida

Para: Águila oscura

Asunto: Re: Re: ¿Oh?

Te adoro, Belle. ¿Llegué a decirteeso?

¿Qué quiere Potter que yo haga?

Narci

-- Más quecualquiercosa

De: La astuta

Para: La inteligente

Asunto : Juegos de espías

Al momento es algo de espionaje lo que estoy haciendo. De todos modos, él nos va a decir que estemos seguras de influenciar a LV/LM en hacer lo que él quiera. Hacemos eso, a mí me quitan la marca, y puedo tener una mejor vida… y tú puedes tener mejor vida también.

Belle – yo te adoro también

De: La pura

Para: La manchada

Asunto: ¿Y después qué?

No quiero aguarte la fiesta ni nada, pero tú has sido un poco entusiasta apoyando a LV desde hace años. ¿Qué va a pasar cuando todo esto se acabe?

N.

-- Más que cualquier cosa

De: La ciega

Para: La que ve cosas

Asunto: Re: ¿Y después que?

Debí haber seguido tu consejo.

Y no lo hice.

Para ser honesta, no sé. Apuesto galeones contra knuts que ya Potter decidió. ¿Y lo peor de todo? Que de seguro será honorable y justo y no tendré razón para odiarlo.

Malditos Gryffindors.

B

De: La reflexiva

Para: La impulsiva

Asunto: Odio decirte Te lo dije

Pero te lo dije.

Le voy a enviar un mensaje a Potter y le diré que cuente conmigo. Veré que puedo encontrar sobre ti.

Los Gryffindors tienen muchos problemas, pero al menos son (generalmente) honorables.

N.

-- Más quecualquiercosa

De: La mamá de Draco

Para: El hijo de Lily

Asunto : Oferta

Sr. Potter,

Ha llegado a mi atención que podría yo ofrecerle algo de ayuda.

¿A lo mejor podemos discutir detalles?

Narcissa Malfoy

-- Más que cualquier cosa

De: HJP

Para : Sra. Malfoy

Asunto : Re: Acuerdo

¿Sabebailar?

H.

-- Audaces fortunajuvat

De: La educada Sra. Malfoy

Para: El brusco Sr. Potter

Asunto: La brevedad no es siempre el alma del ingenio

Sr. Potter, algunas palabras más no le hubiesen matado.

Y claro que sé bailar, soy sangre pura.

Narcissa Malfoy

-- Más que cualquier cosa

De: Un poco ocupado para jugar con gente que están en problemas

Para: La persona que tiene problemas

Asunto: ¿Una sangre pura que sabe de Shakespeare?

1) Contacte a Lucius, dígale que encontró la manera de infiltrarse en la escuela, una de sus amigas le mencionó que alguien en Hogwarts está buscando un tutor privado de baile, y su amiga descubrió que soy yo.

2) Venga a Hogwarts a las 3:15. Yo la veré en la puerta. Podemos pasar una hora mientras usted me enseña a bailar, y discutimos cosas en persona.

3) No le diga a nadie en Hogwarts a qué es lo que viene.

H.

-- Audaces fortunajuvat

De: Un poco aturdida

Para: El que aturdió (no son bromas)

Asunto : Oh.

¿Está seguro que no debió haber sido Slytherin?

Narcissa Malfoy

-- Más que cualquier cosa

De: Narcissa

Para: Mi marido

Asunto: Infiltrarme en Hogwarts

Lucius, me han traído a colación que existe una oportunidad para poder infiltrarme en Hogwarts si actúo de forma rápida. A uno de mis contactos se le pidió que pusiera un anuncio para una instructora de baile para dar lecciones privadas en Hogwarts. Mi contacto husmeó por ahí y encontró que las lecciones son para cierto Gryffindor que se ha metido en tu paso par de veces en el pasado.

Si me muevo rápido, podré agarrar el “trabajo” antes que el resto se entere de que está disponible.

Espero tus instrucciones.

Narcissa

De: Lucius

Para: Mi Lord

Asunto: Potter

Anexo: mml.mml

Mi lord, por favor aquí tiene un mensaje que acabo de recibir de mi esposa.

Su siervo,

Lucius

De: El Señor Tenebroso Voldemort

Para : Narcissa Malfoy

Cc: Lucius

Asunto : Oportunidad

Narcisa, infíltrese en Hogwarts inmediatamente.

Me alegra su iniciativa. Es bueno saber que al menos alguien en su familia tiene un cerebro.

L.V.

-- Victoria o Muerte

Fred y George se miraron mutuamente. – ¿Listo?

– Absolutamente. – replicó Fred.

Los dos estaban afuera de Las Tres Escobas, casi sin ganas de abrir la puerta. El pub estaba lleno a rabiar de gente disfrutando su almuerzo.

– No hay mejor momento que el presente. – Fred dijo y abrió la puerta de sopetón, invitando a George a que pasara con un ademán.

Un silencio absoluto recorrió el lugar cuando ellos entraron, aunque se podría decir que en parte se debía a que estaban acompañados de Duendes.

– Madame Rosmerta. – dijo Fred en voz alta. – En nombre de los verdaderos dueños de la marca registrada de la cerveza de mantequilla, insistimos en que usted deje de vender esta porquería inmediatamente.

– ¿Dejar de vender la cerveza de mantequilla? – alguien de la multitud gritó. – ¡No pueden hacer eso!

George brincó sobre la barra y observó a los parroquianos.

– ¡Claro que podemos y es por el bien de todos ustedes! Desde hace mucho tiempo los Mortífagos han estado controlando lo que beben y forzándolos a beber esta bazofia para que ustedes siguieran ayudando financiar su terrorismo. Tenían el mercado controlado, y ustedes no tenían otra opción más que beber este veneno.

– Bueno, no más. Con la ayuda de nuestro buen amigo Harry Potter, y con la receta de la cerveza de mantequilla creada por el que la inventó originalmente, hemos decidido hacer algo al respecto. – George le hizo señas a uno de los Duendes, el cual salió afuera y regresó rodando un barril, el cual colocó sobre la barra con un gruñido.

– Usted, buen señor. – dijo Fred, agarrando a la persona que se quejó. – ¿Por qué no es el primero fuera de Hogwarts en probar esta ambrosia líquida que debió haber estado tomando todo el tiempo?

El hombre resopló y se acercó a la barra, tomó el tarro que George le ofreció, y la olió varias veces. El hombre se encogió de hombros y se acercó el tarro a los labios, tomando varios sorbos largos.

– ¿Y bien? – alguien de la multitud preguntó.

– ¿Usted dijo que Potter está involucrado en esto? – demandó el hombre.

George asintió. – Él encontró al hombre con la receta y financió la operación.

– Creo. – dijo el hombre con firmeza. – ¡Que Potter es un genio! ¡Esta cosa es fenomenal!

– Bebidas gratis para todos. – exclamó George.

Fred se acercó a Madame Rosmerta. – Hablemos de negocios por un segundo, somos los poseedores legales de la marca registrada de la cerveza de mantequilla. Le abasteceremos los primeros seis meses bajo su contrato actual, y luego negociamos por el suministro continuo. Para hacerle a usted las cosas más fáciles, le compensaremos por cualquier pérdida de lo que le queda de la cerveza vieja.

– No hay apuro, Fred. – dijo Rosmerta con una ligera sonrisa. – Si Harry está involucrado, todos haremos una fortuna con esto, y de todos modos me iba a llegar un pedido. – Rosmerta buscó debajo de la barra y sacó una botella vieja verde. – Déle esto a sus amigos Duendes, lo van a agradecer.

– Usted es una dama de talento raro. – dijo Fred con una pequeña reverencia.

Rosmerta le sonrió. – Una buena cantinera se asegura que sus clientes tengan que beber.

Fred asintió. – ¿Cuantos barriles necesita?

– Treinta a la semana para empezar, pero mejor me reserva el doble de eso. Puedo ver un auge en los negocios si todo el mundo quiere probar la cerveza nueva.

– Ya metimos el producto en Hogwarts y a los chicos les encantan.

Ella sonrió. – Esto es el comienzo de una relación muy lucrativa.

– Eso esperamos. – dijo Fred.

– Permiso, ¿podría tener algunas declaraciones para el Quisquilloso?

– El Sr. Lovegood, presumo. – dijo Fred.

– Horatio Lovegood, a sus órdenes. – dijo el hombre con una reverencia. – ¿Podría preguntar quien es su socio en esta empresa? ¿El correligionario que condimentó esta comprensivamente consumible, cautivadora cocinada condimentación? (1)

– Aberforth Dumbledore. Cuando él inventó esta cosa, un miembro de la familia Malfoy se robó una de las primeras recetas y la registró, por eso Abe no la pudo vender. Y esa es la razón principal por la que Abe se alejó del Mundo Mágico.

– ¿Y el Sr. Potter fue el que descubrió estos pérfidos perversos y ha prometido el perseguirlos a nombre de la voz popular? – insistió Horatio. (2)

Fred se quedó parpadeando de sorpresa por un segundo. – Sí, eso hizo. Harry investigó el enlace entre esta cochinada que es la cerveza falsa de mantequilla y los Mortífagos. Cuando encontró el enlace, Harry se embarcó en buscar como salvarnos de esta basura y se tropezó con Aberforth Dumbledore.

– Harry probó esta cerveza cuando lo conoció y reconoció de forma instantánea su potencial como bebida que el mundo mágico iba a gustar, así que nos presentó con el hombre, nos financió para que pudiéramos lanzar este nuevo producto.

– Cerveza de Mantequilla Original de Abe el Honesto estará próximamente a la venta, y aunque se podrá comprar todavía la otra cochinada, no será bajo la marca registrada de la cerveza de mantequilla.

Horatio asintió y guardó la pluma que estaba usando para tomar notas. – Usted ha lidiado con la prensa antes. – dijo él dejando las aliteraciones.

– En realidad, no. – admitió Fred. – Pero Abe me enseñó, ya que él sí lo ha hecho.

– Ah, sí. – dijo Horatio con una risita. – Recuerdo la última vez que entrevisté a Abe. Era la vez que lo arrestaron junto con Albus, algo que ver con el equipo de mujeres de balompié de Brasil, 30 galones de barro caliente y un sindicato de apuestas.

– ¿Qué dijo Abe? – preguntó Fred con los ojos abiertos de par en par.

– Creo que sus palabras exactas, cuando le pregunté que había pasado fueron las siguientes: “Mi hermano, tan ilustrado como extraño, persuadió a las bellezas centrocampistas brasileñas el botar toda amargura banal, y al hacer eso, rompió defensas y barricadas, dejando total confusión y beneficiando a un buen hermano.”

– ¿Él dijo todo eso? – preguntó Fred con duda.

– Indudablemente. – replicó Horatio con solemnidad. – Luego le pregunté como fue que los agarraron a él y a Albus y sólo dijo esto: “En mi defensa, estaba muy pero que muy borracho.”

– Adelante, Harry. – dijo Minerva cuando escuchó el toque en la puerta.

Harry sonrió cuando entró y se sentó en el sofá. – ¿Cómo es posible que este sofá sea tan cómodo? – preguntó el muchacho. – El otro sofá así de cómodo lo tiene Abe, y él se lo robó de la China.

Minerva sonrió. – Este sofá era de Albus, pero estaba bajo la impresión que su “full” le iba a ganar a mis cuatro “jacks.” Estuvo una semana con berrinches por eso.

– ¿Los profesores jugando póker en la escuela?

– ¿Qué crees tú hacemos los profesores durante las vacaciones de verano?

– ¿Emborracharse, ir a fiestas locas y celebrar su libertad?

– Bueno. – dijo Minerva después de una pausa. – Eso también.

Harry se echó a reír.

– ¿Te has cambiado a tu forma de lobo otra vez?

– Par de veces. – admitió Harry. – Cada vez se hace más fácil.

– Debería. Bueno, vamos a verlo.

Harry asintió y se puso de pie, cayendo hacia el frente en un solo movimiento. Para cuando ya había tocado el suelo, ya estaba cambiado.

– Bravo, Harry. – aplaudió Minerva. – Ahora de vuelta.

Harry decidió pavonearse un poco, y se giró para brincar de vueltas al sofá, cambiando en el aire. Harry aterrizó de forma torpe, y se sobre balanceó, terminando de espaldas y mirando al techo.

Minerva se rio mientras el chico se ruborizaba y se sentaba otra vez. – Me tomó una semana el perfeccionar mi brinco sobre mi escritorio. – admitió ella alegremente. – ¿Estás listo para tratar el halcón?

Harry asintió con ganas.

– Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer, esto no debe de ser diferente. Llama al animal y te juntas a él.

El joven asintió de nuevo y cerró los ojos. El halcón pareció salir de su consciencia, como si hubiese estado celoso del lobo y estaba esperando por su turno.

El dolor que sintió al cambiar fue diferente y mucho más intenso. El halcón era un animal más pequeño y eso significaba que más de sus huesos tenían que achicarse. Harry dejó salir un grito agudo cuando terminó el cambio.

– Oh, Harry. – dijo Minerva suavemente. – Eres un halcón Harris, con colores muy inusuales. Ten. – ella sacó su varita y transformó un pedazo de papel en un espejo para el muchacho.

Harry se miró a sí mismo. Era casi del todo negro alrededor de la cabeza y los hombros, y sus alas y patas eran de un tono verde. Harry frunció el ceño cuando vio una pluma fuera de lugar y se dobló, picoteando para ponerla en su sitio.

– ¿Te sientes bien?

Harry la miró y dejó salir otro chillido, este de alegría.

– ¿Por qué no tratas de volar? No te vayas muy lejos o trates de volar propiamente. Dejemoslascosas simples por el momento.

Harry alargó sus alas lentamente, tratando de sentir como funcionaban, y que músculos tendría que usar. Harry posó sus alas para abajo y se tropezó para atrás ante la respuesta inesperada.

Harry se movió para el frente un poco y aleteó de nuevo, preparándose para la presión otra vez. Harry se movió al frente y trató con fuerzas de no caer en pánico cuando cayó al suelo. Harry aleteó de nuevo y su descenso se detuvo. Harry guardó sus alas y aterrizó, un poco con fuerza, antes de asentir para sí mismo.

Al igual que como el lobo, mientras menos pensaba al respecto, mejor funcionaba. Su cuerpo sabía lo que tenía que hacer, y lo haría si él lo permitía. Harry apartó sus alas y aleteó varias veces, lo mas fuerte que pudo.

Harry gritó en bochorno cuando se tuvo que mover violentamente para evitar el techo, luego para evitar chocar con un enorme reloj. El halcón alargó con sus garras para posarse en el topo del guardarropa de Minerva.

– Si hubiese pensado mejor, habríamos hecho esto en otro lugar con más espacio. – admitió Minerva.

Harry asintió hacia ella, apartó sus alas y se movió hacia el sofá, donde se cambió de vuelta a su forma humana. – Ay.

– ¿Doloroso? – preguntó ella.

Harry asintió. – Pero genial. Encuentro gracioso que mis ojos trabajan mejor en mis dos formas animales que en la humana… – éste pausó para ordenar sus pensamientos. – No creo que estas formas sean menos que la humana. ¿Entendió eso? Es más bien como si fueran otra parte diferente de lo que soy. No estoy explicándome muy bien.

– Al contrario, Harry, sí lo haces. Muchas veces he pensado en quedarme en mi forma de gato más de lo que soy y un día de estos, cuando esté ya vieja, de seguro hago eso. Los que no son Animagos no pueden entenderlo de la misma manera. Cuando encuentras tu animal es como encontrar una parte de ti que estaba faltando y que no sabías que estaba.

Harry le sonrió a ella. – Exacto, eso mismo es. Yo espero que Gin sea capaz de hacer eso. Odiaría el no poder compartir esto con ella.

– Bueno, cuando tengas un poco más de experiencia, siempre puedes tratar de enseñarle.

De: Gatúbela

Para: Gnomo

Asunto: Oh sí, soy la mamita

Un halcón cambiado de forma exitosa. El chico también entiende lo que es ser Animago.

También le di un reto – enseñarle a la Srta. Weasley cómo convertirse en una animaga. Te apuesto a que ella es al menos una loba, si no los dos animales.

Min

-- Prrrrrrrrrr

De: Fili

Para: Minnie

Asunto: Re: jerga

Ni siquiera voy a intentar el entender el asunto.

¿Supongo que no debería señalar que las posibilidades de la Srta. Weasley en ser cualquiera de los animales es tan probable como el que Voldemort de convierta en un dentista?

F.

De: Minx

Para: Felix

Asunto: Re[2]: jerga

Sólo porque tú “no eres parte de” (de qué, no lo sé) no quiere decir que el resto no lo seamos.

Claro que la idea es absurda. No hay razón para que la Srta. Weasley sea una animaga; después de todo, no ha habido un animago Weasley o Prewett en siglos.

O no debería. De todos modos, como ya sabemos, tan pronto Harry se involucra, las reglas cambian y él adquiere lo que se propone.

Y él quiere compartir esto con ella.

Y francamente, si él de alguna manera le da energías de magia pura a ella, entonces él puede buscar la manera de hacerla animaga.

Es así de simple.

Min

-- Prrrrrrrrr

De: David (el Gnomo)

Para: Minnie la Minx

Asunto: Te puedo ver en un suéter de rayas

De seguro tienes razón.

F.

De: Min

Para: Filius

Asunto: referencias a la cultura popular

Vaya, Filius. ¿Todos estos años y nunca me dijiste que leías al Beano?

Min

Fue con cierto grado de ansiedad que Narcissa Malfoy subió los escalones legendarios que daban a Hogwarts.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que ella caminó por este sendero. Se dio cuenta de que echaba de menos a la vieja escuela más de lo que pensaba.

Las cosas en ese entonces eran más simples. Ella estaba enamorada de su novio, tenía una hermana traviesa que adoraba, y el mentor de su novio, Voldemort, iba a parar en seco todas esas necedades de que los nacidos Muggle podían ir a Hogwarts. Después de todo, había otras escuelas de menor rango a la que podían ir.

Veinte años más tarde, su único hijo era gay, su esposo pasaba demasiado tiempo en sus rodillas frente a Voldemort, el parar en seco la necedad de los sangre-sucia envolvía el derramar mucha sangre que ella en realidad no aprobaba y la pérdida de mucho de su dinero que definitivamente no aprobaba, y su hermana estaba que trataba a la cordura como si fuera algo que pudiera tomar o dejar – y frecuentemente se olvidaba de que existía.

Ella se detuvo cuando un elfo doméstico se le apareció al frente. – Por aquí. – dijo el elfo de forma brusca.

– ¿Dobby? – preguntó ella con sorpresa.

Dobby giró la cabeza y la miró de arriba abajo, para luego resoplar de forma desdeñosa y llevarla en silencio hacia unas escaleras.

– Gracias Dobby. – dijo Harry, cuando Narcissa entró a un salón de clases enorme. El lugar tenía una radio a un lado, y todos los muebles se habían colocado contra las paredes.

– Dobby está feliz de servir. – dijo el elfo de forma solemne antes de desvanecerse.

– Debería hablar con su elfo. – dijo Narcissa fríamente. – Ese tipo de comportamiento da un mal ejemplo.

– Al contrario, Sra. Malfoy, creo que Dobby se mantuvo bastante restringido. Al menos no la maldijo.

– ¿Esa criatura maloliente maldecirme?

Harry la miró largamente. – Usted sí que es una persona desagradable ¿verdad?

– ¿Perdón?

– No, no creo que lo haré. La arrogancia no es un rasgo atractivo, y tampoco lo es el vivir de la fortuna acumulada por sus ancestros.

Narcissa abrió la boca.

– No se moleste. – dijo Harry. – Veremos como sobrevive en el mundo real. De seguro lo encontrará muy educativo.

– ¿Qué quiere decir? – demandó Narcissa, el estómago sintiéndolo de repente como si quisiera explotar mientras miraba al joven pelinegro al frente de ella.

– Su querido esposo olvidó renovar su propiedad sobre la marca registrada de la Cerveza de Mantequilla y, digamos que ahora me pertenece, y que tenemos un producto superior en el mercado. Sus ingresos han sido cortados, si es que no han sido eliminados del todo.

– En adición, me temo que cuando estaba presentando unos documentos a la planta principal de cerveza, hubo un pequeño altercado, y todo el equipo fue destrozado por unos Duendes sobresaltados. Fue algo desafortunado, pero claro, el manejador rompió unos documentos muy importantes. Tomará algo de dinero y esfuerzo el reemplazarlo todo.

Narcissa se le quedó mirando boquiabierta en horror, mientras tropezaba contra la puerta.

– Todo ese apoyo a Voldemort es caro, ¿verdad? Y sin un flujo de dinero seguro, ¿Cómo van a pagar todos sus sobornos?

Harry se dirigió hacia el radio y lo encendió. Música suave con aires clásicos llenó el salón.

– ¿Qué es lo que quiere? – preguntó Narcissa cuando pudo respirar. Ella se movió hacia la izquierda y se sentó en el borde de una mesa, moviendo de forma inconsciente los hombros hacia atrás y mirando a Harry por las pestañas. Era una mirada que ella usaba para salirse de problemas todo el tiempo, y todavía la usaba cuando lidiaba con subordinados. Ella la usaba antes con Lucius, pero éste se la pasaba mas interesado en Voldemort últimamente y no estaba prestando atención donde hacía falta, y el perder su dinero de esa manera era casi criminal.

– Yo lo mato. – murmuró ella para sí misma, mientras mas pensaba sobre las consecuencias graves de lo que le acababan de decir. – Él está de viaje hasta mañana. Idiota descuidado.

– Oh, Dios santo. – susurró Harry.

– ¿Perdón? – preguntó Narcissa.

– Oh no, Sra. Malfoy. Oh no.

– ¿Qué sucede?

– Sra. Malfoy, usted no… quiero decir, usted no espera…

– ¿Qué? – preguntó Narcissa, empezando a confundirse más.

– Quiero decir. – tartamudeó Harry. – Usted en realidad no pensó en algo así.

– ¿En que?

– ¿Usted que piensa?

– Bueno, no sé. – dijo ella, convencida de que a Harry había perdido el juicio.

– Por Dios, Sra. Malfoy. Aquí estamos. Usted insulta a mi elfo doméstico. No pideunabebida. Yo… pongo música. Y ahora empieza a decirme sobre su vida personal y me dice que su marido estará fuera por varias horas.

– ¿Y qué?

– Creo que está tratando de seducirme.

Narcissa miró a Harry boquiabierta, incapaz de pensar en que decirle. Ella abrió la boca, pero no pudo pensar en que palabras usar para ponerlo en su lugar.

Harry de repente echó una risotada, mientras se sentaba en una silla y sacaba una bebida. – Brindo por usted Sra. Malfoy. – dijo Harry. – Jesús la ama más de lo que usted cree.

– ¿De que demonios habla usted?

– Ese es el problema con los sangre-pura. – suspiró Harry. – Son tan insular que hacen que hasta me duelan los dientes. Los Muggles tienen entretenimientos maravillosos y todo esto me pareció como una escena de una de sus películas.

– ¿Una película? – preguntó ella alzando la voz.

– Sí. Divertido, ¿verdad?

– No encuentro esto nada de divertido.

– No. – dijo Harry. – Usted no. No tenga mala impresión. Con todo y lo atractiva que aún es, no se le compara a Ginny.

Narcissa hizo una mueca desdeñosa y abrió la boca.

– Diga algo y me aseguro de que pase la noche en Azkaban. – interrumpió Harry calmadamente.

Narcissa gruñó por lo bajo. Ella sacó su varita y se conjuró una bebida. Narcissa tomó un sorbo largo de su whiskey y miró al muchacho que estaba al frente de ella con algo de respeto. La había sacado de tiempo, la bromeó y la detuvo en seco cuando iba a insultar a la hija del traidor de sangre.

– Bravo, Sr. Potter. – dijo ella mientras colocaba su vaso. Ella iba a retomar el control de esta conversación aunque muriera en el proceso.

– Harry, por favor. – dijo él, bajando la cabeza en una semi reverencia.

– Harry. – dijo ella, inclinando la cabeza. – Me tiene en desventaja.

– ¿Yo, Sra. Malfoy? – preguntó él, haciendo cómo que estaba en shock.

A ella no le gustaba como él decía su nombre, lo hacía sonar como algo insolente. – Usted conoce de cosas que me influencian que yo no sé.

– Ah, eso. – dijo él lentamente. – Verá, el problema, Sra. Malfoy, es que usted particularmente no me cae bien, hasta hace poco quería matar a su hermana, detesto a su esposo y apenas tolero la presencia de Draco. Desafortunadamente, la necesito. Bueno, necesito a Bellatrix y ella me rogó que la incluyera a usted en el trato.

– ¿Así que, por qué no me dice lo que quiere, considerando los hechos que le acabo de dar, y partimos de esa premisa?

Narcissa se puso de pie lentamente y caminó hacia él. Ella levantó una silla y se sentó al frente del muchacho, con la espalda derecha. – Esto no fue lo que esperaba. – admitió ella.

– No. – dijo Harry. – Pero esta maldita guerra está interfiriendo con mi vida amorosa, y ya me está molestando, y acabo de tomar una lección dolorosa y esta mañana descubrí que hay un espía en Hogwarts, así que no estoy en el mejor de los ánimos en este momento.

– Eso fue un poco de demasiada información. – murmuró Narcissa. – Permítame decir de antemano de que aunque sí apoyé al principio algunas de las metas de Voldemort, nunca he matado o herido a alguien físicamente y tampoco he tomado la Marca Tenebrosa.

– Apoyar a través de la inacción es algo diferente. – apuntó Harry. – Pero no es relevante en este caso.

– Gracias. – dijo Narcissa. – A pesar de las peculiaridades curiosas de mi hijo, todavía sigue siendo mi hijo y lo quiero. Él nunca tomará la Marca. No sería aceptado si tratara, ya que Voldemort desaprueba de los estilos de vida alternativos.

– Voldemort desaprueba de prácticamente todo. – señaló Harry.

– Sobretodo. – dijo ella con una sonrisa leve. – Quiero la Mansión Malfoy, mi hijo, y mi herencia de la familia Black. Sirius me la negó para evitar que Lucius le pusiera las manos encima. En ese entonces estaba perturbada por eso. Pero ahora, estoy agradecida. Lucius ha probado ser un incompetente manejando el dinero.

– A cambio, yo haré lo que usted me diga, y me divorcio de él si sobrevive.

Harry la miró pensativo. – No mencionó a Bellatrix.

– Mi hermana, con todo y que la quiero, solo tiene un dejo de cordura. También ha matado a mucha gente. No quiero estar atada al destino de ella. Haré lo que pueda por ella, pero no a riesgo de mi propia libertad.

– Un curso de acción sabio. – dijo Harry. – No le voy a dar ninguna garantía para el futuro de ella. Tengo algunas ideas, pero para ser honesto, bailar con el diablo no es un pasatiempo placentero. Creo, Sra. Malfoy, que tiene un trato.

Narcissa sonrió lentamente. – Gracias. Usted no es lo queesperaba.

– Rara vez lo soy. – dijo Harry encogiendo los hombros de forma descuidada. – Lucius tampoco piensa mucho sobre mí, ¿verdad?

– Creo que lo ha llamado un mocoso inocente de vez en cuando. – dijo Narcissa.

Harry le sonrió lentamente. – Y de seguro conoce sobre Ginny, ¿verdad? – continuó Harry.

Narcissa asintió una vez. – Y él sabe que los dos no han estado, digamos, de forma íntima todavía.

Harry alzó las cejas.

– Durante el altercado con Cho Chang, la Srta. Weasley hizo unas declaraciones muy públicas de cómo están ustedes.

– Claro. – murmuró Harry. – ¿Se sentiría cómoda vistiendo faldas cortas?

Por segunda vez, Narcissa sintió que la conversación estaba yendo en una dirección para la cual no estaba preparada. – Sr. Potter, agradecería si dejara todo estos acertijos y llegara al punto.

Harry le sonrió. – Usted me va a seducir.

Ella se le quedó mirando boquiabierta y patidifusa ante la idea. – ¿Qué yo haré qué?!

– Mientras usted me enseñaba a bailar, no pudo evitar el darse cuenta de la reacción que la proximidad del baile produce, y como usted no tiene la Marca Tenebrosa, y habló mal de Lucius también, yo puedo confiar en usted… un poco. Al mismo tiempo, usted sabe que odio a su hijo y a su esposo, y puede adivinar que estaría más que dispuesto a jugármela una por encima de ellos. Y claro está, usted sabe que estoy frustrado.

– Yo le daré algo de información decente para que le pueda pasar a Voldemort y a su esposo, cosas que normalmente no le diría a nadie más, excepto que sea, claro está, mi compañera.

– Muy astuto. – dijo ella lentamente. – Lucius creerá eso, porque claro está, sería algo que él haría.

– Sobretodo. – dijo Harry. – Usted, claro, le asegura a su esposo que nunca permitiría que las cosas lleguen muy lejos, pero que tratará y sacará toda la información que pueda sacar de mí.

– Yo voy a querer mantenerlo en secreto por mi lado, así que la entramos a escondidas, pero si usted se viste correctamente, para seducir a un chico inocente, tendría la coartada perfecta para decirle cuanta basura yo quiera a Voldemort.

– Bravo. – murmuró ella. Estaba más que impresionada; el plan estaba de acuerdo con la forma de operar de Voldemort y Lucius y en el proceso garantizaba la seguridad de ella. – ¿Y mi hermana?

– Bellatrix estará a salvo porque ella no tendrá que pasar nada de información.

– Gracias, Sr. Potter.

– Oh, por favor. – dijo Harry. – Ahora sí que puede llamarme Harry. – éste pausó. – Dígale a Voldemort que soy un animago lobo.

– ¿De veras?

Harry asintió. – Sí. Lo haré público esta noche. Deberá de cementar lo que diga hoy.

Ella rio por lo bajo. – Esta ha sido una conversación muy estimulante. – dijo ella. – Pero creo que es hora de que empecemos a lo que vine hoy.

Harry se le quedó mirando confundido.

– Bailar, Harry. Le voy a enseñar a bailar. Toda persona en sociedad debe de ser capaz de navegar el salón de baile, y sospecho que usted será muy importante en sociedad.

Ella se puso de pie de forma graciosa y caminó hasta el medio del salón. Narcissa levantó la mano izquierda. – Empezaremos con un vals básico. – dijo ella con firmeza. – Venga, póngase al frente mío y coloque su brazo derecho alrededor mío.

Ella vio con alivio que, por un breve segundo, el joven se ruborizó levemente.

– ¿Cómo demonios me meto yo en estos líos? – se preguntó Harry a sí mismo.

– ¿Qué clase de líos? – preguntó Blaise cuando dio la vuelta a la esquina.

Harry la miró y suspiró. – No quieres saber. – murmuró el chico.

– Obviamente sí. – señaló ella. – De otro modo, no sería una Slytherin.

– Al menos no tengo que chequear mis dedos cuando lidio contigo. – señaló Harry. – Pero digamos que algo de malhumor, una película que vi unos años atrás y una imaginación sobre activa todo puesto a la vez no es necesariamente algo bueno.

– Me encantaría escuchar.

– Gracias, Blaise. – dijo Harry suavemente. – Pero creo que hay una sola manera de manejar esto propiamente. La forma Gryffindor. Pero, cambiemos el tema. ¿Cómovatodo?

– Muy bien, en realidad. – dijo ella alegremente. – Estoy a cargo de Slytherin, Parkinson tiene miedo de moverse, y Draco, bueno, es algo más flamboyán, pero una versión más inocua de lo que era antes.

Harry asintió. – Me alegro que estés de mi parte. – dijo simplemente.

Ella le sonrió.

– Te veo más tarde. Me tengo que ir a pedir clemencia.

– Pon un encanto sobre tus rodillas. Lo hace más fácil. –aconsejó Blaise. – Y le dices hola a Ginny de mi parte.

– Gracias. – dijo el muchacho a secas y se marchó.

Ginny estaba en la sala común de Gryffindor, podía sentir la presencia de ella y el hecho de que estaba relajada. Él entró y se le acercó. – ¿Podemos hablar por unos minutos?

– Puedes tener más de eso. – dijo ella con una sonrisa mientras se ponía de pie.

– ¿Tu cuarto?

Ella asintió y subió las escaleras alegremente. Harry rio suavemente y flotó tras de ella, pensando en lo fácil que sería una vez que pudiera hacerlo como halcón.

Harry cerró la puerta tras de sí y la encantó.

– Estás nervioso. – dijo ella cuando se sentó en el borde de la cama.

– Digamos que dejé que una buena idea me pasara por encima. – confesó el joven. – ¿Sabes que ayer hablé con Bellatrix?

Ginny asintió.

– Bueno, hoy hablé con Narcissa.

– Muy bien.

– Y necesitaba una manera de darle información que ella pueda pasar a Voldemort.

– ¿Qué se teocurrió? - animó Ginny.

Harry miró a sus pies. – Ella me va a seducir. – murmuró él, esperando por la explosión.

La explosión vino pero no como la esperaba, ya que Ginny soltó la carcajada para dejarse caer de espaldas sobre la cama. – Es genial. – dijo ella como pudo mientras reía sin parar.

Harry la miró con sorpresa.

Ginny se levantó a medias sobre un codo. – Harry, ella es lo suficientemente mayor para ser tu madre, es una Mortífaga de facto, es la madre de Draco, y dudo mucho que te sintieras atraído hacia ella bajo ninguna otra circunstancia.

– Cierto. – dijo él en acuerdo.

– Pero. – dijo ella con perspicacia. – Un poco de garantía no estaría de más.

– ¿Oh?

– Tenemos al menos media hora antes de la cena. – dijo ella de forma sugestiva. – Y puedes pasar ese tiempo persuadiéndome de que soy la única chica que te interesa.

Harry estaba a punto de asegurarla verbalmente cuando se detuvo en seco. – A lo mejor tienes razón. – dijo él yendo hacia la cama y colocando una rodilla al lado de las piernas de ella.

Ella le sonrió de forma pícara y levantó los brazos invitando. – Normalmente la tengo. – señaló ella alegremente.

De: Narcissa

Para : Lord Voldemort

Cc: Lucius

Asunto: Reporte

Mi Lord,

Me reuní con el Gryffindor como acordado y él se sorprendió un poco al ver quien sería su maestra de baile.

Se molestó un poco al principio pero pude calmarlo sin muchos problemas.

Al principio estaba poco dispuesto a bailar conmigo, y aunque pensé que era una reacción natural, descubrí rápido que la razón era más divertida que eso.

Parece que nuestro pequeño Gryffindor está un poco frustrado con su relación con la hija del traidor de sangre, y sus pasiones, y si acaso sus emociones, están apuntando hacia otro lado.

Si yo fuera, digamos, vistiendo ropas mas aventureras, y continúo con las lecciones, no tengo la menor duda en mi habilidad para ganarme su confianza.

Me las arreglé para sacarle un poco de información, el chico se ha convertido en un animago lobo.

Narcissa

De: LV

Para : NM

Cc: LM

Asunto: Re: Reporte

Narcissa, espere a recibir a un extremadamente agradecido esposo cuando él llegue a la casa. Sus acciones casi compensaron la incompetencia de él de esta mañana.

Veo que mis dudas sobre usted estaban mal puestas.

Muévase lo más rápido que pueda, pero no lo haga tan obvio. Mientras más pronto el chico confíe en usted, mejor para todos. Dígale al chiquillo que ha tenido un cambio de parecer, y que desea unirse a los otros traidores de sangre. A lo mejor puede usar la incompetencia financiera de su marido para validar su historia.

LV

-- Victoria o Muerte

De: Narcissa

Para: Lord Voldemort

Asunto : Re[2]: Reporte

Gracias mi lord. Vivo paraservir.

Narcissa

De: Sra. Robinson

Para : Benjamin

Asunto: Hasta una sangre pura puede averiguar cosas

Potter, su plan funcionó como se esperaba.

Voldemort está contento conmigo.

Narcissa

-- Más quecualquiercosa

– ¿Harry? – preguntó Hermione.

– Hmm. – replicó él sin mirar.

– Estás tan distraído como una hormiga entre un grupo de osos hormigueros.

Harry miró alrededor lentamente. La mesa de los profesores se había expandido para añadir a los Weasley y otros invitados.

– Tengo un presentimiento. – admitió él.

– Rápido. – bromeó Ron. – Todo el mundo agáchese, nuestro líder audaz tiene un presentimiento.

– Me quedo debajo de la mesa hasta que se le pase. – dijo Cho desde la mesa de Ravenclaw.

– Yo también. – añadió Blaise.

– Graciositas. – murmuró Harry con una mirada divertida. – Nos falta algo. – dijo él.

– ¿Qué cosa? – preguntó Hermione.

– Si supiera que es, no nos haría falta. – gruñó el joven. – Las cosas fueron demasiado de bien hoy, no perfectas, pero todo salió como debía salir.

– Eso es bueno, ¿no crees? – preguntó Ron.

– A Harry no le gusta depender de la providencia. – Ginny dijo con una sonrisa de cariño.

– ¿Y el resto no? – preguntó Hermione.

– A mi no me molesta. – murmuró Ron. – Pero de seguro estoy en la minoría.

– Un poco. – admitió Harry. – Es que tengo el presentimiento de que nos falta algo importante.

– ¿Cómo qué? – preguntó Hermione.

– No lo sé. – dijo Harry, sonando consigo mismo. – He tenido ese presentimiento todo el día.

– Si pudiera hacer una sugerencia. – dijo Dumbledore desde la mesa de los profesores. – Ve con tus instintos, Harry, y ve lo que pasa.

Harry asintió. – Es como si la memoria estuviera ahí fuera de la mente, como un olor que no está del todo ahí, pero debería estar.

– Su comida, Harry Potter señor. – dijo Dobby, colocando un plato frente al muchacho.

– Gracias, Dobby. – dijo Harry distraídamente y empezó a comer.

– ¿Harry?

– ¿Hmmm? - preguntóélmientrascomía.

– Es costumbre el cocinar la comida antes de que te la traigan a la mesa. – señaló Hermione con gentileza.

– Está cocinada. – dijo Harry, mirando su plato. – Es solo azul.

– No. – corrigió Hermione. – Azul todavía es cocinado. Ese filete está crudo.

Harry le pasó la varita por encima. – ¿Mejor?

– ¿Qué le hiciste? – demandó Hermione.

– Lo hice que se viera más aceptable en sociedad. – dijo Harry mientras seguía comiendo.

– Okay, tenemos que hablar, Harry. – dijo Hermione con firmeza.

– En realidad. – intervino Ginny. – No tienen.

– ¿Por qué no? – preguntó Hermione. – Algo está mal.

– Piensa por un momento. – sugirió Ginny. – Y toma mi palabra de que es totalmente normal.

– ¿Qué quieres decir con… – empezó Hermione, antes de mirar a Harry. – Mentira.

– ¿Haría yo eso, Hermione? – preguntó Ginny.

– Quiero detalles. – dijo Hermione con un mohín.

– Permiso. – interrumpió Ron. – ¿Pero podrían algunas de ustedes dos ser tan amables de decirnos al resto de nosotros de que demonios están hablando?

– Ya te enterarás. – dijo Harry.

– Podrías tratar de pensar sobre ello. – ofreció Ginny.

– Ginny. – dijo Ron con firmeza. – Tengo una masa específica de poder cerebral que puedo usar todo el día. Si pensara sobre esto, me olvido de otra cosa, y tengo miedo de que me voy a olvidar de algo muy importante, como que armario de escobas estará libre esta noche, o que encantos usar para espantar a los gatos, o como besar a Hermione de la forma que hace que se le acelere el pulso.

– ¡Ron!

Ron le sonrió sin vergüenza a su novia.

De: Hocicos

Para: Deberías convertirte en Animago

Asunto : Progreso

No he tenido suerte hasta el momento. Lo que estaba buscando resultó en nada.

Tengo un plan para infiltrarme dentro de los Mortífagos. Hablamos de eso la próxima vez que te vea.

S

-- Guau guau

De: El Chico Lleno de Sorpresas

Para: El que hociquea

Asunto : Re: Progreso

No hay necesidad. Yatengoesa parte cubierta.

Trata Devon.

H

-- Audaces fortunajuvat

De: Libre del frío

Para: Gérmen

Asunto : Re: Re: Progreso

¿Tienes eso cubierto? No puedes hablar en serio (porque yo sí)

S.

-- guau guau

De: Gruñendo

Para: El que me hizo gruñir

Asunto: Re[3]: Progreso

Anejo: mapa.pmt

Voy a ignorar esa.

Deberías mirar el mapa anejado. Una de mis fuentes me dice que es importante.

HJP

-- Audaces fortunajuvat

– ¡Ya no mas! – chilló Harry. – ¡Ya le advertí y le advertí y ahora las va a pagar!

– ¿Harry? – preguntó Albus con una ligera expresión en el rostro.

Harry le envió una sonrisota. – Claro está, esto es lo que necesito para levantar mi espíritu. – continuó el muchacho alegremente. – Ginny, Hermione, Parvati, Susan, Blaise, Luna, Lavender, Las necesito en la biblioteca estudiando con los Weasley y las futuras Weasley.

– Ron, Dean, Seamus, – el joven pausó. – Y el profesor Snape, vengan conmigo. Y recuerden. – aquí se viró para ver a Ginny. – Si les preguntan, no me han visto.

Los ojos de Ginny brillaron hacia el joven con humor. – ¿Debería preguntar?

– Ya verás. – prometió Harry. – Vengan muchachos.

Harry salió trotando del Gran Salón y se dirigió directo hacia una sala de clases vacía, seguido de los otros varones.

– Caballeros. – dijo Harry. – Necesitamos ideas y las necesitamos rápido.

– ¿Para qué? – preguntó Snape.

– Desquite, por supuesto. – dijo Harry riendo. – Le he advertido a Sirius una y otra vez que dejara sus bromitas de Sirius/Serio pero él se rehúsa, así que vamos a hacer algo al respecto ahora mismo. Le acabo de enviar un trasladador que se activa con tiempo.

Snape sonrió con ganas. – ¿Qué tal hacerlo a escribir líneas? – sugirió. – No puede salir del salón hasta que lo escriba cien veces.

Seamus y Dean se miraron uno al otro. – ¿Pelo púrpura? – sugirieron. – Y a lo mejor con la piel verde.

Harry asintió. – Se lo ponen a la puerta cuando salga, para que una vez haya escrito las líneas, él piense que se acabó la cosa y le cae encima cuando menos se lo espere.

– Bueno. – dijo Ron, después de estar pensando por un momento. – Sirius se cambiará a su forma animaga para evitar los bochornos, ¿verdad?

– De seguro.

– Así que podemos hacer algo al respecto. – sugirió Ron. – A lo mejor que los encantos funcionen de esa manera.

Harry convocó un libro de encantos y se lo pasó a Ron. – Ponte a trabajar. – dijo riendo. – Y yo haré la otra cosa obvia.

– ¿Y eso es? – preguntó Snape desde donde estaba encantando un pizarrón.

– Fotos, por supuesto. – dijo Harry con una amplia sonrisa. – ¡Vamos a necesitar fotos de todo esto!

Snape se echó a reír.

Sirius miró al mapa pensando. Ya había buscado en toda el área y no encontró nada. Sólo fue cuando sintió el estirón en la barriga del trasladador cuando se dio cuenta de que le habían tomado el pelo.

Sirius se apareció en un viejo salón de clases. En la pared al frente suyo estaba un pizarrón, sobre éste había una inscripción en la letra de James Potter.

¡No diré más bromas de Sirius/Serio!

Escriba esto cien veces y se podrá ir.

Sirius hizo una mueca con los ojos y sacó su varita, dirigiéndose hacia la puerta.

Expelliarmus, Accio Sirius, Finite Incantatem . – La voz de Harry se escuchó, y antes de que Sirius pudiera reaccionar, su varita fue arrancada de su mano, y él salió volando de espaldas hacia la pared, segundos antes de que otro encanto le diera de lleno y lo halara hacia Harry, y el resto del hechizo lo dejara parado donde había estado primero.

– Demonios. – dijo Ron.

– Sí. – dijo Harry en acuerdo. – Eso funcionó mejor de lo que esperaba.

– Deja que te agarre por esta, Potter. – prometió Sirius.

Harry le sonrió con picardía, y tocó el hombro de Ron. – No hasta que termines con tus líneas. – dijo riendo antes de Desaparecerse con Ron del lugar.

– Maldito hijo de un Merodeador. – murmuró Sirius. El hombre pensó en escaparse, pero se dio cuenta de que su ahijado habría cubierto esa eventualidad.

Sirius agarró una tiza y empezó a escribir.

Cuando terminó, las letras brillaron por un segundo, para entonces desaparecerse, y una nueva inscripción apareció. – Ya se puede ir. Su varita está al otro lado de la puerta.

Sirius gruñó para sí mismo. Su mano le dolía y estaba harto de haber escrito su nombre y Serio tantas veces.

Sirius abrió la puerta y se vio de frente a un espejo. Mientras se miraba a sí mismo, admirando el hecho de que todavía era guapo a pesar de los años en Azkaban, varios hechizos le dieron de plano.

Sirius se miró alrededor y gritó. – ¡Te voy a matar, Potter!

– Primero me tienes que agarrar. – la voz de Harry se escuchó por la puerta.

Sirius agarró su varita. Pudo ver a Harry corriendo en la distancia y se cambió a su forma animaga.

Ya lo agarraría y le daría una lección de no meterse con un Merodeador.

Cuando salió corriendo, ni cuenta se dio que un último maleficio lo había alcanzado.

Harry iba corriendo por los pasillos de Hogwarts. Podía sentir a Sirius alcanzarlo, así que dio un brincó y se cambió de forma mientras corría.

Harry aterrizó en cuatro patas y olió el aire. La cacería había empezado. Harry salió corriendo lo más rápido que pudo, yendo directo hacia la biblioteca.

Harry corrió por las escaleras en un solo brinco, maravillado de la libertad que sentía, sus patas haciendo un sonido cortante mientras trataba de mantenerse de pie sobre los suelos pulidos.

Al acercarse a una esquina, Harry saltó y rotó en el aire, usando el lado de la pared para amortiguar el giro, y salió disparado de nuevo.

Podía sentir a Sirius detrás y bajó la velocidad un poco. No valía la pena si perdía a su presa en ese momento.

Harry aceleró de nuevo cuando Sirius encontró su esencia y se infiltró por las puertas de la biblioteca. Harry pausó y miró alrededor con interés. Parecía que toda la escuela estaba dentro estudiando esta noche ahí.

Harry captó la esencia de su compañera y corrió hacia ella – y unos cuantos chillidos se escucharon cuando vieron al lobo acercarse – antes de éste brincar sobre la mesa donde estaba Ginny.

Hermione con toda calma sacó el libro que estaba leyendo del paso del lobo y continuó leyendo sin levantar la mirada cuando éste pasó corriendo.

Harry saltó sobre Ginny y se escondió detrás de ella cuando Sirius entró corriendo.

Sirius se cambió de forma. – ¿Dónde está?

– ¿Dónde está quién? – preguntó Blaise con amabilidad.

–Potter. ¿Dóndeestá?

– No he visto a Harry desde la comida. – dijo Padma con amabilidad y con completa honestidad, aunque la cara de ella empezó a torcerse.

Una risita sonó detrás de Sirius y éste se giró, solo para quedarse helado cuando recordó como se veía.

Sirius se transformó de vuelta a su forma canina y se vio sorprendido cuando todos empezaron a reírse a carcajadas.

Harry decidió hacer algo agradable para Ron la próxima vez que lo viera, ya que se había sobrepasado a sí mismo. No podía decidir que era mejor, si el lazo en la cola o la combinación de púrpura con verde limón.

Ginny se levantó conteniendo la risa y conjuró un espejo para mostrarle a Sirius como se veía. Harry por poco muere a carcajadas también cuando vio la reacción de Sirius

Casi todo su cuerpo estaba afeitado y su estomago parecía expandido y la cabeza estaba de forma tal que se parecía a un cerdo, solo que era uno con colores sicodélicos.

Sirius gimió y se trató de hacer mas chico.

– ¡Canuto!

Sirius levantó la cabeza justo cuando Colin tomaba una foto. Este le gruñó al chico y dio un paso adelante.

Harry ladró fuerte y brincó de donde estaba escondido y al frente de Colin.

Sirius parpadeó varias veces antes de bajar el hocico contra el suelo y colocando sus patas sobre el.

Harry se le acercó y lo olfateó varias veces, antes de darle una patadita suave.

Sirius ladró suavemente, preguntando si la broma pesada ya había acabado.

Harry lo miró por largo rato, mientras Sirius chillaba. Eventualmente, Harry miró hacia Ron y le asintió una vez.

Ron, el cual tenía los ojos abiertos de par mientras miraba a Harry, canceló los hechizos sobre Sirius.

Sirius se transformó en humano de nuevo y sonrió lentamente. – Te das cuenta, por supuesto. – dijo él. – Que esto significa guerra.

Harry le ladró una vez, y se giró yendo hacia su compañera.

– Oh, Harry. – dijo Hermione cuando se movió frente a Ginny y se arrodilló. – Eres precioso.

– Hey. – protestó a medias Ron.

– Eso fue lo que dije yo. – dijo Ginny cuando se movió al lado de Hermione y lo abrazó, escondiendo su cara en el pelaje del lobo.

Harry se inclinó un poco y olfateó a Hermione. Ella olía un poco a Ron, un poco a libros y un poco al perfume suave que usaba, combinado con su esencial natural. Ella le sonrió a él y le tocó suavemente la cabeza.

Éste le asintió y se despegó suavemente de Ginny para volverse hacia Ron. Harry se le acercó y lo olfateó también. Ron olía a Hermione, y un poco de sudor y cuero sobre su propia esencia.

Harry se movió alrededor, recordando la esencia de cada uno de sus amigos. Éste pausó ante Padma y tosió antes de moverse, terminando con Blaise.

– ¿Puedo? – le preguntó ella a Ginny, la cual asintió.

Blaise se arrodilló como Ginny hizo y lo abrazó.

Harry le lamió la nariz suavemente cuando ella se separó haciendo que ella riera.

Harry se echó para atrás y se recostó sobre sus patas traseras para poder cambiar de forma.

– ¿Desde cuando eres animago? – demandó Sirius. Éste pausó y juró en voz baja. – ¡Con razón tu esencia cambió cuando estaba persiguiéndote!

Harry le sonrió con picardía. – Desde hace un tiempo. – Dijo de forma vaga. – Y esperaba que no te dieras cuenta sino hasta más tarde.

– Necesitamos un apodo para ti. – dijo Sirius con ganas, su declaración de guerra de hace un rato obviamente olvidada por el momento.

– No, que no. – dijo Ginny con firmeza. – Él es muy macho para un tonto apodo.

Sirius le hizo un mohín. – Todos los Merodeadores tienen apodos.

– Harry no es Merodeador. – replicó Ginny.

– Pero debería ser.

– Los Merodeadores son de tu generación, Canuto. – dijo Harry. – Esta es la mía. Tengo que seguir mi propio camino. – Harry miró alrededor y sonrió mientras el resto de la escuela salía de la biblioteca, con sonrisas en sus rostros mientras discutían la broma. Minerva estaba al lado de Albus, Severus, y Filius, todos ellos con expresiones de asombro en sus rostros.

– Bonita broma. – dijo Albus con jovialidad. – Y me impresionó mucho el control que tienes sobre tu forma.

– Un momento. – dijo Ron. – ¿Esta es la razón por la que te está gustando la carne que apenas ha pasado por la lumbre?

Harry soltó una risotada. – Sí. Minerva dice que debo salir de eso eventualmente, cuando me acostumbre.

– ¿Cómo demontres te diste cuenta? – Ron le demandó a su novia.

– Fue por lo que dijo Ginny. – confesó Hermione. – Ella dijo que era algo natural. Bueno, la única forma en que sería natural para Harry el comer carne cruda sería si fuera un animal. No fue difícil el sacar la conclusión por lo que ella dijo.

– Para los genios, a lo mejor. – murmuró Ron.

– Me perdonan todos un momento. – dijo Harry y se le acercó a Padma. Éste se inclinó para susurrarle en el oído. – ¿Te podría sugerir que cambiaras de perfume?

– ¿Por qué?

– Un perfume se supone que complemente tu esencia natural, y el tuyo lo está ahogando.

Harry se echó para atrás, mientras Padma se ruborizaba un poco. Ésta le dio un abrazo ligero y le susurró. – Gracias, y gracias por no hacer una escena.

Harry le sonrió y se regresó hacia Ginny.

– Y bien. – dijo Albus. – Ya que estamos todos aquí, creo que sería buena idea el mostrarte tu nueva habitación, Profesor Potter.

Harry sonrió. – Después de usted. – dijo el joven con una reverencia. Éste miró con curiosidad cuando mas gente de la que esperaba siguió al director por la escuela.

Dumbledore se detuvo frente a una estatua de un caballero con armadura y miró a Harry. – La contraseña por el momento es Hogwarts, pero deberías cambiarla ahora.

Harry miró al grupo y levantó su varita, y lanzó un hechizo de silencio a cada final del pasillo. – La nueva contraseña es Beowulf . (2)

– Interesante contraseña. – dijo Hermione. – ¿Qué te hizo pensar en eso?

Harry se encogió de hombros. – Me gusto la historia cuando era más joven.

Hermione asintió. – A mi también.

Harry dijo la nueva contraseña y la sección de pared al lado de la estatua se movió.

– Espera un segundo, Harry. – dijo Luna, deteniéndolo cuando iba a entrar. – ¡Dobby!

El elfo doméstico se apareció. – ¿La Srta. Loony llama a Dobby?

Luna sonrió. – Te dije que te tocaba estar aquí. – dijo ella señalando a Harry.

– Oh. – dijo Dobby y asintió con ganas. – Dobby le da las gracias, Srta. Loony.

– Adelante, Harry. – dijo Luna con una amplia sonrisa.

Harry empujó el portal y entró. El joven se detuvo en seco y parpadeó. – Demonios.

– Dilo otra vez. – dijo Ron en acuerdo.

– Demonios. – complació Harry.

Ginny gruñó y le dio un empujón en el brazo. – Mira alrededor.

Harry miró hacia arriba primero y sonrió. La representación de la puesta de sol en otoño estaba encima de él con todo y sus nubes.

– No es tan buena como el Gran Salón. – dijo Padma suavemente. – Pero fue lo mejor que pudimos hacer.

– Es asombroso. – dijo Harry con honestidad, mientras separaba lentamente los ojos del techo y miraba a la habitación propiamente.

El cuarto estaba separado en dos áreas. A su izquierda había una enorme chimenea con dos cómodos sofás arreglados al frente. A la derecha estaba una serie de libreros y dos esquinas con sillas para leer.

El suelo estaba cubierto con piso de roble marrón y las sillas y libreros estaban a juego. Las paredes estaban pintadas de un color crema suave.

Harry se dirigió primero hacia las puertas dobles y salió al balcón enorme que daba al campo de Quidditch. Harry no dijo nada, sólo envió una mirada de agradecimiento a los demás. Se podía ver a sí mismo pasar mucho tiempo aquí afuera, y le daba el lugar perfecto para practicar el vuelo cuando cambiara a su forma de halcón.

Harry entró de nuevo, dejando que sus dedos recorrieran uno de los sofás cuando entró a un estudio. El suelo era del mismo roble oscuro, pero casi todo estaba cubierto por una alfombra roja oscura.

– Hay un archivero escondido en la pared. – señaló Hermione. – Y todo lo que necesitas para que puedas correr tus clases.

Harry asintió y se giró hacia su izquierda para ver la pequeña cocina. Todo lo que necesitaba estaba ahí. – Dobby. – llamó Harry.

– ¿Sí, Harry Potter señor?

– Te das cuenta que vas a tener que enseñarme a cocinar propiamente, ¿verdad?

Dobby resopló. – Dobby estará honrado. – dijo el elfo seriamente, mientras se secaba la orilla de un ojo.

Harry sonrió y regresó a la sala, y a través de esta, se fue al baño.

Harry parpadeó; este baño era más lujoso que el de los prefectos que había usado para su segunda prueba durante el Torneo de los Magos, solo que era más pequeño. El baño era lo suficiente como para seis personas, y tenía varias duchas, todas con una serie de llaves doradas.

Un enorme espejo dominaba la mitad del lugar, con un tope de mármol y lavamanos construido adentro.

Harry se volvió hacia su cuarto de dormir y abrió la puerta que lo conectaba. La decoración marrón continuaba aquí con otra alfombra y una enorme cama de cuatro postes. Tres armarios estaban uno al lado del otro contra la pared, junto a un tocador. Harry supo, sin lugar a dudas que esta habitación se hizo pensando en dos ocupantes.

Harry regresó de nuevo hacia el balcón, recostándose sobre la verja mientras miraba a sus amigos y familia.

– Gracias. – dijo simplemente. – Es perfecto.

– Me temo que no podemos tomar el crédito, Harry. – dijo Albus alegremente. – Dobby y los otos elfos hicieron todo el trabajo cambiando el tamaño del lugar, y las señoritas Patil, Zabini, Patil, Brown, Bones y Lovegood hicieron el resto.

Ginny asintió en acuerdo.

– Si hay algo que necesitan, solo pregunten. – dijo Harry a las chicas. – Y eso también va para ti, Dobby.

Dobby asintió y sacó otra servilleta, muy emocionado como para decir algo.

– Hay dos cosas. – dijo Lavender con una mirada de esperanza.

– Díganlas.

– La primera. – dijo Blaise. – Es si nos podías permitir el estar aquí. Hemos estado usando el balcón estos últimos días y nos encanta.

– Claro. – dijo Harry. – Hasta el toque de queda, naturalmente.

Minerva y Albus se echaron a reír cuando escucharon eso.

– ¿Y la segunda?

– Te preguntaremos más tarde. – dijo Parvati. – Cuando no haya tantos chicos alrededor.

– Sirius. – dijo Harry, antes que su padrino pudiera abrir la boca. – Solo recuerda lo que pasó la última vez que hiciste un chiste flojo sobre este tipo de cosas.

Sirius hizo un mohín. – Le quitas el chiste a todo. – protestó.

Harry rio con ganas y sacudió la cabeza. – Al contrario. – dijo él. – Estoy disfrutando la vida inmensamente. – el joven miró a Hermione y le sonrió. – Sí. – dijo él. – puedes usar el estudio.

– Gracias. – exclamó Hermione. – Vi unos libros que no he leído.

– Vamos. – dijo Ron, colocando un brazo alrededor de su novia. – Puedes ver los libros y yo termino mi tarea de pociones.

– ¿No la has hecho todavía? – lo regañó Hermione mientras se alejaban.

Harry rio por lo bajo.

– Creo. – dijo Minerva. – Que es hora de que Albus y yo nos retiremos.

– Gracias, a los dos, por todo. – dijo Harry.

– Oh, te lo mereces, Harry. Te lo mereces. – dijo Dumbledore mientras le ofrecía el brazo a Minerva y los se marchaban. Dobby hizo una reverencia profunda y se fue con un pop.

Un silencio corrió por unos momentos para entonces Sirius decir. – ¿Qué?

Harry miró a las chicas, las cuales estaban todas frunciendo el ceño ante Sirius. – Creo que ellas quieren que te vayas. – dijo Harry en un susurro exagerado.

– Pero no es justo que yo me tenga que ir y tú te quedes solo con todas estas brujitas calientes. – Sirius dijo susurrando de la misma manera.

– Ya eresmuyviejo. – señaló Harry. – Y yo solo necesito a una de ellas.

– Deberíamos hablar. – replicó Sirius moviendo la cabeza desilusionado.

– ¡Sirius! – chilló Ginny.

– ¿Sí, Ginny?

– ¡Vete, ahora!

– ¿Puedo al menos tener un trasladador para irme de aquí?

Harry metió la mano dentro de su bolsillo y sacó una moneda. El muchacho se concentró un segundo y luego se la dio a su padrino. – Ten para que te regreses con tu compañera caliente.

– Pero… – lo que iba a decir Sirius se perdió cuando el trasladador se activó y se lo llevó.

– ¿Y bien? – dijo Harry. – ¿Qué era lo otro?

Parvati buscó dentro de su bolsa y sacó el camisón de Ginny de la noche anterior. – Esto. – dijo ella, alargándoselo.

Harry se ruborizó. – ¿Qué hay con esto?

– Siéntelo. – dijo Lavender.

Harry así hizo, era suave y ligeramente caliente. En realidad se sentía agradable.

– Ahora trata de romperlo. – dijo Blaise.

Harry lo hizo y frunció el ceño, para luego morderlo para ver si podía romperlo de esa manera.

– ¿Qué es esto? – preguntó el muchacho.

– Eso es lo que queríamos preguntarte. – dijo Lavender. – Es tan fuerte como la mezclilla, tan suave como el algodón, tan liso como la seda y no debería existir.

– Ginny, pusimos unas ropas idénticas a las que tú usaste el sábado en el primer guardarropa. – dijo Blaise. – Ve y cámbiate.

Ginny asintió y se fue.

Blaise la siguió y asomó la cabeza por la puerta del estudio. – Estamos tratando algo. – le dijo a Ron y a Hermione. – Ron, si no quieres arriesgar el ver a tu hermana en cueros, te sugiero que ni te asomes por aquí.

– No me moveré de este lugar entonces. – replicó Ron.

Ginny regresó algunos minutos mas tarde con el mismo atuendo, y Harry no pudo resistir el sonreírle. – Te ves bonita. – le susurró cuando ella se le acercó. Este alzó la mano y ligeramente le tocó la mejilla.

Cuando ella le sonrío, el resto del mundo se evaporó, todo cambió y todo lo que él podía ver eran los ojos marrones de ella, las pecas sobre su nariz, el rojo de sus labios y la forma en que estaban ligeramente abiertos, invitándolo.

Harry se inclinó y le dio un beso ligero, separándose a regañadientes.

– Vamos a tratar de escanear tu magia mientras lo haces. – dijo Padma.

Harry asintió. – ¿Lista?

– Siempre. – susurró Ginny.

Harry cerró los ojos y alargó hasta tocar la ropa de ella, tratando de cambiarlas como lo había hecho antes y fusionándolas en su lugar.

– Lo tengo. – dijo Lavender.

– ¿Y ahora que? – Harry preguntó.

– Bueno, ya que tenemos el proceso. – dijo Padma. – Trabajamos desde este punto e inventamos un hechizo que el resto de los mortales puede hacer.

Harry se echó a reír.

– Pensábamos que dejarías a Ginny desnuda si la cosa salía mal.

– Maldita sea. – dijo Ginny con un mohín. – Eso hubiese sido más divertido.

Harry siguió riéndose.

De: Sirius el confundido

Para: Remus el no confundido

Asunto: Harry (¿Cuántas veces ya he usado este asunto?)

Primero, ¡Harry es un animago! ¡El mocosito es un lobo! ¿Y como me lo dice él? ¡Haciendo que yo, su propio padrino, se eche para atrás!

El problema es que Ginny no quería dejarme que le diera un apodo, porque decía que él era muy noble para eso. ¿Cómo podemos tener un animago en la familia y que no tenga apodo?

Siri

-- Guau

De: El protector del idioma inglés

Para: El asesino del idioma inglés

ASunto : 117 por mi cuenta

¿Harry es un lobo animago? Eso sí que son noticias maravillosas. ¿Cómo se ve?

Dime Sirius, ¿Qué estabas haciendo para que Harry te hiciera echarte para atrás?

R.

De: El panadero del idioma inglés

Para: El proctor del idioma ingles

Asunto: Re: 117 por mi cuenta

Estoy seguro que Harry te mostrará las fotos *suspiro*. No sé, un padrino hace una broma Sirius/Serio y todos actúan como si fuera Voldemort o algo.

¡Y luego Ginny me hizo irme del nuevo nido de Harry cuando las cosas se estaban poniendo interesantes!

S

De: El guardián del idioma inglés

Para: El candelero del idioma inglés

Asunto: Re: Re: 117 por mi cuenta

¿Sirius, por qué no nos juntamos mañana para desayunar y me cuentas todo con todo detalle?

R.

De: Chica espía

Para: Chico Lobo

Asunto: ¿Qué car$%#$?

Primero. ¿Animago lobo? Interesante, y mucho mas práctico que la mayoría de los animales.

Segundo: ¿Qué demonios hizo hoy? Lucius está medio sordo y murmurando algo de que convirtió a alguien en una bomba que se explotaría si hablaban con un Mortífago.

Los dos idiotas se mataron cuando lo ignoraron. Me impresionas, Potter. No sabía que eso era posible o que fueras capaz. Ya no eres un muchachito, Potty.

B

Harry leyó el correo mágico sin creerlo. Éste se volteó para ver a Ginny. – Yo… yo… no lo hice. – tartamudeó, transfiriendo el mensaje a un pedazo de pergamino que conjuró

Harry se volteó, se inclinó la balaustrada del balcón y devolvió su cena.

– ¡Mierda! – juró Ginny, mientras arrugaba el correo mágico y lo tiraba hacia la chimenea. – ¡Hermione! – gritó ella. – ¡Ron, vengan para acá, rápido!

Hermione y Ron salieron corriendo hacia el balcón. – ¿Qué está pasando? – demandó Hermione.

Harry podía sentir la mano de Ginny frotándole la espalda, mientras Padma respondía. – No sabemos. Él recibió un correo mágico, lo leyó, luego se puso pálido, y vomitó la cena. Yo sólo espero que nadie estuviera debajo del balcón.

Harry se volteó y colapsó en el suelo. – No fue mi intención hacerlo. – le dijo a Ginny desesperado. – Eso se suponía que no sucediera.

– Lo sé, mi amor. – dijo ella, abrazándolo con fuerza.

– Solo fue un hechizo de luz. – dijo él casi como suplicando. – Eso fue todo.

– Lo sé. – repitió Ginny. – Fue mi sugerencia, Harry, no tuya.

– Pero…

– Shhh. – dijo Ginny con gentileza. – Déjame explicarle lo que está pasando a los otros, y luego hablaremos sobre esto.

Harry asintió mientras ella se escabullía entre sus brazos para sentarse sobre el regazo del muchacho, el cual la rodeó con sus brazos.

– Esta mañana, después que lidiamos con los Mortífagos, estábamos lidiando con esta persona que era asociado de Lucius Malfoy, pero que no tenía la marca de los Mortífagos. Para evitar que se reportara con un Mortífago, yo pensé en usar uno de nuestros trucos estándar de psicología, y pretender usar un hechizo para que si se reportaba ante un Mortífago, lo hiciera explotar.

– Harry hizo un hechizo de luz sobre el hombre, y eso fue todo. Acabamos de enterarnos de parte de uno de nuestros contactos que el hechizo como que funcionó. – ella se encogió de hombres como reconociendo a regañadientes. – Dos personas han muerto y Lucius Malfoy resultó herido cuando el hombre lo contactó.

– Maldita sea. – dijo Hermione, y se movió para sentarse al lado de Harry y abrazarlo con fuerza.

Un segundo más tarde, Harry se vio rodeado de muchachas que lo estaban abrazando a él y a Ginny.

– Pero no es posible. – Harry dijo eventualmente. – ¡Sólo hice un hechizo de luz!

Ginny se movió de los brazos del joven y se volteó para arrodillarse frente a él. Hermione se le unió un segundo más tarde. Blaise se movió para quedar abrazándolo por la izquierda, Padma por la derecha. Ginny tragó en seco, y Harry sintió algo revolverse en su estomago cuando vio la expresión en la cara de ella.

– ¿Qué es? – preguntó él en voz baja.

– No te hemos dicho algo. – dijo ella suavemente.

Esas cinco palabras lo hicieron que se helara por dentro como si lo hubiesen tirado en nitrógeno líquido.

– ¿Qué? – preguntó ronco, casi sin reconocer su propia voz.

– Harry. – dijo Hermione. – Es imposible el anexar un hechizo a un correo mágico, como tan imposible como el Aparecerse en Hogwarts.

– Pero yo lo hago. – señaló Harry.

– Eso es porque no sabes que es imposible.

– Eso no tiene nada de sentido.

– Harry, a nosotros se nos crió con reglas estrictas de lo que es y no es posible. – dijo Ginny. – Hasta Hermione, quien sabe que es posible porque se leyó Hogwarts, una Historia , y porque ella creció en una cultura que le puso límites a su imaginación. A ti no te pasó, con todo y lo que pasaste cuando estabas creciendo. Tú crees que todo es posible con la magia, a no ser que te digan sin lugar a dudas que no se puede hacer.

– No entiendo. – murmuró Harry.

– Lo hemos sabido desde que hiciste el primer trasladador para el correo mágico. – Continuó Ginny, con los ojos sobre los de él. – No sabíamos que había una desventaja con esto, hasta que tú y Severus trataron de enfrentarse a Voldemort, y Voldemort les dijo que no había forma de escapar de su trampa y tú le creíste. Ahí fue cuando nos dimos cuenta que teníamos que tener cuidado.

– Harry, tu creencia sobre lo que puedes y no puedes hacer es más grande que las llamadas leyes de magia.

– ¿Y que pasó esta mañana? – preguntó él.

– Tú me hiciste caso e hiciste lo que sugerí sin pensarlo. Tomaste la idea y tu magia respondió.

– ¿Y entonces porque no me dijiste esto antes de que matara accidentalmente a dos personas inocentes?

Ginny palideció, así como Hermione. – Porque. – dijo Ginny mientras tragaba en seco. – Porque estabas haciendo tanto por el lado bueno, que no queríamos que se detuviera.

– ¿Me usaste? – preguntó Harry, enfocado totalmente en la chica al frente de él.

– Sí y no. – susurró Ginny, con ojos atormentados. – Permitió que te convirtieras en animago, que te Aparecieras alrededor del país, en cambiar el destino del mundo para algo mejor, y todo lo que teníamos que hacer era tener cuidado con lo que decíamos. Y no lo hicimos.

– Yo no lo hice. – añadió ella con tristeza.

– ¿Quién sabía de esto?

– Los maestros principales, Ron, Hermione, yo y algunos otros. Yo fui la que lo descubrió. Se lo dijimos a Albus y los otros inmediatamente y decidimos en tratar y guiarte.

Harry alargó la mano y tocó su collar mientras la miraba. Ella tocó el suyo y se abrió para él, completamente y sin reservaciones, dejando que él viera dentro de su alma.

Harry cerró los ojos y exhaló en alivio; no había señal de que ella estaba usando su amor para ella misma o que su amor no fuera mas que lo que ella le había dicho anteriormente.

– Necesito algo de tiempo. – susurró Harry.

Ella asintió.

Harry se puso de pie de forma brusca, tomó un par de pasos hacia la izquierda y se tiró del balcón. Harry se cambió a su forma de lobo cuando iba hacia abajo, y usó la pared para aminorar su descenso.

Un segundo mas tarde, estaba corriendo tan rápido como pudo hacia el Bosque Prohibido.

Ginny se inclinó para atrás sobre los tobillos y suspiró.

– ¿Qué está pasando? – dijo Blaise con confusión en la voz.

– Estará bien. – susurró Ginny con voz atormentada. – Él tenía miedo de que yo no lo quería en realidad. Está disgustado con el resto, pero lo arreglará a su manera.

– ¿Los collares? – preguntó Ron.

– Sí, le dejé ver todo lo que quería, lo que sea que necesitaba ver dentro de mí. Creo que funcionó. Está confundido, disgustado, y todavía no entiende, pero dejará que se le pase el enojo y se permitirá pensar en ello.

Ron suspiró. – Nada es fácil para él ¿verdad?

– Debe de ser una pesadilla el enterarte que mataste a dos personas accidentalmente. – añadió Hermione con tristeza.

– Creo que nadie más debe de saber sobre esto. – dijo Ginny en voz baja.

Todos asintieron en acuerdo.

– Al menos se lo merecían. – dijo Blaise.

– Y mañana. – añadió Luna. – Se distraerá con el reportaje de mi papá sobre la noticia de la cerveza de mantequilla y ya habrá tenido tiempo para que se le pase.

– Okay, chicos, creo que es hora ya de que se vayan. – dijo Ginny. – Yo me voy a escurrir en su cama y trataré dormir hasta que él regrese.

– ¿Estás preocupada? – preguntó Parvati.

– Aterrorizada. – susurró Ginny. – Porque a pesar de toda la lógica, a pesar de todas las buenas intenciones, yo me callé algo que es muy importante para él y él me dice todo tan pronto como puede. Yo soy la única persona que sabe que fue lo que hizo hoy, y con quien estaba lidiando. Sé de sus sueños y lo que espera, lo que quiere y lo que le da miedo, sé lo mucho que teme lo que tiene que hacer, y las decisiones que tiene que tomar.

– ¿Y como le correspondo? – preguntó ella con lágrimas en las mejillas. – Me callo algo sobre él, algo que de haber sabido de antemano, no hubiese estado a punto de morir junto a Snape, no hubiese hecho tanto de lo que ha hecho.

– Pero ha sido para el bien. – señaló Blaise.

– ¿El bien de quien? – preguntó Ginny.

– Todos los demás. – contestó Blaise por los demás, con una expresión de angustia en el rostro y la voz apenas audible.

– Se supone que yo lo cuide a él primero y al resto después. – señaló Ginny.

Blaise se acercó y tomó a Ginny en sus brazos, abrazando con fuerzas a la pelirroja.

Ginny cerró los ojos y lloró sobre el hombro de Blaise. Ginny sintió cuando Blaise la ayudó a ponerse de pie y segundos mas tarde estaba ella en la cama de Harry.

La muchacha trató de dejar de llorar, pero la cama no tenía la esencia de él, y eso lo hacia todo peor.

Harry se movió como un fantasma por el Bosque Prohibido. Esta era su primera excursión como lobo, y todo parecía ser mucho más simple.

Había matado para proteger su manada. Eso estaba bien. Eso estaba bueno. Eso era lo que el líder de la manada debía de hacer. El honor dictaba que él tenía que hacer lo posible para asegurar el futuro de su manada.

Lo que no estaba tan simple era lo que hizo su compañera. Se suponía que ella estaba ahí para él, para ser su fuerza. Y dolía el que ella no le dijera la verdad, cuando él había estado diciéndole a ella prácticamente todo lo que él estaba haciendo.

La única excepción era que estaba aprendiendo a bailar en realidad, pero eso era más bien una sorpresa para ella.

Harry miró alrededor y sintió como el aire se tornaba plateado y olfateó en silencio. La luna estaba casi llena, y él pasaría algo de tiempo con Lunático y Canuto muy pronto, reemplazando a su padre en su promesa para con su amigo. Era una pena que no hubiese nadie para reemplazar a Colagusano. Ahora sólo una excusa de hombre, su alma chupada por los Dementores, lo cual no era una gran pérdida.

Harry brincó sobre unas rocas y olfateó de nuevo. Una esencia de algo estaba presente que le hizo que se le pararan los pelos del cuello.

– Vaya, vaya, ¿y que tenemos aquí? - demandó una voz.

Harry miró y vio un hombre enorme con una maraña de pelo gris y bigotes puntiagudos parado a corta distancia y mirándolo con ojos fijos. Harry le gruñó en advertencia pero el hombre lo ignoró.

– No eres un lobo real. – dijo el hombre con voz rasposa, mientras se chupaba sus uñas amarillas ligeramente. – Eres un poco grande y un poco inquieto. Eres un animago.

Harry contempló el transformarse, pero decidió no hacerlo por el momento. Sus instintos le decían que se mantuviera como estaba.

– Me pregunto. – dijo el hombre. – Que le pasaría a un animago lobo si fuera mordido por un hombre-lobo.

Harry parpadeó en sorpresa.

El hombre miró hacia la luna. – Es un poco temprano. – dijo pensativo. – Pero creo que con suficiente de mi magia puedo lograrlo. – el hombre se inclinó hacia atrás y rugió y Harry casi pudo sentir la magia saliendo del hombre cuando la quijada empezó a agrandarse.

Era la segunda vez que veía a un hombre transformase, y se vio tan doloroso como la otra vez. Harry se preguntó si el cuerpo del mago estaba luchando contra la transformación en vez de abrazarla como hacía el suyo cuando se cambiaba.

El hombre-lobo tenía pelaje gris y ojos amarillos brillantes que decían mucho sobre locura y obsesión. Éste lo miró por unos segundos mientras se paraba y luego gruñó. El gruñido era un reto, y un insulto a su honor.

Cualquier idea de cambiarse a su forma humana se desvaneció en ese instante. Harry no podía permitir que esa basura lo insultara de esa manera, este era su territorio, y Hogwarts y sus alrededores eran el hogar de su manada. Ahora no podía echarse para atrás, y no podía perder. Mientras hubiese aliento sobre su cuerpo, lucharía por lo que creía y la gente que amaba.

Harry se puso erecto, alzando la cola y sus orejas en alto. Harry mostró sus dientes y le gruñó al intruso.

El hombre-lobo se le tiró encima de repente. Harry lo esquivó con facilidad, justo a tiempo para evitar las garras de la bestia.

Harry echó la cabeza para atrás y gruñó su propio reto, este era su territorio y estaba listo para pelear por el. Harry se agachó, preparando los músculos y luego brincó hacia el hombre-lobo.

Harry no había sido lobo por mucho tiempo, pero no era debido a un maleficio artificial en una forma vaga de lobo. Él era un lobo. Estaba dentro de su ser y siempre lo había estado, y ahora tenía la oportunidad de enseñarle a este impostor lo que un lobo verdadero podía hacer.

El hombre-lobo mantuvo su posición con una expresión casi humana en la cara, una expresión de disgusto.

Harry puso sus patas en el suelo y las usó para cambiar de dirección sutilmente. Sería un lobo, pero tenía la experiencia de un año de muchos duelos y enseñando a su manada, y ahora estaba usando esa experiencia.

La movida le sirvió para evitar las garras del hombre-lobo y pudo entonces conectar un golpe, atacando el flanco izquierdo del hombre-lobo el cual era muy flojo o muy torpe para evitar el golpe a tiempo.

El hombre-lobo gruñó de dolor, pero Harry no se detuvo. Se detendría cuando su oponente estuviera vencido y no antes. Harry tocó tierra y hundió sus patas, echándose otra vez sobre el hombre-lobo.

El hombre-lobo saltó, esta vez esquivando a duras penas las mandíbulas de Harry. Éste se giró mas rápido de lo que Harry esperaba y trató de golpearlo con sus garras.

Harry se echó para el lado y brincó por encima de las rocas.

El hombre-lobo y el lobo se miraron uno al otro, jadeando, vapor saliendo de sus bocas mientras cada uno buscaba una posición dominante.

Sólo que la pose del hombre-lobo no era en verdad dominante, y Harry se dio cuenta. Era ilusoria, una farsa, como un humano vería la pose, pero el lenguaje corporal estaba todo mal.

Era un insulto para él, que este salvaje ignorante invadiera su hogar y lo retara, con esa falta de respeto hacia las costumbres lupinas.

Los dos se lanzaron hacia sí a la misma vez. El hombre-lobo tenía la ventaja del tamaño, pero Harry tenía la fuerza. Sus músculos no eran de humanos forzados hacia la forma del lobo, sus músculos eran los suyos, creados por la mezcla de su magia y su fuerza, lo cual lo hacía más fuerte.

Los dos se encontraron con el sonido de carne sobre carne, y Harry sintió la sorpresa del hombre-lobo cuando éste cambió dirección y brincó dolorosamente sobre las rocas. Harry saltó sobre el hombre-lobo, enterrando sus garras sobre el estómago del hombre-lobo y escuchó con satisfacción el chillido de dolor.

El hombre-lobo le dio una patada, lanzándolo contra un árbol. Harry se espabiló mientras brincaba de nuevo, y se zambullía de nuevo sin vacilación. El hombre-lobo se arrastró para atrás, girando ligeramente.

Harry se lanzó de nuevo, apenas notando las garras del hombre-lobo sobre su pecho. Estaba muy ocupado usando las suyas a la misma vez.

Harry saltó otra vez y circuló al hombre-lobo, retándolo, probando las reacciones de su adversario. Harry ya sabía que iba a ganar. El hombre-lobo estaba luchando como humano, como un súper humano en forma de lobo, pero como sea todavía humano, cuando Harry estaba luchando como un verdadero lobo.

Harry hizo que iba para la derecha cuando en realidad saltó hacia la derecha. El hombre-lobo se volteó hacia la izquierda, exponiendo el trasero, y en la manera en que todos los lobos han hecho a través del tiempo, Harry abrió su quijada, y mordió fuerte contra los tendones expuestos de la pata trasera del hombre-lobo y rasgó fuertemente.

Harry saltó para atrás, para evitar el ataque, y escupió la carne de su boca. El sabor casi lo enferma, era carne contaminada y dañada. Su odio hacia su enemigo creció mientras detectaba otros sabores, sabores que un lobo verdadero no infectaría en su cuerpo.

El hombre-lobo estaba gimiendo, incapaz de moverse como antes. Harry se movió más cerca, más o menos esperando por el momento adecuado.

El cual vino prontamente. El hombre-lobo se estrechó y Harry se movió sin vacilar, apuntando hacia la garganta del hombre-lobo.

Harry no se equivocó.

Harry aulló en la oscuridad, un aullido de triunfo y advertencia para cualquiera que se atreviera en entrar en su dominio.

Harry miró al cadáver del hombre-lobo y vio como se transformó lentamente en el hombre que había sido. Harry se dio la vuelta y salió corriendo. Estaba seguro que iba a necesitar ayuda lidiando con el hombre-lobo muerto, y él conocía a una sola persona que podría ayudarle.

Harry aceleró el paso, una parte de sí maravillado ante la resistencia que tenía y rápido cubrió la distancia del Lago Grande, donde metió la cabeza, para lavarse la sangre del pelaje y enjuagarse el mal sabor de su boca. Harry se dio una buena sacudida y salió corriendo hacia la Casa de los Gritos en Hogsmeade.

Harry ladró, suavemente y sin mucho ruido, y rasgó la puerta hasta que se abrió.

Remus abrió la puerta. Tenía puestas pijamas y se veía cansado. Éste se le quedó mirando a Harry por un largo segundo.

– ¿Harry? – adivinó Remus.

Harry asintió una vez y ladró, saltando para atrás para entonces pararse y ver a Remus. Harry ladró de nuevo.

– Déjame buscar mis zapatos. – dijo Remus y desapareció.

Harry se sentó y esperó pacientemente.

Remus regresó un momento mas tarde, ya vestido.

Harry empezó a trotar de vuelta hacia el bosque, esperando cada cierto tiempo para asegurarse que Remus le estaba siguiendo.

Remus empezó a trotar también, de forma tal que le permitió a Harry el correr al lado de él.

Tan pronto entraron al bosque, Harry tomó la delantera, y guió a Remus a través de los árboles hasta el claro bajo la luna.

– Por Merlín. – susurró Remus. – ¡Fenrir Greyback!

Harry miró a su compañero de manada.

Remus sonrió suavemente y miró a Harry. – Este es el hombre-lobo que me convirtió en uno cuando era joven. – explicó.

Harry asintió, mas a gusto por haber derrotado a este lobo falso que le había hecho daño a uno de los de su manada.

Remus se arrodilló al frente de él. – Harry, de todas las cosas que podrías haber hecho por mi, esta es definitivamente la mejor. Fenrir sentía que era su misión en la vida el infectar a todos con el maleficio.

Harry gruñó suavemente a Remus, la postura de su compañero de manada no era tan sumisa como él quería.

Remus parpadeó lentamente, y luego se echó para atrás, haciendo su cuerpo lo más pequeño que pudo. – El ministerio lo andaba buscando. – dijo calladamente. – Así que voy a lanzarle un encanto para que se conserve durante la noche y mañana ya podemos lidiar con esto.

Harry se sentó y observó cuando Remus hizo lo que dijo que iba a hacer. Harry bostezó, la pelea le había sacado más energía de la que esperaba. Éste caminó suavemente al frente de Remus, llevándolo de vuelta a la Casa de los Gritos.

Una vez adentro, Harry encontró el fuego que Remus de seguro ya había encendido más temprano. Harry se movió frente a la chimenea y se recostó, colocando su cabeza sobre las patas después de haber lamido sus heridas. No tardó mucho en quedarse dormido.

De: Ginny

Para: Amigos, Familia y Sirius

Asunto: Harry

¿Alguno de ustedes ha visto a Harry? Anoche no regresó.

Una Ginny preocupada

-- Audaces fortuna juvat

De: Blaise

Para: Familia de Ginny, amigos, conocidos, y todos los demás envueltos en el bienestar de Harry

Asunto : Re: Harry

Nadie lo ha visto desde anoche.

B

De: Molly

Para: Ginny

Cc : La lista de distribución Ginny

Asunto : Re: Harry

Yo no lo he visto por aquí. ¿Qué pasó?

Molly

De: Maestro Dragón Flash

Para: Dragoncita

Cc : Todos los demás

Asunto: Re: Re: Harry

¿Por qué, aquí no lo he visto? ¿Necesitas un equipo de búsqueda?

C.

-- Draconis dominium

De: Remus

Para: Ginny y Sirius

Cc : Familia extendida

Asunto: Ya son 118

Está conmigo. ¿O estoy yo con él?

Sirius, necesito que vayas a Hogwarts enseguida. Aparécete en Hogsmeade y luego arranca para la escuela.

Ginny, voy a llevar a Harry ahora mismo. Busca a Minerva, vamos a necesitar la ayuda de ella.

Y antes de que pregunten, Harry se encontró con Fenrir Greyback (el hombre-lobo que me infectó) anoche y Fenrir descubrió lo que pasa cuando un hombre-lobo se encuentra con un lobo verdadero.

R.

De: Percy

Para: Remus

Cc : Clan Weasley + los otros

Asunto: Re: Ya son 118

Así que infiero que a) Greyback está muerto y b) Harry es un lobo animago.

Sí que les gusta que yo vaya contra mis deberes en el ministerio, ¿verdad? No se preocupen, no lo reportaré.

Sí voy a decir que me alegro que Greyback esté muerto. El hombre era una total amenaza para la sociedad, y les daba un mal nombre a los hombres-lobos.

Percy

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De: Bill y Fleur

Para: Enana, Remus

Cc : Ustedes

Asunto: Re: Ya son 118

Fleur y yo ya estamos en Hogwarts, si hay un maleficio envuelto, podremos ayudar. Y si no, bueno, estamos bien curiosos.

B & F

Ginny entró corriendo al Gran Salón, los ojos brillando y algo falta de aire.

– ¿Srta. Weasley? – preguntó Albus.

– Profesora. – dijo Ginny, mirando a Minerva directamente. – Remus y Harry van a necesitar su ayuda. Algo pasó anoche, Harry se peleó con un hombre-lobo que se llama Fenrir Greyback, y ahora Remus va a traer a Harry y también le pidió a Sirius a que ayudara. – dijo ella de sopetón.

– Cielos. – Minerva dijo.

– ¿Quién es el tal Greyback? – preguntó Blaise.

– Viejo amigo de la familia Malfoy. – contestó Draco, sorprendiendo a muchos. – Él se divierte convirtiendo a la gente en hombres-lobos. Él es el enlace del Gran Cretino con los hombres-lobos.

– Ya no más. – dijo Ginny. – Anoche descubrió de mala manera que no se debe meter con Harry.

El sonido de patas tocando el suelo se pudo escuchar y Canuto entró corriendo al comedor a toda velocidad, cambiándose a Sirius cuando llegó al frente. – ¿Qué está pasado? – demandó.

– Pregunta que espero se conteste pronto. – dijo Albus. – Harry y Remus acaban de llegar a Hogwarts.

Harry entró trotando en silencio, seguido de cerca de Remus.

– ¡Harry! – exclamó Ginny y corrió hacia él. La muchacha se detuvo en seco cuando vio las heridas en el pecho.

Harry la olfateó y luego se acurrucó a su lado.

– ¿Remus? – preguntó Ginny, mientras Harry se acomodaba al lado de ella.

Remus miró a Minerva. – ¿Sabía que se había convertido en animago?

Minerva asintió. – Yo lo ayudé.

– ¿No le advirtió sobre la sobre exposición?

Minerva miró de frente. – Cómo todo lo relacionado con Harry. – dijo ella, alejándose de la mesa de los profesores. – Él tuvo una introducción inusual, y me temo que me dejé llevar por el talento natural que mostró. Honestamente no pensé, con su itinerario, de que fuera un asunto a tocar.

Remus suspiró lentamente. – Anoche luchó con Fenrir, lobo contra hombre-lobo, y ganó, como lobo.

– Maldita sea. – murmuró Sirius. – Okay, tratemos esto a la mala primero.

– ¿A la mala? – preguntó Ginny, moviéndose al frente de Harry para protegerlo.

– Sí, hablándole para que se cambie solo. Hay un hechizo que podemos usar para forzarlo a salir de su forma animaga, pero Merlín solo sabrá lo que pasaría si lo usamos con él.

Minerva se movió hacia Harry, pero se detuvo cuando éste le gruñó.

– Su lenguaje corporal está mal. – espetó Remus. – Le está invadiendo su dominio.

– ¿Es un Alfa entonces? – preguntó Minerva.

– ¿Acaso alguien lo dudaba? – preguntó Sirius irritado. – ¿Creen que me le echo para atrás a cualquiera?

– Sí lo es. – dijo Remus, ignorando el comentario de Sirius. – Él hace que mi parte hombre-lobo se ponga bien sumisa.

Minerva asintió y adaptó su postura. Se movió lentamente, hincando una rodilla hasta estar arrodillada frente a Harry.

Harry movió a Ginny suavemente con el hocico hacia el lado, y mostró los dientes mientras se movía frente a ella.

– Harry. – dijo Minerva. – Escúchame, Harry. Es hora de que cambies a tu otra forma.

Sirius se movió al lado de ella. – Harry, se lo fácil que es el quedarse, lo natural que se siente tu otra forma, pero necesitamos el poder hablarte propiamente.

– Tu compañera necesita hablar contigo también, Harry. – añadió Minerva.

Ginny alargó la mano y tocó ligeramente el pelaje de Harry. Los ojos de ella se agrandaron cuando vio las marcas de garras en el pecho de él. – ¡Harry! – exclamó ella con alarma en la voz.

Él la miró y ella pudo ver la confusión en los ojos de él.

– Necesito pedirte disculpas, Harry. Y necesito verte como eres para poder hacerlo como se debe.

Los ojos de Harry cambiaron ligeramente y se mostraba indeciso.

– Por favor, Harry, – susurró ella, sin dejar de mirarlo. – Por mí.

Harry se echó para atrás lentamente y se paró, cambiando mientras lo hacía. Mientras se cambiaba a su forma humana, las heridas en el pecho parecieron agrandarse, la piel separándose y empezó a sangrar.

Ginny ya se estaba moviendo mientras él se desmayaba, y ella lo agarró y lo puso sobre el suelo. – Llévelo para la enfermería. – le ordenó a Minerva, mientras ella salía disparada corriendo.

Minerva agarró a Harry y desapareció con un pop, evitando a duras penas la estampida de los amigos de Harry que se fueron detrás de Ginny.

– Para atrás. – demandó Poppy Pomfrey mientras se ponía a trabajar. – ¿Qué causó estas heridas?

– Un hombre-lobo.

Poppy movió la cabeza y empezó una serie de encantos. – Tenemos que sacar el veneno primero. Las garras de los hombres-lobos tienen un anti-coagulante que detienen que sanen propiamente. La buena noticia es que estas heridas son de garras y no parece que lo hayan mordido.

– ¿Qué le sucede a un lobo animago si lo muerden? – preguntó Hermione sin aliento cuando llegó minutos mas tarde.

– ¿Acaso soy una síquica? – Demandó Poppy con irritación. – Ahora, se me callan y déjenme tratar estas heridas.

Todos se mantuvieron en absoluto silencio.

Eventualmente la enfermera se echó para atrás y suspiró suavemente. – ¿Debería saber con quien estaba luchando?

– Fenrir Greyback. – contestó Ginny.

– ¿Cómo está él?

– Muerto.

Poppy asintió lentamente con una sonrisa en los labios. – Muy bien. Tuve que tratar muchas de las familias que él arruinó. – Ella le tocó el pelo suavemente a Harry. – Harry estará bien, – anunció ella. – Está en buen estado físico, especialmente para un mago, y eso lo ayudará.

– ¿Cuándo despertará? – preguntó Ginny.

– Antes del almuerzo ya debiera. Les sugiero a todos que terminen de desayunar y vayan a clases.

– Muy buena idea. – dijo Albus desde atrás.

– Tu también, Ginny. – dijo Poppy con una suave sonrisa. – Yo me quedaré con él, lo prometo.

Ginny miró largamente a su inconsciente novio y asintió suavemente. Ella le dio un beso ligero y se dio la vuelta.

Todos sus amigos salieron detrás de ella.

Percy entró al Bosque Prohibido con Kigsley siguiendo de cerca.

– Todavía este lugar me asusta. – murmuró Kingsley.

– También a mí. – dijo Percy. – Pero tenemos que llegar a la escena primero, antes de que alguien mas se tropiece con ella, y entonces decidimos que hacer. Remus dijo que debería estar por aquí.

Kingsley asintió con su varita a la mano.

– Por aquí. – dijo Percy y sonrió. – ¿Me hace el favor de lanzar el hechizo, gran Auror?

Kingsley asintió y se concentró. – ¡Tempos Acclaro!

Percy se movió fuera del claro para poder lo que había pasado sin interferir con la escena. No pudo evitar el sacudir la cabeza en admiración.

– ¿Y bien? – preguntó Kingsley cuando terminó.

Percy se acercó a Fenrir. Éste miró para abajo y apuntó su varita al cadáver. – Diffindo. – dijo mientras apuntaba al cuello del hombre-lobo. Luego apuntó mas abajo, a la pierna y lanzó el mismo hechizo.

– Creo, – dijo Percy alegremente. – Que Harry batalló con Fenrir Greyback, el hombre-lobo más buscado, y usando juiciosamente el Encanto Cortador, se las arregló para derrotarlo. Claro está, que recibirá una gran recompensa por sus acciones.

– ¿Y su forma animaga? – preguntó Kingsley.

– No veo ninguna evidencia sobre eso. – dijo Percy, ignorando la presencia preponderante de huellas de patas. – Además es insólito pensar que un chico de esa edad se pueda convertir en animago, ¿no crees?

– Absurdo. – dijo Kingsley. – Ninguna señal en absoluto. – Éste tampoco se molestó en mirar las huellas sobre el suelo.

Percy se rio. – Entonces, sugiero que levites el cuerpo y lo llevemos de vuelta al ministerio. Se de varias familias que querrán celebrar el que esté muerto.

– ¿Por qué tengo que hacerlo yo? – se quejó Kingsley.

– Porque yo tengo el cerebro y tu la fuerza. – respondió Percy con simpleza.

– Tonto. – murmuró Kingsley.

– Escuché eso. – respondió Percy. – Y le puedes dar las gracias a mi familia por eso.

– Ustedes son muchos. – gruñó Kingsley, mientras lanzaba el hechizo y empezaban a salir del bosque.

– Agradable, verdad.

Kingsley solo gruñó de nuevo.

Harry gruñó cuando abrió los ojos. – Esto se siente peor que lo normal. – murmuró.

– Pensé que quedamos en que la próxima vez pasaría por una taza de café. – dijo secamente una voz que él reconoció como la de la enfermera de la escuela.

– Dígales eso a hombres-lobos arrogantes que me retan en mi territorio. – respondió Harry. – En realidad no quería regresar. – admitió el joven. – Todo era más fácil como lobo.

– ¿En quesentido? - preguntóella.

– El matar gente es más fácil. Hacer lo que tengo que hacer es más fácil. Los lobos no se arrepienten. Si algo es necesario, se hace y te sigues moviendo.

– Minerva debió haberle dicho de que fuera suave con las transformaciones. – dijo Poppy. – Al menos cuando empezara, porque casi todos los animagos se sienten así. Es como si nunca hubiese sido completo por toda su vida, y de repente se encontró a sí mismo.

– Sí, eso es exactamente. – dijo Harry.

– El problema. – dijo Poppy. – Es que hasta que no encuentre un balance se le hace más y más difícil el regresar de su otra forma. Todo necesita un balance. Si se queda como lobo, eventualmente se olvidará de ser humano, y pasaría el resto de su vida de esa forma.

– Lo extraño, – dijo Harry lentamente. – Es que la idea es atractiva.

Poppy se echó a reír suavemente. – Creo, Harry, que necesitas tratar en juntar la personalidad del lobo en tu personalidad humana. Cuando lo hagas, serás feliz, no importa que forma tengas.

– ¿Usted es animaga?

– Me temo que no. Siempre quise serlo. No tuve animal que viniera a mí.

– Lo lamento.

– Hace mucho que se me pasó la desilusión. – dijo ella con calma. – Investigué y encontré todo lo que pude. Cuando fallé, decidí entrar en medicina.

– ¿Le he dado las gracias por todos los cuidados que me ha dado? – preguntó él, abriendo lentamente los ojos otra vez para poder verla.

Ella le sonrió. – No hay necesidad, Harry.

– Cuando todo esto termine. – dijo Harry lentamente. – Sería buena idea el pasar tiempo con usted y aprender algo de cómo curar a la gente. Creo que me gustará eso más que matar gente.

– Creo que le gustará. – respondió Poppy con una sonrisa. – ¿Quiere intentar ponerse de pie?

Harry asintió y movió las piernas para el borde de la cama. El muchacho se puso de pie y se tambaleó, agarrando el borde del colchón. – Se siente extraño usar dos piernas, – explicó con una sonrisa.

– Creo que encontrará más fácil besar en esta forma y tiene a una noviecita muy preocupada en clase en este momento.

Harry sonrió. – Eso es cierto. Creo que me iré a almorzar. – Harry frunció el ceño. – Voy a tener que pasar esta noche como lobo.

– ¿Por qué?

– Porque necesito ayudar a Remus. Es la luna llena.

– No lo recomendaría. – dijo Poppy suavemente.

– ¿Ayudaría si pasara la tarde meditando y tratando de hacer esta fusión como usted sugirió?

– ¿Y sus clases?

Harry le sonrió. – Esto es más importante. Sospecho que este año será uno malo para mí. Lo repito tan pronto Voldemort esté muerto.

– En ese caso, es probablemente una buena idea.

Harry sonrió y agarró su camisa. Éste la alzó y vio las manchas de sangre y lo rota que estaba la prenda. – Creo que voy a tener que comprar mi ropa al por mayor. – comentó el joven como si nada.

Poppy solo rio y sacó ropas de un armario. – Tenga, aquí tiene algo de repuesto.

– Gracias. Haré que Dobby lo reemplace después.

Harry se vistió lentamente y se fue caminando para el Gran Salón. El almuerzo se acercaba y era el mejor lugar para encontrarse con todos.

Harry olió algo, con la misma sensación de antes de que se le estaba olvidando algo.

Harry movió la cabeza y trató de sacudirse el pensamiento. El joven se estrechó y sonrió levemente. Se estaba acordando de lo que era sentirse humano otra vez, y no era tan malo como pensaba cuando se despertó esta mañana a como lo era su forma animaga.

Harry entró al comedor y se sentó en su lugar de siempre y sonrió levemente.

De: P Weasley, Ministerio de Magia

Para : Harry James Potter

Cc: El Wizengamot, Cornelius Fudge

Asunto: Fenrir Greyback

Estimado Señor Potter:

A nombre del Ministerio de Magia, me gustaría tomar la oportunidad para felicitarlo por haber derrotado a Fenrir Greyback.

De acuerdo con el reporte oficial, nuestros investigadores descubrieron que su uso del Encanto Cortador causó la muerte. Lo felicitamos por evitar usar los Maleficios Imperdonables.

En referencia a su confrontación actual con Lord Voldemort, el Ministro de Magia reunió al Wizengamot esta mañana y le ha otorgado licencia temporera para usar el Maleficio Cruciatus, el Imperios, y el Maleficio Matador contra el Señor Tenebroso y sus asociados. Esta licencia se reserva normalmente para los Aurores, pero a usted se le ha reconocido como líder que lucha por la justicia y como tal, no se debe de preocupar por las repercusiones sobre su uso de magia mientras se protege a sí mismo de su enemigo.

Una vez más, el Wizengamot y el Ministro de Magia desea felicitarlo por haber derrotado al séptimo hombre más buscado de Inglaterra.

Sinceramente,

Percy Weasley.

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De: Percy

Para: Harry

Asunto : Cartaoficial

Harry

Ya debes de haber recibido mi carta oficial. Kingsley y yo decidimos que no mencionaríamos tu forma animaga todavía, y mantener las cosas de forma legal y agradable.

También tenemos otros mil galeones para ti. ¿Podría sugerirte que lo donaras al Fondo de los Hombres-lobos? Es una caridad que ayuda a las familias a lidiar con los efectos de algún familiar que haya sido mordido y también tratar de apoyar a los hombres-lobos con la Mata-lobos.

P.

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De: Harry

Para: El Manipulador

Asunto : Re: Cartaoficial

¿Debería saber comolograsteobtenermeesepermiso?

Buena idea lo de la caridad. Mantenlo callado, pero voy a empezar a darles una donación regular hasta que podamos hacer algo por los hombres-lobos.

H

-- Audaces fortunajuvat

De: El que lucha con palabras

Para: El que lucha con todo

Asunto: Re[2]: Carta oficial

Puede que le haya mencionado al Wizengamot que sería difícil que pudieras matar a Voldemort (aunque tuve usar el seudónimo estúpido Tu-Sabes-Quien) con una sonrisa y un abrazo.

Vieron la luz después de eso.

Percy

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De: Harry

Para: La Chica que todo lo sabe

Anejo: Lista.pmt

Asunto: Correos mágicos

Hermione, muñeca chula, queridita. ¿De casualidad tienes los correos mágicos de los de la lista?

HJP

-- Audaces fortunajuvat

De: La Chica que admira

Para: Tonto clandestino

Anejo: Lista-completada.pmt

Asunto: Re: Correos mágicos

Pos claro. No sería la Chica Que Todo lo Sabe si no las tuviera, ¿verdad?

Ya me preguntaba yo cuando ibas a formar tu equipo.

Y claro, hice mi apuesta cuando las probabilidades estaban buenas.

Hermione

De: Clandestino, pero no tonto

Para: Oráculo

Asunto : Re[1]: Correosmágicos

Hermione ¿apostando?

¿Quévendrádespués?

H.

-- Audaces fortunajuvat

Harry levantó la mirada cuando las puertas del Salón Grande se abrieron y los estudiantes empezaron a entrar. Muchos de ellos le sonrieron en saludo antes de que Ginny apareciera.

Ella pausó, vacilando por breve momento, antes de mirarlo con esperanza.

Harry le sonrió con calidez, y una sonrisa iluminó el rostro de la muchacha y corrió hacia él para abrazarlo, escondiendo el rostro en el cuello de Harry.

– Está bien. – susurró él. – Estamos bien, tenemos que hablar más adelante, pero estoy bien.

– ¿De todo? – preguntó ella.

– Sí, de todo.

Ginny se sopló la nariz suavemente y se movió de forma tal para quedar lo mas cerca posible a su novio. Hermione y Ron se les unieron prontamente.

– ¿Recuperado?

– Estoy un poco baldado. – confesó Harry. – Y voy a hacer algo de meditación esta tarde para que no me entren las ganas de volverme lobo de nuevo.

– ¿Qué se siente? – preguntó Ron.

– ¿Ser lobo?

– Sí, eso.

– Más natural que todo lo demás. – Harry miró a Hermione. – ¿Sabías que los hombres-lobos no son lobos?

– ¿Qué quieres decir?

– Cuando estaba luchando contra Fenrir anoche, sabía que él no era un lobo verdadero. Era un humano en forma de lobo. No entendía los detalles que conoces si eres un lobo verdadero. El lenguaje corporal, la postura, la cara, y todo lo demás. Lo pueden imitar hasta cierto grado, pero no es natural para ellos.

– Fascinante. – dijo Hermione lentamente. – Esto puede que abra otra opción para investigar si no encontramos nada con el encanto.

Harry se volteó hacia Ron. – Cuando soy lobo, pienso diferente, más directo. Las cosas que no me gustan como humano, no me importan como lobo. El matar, por ejemplo, cuando soy lobo, es natural para mí el proteger mi manada y mi territorio. Como humano, tengo más objeción moral. Por eso voy a meditar, para tratar de fusionar las dos.

– También están mis sentidos. Como lobo son más agudos. Podía oler a Hermione en tu persona y viceversa, puedo ver mejor y mi oído es increíble. – Harry sonrió. – En resumen, esta genial.

Ron rio. – ¿Cuándo nos vas a enseñar?

– Ya le prometí a Minerva que empezaría a enseñarle a Ginny, así que no veo problema en que se extienda el grupo. Claro está, conseguir el tiempo libre será el problema.

– Como siempre. – suspiró Hermione. – No estás yendo a clases últimamente.

– Creo que voy a tener que repetir el año. – dijo Harry. – Voldemort toma precedencia sobre mi educación.

Harry se preguntó el porqué Ron y Hermione escogieron ese momento para intercambiar una miradita y una sonrisa.

– No cuelgo hasta que cuelgues tú. – dijo Dudley.

– Dudley Dursley. – dijo Cerril Thomas con un suspiro. – Eres a veces peor que una chica.

– Hey. – protestó Dudley. – Soy un hombre moderno. Estoy mostrando mis emociones.

– Moderno mi trasero.

– ¿Me invitas? – preguntó Dudley.

Sheryl se echó a reír. – A lo mejor. – dijo ella. – Vas a tener que esperar y…

– ¿Sheryl?

– Dudley. – la voz de ella se escuchaba llena de pavor. – Estoy mirando por la ventana y un grupo de Mortífagos se acaba de aparecer.

– Lárguense de allí. – gritó Dudley por el teléfono. – Usa el trasladador.

– Mamá. Papá, Jenny. – gritó Sheryl. – Estaré bien. – prometió ella mientras colgaba.

Dudley colgó también, e inmediatamente corrió para la ventana de al frente.

– ¿Dudley? – preguntó Vernon, que estaba en la casa para el almuerzo. – ¿Cuál es el problema?

– ¡Carajo!

– Dudley Dursley, – chilló Petunia. – No permitiré ese lenguaje en mi casa!

– ¿Y que se supone que uno diga cuando hay un chorro de Mortífagos caminando hacia tu casa?

Petunia palideció.

– Anormales. – dijo Vernon mientras se ponía de pie. – Ya les enseñaré. – dijo él, con el bigote temblando.

– Papá, eres un idiota. – gruñó Dudley.

Petunia chilló cuando la puerta de al frente explotó, y las astillas volando hacia la pared como si fueran balas.

Dudley gruñó de nuevo y agarró a su madre, halándola hacia sí, luego agarró la mano de su padre, y mientras agarraba el collar, le daba gracias que había perdido suficiente peso de que podía contorsionarse de esta manera.

– ¡Hogwarts!

– ¡Dudley! – Petunia y Vernon chillaron mientras se perdían por el espacio.

Harry levantó la mirada de su comida y frunció el ceño. El joven sacó la varita y se trepó encima de la mesa de Gryffindor. – Viene un trasladador. – le dijo a Albus.

Cuatro personas aparecieron, una de ellas agarrando un brazo sangrante.

– ¡Mamá! ¡Papá! ¡Sheryl! ¡Jenny! – gritó Dean Thomas, mientras se ponía de pie y salía corriendo hacia ellos.

– Alguien que vaya y traiga a Madame Pomfrey. – ordenó Harry, mientras miraba el brazo del hombre. – Mucho gusto, Sr. Thomas. – dijo Harry. – Soy Harry Potter.

– ¿La persona que tenemos que agradecer por nuestra seguridad?

– Nah. – dijo Harry como si nada. – Esto lo podremos arreglar prontamente.

Sheryl se le acercó y lo abrazó mientras el joven se ponía de pie. – Gracias.

– No hay porqué. – dijo Harry. – Solo me alegro de que estén bien. – Harry pausó. – Maldita sea.

– ¿Qué?

– El otro trasladador se activó.

– ¿Dudley? – preguntó Sheryl.

Harry asintió y tomó unos pasos hacia atrás. Un segundo más tarde tres individuos aparecieron y Harry tuvo que aguantar la risa.

Dudley tenía su brazo y cabeza contra la cintura de Petunia y estaba agarrando su collar, mientras con la otra estaba agarrando a su padre.

Dudley dejó caer a sus padres con una expresión ligera de disgusto.

– Sheryl. – dijo él con evidente alivio cuando la vio y la abrazó.

– ¿Qué está pasando? – demandó Vernon en voz alta y furioso mirando a Dudley. – ¿Cómo te atreves a traerme a esta casa de locos?

– Y tú. – chilló hacia Harry. - Debíamos haberte sacado a golpes toda esa anormalidad cuando teníamos la oportunidad. Esto es tú culpa, pedazo de bueno para nada. Estaba disfrutando de mi almuerzo cuando un chorro de anormales sucios destruyeron nuestra puerta y ¡luego nuestro hijo nos secuestra antes que pudiera hacer algo! Pensaba que ya nos habíamos desecho de ti para siempre, y que tu y tu anormalidades estarían fuera de nuestras vidas. – aquí respiró hondo, su carra ya estaba púrpura. – Y…

Antes de que pudiera continuar con esta retahíla, Dudley tomó tres pasos para el frente y le sometió soberano puñetazo que empezó por las rodillas de Vernon hasta llegar a la barbilla.

Vernon se alzó de puntas, antes de caer para atrás como un gran árbol, produciendo un ruidazo cuando cayó al suelo.

– ¡Dudley! – chilló Petunia. – ¿Qué estás haciendo?

– Salvando la vida del tonto. – espetó Dudley con irritación. – Otra vez.

– ¿Qué quieres decir? – demandó Petunia.

– Mira bien alrededor tuyo. – sugirió Dudley. – Y presta atención a la pelirroja que está a la izquierda de Harry.

Harry miró alrededor como Petunia hizo. Prácticamente todos los estudiantes tenían sus varitas afuera y todas esas varitas estaban apuntando hacia los Dursley. Sin excepción, todos tenían expresiones furiosas en sus rostros. Ginny se veía particularmente furibunda, la mano le estaba brillando y estaba temblando del enojo. Ron y Hermione, por otro lado, se miraban feroces mientras apuntaban sus varitas hacia los Dursley.

– No se atreverían… – tartamudeó Petunia. – Los expulsarían.

– Pero a mí no. – señaló Snape con acidez. – Pero entonces, maldecir basura como ustedes se consideraría como servicio público.

– ¿ Me llamó basura? – demandó Petunia con indignación.

– Sin ninguna duda.

Silencio, Petrificus Totalus, Incarcerous . – los tres hechizos salieron de la mesa de Hufflepuff antes de que Petunia pudiera decir algo en respuesta.

Harry miró con sorpresa.

Susan se encogió de hombros. – Pensé que alguien que no haya perdido el juicio debía de hacer algo para protegerlos. – ella se le acercó a Petunia. – Soy una Hufflepuff. – dijo ella con orgullo. – Nosotros intentamos de tratar a todos justamente, y es lo que he hecho ahora. Pero si alguna vez la escuchara hablarle a Harry de esa manera, no tendrá que preocuparse de nadie más, porque yo me aseguraré de hacerle la vida un infierno.

– Veinte puntos para Hufflepuff. – dijo Snape con calma.

– Bueno. – dijo Harry con un suspiro. – Esto fue un poco inesperado. Es bueno verte, Dudley.

– Sí. – dijo Dudley en acuerdo. – Err, ¿por qué se mueve el techo?

Harry sonrió. – Magia.

– Claro. – Dudley rio. – Perdona, pregunta estúpida. Okay, no tan estúpida. Considerando que el querido viejo es un racista mandón, ¿por qué te regresabas todos los veranos a casa cuando te podías haber quedado aquí?

– Tenía que hacerlo. Los encantos que protegen la casa están afinados a mí. Es lo que les dio tiempo a ustedes de venir aquí. – explicó Harry.

– ¿Quieres decir que nos soportas por nuestro beneficio?

– No era del todo altruista, pero tampoco fue mi idea.

– Bueno, esa es otra que te debo. – dijo Dudley con ganas.

– En realidad. – dijo Harry lentamente. – Tú estás vivo debido a tus acciones propias, no por mí. Si no me hubieses enviado ese correo electrónico disculpándote, nunca hubiese sabido que habías cambiado y nunca te hubiese dado ese trasladador. – Harry pausó. – Dime una cosa, ¿desde cuando querías darle ese puño?

– Desde la vez que insultó a Sheryl. – dijo con una mueca feroz. – Ella no me dejó pegarle esa vez.

Harry miró a sus familiares y se encogió de hombros, los apuntó y los levito hacia la esquina.

– Eso va a tomar tiempo en acostumbrarse. – murmuró el Sr. Thomas. – ¿No que necesitan una varita?

– Papá. – dijo Sheryl con el tono de voz de adolescente. – Él es Harry Potter, puede hacer lo que quiera.

– Oh, sí, verdad. – dijo él. – Graeme Thomas. – se presentó, ofreciendo a Harry su ya arreglado brazo.

Harry se la apretó solemnemente.

– Esta es mi esposa, Mary. Ya conoces a Sheryl, y mi hija más joven, Jenny.

Jenny era una chiquita con enormes ojos marrones. Parecía que tenía cinco o seis años. Ella se separó de los brazos de su mamá y se le acercó. Se veía asustada de todo lo que le había pasado.

– Hola. – dijo Harry.

– ¿Eres mágico?

Él asintió. – Eso dicen. – dijo a secas.

– ¿Cómo Dean?

Dean bufó desde donde estaba con sus padres. – Sí. – murmuró. – Así como el trabajo de papá como taxista lo hace un piloto de carreras.

Harry asintió.

– ¿Eres mejor que Dean?

Harry negó con la cabeza. - Dean es un buen mago.

Ella frunció el ceño y lo miró y suspiró.

– ¿Qué sucede?

– Dean no me pudo arreglar mi osito. – dijo ella con tristeza, enseñando un viejo osito de peluche, al cual le faltaba la mitad de un brazo.

– Ahh. – dijo Harry mientras se sentaba en el suelo al frente de ella. – No era que Dean no podía arreglar tu osito, era que no le era permitido. Todos los magos tenemos que seguir reglas.

Harry ignoró los sonidos de incredulidad de la gente alrededor.

– De todos modos. – continuó. – Resulta que soy especialista de ositos. ¿Él tiene nombre?

Ella . – dijo la chiquita. – Se llama Matilda. – ella tenía esta expresión en la cara que decía a leguas que dudaba de su reclamo de que era un especialista en peluches.

– ¡Jenny! – regañó Mary.

– No, está bien. – Harry le dijo, para regresar su mirada hacia la niña. – Verás, apuesto a que hay cosas sobre Matilda que no conoces.

Jenny negó con la cabeza con firmeza.

– ¿Puedo? – preguntó Harry, alargando la mano.

Ella le pasó el peluche a regañadientes. – Verás, no me necesitas a mi o a Dean para arreglar a Matilda.

– ¿Cómo?

– Mira. – dijo Harry. – Esta es mi varita. La uso para hacer magia. – Harry se la enseño a ella, y luego se la tiró a Ginny quien la agarró con facilidad.

– Ahora, el problema es que nunca trataste de arreglar a Matilda en Hogwarts, este maravilloso castillo.

Ella sacudió la cabeza, sus ojos agrandados. – ¿Por qué no lo intentas ahora?

– Matilda. – Jenny dijo con voz indecisa. – ¿Te quieres arreglar? – hubo una pausa, y luego ella gritó cuando los ojos del osito se empezaron a mover hasta se fijarse en ella.

– No tengasmiedo. Dile que la quieres. – sugirió Harry. – Todos necesitan que lo quieran.

– Matilda. – dijo Jenny con voz mas firme. – Te quiero, y necesito que te arregles.

– Hogwarts en un lugar maravilloso. – dijo Harry con suavidad. – Algunos dicen que este castillo está vivo, y que él puede ayudar a otros. Pero mira. – Harry señaló al osito, el cual empezó a moverse.

– Se mueve. – murmuró Jenny con asombro.

– Ella te quiere. – dijo Harry solemnemente. – Ahora, necesito que te concentres con fuerza. ¿Qué le vas a arreglar primero?

– Su brazo, su brazo. – dijo Jenny mientras se arrodillaba.

– Mira. – susurró Harry. De lo que quedaba del brazo salió algo marrón que lentamente creció hasta convertirse en un brazo.

– Funciona. – dijo Jenny en excitación. – Vamos, Matilda. – animó la niña.

Matilda movió la cabeza y vio su brazo crecer. Cuando estaba en su sitio, ella lo agitó varias veces.

– Su cuerpo. –dijo Jenny esta vez, aplaudiendo las manos cuando el osito empezó a llenarse hasta que ya parecía como un osito de peluche normal.

– Creo que le ayudaría un baño. – sugirió Harry.

– ¿Eso se puede? –preguntó Jenny.

– Si crees lo suficiente, cualquier cosa es posible.

– Lo creo. – dijo Jenny. – Vamos Matilda, límpiate.

Los pies de Matilda empezaron a cambiar de color, del marrón sucio a uno más suave. Cuando ya estaba totalmente limpia, Matilda se vio a sí misma y luego a su dueña y abrió los abrazos.

– ¡Matilda! – gritó Jenny y abrazó a su osito fuerte, llorando de felicidad.

Harry sonrió suavemente. – Ya ves. – Le dijo con gentileza. – Que sí sé sobre ositos.

Jenny le asintió con ganas.

– También se que mientras estés en Hogwarts, Matilda podrá mostrarte lo mucho que te quiere, pero cuando te vayas, ella volverá a dormirse.

Jenny asintió de nuevo.

– Pero Matilda siempre te querrá, y si hombres malos vuelven a tratar de hacerte daño, todo lo que tienes que hacer es abrazar a Matilda y ellos nunca, nunca podrán hacerte daño.

Ella jadeó y miró a su osito de peluche. Luego se inclinó para darle un beso al suelo. – Gracias Hogwarts. – dijo en un susurro.

Una luz brillante los iluminó a los dos y flotaron en el aire.

– ¿Qué está pasando? – preguntó Jenny, agarrando a Matilda.

– Hogwarts está diciendo “De nada.” – explicó Harry mientas flotaban.

Jenny lo miró de cerca. – No eres como Dean. – dijo ella eventualmente mientras flotaban para abajo.

– Lo soy. – protestó Harry.

– Hogwarts te quiere a ti más que a Dean. – dijo ella con firmeza. – Eso fue lo que me acaba de decir ella. Hogwarts quiere también a Matilda. – ella frunció el ceño. – Ella dice que confía en ti.

Harry parpadeó. Luego alargó la mano y la pasó suavemente por el pelo de ella. – Creo que a tu hermano le gustaría que le dieras un abrazo.

– Está bien. – dijo Jenny y se puso de pie. Ella abrazó a Harry fuertemente por un segundo y luego se fue corriendo hacia su hermano. – ¿Abrazo? – preguntó ella.

– Vamos. – dijo Dean y la levantó en sus brazos. – Te puedes sentar con nosotros.

Harry se puso de pie con una expresión pensativa en el rostro. Luego miró alrededor. – ¿Qué? – preguntó.

Casi todas las chicas lo estaban mirando con sonrisas que él no podía entender.

– ¿Ron? – preguntó Harry. – ¿Qué está pasando?

Ron se rio suavemente. – Lo siento, amigo, no te lo puedo a decir.

– ¿No puedes o no quieres?

– No quiero. – dijo riendo. – Acabas de hacer el error más grande que un varón puede hacer.

– ¿Ah?

– Quieto, Ron. – ladró Hermione.

– Sí señorita. – dijo Ron con una risita, claramente disfrutando del incomodo de Harry.

– ¿Ginny? – trató Harry. Ésta solo se le acercó y lo abrazó fuertemente.

Harry le devolvió el abrazo, y miró incrédulo hacia los maestros. Severus y Albus se estaban riendo burlonamente mientras que McGonagall tenía una sonrisa similar a las de las chicas.

– ¿Qué? – preguntó de nuevo.

Ginny solo sonrió y lo haló de vuelta para la mesa, donde Hermione lo abrazó.

– ¿Por fa?

Ginny solo le dio un beso ligero en la mejilla y recostó contra él, pasando el brazo alrededor.

Harry decidió olvidarse de lo que estaba pasando cuando se acordó de otra cosa.

– ¿Dobby?

– ¿Harry Potter llamó a Dobby, señor?

– ¿Podrías preparar dos habitaciones para la familia de Dean y uno para ellos?

Dobby asintió y se volteó, para entonces detenerse de súbito.

– Ellos son los Dursley. – señaló el elfo, mirando a los dos que estaban en el suelo.

Harry asintió.

– Los Dursley no son dignos de estar en habitaciones. – dijo Dobby. – Los Dursley necesitan estar en armarios. – y antes de que Harry pudiera hacer algo, el elfo se apareció sobre Vernon y Petunia y se los llevó a los dos.

– Hey, Harry. – dijo Seamus. – ¿Se le pueden dar puntos a un elfo?

Harry sólo se rio.

Seamus devolvió la sonrisa. – Y ya que no hay nadie aquí con las pelotas para decirte esto, estuviste muy bien con Jenny. Normalmente a ella no le gustan los extraños.

Harry miró a Dean por un momento, y luego saludar con la mano. Jenny estaba recostada contra su mamá y cerró los ojos.

– En caso que no supieran, es una bruja. – dijo Harry.

– Genial. – dijo Dean alegremente.

– Pero me preocupa un poco el comentario que hizo ella sobre Hogwarts.

– ¿Por qué? – preguntó Ginny.

– Bueno, era mi magia. – dijo Harry. – Todo menos la última parte cuando ella flotó en el aire.

– Harry. – llamó Albus.

Harry levantó la mirada y Albus rio burlón. – “Algunos dicen que este castillo está vivo.” – citó Albus. – Y si está vivo, ¿por qué no puede tener sus favoritos?

Harry no sabía como responderle, así que se volvió hacia los Thomas. – Van a tener que quedarse aquí por un tiempito. El ministerio irá a arreglarles su casa y limpiarles las memorias a sus vecinos. Un elemento desagradable de aquí en Hogwarts mencionó la relación de Sheryl con Dudley y es por eso que Voldemort los señaló como blancos. Bueno, eso y el hecho de que son Muggles.

– Encontrarán que los cuartos aquí son agradables y que claro está, se les compensará por el tiempo que estén fuera de sus trabajos. ¿No hay problema con eso?

– Soy taxista. – respondió Graeme. – Puedo poner mis propias horas de trabajo. Mi esposa cuida de las niñas.

– Eso lo hace más fácil. – admitió Harry. – ¿Por qué no usan esta oportunidad para que conozca como Dean pasa sus días lejos de casa y hacen como tuvieran vacaciones? Dean, toma la tarde libre para que ayudes a tu familia a que se acomoden.

– Sí, Profesor Potter. – bromeó Dean.

Harry hizo una mueca. – Muy bien, gente, es hora de irse a clases. Y esperemos que vayamos a tener una cena menos excitante esta noche.

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Notas de Jeconais:

Muchas gracias a mis betas : Kokopelli, OhGinnyFan, GardenGirl, Ishtar (and Kinsfire), Grey Wizard y Musings.

El Beano es la segunda tirilla cómica mas vieja del Reino Unido, detrás de Dandy, y tiene personajes como Dennis el travieso (no es la versión americana con el Sr. Wilson= y Minnie la Minx. Los dos personajes se visten de rojo y negro.

Carne azul – o azul cruda (blue rare) es carne menos cruda. Se le cocinó rápido, la parte de afuera está cocida, pero por dentro está fría y en realidad no está cocinada. El filete será rojo por dentro.

La Sra. Robinson y Benjamín vienen del la película El Graduado, de donde me robé las líneas del diálogo. Y las aliteraciones vienen de V for Vendetta.

Notas de Arios:

(1) Sé muy bien que el nombre es Xenofilius Lovegood, pero como esto se escribió ANTES de la publicación de HP-7 lo dejé igual.

(2) Se suponía que era una aliteración, pero se me hizo imposible seguirla

(3) Beowulf – poema épico de la literatura inglesa. Algo así como el Cantar del Mío Cid.

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