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Guerra Declarada
El día libre de Harry Potter

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De: Siri

Para: Remi

Asunto: Snape

A lo mejor él no es tan mala persona. Le gusta el popcorn.

S.

--
jau


De: El hombre lobo incrédulo

Para: El perro sato masticando  

Asunto: Re: Snape

Sí claro, ahora el popcorn se usa para juzgar a una persona, ¿no?

Yo estaba mas interesado en la profecía de anoche que en tu relación con Snape. Y llamarlo Snape es mucho mas fácil de leer que Snivellus.

¿Ya entendiste lo que significa la profecía, verdad?

R


De: Ya has usado ese insulto

Para: El que tiene mala memoria

Asunto: Re: Re: Snape

Te admito que es más fácil de escribir.

¿La profecía? Sí: Harry se enfrenta a Voldemort, Harry gana, Harry y Ginny se casan y yo obtengo un chorro de nuevos Potter para corromper.

Canuto

--
jau


De: El olvidadizo

Para: El olvidado

Asunto: Re: Re: Re: Snape

Moviéndose rápido.

En cuanto a la profecía, significa que Harry es el ÚNICO que puede matar a Voldemort. No importa lo que hagamos, no podremos evitar que Harry tenga que quitar una vida.

Remus suspirando


De: El abochornado

Para: El educado

Asunto: Re: Re: Re: Re: Snape

Maldición.

Maldición, maldición, maldición, maldición.

¡Maldición!

Siri

--
maldición


De: El entretenido 

Para: El que entretiene

Asunto: Re[muchos]: Snape

Exactamente lo que siento yo. Bueno, imagino que lo que nos queda es asegurarnos de estar ahí para el chiquillo. Hablar con Ginny sería buena idea. Estoy seguro que ella sabe lo que está pasando.

Hablando de ella, lo que hizo anoche estuvo fenomenal. Hasta se me pararon los pelos cuando ella flotó y habló con esa voz de trueno. Claro está, me di cuenta de que Fred y George la ayudaron con los hechizos, pero como sea…

R


De: El que se pierde los detalles

Para: El que se fija en los detalles

Asunto: Re: Re[muchos]: Snape

De hecho, fue esa pequeña interpretación lo que me puso al tanto. Ver a Harry ahí parado, tan maduro, tomando el mando de la orden, bueno, digamos que me entristecí un poco.

No lo estoy comparando con James otra vez., pero anoche, no pude evitar pensar en qué hubiese pasado si James estuviera vivo, él sería el cabecilla de la orden, no Harry. James estaba destinado para cosas grandes y Voldemort lo asesinó.  

Sirius.

--
moviendo el rabito


De: Remus

Para: Sirius

Asunto: James

Se lo que quieres decir, especialmente en esa luz tenue de anoche. Pudo haber sido James, y Ginny pudo haber sido Lily, pero la ilusión fue solo por un segundo.  Con todo y lo que lo apreciaba, no creo que James hubiese terminado como el cabecilla.  ¿No has notado que Harry y Dumbledore comparten algo profundo con su magia y James, con todo y lo poderoso que era, no la tenía?

Lunático


De: No nos pongamos serios

Para: El otro merodeador

Asunto: Re: James

Podrías tener razón. Pero como sea, no nos metamos tan a fondo. Anoche descubrimos que hay esperanza, descubrimos que Harry puede ser un líder. Yo lo sigo al infierno y a donde sea, y descubrimos también que cuando escoge amigos, escoge los mejores.

S.

--
Viste, no más bromitas de Sirius


De: Incrédulo

Para: Canuto

Asunto: Bromitas

¿De veras?

Entonces significa que Harry logró lo imposible…

¿Debería señalarte que el forzarte a echar de lado tu enemistad con Severus no era la broma pesada que tenía en mente para ti?

¿Quieres enviarle mensaje mágico para reunirnos mañana con él?

Lunático


De: Incrédulo también

Para: Aquel-que-sabe-mucho

Asunto: Re: Bromitas

Okey, ahora estoy gruñendo.

Sí, yo le escribo.

El día que estaba tan bonito...

S.

--
de pucheritos


De: Tío Sirius

Para: Harry

Asunto: Mañana

Harry, mi viejo,

Espero que hayas pasado un bonito día, y no me refiero a estar besuqueando a Ginny.

De todos modos, Remus y yo pensamos que nos tiraríamos para allá mañana y acompañarlos a cenar a ti y a Ginny.

Y, si prometo sobre la tumba de Lunático nunca tirarme otra bromita de Sirius/serio, ¿te olvidas de la broma pesada?

Canuto el adorable

--
Jau esperanzado


De: Fred (o es George)

Para: El Chico-Que-Besuquea-A-Nuestra-Hermana

Asunto: CMOdBeH

Harry, cuando tengas un segundo, podrías pasar por la tienda, necesitamos darte una actualización sobre nuestro progreso.

George (o es Fred)

--
Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon.


Minerva McGonagall tomó su taza de té y contempló el Gran Salón frente de ella. Como siempre, sus ojos se posaron en la mesa de Gryffindor. Hermione, Ron y Ginny estaban sumergidos en su conversación, mientras los chicos alrededor hablaban en voz baja, tratando de no interferir.

Era obvio al mirarlos que ellos tres eran, cuando Harry no estaba alrededor, los portavoces del muchacho. Hasta los del séptimo año les echaban el ojo de cuando en cuando, asegurándose de que su atención no hacía falta.

La profesora bajó la taza y movió los ojos hacia la mesa de Hufflepuff, cuando un grito que por poco le parte el alma se escuchó por todo el lugar. Los ojos de McGonagall volvieron a la fuente del sonido: Ginny Weasley. La profesora vio con horror como la muchacha se agarraba el collar antes de desmayarse.

El grito hizo eco por todo el lugar, imprimiéndose en el cerebro de Minerva de una forma que nunca podría olvidar. Parecía que alguien le acababa de arrancar el corazón.

McGonagall se volteó hacia Dumbledore para verlo aparecerse al lado de la muchacha. McGonagall no estaba segura como el anciano profesor se había movido tan rápido y se preguntó vagamente si era similar a la forma súbita de moverse de Harry que Ginny había descrito.

Albus se inclinó y luego se volteó. Un fuego aparecía al frente de sí y con voz grave llamó. – ¡Aberforth Dumbledore!

– ¿Albus? – otra cara apareció en el fuego, con obvia resemblanza familiar.

– ¿Esos collares que les diste a Harry y a Ginny, que es lo que hacen? – demandó Albus, poder y preocupación emanando a la vez de su persona.

– Los enlaza a los dos a un nivel mágico. ¿Por qué?

– Ginny se acaba de desmayar después de gritar y agarrarse el collar.

La cabeza en el fuego pausó por un segundo para luego ponerse pálida. – Encuentra a Harry. Ahora. Yo voy de camino.

Albus se volteó, el fuego detrás de él apagándose, y Minerva, acompañada de otros miembros del personal, se le unió en el suelo. Madame Pomfrey estaba ya de rodillas al lado de la muchacha, chequeándola, con Hermione a su lado actuando como enfermera.

– Harry está en Hogwarts. – dijo Dumbledore con voz que no admitía disputa. – Desafortunadamente, no se donde.  

– Quiero que esta escuela se investigue de arriba a abajo. Prefectos… – la voz de Albus se apagó un poco cuando se volteó hacia Hermione. – ¿Qué se me ha olvidado? – preguntó con un suspiro.

Hermione, quien había estado mirando al profesor con confusión en la cara, juntó las manos de repente. – Dobby.

– ¿Sí, Srta. Grangy? – preguntó Dobby el elfo, apareciendo con un pop.

– Escucha con cuidado, Dobby. – Hermione dijo, todavía de rodillas. – Creemos que Harry está en líos. Sabemos que está en la escuela, pero no sabemos donde. Nos urge encontrarlo.

Los ojos de Dobby se agrandaron y una expresión de horror apareció en su rostro. El elfo se volteó y aplaudió con las manos con urgencia. Dos docenas de elfos aparecieron en una serie de pops rápidos.

– Harry Potter señor está en problemas. – Dobby dijo con voz firme. – ¡Encuentren a Harry Potter señor ahora y repórtense de vuelta a Dobby!

Los elfos domésticos asintieron a la vez a Dobby y se desvanecieron con un pop.

– Los elfos encontrar rápido a Harry Potter. – dijo Dobby. – Dobby buscará también. – y con eso, el elfo se desvaneció.

– ¿Hermione no te hace sentir inferior a veces? – preguntó McGonagall a la profesora Sprout con un susurro.

– Todo el tiempo.

– Gracias a Merlín. – replicó McGonagall con alivio. – Pensaba que era solo yo la que pensaba así.

– Los elfos han encontrado a Harry Potter, señor. – dijo Dobby, apareciendo con un pop en el Salón. – Inconsciente en el sótano de Severus Snape. El profesor Snape está abajo también.

– Gracias, Dobby. – dijo Dumbledore.

Hermione y Ron no esperaron. Los dos ya andaban corriendo por la puerta, dirigiéndose hacia la habitación del profesor Snape cerca de la sala común de Slytherin.

Minerva verificó que a Ginny la estuviesen atendiendo y empezó a seguir a los dos jóvenes cuando se dio cuenta de que podía simplemente aparecerse hacia allá. Ella trató, se desvaneció y reapareció frente a la puerta de Snape. Albus apareció un segundo mas tarde.

– Todos los alojamientos de los profesores tienen barreras protectoras. – Dumbledore explicó cuando Ron y Hermione se aparecieron sin aliento. – Puedo entrar pero no los puedo sacar sin abrir la puerta.

– ¿Y que espera entonces? – preguntó Ron.

Dumbledore frunció el ceño levemente. – Tengo problemas abriendo la puerta de Severus. – admitió un poco abochornado.

Dumbledore silbó a la puerta y esperó. Suspirando, intentó otra vez.

– ¿Es en lengua pársel? – preguntó Hermione.

Dumbledore asintió y trató una tercera vez.

– Los alojamientos de los profesores son los más seguros del castillo. – McGonagall explicó calladamente. – Tienen que ser así para mantener a los bromistas afuera.

Con otro intento, la puerta se abrió y Albus corrió adentro.

Harry y Severus estaban en el suelo completamente inertes.

Hermione se dirigió hacia Harry y con mano temblorosa le tocó el cuello. – Hay pulso. – susurró ella, cerrando los ojos con alivio. – Es débil, pero está ahí.

– Bien. – dijo Dumbledore agarrando a Severus. – Min, agarra a Harry y Aparécete con él en la enfermería.

– Los veremos allá. – dijo Hermione. – Vamos, Ron.

Los dos estudiantes salieron corriendo del cuarto mientras Minerva movía la varita, levitando a Harry afuera del cuarto.

Albus la siguió, pero sin usar su varita.

Tan pronto estuvo fuera de las barreras, McGonagall colocó los brazos alrededor del muchacho y respiró profundo. Nunca había sido buena en Aparición doble. McGonagall cerró los ojos y los empujó a los dos a su destino.

Los dos llegaron un segundo mas tarde con un pop.

– Ponlo aquí, Min. – ordenó Pomfrey, apuntando a la cama al lado de donde estaba ya Ginny acostada.

– ¿Cómo está ella?

– Inconsciente, pero en buen estado. Ponga a Snape al lado de Harry, Albus.

– ¿Que puede decirnos? – preguntó Albus.

– Shh. – la enfermera dijo, lanzando hechizos. – Hermione. – dijo ella tan pronto la muchacha apareció por la puerta. – ¿Te puedes encargar de Ginny?

Hermione asintió, y Minerva se salió del medio mientras la bruja más joven se encargaba de lanzarle hechizos para vigilar a la otra muchacha.

– ¿Qué fue lo que sucedió? – preguntó Ron, con voz llena de preocupación.

– No lo sabemos aun, Ron. – dijo Albus con un suspiro. – Voy a ir a asegurarles al resto de los estudiantes de que Harry está vivo. ¿Min, presumo que te quedas?

– Seguro.

McGonagall vio como Albus se iba de la enfermería, para luego sentarse fuera del medio. Ella se sorprendió un poco cuando Ron se le unió segundos mas tardes.

– Me siento tan impotente. – susurró Ron.

– Entiendo, Sr. Weasley. – respondió Minerva de forma suave.

– Él es Harry, ¿sabe? Él es el héroe. No se supone que pase la mitad del tiempo inconsciente. Y mi hermana, se supone que sea feliz con él, no llorando a lágrima viva todo el tiempo. Me asusta, sabe, que estén tan cercanos, cuando son tan vulnerables el uno con el otro.

– Parece que por fin aceptó la relación de ellos. – McGonagall dijo con gentileza. Ron nunca se había abierto así con ella y estaba curiosa de ver si podía encontrar algo más profundo que la pinta de Gryffindor que era mas obvia en el pelirrojo.

– Una vez salí de la reacción de sorpresa. Tiene sentido, los dos han pasado por muchas cosas, como el ser poseídos por Voldemort. Cuando tomé el tiempo de observarlos a los dos, son diferentes cuando están juntos. Él pierde esa desconfianza y distancia y sonríe más. Ella es la misma, es como si por fin hubiese encontrado la paz que ha estado buscando desde su primer año.

– Usted dijo Voldemort.

– Sí lo dije. – respondió Ron. – Él es el responsable por todo. Es su culpa que mi mejor amigo esté inconsciente de nuevo; es su culpa que mi hermana esté ahí como un cadáver.

– ¿Cómo sabe eso?

– Porque nadie más puede tocar a Harry.

– Pudo haber sido algo con el profesor Snape. – ella sabía que no, pero quería ver como el muchacho respondería.

Ron suspiró y se volteó para mirarla directamente. – No, no es eso. Harry confía en el profesor y eso es suficiente para mí.

– ¿Lo es?

– Lo es ahora. No voy a dudar más de él. He estado en la oscuridad y no quiero volver allí.

– Eso suena como si ya estuviera creciendo.

– Estoy tratando. – dijo Ron con otro suspiro. - ¿Sabe que el partido de Quidditch ya no importa? No vamos a hacerlos romper si les ganamos.

– Parece muy confiado en que va a ganar.

Ron rio suavemente y miró alrededor. – No lo estoy. – admitió. – En lo absoluto. Este año especialmente con Harry planeando todo adelantado y pensando en todo. Él no se pondría en una situación en la que podría perder. Al menos no con un plan alterno.

McGonagall sonrió y asintió lentamente.

Los dos levantaron la mirada cuando Hermione dijo. – Se está despertando.

La puerta de la enfermería se abrió y Aberforth Dumbledore entró, ligeramente sin aliento. – Es en momentos como este cuando desearía tener la agilidad del joven Potter. – dijo quejándose. - ¿Qué tenemos aquí?

– No tengo la más mínima idea de que les pasa al Sr. Potter y a Severus. – dijo Madame Pomfrey con un suspiro. – Los dos están vivos, pero no logro hacerlos reaccionar a nada. Y Ginny está despertándose.

Abe asintió y se movió al lado de la pálida muchacha.

Ginny abrió los ojos y gimió. – ¡Harry! – antes de romper en llanto histérico.

Al lado de Minerva, Ron se movió y pasando por el lado del anciano mago, se acercó y abrazó a su hermana fuertemente. – No te preocupes, Ginny. Está vivo. – dijo asegurándola.

Ginny se quedó helada y luego se echó para atrás para poder mirar a su hermano. - ¿Vivo? – susurró ella, con lagrimas bajándole por el rostro.

– Mira por ti misma. – dijo Ron señalando para el lado.

Ginny se levantó de un salto y se tambaleó hasta la cama de Harry, observando por sí misma que el joven estaba respirando.

– No sabemos que le pasa. – dijo Ron suavemente, moviéndose al lado de ella y colocando una mano sobre el hombro de ella.

– No lo puedo sentir. – Ginny dijo, bajando la cabeza hasta que estaba sobre el pecho de Harry. – Ya no está aquí.

– Todavía hay esperanza, Ginny. – dijo Aberforth suavemente. – Todavía respira.

– Pero no está.

– ¿Quieres decir que no lo puedes sentir más?

Ginny asintió levemente. – Desde que usted nos dio estos collares, siempre puedo sentirlo, ¿sabe? Siempre estaba ahí en mi mente, aspa que apenas lo sentía. Entonces, de repente se fue. – Su voz se iba poniendo más y más alta según sus emociones salían a flote. - ¡Y ya no estaba ahí! ¡Ya no lo podía sentir más!

– Duérmete. – Abe dijo suavemente, colocando una mano sobre la frente de la muchacha. Ginny cayó dormida en la cama sin hacer ruido.

Abe caminó hacia Harry y puso su mano sobre la frente del joven. – Su mente está ahí. – dijo lentamente. – Eso es buena señal.

– ¿Alguna idea de porque está inconsciente? – preguntó Hermione.

– No tengo la más mínima idea. – suspiró Abe. – ¿Alguien sabe lo que estaban haciendo?

– Ni idea. Sabemos que Snape quería hablar con Harry sobre algo, pero no sabemos de que. Harry se iba a reunir con nosotros mas tarde.

– Pues bien. – dijo Abe lentamente. – Lo único que nos queda entonces es esperar. – dijo mientras distraídamente conjuraba una silla cómoda y se sentaba sobre ella.


De: Remus

Para: Sirius

Asunto: ¿Dónde demonios estás?

Hay una emergencia. ¿Donde demonios estás?

R.


De: Sirius

Para: Remus

Asunto: Re: ¿Dónde demonios estoy?

Londres. Te veo en La Casa de los Gritos.

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gruñendo


De: Fred

Para: George

Asunto: Maldición

Bueno, mi viejo. ¿Imagino que ya te enteraste?

F.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: George

Para: Fred

Asunto: Re: Maldición

Me enteré, sí. Yo sinceramente espero que se encuentre el porque está malo. Y rápido.

¿Piensas que deberíamos atrasar los planes de la cerveza de mantequilla?

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Freddie

Para: Georgie

Asunto: Planes

Creo que no, no hay razón para posponerlo. A Harry no le gustaría que lo hiciéramos, y hay que asumir que él saldrá de esta.

F

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: George P Bestiasalvajus (1)

Para: Frederick Von Sexjaimer

Asunto: Re: Planes

¿Y si no la hace?

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon  


De: Barón Von Sexjaimer

Para: Conde de Bestiasalvajus

Asunto: Si no la hace…

Entonces desempolvamos el viejo plan y nos encargamos de todo por nuestra cuenta.

F.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Un poco nervioso

Para: El bravucón

Asunto: Encargarnos de todo

Bueno, pienso que tienes razón. La profecía dice que a lo mejor Harry es el que puede matarlo, pero no creo que sea del todo verdad. No hay problema que unas cuantas libras de explosivos no arregle.

Así que, usaríamos el hechizo que convierte nuestra sangre en nitroglicerina, nos “atrapan” los mortífagos, nos llevan a donde Voldemort para interrogatorio, nos prendemos la mecha, nos llevamos a cuantos sea posible, y dejamos una monstruosa columna de humo y fuego como nuestro epitafio.   

G

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: No eres el único

Para: La única persona con quien haría algo así

Asunto: Mejoras

Okey, el plan era bueno el año pasado, pero ahora estamos mejor. Vamos a meterles unas cuantas mejoras. Tiene que haber una forma en la que se pueda usar esto para promover a SW. Obviamente le dejaríamos la tienda a las muchachas, pero hay que estar seguros de que no les faltará nada de por vida.

Quizás le podríamos añadir par de cargas para cuando explote la cosa tenemos un enorme anuncio que diga “Esta aniquilación de mortífagos es cortesía de Sortilegios Weasley.”

¿Qué crees tú?

Fred.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Co-genio

Para: Co-genio

Asunto: Re: Mejoras

Tremenda idea. No sería tan difícil. Si atáramos las explosiones a nuestro núcleo mágico seríamos capaces de armar la grande, ya que como sea estaríamos muriendo. Rayos y centellas sería un buen detalle, en honor a Harry.

Pero como sea, yo todavía espero que no lleguemos a esa, que Harry se recupere, se case con Ginny y nos provea con una nueva prole de chiquillos poderosos a los cuales corromper.

George.

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Admirado

Para: Inspirador

Asunto: chiquillos

Excelente idea. Los hijos de dos de las personas más poderosas que conocemos deben de salir igual de poderosos. Piensa en todas las bromas que les podemos enseñar.

Nos va tomar algo de trabajo, pero si mostramos algo de madurez frente a Harry y a Ginny, podemos persuadirlos de que nos dejen ser niñeras. Una vez nos dejen, entonces les enseñamos a los chiquitos desde temprano, amoldar esas mentes jóvenes dentro del marco perfecto para que prosigan con la tradición Weasley.

Ya tengo ideas para la clase de bromitas que un chiquillo de tres años puede hacer. Deja ver que más me invento.

Frederick Von Sexjaimer

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Sortilegios Weasley – Muy pronto en el Callejón Diagon


De: Dama Nocturna

Para: Cuidador de serpientes

Asunto: Voldemort

Snape,

No se que fue lo que hizo Potter anoche, pero Voldemort está de malas. Casi parece un espectro. Todo lo que Lucius me dijo fue que se la pasó gritando ‘¡Potter!’ antes de que colapsara.

Sabes, por primera vez en muchos años me siento entusiasmada por algo.

Bella.


De: Pansy Parkinson

Para: Mamá

Asunto: Noticias

Tengo que hacer esto rápido... Acabo de escuchar a Dean Thomas hablar… Parece que el primo de Potter está saliendo con la hermana muggle de Thomas y que los dos viven en un sitio llamado Little Whinging. Si nuestro Señor los capturara, entonces Potter iría de rodillas hacia él. Tú sabes como son los Gryffindors.

Pansy

--
La pureza es verdadera  


Desmaius. – Parvati Patil, Padma Patil, Luna Lovegood, Blaise Zabini, Lavender Brown y Susan Bones dijeron a la vez.

Pansy apenas pudo decir un ‘ay’ antes de salir volando contra la pared y colapsar inconsciente.

– Vamos. – dijo Blaise con alegría. – Tenemos que sacarla de aquí antes de que alguien nos vea.

– ¿Importa? – preguntó Lavender. – Quiero decir, todos saben que estamos haciendo esto por Harry y de que ella es una morti-morona.

Blaise pausó y luego sonrió con algo de bochorno. – Lo siento. – dijo disculpándose. – Es un hábito de Slytherin. Si vas a hacer algo, lo haces a escondidas.

Padma lanzó un hechizo para levitar a la muchacha que estaba tirada. – Pues bien, llevémosla a la Torre de Astronomía.

Las seis chicas rodearon a la otra inconsciente y la escoltaron por la escuela. Los pocos estudiantes que las vieron instantáneamente decidieron que no querían ni necesitaban saber lo que estaba pasando y se escurrieron del lugar, los ojos mirando para el techo o el suelo mientras se alejaban.

Arriba en el techo, las muchachas ataron a Pansy a un marco hecho a la ligera, para que se viera que ella estaba mirando por encima del parapeto y colocaron la varita de Pansy fuera de su alcance.

Enervate. – dijo Blaise, lanzando el hechizo a Pansy.

– ¿Qué…? – gimió Pansy, antes de alzar la Mirada.

– Hola, Pansy. – dijo Blaise. – Nos hemos dado cuenta de que te has portado muy mal, y nosotras no queremos chicas malas interfiriendo en las cosas que no les importa.

– ¿De que demonios estás hablando Zabini? – demandó Pansy poniéndose pálida.

Padma se le acercó y le dio senda cachetada a la chica atada que le viró la cara de lado. – Sin hablar feo. – dijo calmadamente.

Pansy sacó la lengua, probando la sangre que le salió de la nariz. – Me pegaste. – dijo con shock en la voz.

– Eso hice. – asintió Padma. – Eres basura. Eres una vil racista, y te odio por lo que eres y crees.

– Vamos hermanita. – dijo Parvati, alejando a su hermana. – No nos vayamos por la tangente.

– Pero… – se quejó Padma.

– Lo se hermanita, lo se. Me encantaría a mí también darle por donde mas duele, pero no podemos hacer eso, nos pondría en su mismo nivel.

– Semánticas. – dijo Padma con desdén. – Tratar a alguien como se lo merece no nos hace quedar mal.

Parvati suspiró. – Las dos sabemos que nunca voy a ganar una discusión lógica contigo. Así que en vez, pregúntate si Harry haría lo que hiciste.

– No. – contestó Padma. – No lo haría.

– Cuando salga de esta, te expulsarán por pegarme. – chilló Pansy.

– Bueno, en ese caso, no puedo permitir que Padma se vaya sola. – dijo Susan con calma, mientras caminaba hacia Pansy y le daba otra cachetada.

– Hufflepuff típica. – dijo Pansy con desdén. – Le pegas a alguien cuando no puede pegarte de vuelta.

– Pues bien que sí. Soy una típica Hufflepuff. – replicó Susan. – Te lo merecías y estoy siendo leal a Harry. ¿Recuerdas, justa y leal?

– De todos modos. – interrumpió Blaise. – Nos estamos hartando de que nos estés espiando, así que te invitamos aquí para persuadirte de que dejes de hacer eso.

– No voy a dejar de hacer nada y cuando el Señor Tenebroso gane, me encargaré de que pasen el resto de sus vidas sirviendo a los mortífagos. – dijo Pansy a sus captoras.

Blaise se adelantó y le propinó otra cachetada fuerte a Pansy. – Divertido. – dijo con una sonrisa. – He querido hacer eso desde hace años. – la joven miró a Pansy. – De verdad que eres estúpida. Voldemort no va a ganar. Harry va a ganar.

Pansy bufó. – ¿Potter? Por favor.

– ¿No lo entiendes, verdad? – dijo Blaise. – Míranos a nosotras. Tenemos dos Gryffindor, dos Ravenclaw, una Hufflepuff y una Slytherin, todas trabajando unidas, haciendo algo por un amigo. Todas castigándote por interferir con la relación de Harry y Ginny.

– ¿A quien le confía Voldemort para que haga algo así? A nadie. Porque todos los morti-estúpidos lo siguen por las razones equivocadas.

– Muérete Zabini. – gruñó Pansy.

Luna le pasó por el lado a Blaise y miró fijamente a la chica amarrada, inclinándose hasta quedar frente a frente con la Slytherin.

Pansy le escupió en la cara, pero Luna ni se inmutó.

– Permisito. – dijo Lavender, moviendo a Luna para atrás y propinándole otra cachetada a Pansy. – No puedo dejar que una Ravenclaw, una Slytherin y una Hufflepuff tengan toda la diversión. – dijo alegremente. – Luna, por favor, prosigue. – dijo y se movió para el lado.

– No tiene caso. – Luna dijo soñadoramente. – Ella cree en su corazón de piedra de que pasará el resto de sus días de rodillas sirviendo personalmente a Voldemort. – Luna alargó la mano y acarició la cara de Pansy. - ¿Y no puedes esperar a que llegue ese día, verdad?

– ¿De que demonios hablas, engendro raro?

Luna se inclinó mas cerca y susurró de forma conspiradora. – Los narbucles. Me dicen todo. Me dicen que no vas a cambiar. – le confió a la horrorizada Slytherin. – Me dicen que tienes que morir.

– ¿Qué?? – chilló Pansy.

– ¿No los escuchas? – dijo Luna alegremente. – Ellos me hablan. Ellos quieren que te mueras para así bailar en tu sangre. Los hace feliz.

– ¿Err, Luna? – Parvati preguntó. – No la vamos a matar.

– Claro que sí. – replicó Luna inocentemente. – Para eso la trajimos aquí. Miren, todo lo que hay que hacer es cortar la soga.

– Dijiste que la traeríamos aquí para asustarla. – protestó Susan. – No para asesinarla.

– Pero su alma está ya muerta. – dijo Luna alegremente. – Está toda negra y corrupta. No hay señal de vida ni nada.

– Pero – Padma empezó y luego negó con la cabeza. – Sabía que estabas chiflada. Si vas a hacer esto, entonces no me quedaré para verlo.

– Yo tampoco. – dijeron Parvati y Lavender a la vez.

– Cuéntenme fuera también. – dijo Susan.

– ¡Esperen! – chilló Pansy, y todas se volvieron a mirarla. – ¡No me pueden dejar sola con esta loca!

– Y no lo haremos. – dijo Susan. – Blaise te hará compañía.

– Tengo que asegurarme que Luna tenga una coartada. – Blaise se encogió de hombros. – Sabes como soy, querida Pansy, como una buena Slytherin, la muerte no me asusta.

– Pero… - Pansy dijo con lágrimas en los ojos. – Ustedes, ustedes no pueden hacer esto.

– Nosotras no vamos a hacer nada. – dijo Padma en acuerdo. – Loony es. Nosotras solo decidimos no detenerla.

– Ellos quieren sangre, los narbucles. – cantó Luna mientras daba un bailecito. – Y están tan contentos de que la van a recibir. – ella se detuvo de repente y puso la mano otra vez en la cara de Pansy. – Tú no les gustas. – dijo en un susurro escalofriante.

Las otras cuatro chicas se fueron, dejando a Luna, Blaise y Pansy.

Luna bailoteó alrededor de Pansy antes de agarrar la soga y usarla para halar a Pansy al borde del parapeto. – Sabes. – le dijo a Blaise. – Matar a alguien es mucho mejor que el chocolate.

– ¡Esperen! – Gritó Pansy. – Por favor, por todo lo que es bueno, esperen un poco.

– ¿Qué sabes tú de ser buena? – espetó Blaise. – Interferiste con Harry y Ginny; le pasaste secretos a los mortífagos.

– ¡No lo haré más! – gritó Pansy.

– Shhh. – dijo Luna consolando. – Gritar hará que tu sangre sepa horrorosa para los narbucles. Un poco más agria. Y entonces se pondrán furiosos. Y tú no quieres eso, ¿verdad?

– Será una muerte rápida. Solo dos segundos de miedo antes de que llegues al suelo. Debes de morir instantáneamente, o a lo mejor no. El suelo está un poco suave. Pero no te apures, los narbucles no les importa si no te has muerto. Un poco muerta es igual de bueno para ellos.

– Estás loca de remate. – susurró Pansy.

– No, no lo estoy. – Luna dijo, trepándose en el parapeto para poder mirar fijamente a la otra chica. – Yo soy la única persona que ve el mundo como se debe. Los demás son los que están locos.

– ¡Ayúdenme! – gritó Pansy.

– ¡Calmadus! – dijo Luna con una risita maniática. – Ya está. – dijo cantando. – Ahora solo puedes hablar en susurros. ¿No está mejor? Si lo pides con gracia, lo removeré antes de empujarte por el borde. ¿Te gustaría que todos te oyeran mientras caes?

– Aléjala de mí. – Pansy pidió susurrando gravemente, como si estuviera tratando de gritar. – Por favor.

– Lo siento mucho. – dijo Blaise. – Pero no podemos permitir el riesgo de que vayas a decirle a tus padres lo que está pasando aquí. Así que tendré que dejar que Luna te mate.

– Pero no le diré a más nadie, lo juro.

– No te creo. – dijo Blaise de forma indiferente.

– ¡Lo juro, por mi magia, que nunca le diré a nadie las cosas que pasan en Hogwarts!

Un brillo salió del marco de madera por el lado izquierdo, mientras la varita de ella emitía una luz blanca brillante.

– ¿Se logró? – preguntó Susan.

– Claro que sí. – dijo Padma, moviéndose de donde estaba detrás de Pansy. La muchacha sacó otra soga y haló a Pansy del parapeto.

– ¿Qué, que está pasando? – preguntó Pansy tontamente lo mas alto que pudo. Todas la ignoraron.

– Luna, estuviste genial. – Blaise dijo abrazando a la pequeña rubia. – Eres increíble.

– Blaise tiene razón. – dijo Parvati, acercándose para darle otro abrazo. – Hiciste que se me pararan los pelos.

– En realidad no estoy loca. – dijo Luna con la mirada baja.

– Lo sabemos. – dijo Lavender gentilmente. – Somos tus amigas ahora. Eres una de las nuestras.

– ¿De veras? – preguntó Luna, con lágrimas de alivio en el rostro.

– De veras. – dijo Susan firmemente, dándole otro abrazo. La Hufflepuff miró alrededor y sonrió levemente. – Somos lo que Harry quería; amigas de diferentes casas, trabajando juntas para ayudarlo a derrotar a Voldemort.

– ¿Qué está pasando? – Pansy trató de chillar.

Las seis chicas se voltearon a verla con idénticas sonrisas socarronas.

– Verás. – dijo la Slytherin. – Harry dijo que cuando las casas trabajan juntas, no hay nada que nos pueda detener. Parvati y yo sugerimos el plan, Susan, Padma y Lavender encontraron los hechizos. Y Luna lo llevó a cabo a la perfección.

– Tú, mi querida. – continuó Blaise. – Caíste en la trampa.

– Pero. – dijo Pansy frunciendo el ceño. – ¿Por qué? Quiero decir, aparte de asustarme de por vida.

– Oh, no solo te asustamos. – dijo Susan con una risita. – Te hicimos lanzarte a ti misma un hechizo en el proceso.

– ¿¿Qué??

– “Juro, por mi magia, que nunca le diré a nadie las cosas que pasan en Hogwarts.” – citó Susan. – El hechizo que encontramos nos permitió hacer del marco de madera una extensión de tu varita. Le pusimos un juramento encantado de por vida, y dejamos que tú hicieras el resto.

– Me encantaría verte decir algo. – dijo Blaise. – Me encantaría ver como te las arreglas de por vida siendo una Squib.

– ¿¿Qué??

– ¿Ella no es buena con las palabras cuando está estresada, verdad?  - dijo Padma riendo. – O muy inteligente que digamos. Lo que significa, Parkinson, es que si trataras de romper el juramento, tu magia se desvanecerá dejándote como una Squib.

Pansy abrió la boca, dejándola abierta del asombro.

Lavender se movió detrás y le cortó las sogas. Pansy cayó duramente de rodillas.

– Te sugiero que corras ahora, chiquita. – dijo Parvati fríamente. – Y para que lo sepas, sí pensamos en matarte, pero decidimos que a Harry no le hubiese gustado. La próxima vez te matamos por fea.

Pansy asintió y tropezándose, se fue corriendo.

Todas esperaron en silencio, escuchando el sonido de los pasos frenéticos de Pansy mientras se alejaba.

– Eso te quedó frío, Parv. – dijo Padma con una sonrisa de admiración.

– Lo se. – contestó riendo. – Tomé la voz prestada de Harry. De todos modos, no creo que ella ocasione más problemas.

– ¿Así que se lo creyó?

Blaise sonrió y colocó un brazo alrededor de Luna. – Gracias a nuestra querida actriz aquí, ella cayó como pez a la camada.

– ¿No querrás decir carnada?

Blaise hizo ademán de oler el aire y luego apuntó a un charco en el suelo. – Dije lo que quise decir. – terminó riendo.

– Que lástima que el juramento encantado no existe. – dijo Padma. – Voy a hablar con Hermione a ver si luego buscamos si uno existe. Porque sería una buena forma de demostrar que otros son igual de leales a Harry que nosotras.

– No importa si existe o no. – dijo Luna calmadamente. – Pansy se lo creyó, así que otros lo harán.

– Tiene razón. – dijo Lavender alegremente. – Así que vayamos a averiguar si Harry ya despertó. Entonces nos podremos ir a almorzar.


La escena dentro del hospital era una de calma.

Ron y Hermione estaban trabajando sobre un escritorio, Ginny estaba sentada al lado de Harry y leyendo uno de sus libros de texto, y Sirius, en su forma de Canuto, estaba hecho un ovillo a los pies de Harry.

– Un chico y su perrito. – dijo Remus con una sonrisa leve.

– Sirius no se quiso ir a dormir anoche. – dijo Ginny encogiéndose de hombros. – No hasta que yo despertara.

– Creo que Sirius solo confía a Harry contigo. – dijo Remus, encogiéndose de hombros también. – Es algo que hace sin darse cuenta. Pero es devoto a Harry y sabe que tú también lo eres.

Ginny se inclinó y levemente rascó la cabeza de Sirius. – Odio esta espera. – dijo con un suspiro.

– Nos pasa a todos. – dijo Hermione. – Pero mientras esté respirando hay esperanza. Y encontraremos algo, Gin, te lo prometo.

Ginny asintió y sonrió levemente. Ella alargó la mano y rascó el pelo de Harry suavemente. – Odio verlo así. – susurró. – Odio verlo tan inmóvil. Él es Harry. Él debería de estar riendo a carcajadas. Él debería estar mirándome como si fuera lo mas importante en su vida, no aquí tirado en una cama del hospital.

Sirius abrió un ojo y ladró suavemente en acuerdo.

Los hermanos Dumbledore entraron al cuarto juntos. – Tenemos noticias. – Albus dijo, mientras tomaba asiento. – Parece que lo que sea que le pasó a Severus y a Harry, le pasó también a Voldemort. Por lo que los espías dijeron, Voldemort parece haber regresado a como era antes de su resurrección. Así que solo puedo resumir que hubo algo de conflicto mágico entre los tres.

– ¿Así que tenemos algo de tiempo para que Harry se recupere? – preguntó Ron.

– No lo había pensado de esa manera, Sr. Weasley. – dijo Dumbledore lentamente. – Pero parece que tiene razón. Voldemort no estará en forma de atacarnos.

Sirius gruñó suavemente.

– Abe. – preguntó Ginny suavemente. – ¿Qué es lo que hacen nuestros collares?

Abe se encogió de hombros levemente. – Usan la magia de ustedes para que se puedan comunicar entre sí, ¿Por qué?

Ginny se quedó helada, con el ceño fruncido. – ¿No son mágicos de por sí? – preguntó. – ¿Usan nuestra magia?

– Exactamente.

Ginny brincó de la cama, accidentalmente pateando a Sirius, el cual ladró y brincó a sus pies, cambiando formas para mirar a Ginny.

La pelirroja sacó su varita y la apuntó a Harry.

– ¿Ginny? – preguntó Hermione lentamente.

– Ahora no. – dijo Ginny. Ella cerró los ojos y buscó por las memorias que tenía de la infancia de Harry. Ella dejó que alimentaran su temperamento, mientras sacaba su magia. Ginny apuntó la varita a Harry y le lanzó un rayo de magia pura hacia él.

Harry dio una sacudida antes de ponerse quieto otra vez. Ginny gruñó por lo bajo y lanzó el mismo hechizo otra vez. Dos veces más. De repente ella cayó de rodillas rompiendo a llorar. La muchacha se agarró el collar y sonrió a los otros. – Está de vuelta. – susurró antes de desmayarse exhausta.

Sirius fue el primero en moverse, agarrando a Ginny antes de que cayera al suelo. Sirius la cargó a la cama de Harry y la acostó al lado del muchacho. Rápido le quitó los zapatos para luego arroparla con las mantas.

– ¿Qué? – preguntó mientras los otros lo miraban. – Los dos necesitan esto. – dijo, con un tono que retaba a cualquiera que estuviera en desacuerdo.

– ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Ron.

 – Tu hermana es muy perspicaz. – dijo Hermione con una sonrisa. – Se dio cuenta de las cosas antes que yo.

– ¿Se dio cuenta de que? – preguntó Remus.

– Ginny no podía sentir a Harry. Acabamos de descubrir que Harry estuvo luchando contra Voldemort, y que Voldemort está en mal estado. Ginny luego descubrió que los collares usan la magia de ellos. La conclusión lógica es que Harry usó toda su magia en la lucha y que no quedaba nada para impulsar los collares. Así que Ginny usó su propia magia para darle un poco a Harry. – explicó Hermione.

– Oh. – dijo Ron lentamente. – ¿Y ella está inconsciente porque, conociendo a Harry, necesitaba mucha magia? ¿Entonces, porque sigue dormido?

– Presumo. – dijo Abe lentamente. – Que Ginny solo le dio un empujón a la magia de Harry, o sea le dio la suficiente para que empiece a reconstruirse, en vez de darle la suficiente para que funcione normalmente.

– ¿Como revivir un corazón luego de un infarto? – preguntó Hermione.

Abe caminó hacia Harry y movió las manos sobre el joven. – Exacto. Y cuando los dos se despierten, les debo una disculpa. Me temo que no pensé en el hecho de que no podía sentir la magia de Harry. Pensaba que solo estaba inconsciente.

– ¿Despertamos a Snape también? – preguntó Ron.

– Yo lo haré. – dijo Dumbledore con una sonrisa. – Sospecho que si Ginny nos hubiese dicho algo, le podríamos haber ayudado y no estaría inconsciente.

– Oh, por favor. – resopló Ron. – ¿Decirle a mi hermana que no le de algo a Harry? Sale mejor si convence a Voldemort a que se ponga a vender cepillos.

Sirius hizo una mueca. – ¿Te puedo interesar en una escoba? – preguntó, con voz silbante. – Viene con un encantamiento gratis de ‘Odio a todo el mundo.’

Albus apuntó su mano hacia Snape y dos rayos de luz impactaron al pecho del profesor.

– Eso ha de bastar, Albus. – dijo Abe sonriendo. – Y ya que sabemos que se van a despertar mas tarde, me voy a ver a los gemelos. Necesito asegurarme de que todo va bien para nuestro lanzamiento.

– Abe, gracias por ayudar. – dijo Albus sinceramente.

– Es gente como Harry y Ginny los que me da esperanza para el futuro. – dijo Abe suavemente. – Esta vez ganaremos, y terminaremos con este lío permanentemente. – dijo asintiendo a los otros y salió del lugar.

– Creo que me gusta. – dijo Ron. – ¿Acaso todo el mundo en su familia siempre dicen lo que piensa?

Albus soltó una carcajada. – No si podemos evitarlo, Sr. Weasley. – dijo alegremente. – ¿Les puedo sugerir a todos ustedes que vayan a comer algo? Yo me quedaré aquí por un tiempo.

Hermione asintió y se dio un estirón. – ¿Estamos seguros sobre Harry?

– Si Ginny lo está, yo también. – dijo Albus con una sonrisa.

Hermione asintió. – Vamos Ron.


Ginny se dio un estirón y sonrió. Podía sentir el corazón de Harry latiendo contra el pecho de ella y sentir la magia de él a través del collar. Era débil, pero estaba ahí. Ginny solo deseó que al menos una vez, ella despertara al lado del muchacho y no estar toda vestida.

No parecía justo que Ron y Hermione podían dormir juntos y ella todo lo que había recibido era poco mas que un serio chupetón.

Ginny se sentó suavemente y se quitó el pelo de los ojos.

– Buenos días, Ginny. – Snape dijo desde el otro lado del lugar.

– ¡Profesor Snape! – saludó Ginny, saliendo de la cama. – Está despierto.

– Lo estoy. – dijo él, sonriendo en la penumbra del cuarto.

– Llamaré al profesor Dumbledore. – dijo ella, buscando por sus zapatos.

– No, Ginny, por favor. – dijo él. – Me gustaría hablar un poco contigo primero.

– Okay. – dijo Ginny amablemente., moviéndose a una silla al lado del profesor y acomodándose sobre ella. – ¿De que quiere hablar, profesor Snape?

– Severus. – dijo él.

– ¿Perdón?

– Mi nombre es Severus, Ginny. Me gustaría que me llamaras así cuando no haya otros estudiantes. Harry tiene mi permiso también.

– ¿Por qué yo?

– En parte porque te debo una disculpa. – dijo lentamente. – Y en parte porque ahora te conozco mejor.

– ¿Por qué me debe una disculpa?

– Me temo que tomé una decisión necia que ayudó a causar esta situación. Ayer, invité a Harry a mis alojamientos porque tenía un problema y necesitaba la ayuda de él.

Ginny asintió.

– Cuando era más joven, estaba bien enamorado de Bellatrix Black. Ella fue una de las razones por las que me uní a los mortífagos. Cuando se casó con Rodolphus, me hice espía para Albus.

– Bella me contactó la semana pasada, después de que Harry se las arregló para removerme la Marca Tenebrosa, y me preguntó si podía pasarse a este lado.

Ginny resopló de sorpresa.

– Como Harry es la única persona que puede remover la Marca Tenebrosa, le pregunté a él su opinión. Me temo que Harry se dio cuenta rápidamente de que necesita a Bella.

– ¿Cómo espía? – preguntó Ginny.

– Exacto. Harry no estaba muy contento pero accedió a ayudarme. Después de una bebida, él me hizo una pregunta interesante. Si pensaba yo si era posible usar el mismo hechizo que unió nuestras mentes para sacar la marca, para usarlo para derrotar a Voldemort.

Ginny asintió lentamente. – La idea de derrotar a Voldemort le hubiese sido atractiva a Harry.

– Y para mí. – dijo Snape. – Así que accedí y los dos fuimos, en mi mente, a encontrar a Voldemort. Desafortunadamente nos estaba esperando y nos atrapó. Se las echó por un momento y luego nos lanzó el Maleficio Avada a los dos.

Ginny jadeó horrorizada.

– Creía que nos íbamos a morir. Harry pensó que íbamos a morir.

– ¿Qué fue lo que pasó?

Snape suspiró suavemente. – ¿Serías tan amable de darme un vaso de agua?

Ginny asintió, saltando de la silla y corriendo hacia la pileta. La joven regresó con un vaso de agua.

– Siéntate. – dijo Snape gentilmente. – Antes de continuar, tenemos que darle para atrás un poco. ¿Te has puesto a pensar en la forma que Harry usa sus poderes para hacer lo que le venga en gana?

– En realidad no. – dijo Ginny con una vocecita.

– En un nivel de su psiquis, Harry es bien vulnerable. Si alguien en quien él confía le dice que puede hacer algo, él les cree y lo hace. Desafortunadamente, lo opuesto ocurre también.

– ¿Qué quiere decir?

Snape suspiró y se acomodó un poco. – Voldemort le dijo a Harry que había encontrado hechizos que Harry jamás hubiese soñado, y Harry le creyó. Los hechizos que nos mantenían unidos no eran tan fuertes, pero como Harry creía que no podía escapar, los hechizos se hicieron inquebrantables.

– Entonces Voldemort nos lanzó el hechizo. Yo estaba bien profundo dentro de la mente de Harry en ese momento y pude ver sus pensamientos. Parte de Harry creía que iba a morir y con su mente ya decidida, los dos estábamos fritos.

– Pero entonces otros pensamientos pasaron por su mente. ¿Sabías que tú fuiste la primera bruja que él conoció por nombre?

Ginny negó con la cabeza.

– Pude ver la historia entera de ustedes dos, incluyendo lo que él hizo en la Cámara de los Secretos. Lo vi todo, y pude ver lo mucho que te ama. Tú eres el centro de su universo, Ginny. En cierta manera tú eres la persona más importante en el mundo, y mucho mas para Harry, porque eres su inspiración, su razón de luchar, de derrotar a Voldemort.

– Y no quería dejarte sola. Él sabía lo triste que te pondrías y no podía hacerte eso. Todo esto estaba pasando muy rápido que pude verlo todo como si pasara en cámara lenta.

– Dos partes de Harry batallaron una contra la otra; la parte que creía que iba a morir y la parte que te ama mucho. La parte que no te quiere dejar sola.

Ginny tenía lágrimas bajando por sus mejillas mientras escuchaba como el profesor que había detestado en el pasado le explicaba lo mucho que su novio la quería.

– En el último segundo, su deseo de estar contigo ganó y empezó a luchar.

– Harry fácilmente pudo haberse protegido a sí mismo del hechizo, pero yo hubiese muerto. Yo le dije que lo hiciera y todo lo que me dijo fue me callara la bocota.

Ginny se atragantó tratando de no reírse.

– Literalmente el chico agarró su propia magia y la mía y formó un escudo al frente de los dos. Era lo más precioso, la cosa más increíble que he visto en mi vida. El maleficio rebotó contra el escudo y le dio de lleno a Voldemort, y básicamente eso es lo último que recuerdo, hasta que me desperté hace unos veinte minutos.

– Gracias por decírmelo. – susurró Ginny.

Snape sonrió en la oscuridad. – Él es un muchachito increíble. – dijo suavemente. – Él tuvo la oportunidad de salirse y dejarme. Y honestamente, yo no lo hubiese culpado si lo hacía. En vez, decidió asegurarse de que yo saliera vivo, sin pensar en las consecuencias para sí mismo.

– Harry se ve a sí mismo como alguien normal. – dijo Ginny con un ligero suspiro. – Él se cree que, en cualquier situación, todo el mundo actuaría igual que él. Harry no se ve a sí mismo como alguien especial.

– Permíteme un segundo. – dijo Snape. – ¿Podrías pasarme la varita? Acabo de recibir mensaje mágico de Bella.

Ginny asintió y buscó dentro de un armario y le dio la varita a su profesor.

– Oh, muy bien. – sonrió Snape. – Parece que Voldemort está en igual estado que nosotros.

Ginny asintió. – Uno de los espías de Dumbledore dijo que necesitaría igual de tiempo para recuperarse. Lo cual es bueno porque Harry también lo necesita.

Snape asintió. – Creo que pasar tiempo contigo es todo lo que él necesita.

– Eso espero. – dijo Ginny. – Siento como si pasáramos de una crisis a la otra la mitad del tiempo sin casi nada para nosotros.

– Eso vi. – dijo Snape. – Pero te puedo decir que las veces que está contigo a solas son las más importantes para él. Cuando te llevó a Londres a caminar por los jardines esa era su idea del cielo.

Ginny sonrió lentamente. Estaba contenta de que Harry estaba bien, pero no le gustaba para nada que se tirara así a hacer algo sin nada de apoyo. – Le voy a dar tremenda regañada. – admitió ella.

– Lo se. – dijo Snape riendo. – Y tengo que ir a decirle a Albus. Se va a disgustar conmigo y me lo hará saber muy claro. No seas muy dura con él.

– No lo seré. – prometió Ginny. – Solo quiero dejarle saber que debe de pensar las cosas muy bien antes de ponerse así en peligro.

Snape bostezó suavemente. – Si no te molesta, Ginny, me voy a dormir otra vez. Por favor, no le digas a nadie sobre Bellatrix; eso es entre Harry y yo. Si te lo dije fue para que puedas ayudarlo tomando decisiones.

Ginny se puso de pie y jadeó un poco al encontrar que el piso estaba más frío de lo que pensaba. – Gracias por ayudar a Harry para que volviera a mí. – dijo dándole una palmadita en la mano.

Ginny se movió a la cama de Harry y se deslizó a su lado. Ella colocó una de las piernas sobre él y la cabeza sobre el hombro del muchacho. Snape le había dado algo en que pensar. Todo estaba muy bien: todo el mundo jugando con la psiquis de Harry para su propia ventaja, pero como Voldemort había demostrado, podía tener efectos negativos también.

Ginny suspiró cuando se dio cuenta de algunos ejemplos que ella pudo captar. Las veces que Harry aparecía que estaba bien después de hacer magia complicada, pero tan pronto ella le había dicho que estaba cansado, de repente él se veía agotado. Si ella no hubiese dicho nada, de seguro él hubiese seguido como si nada, pero en su estado ingenuo y la confianza que le tenía a ella, había accedido.

Ella estaba tan cansada que ni siquiera se dio cuenta cuando el brazo de Harry se movió para aguantarla más cerca de su cuerpo. 


– ¿Y bien? – dijo Lavender. – ¿Por donde empezamos?

– Pos. – Parvati dijo, mirando alrededor. – ¿La habitación?

Alguien tocó a la puerta, y cuando fueron a abrir, cuatro chicas entraron a trote.

– ¿No estaban pensando en decorar el cuarto de Harry sin nosotras, verdad? – preguntó Susan alegremente.

– Se supone que fuera un secreto. – explicó Parvati.

– Eso no existe en Hogwarts. – dijo Blaise con una risita. – Así que estamos aquí para ayudar.

Un pequeño pop se escuchó y Dobby apareció. – Con el permiso de las señoritas. – dijo Dobby, inclinándose y moviéndose. – ¿Pero que hacen estudiantes aquí?

Luna se acercó y se arrodilló frente al elfo. – Este será el cuarto de Harry. – dijo ella. – Estamos aquí para decorárselo.

Los ojos de Dobby se agrandaron. – ¿Harry Potter vivirá aquí señorita?

Luna asintió, sus ojos igual de grandes.

Dobby sacudió la cabeza visiblemente disgustado. – No, no, no. – chilló. – No está bien.

– ¿Qué no está bien, Dobby?

– Harry Potter señor no puede vivir así. Este pequeño, diminuto cuarto no está bien para tan grande y poderoso mago como Harry Potter, señorita. – el elfo de repente se alegró. – Dobby arreglará esto. – prometió.  Dobby aplaudió las manos, y como antes, dos docenas de elfos domésticos aparecieron.

– Harry Potter señor, el gran y poderoso mago va a vivir aquí. Los cuartos de Harry Potter son muy pequeños. ¡Hogwarts necesita darle habitaciones más grandes a Harry Potter!

Los elfos asintieron todos a la vez, y caminaron hacia las paredes, seis al frente de cada una, y empezaron a empujar. El cuarto pareció crecer mientras los elfos empujaban para atrás, lucecitas brillando en donde ellos tocaban las paredes.

– Harry Potter necesitará una cocina también. – dijo Dobby. Los elfos se movieron como diablillos dando vueltas, arreglando las paredes mientras Dobby los dirigía a diestra y siniestra.

Diez minutos más tarde, Dobby colapsó en el suelo frente a ellas, mientras los otros elfos se desvanecían. – Dobby está cansado. – dijo suavemente. – Este cuarto ya está digno de Harry Potter señor. Si las señoritas necesitan mas ayuda, Dobby regresará mañana.

Luna se arrodilló otra vez y le dio un abrazo ligero al elfo. – Debes estar aquí cuando le mostremos a Harry este cuarto. – dijo ella. – Te mereces que él te lo agradezca también.

Dobby se ruborizó y tartamudeó antes de irse con un pop.

– Estuviste muy bien con él. – dijo Susan.

Luna sonrió. – Esto es fantástico. – dijo ella mirando alrededor. – Me pregunto si Ginny nos dejaría mudarnos aquí.

Lavender se echó a reír. – De seguro no. Ella es un poco posesiva.

– Y yo que pensaba que los Gryffindor sabían compartir. – dijo Blaise con una risita. – Es una buena idea el que viniéramos, porque definitivamente van a necesitar la ayuda ahora.

– Sí. – dijo Lavender. – No sabía que los elfos podían hacer eso.

– Tampoco yo. – dijo Padma. – Voy a tener que investigar un poco mas tarde sobre eso. Hacen tan buen trabajo.

– Chicas. – gritó Lavender. – ¡Vengan y vean esto!

Las demás siguieron el sonido de la voz y salieron a un balcón enorme que estaba de frente al campo de Quidditch.

– Harry nunca querrá salir de aquí. – dijo Blaise suavemente.

– Apuesto que eso es algo que Ginny espera. – respondió Parvati.

– Y bien. – dijo Lavender palmeando las manos. – Vamos a trabajar. Padma, tú y Luna van a investigar. Quiero que investiguen como se hace el techo del Gran Salón. Blaise, Susan, ustedes empiecen con el baño. Se que los dos son Gryffindor, pero no lo hagan muy Gryffindor. Queremos que este lugar sea una mezcla de todas las casas.

Blaise saludó instantáneamente. – ¡Señor, sí, señor! – dijo ella y giró sobre sus talones.

– ¿De veras la necesitamos? – Lavender le preguntó a Parvati.

– Creo que sí. – dijo Parvati con una risita. – Además es divertida.


Viernes en la mañana amaneció con una monotonía que solo pasaba una vez en la semana.

Ginny bostezó profundamente e inhaló. Estas últimas noches ella había dormido muy bien, y aunque todos en la escuela sabían donde estaba durmiendo ella, nadie había hecho bromas al respecto. Ni siquiera Draco.

– ¿Por qué siempre estamos vestidos cuando nos despertamos juntos? – preguntó Harry, su voz seca y rasposa.

– Me he preguntado eso mismo durante toda esta semana. – respondió Ginny, antes de quedarse helada. – ¿Harry?

El muchacho asintió.

– ¡Harry! – chilló ella y se tiró encima de él. La muchacha escondió la cara en el cuello del joven y se echó a llorar.

– Shhh. – murmuró Harry, rascando la espalda de ella. – Estoy bien, estoy aquí.

Ella lo miró, su visión estaba un poco borrosa debido a las lágrimas. – Harry. – dijo ella seriamente. – Necesito que me hagas un favor.

– Lo que sea. – dijo él con seriedad.

– Ven a mi mente, necesito que veas algo.

Él asintió, murmurando un hechizo en voz baja.

Ginny respiró hondo y le permitió entrar a su mente. Con cuidado, ella lo guió a la memoria que había guardado para él.

Él no se echó para atrás, él absorbió la memoria completamente antes de salir. Tenía lágrimas bajando por sus mejillas y parecía que tenía el corazón roto.

– Así es como me sentí cuando pensé que te había perdido. – dijo ella atragantándose, llorando con él. – No me puedo sentir así otra vez, Harry.

– Lo lamento mucho. – murmuró Harry.

– Lo se. – dijo ella. – Solo quiero que recuerdes la próxima vez que pienses en hacer algo así de nuevo. No te lo echaré en cara si estoy allí, Harry, para ayudarte, pero no puedes irte así solo de nuevo.

– No lo haré. – prometió él.

– Bien. – dijo Ginny suavemente y besándolo gentilmente. – Ahora, ven a mi mente otra vez.

Harry asintió e hizo como ella pidió, y ella se alivió al ver que él aceptó lo que ella hizo de forma rápida. Había estado asustada de que él la empujaría, por su propio bien, pero decidió que esa era la mejor manera de hacerlo entender.

Cuando lo sintió, ella lo dirigió hacia otra memoria, esta era más grande.

Él se movió dentro y se quedó ahí. Después de un segundo, el joven pareció brillar y crecer dentro de la mente de ella.

Él la dejó a regañadientes, y ella lo vio a los ojos. Él la estaba mirando con asombro absoluto. – Eso es cuanto te amo. – dijo ella suavemente. – Y lo mucho que me quieres. Severus me lo dijo, así que pensé que era justo para ti demostrarte lo mucho que te adoro, Harry.

– Gracias. – dijo él, su voz quebrándose un poco. – Gracias.

Ella se inclinó y le besó otra vez.

– ¿Cómo están todos? – preguntó Harry. – ¿Severus está bien?  ¿Que día es hoy?  ¿Ya Fred, George y Abe lanzaron la cerveza de mantequilla?  ¿Y el ED, como le va?  ¿Y que ha pasado con Voldemort?

Ginny se echo a reír. – Típico Potter. Estás despierto por unos minutos y ya estás preguntando demasiado. Y no vas a recibir respuestas inmediatamente. Creo que necesitamos una reunión. Así que brinca a la ducha y yo traigo a todo el mundo aquí.

– ¿Y el desayuno? – preguntó con ganas.

– Y el desayuno. – accedió Ginny.

Harry sonrió y le besó rápidamente en los labios y lentamente se dirigió a la ducha. Su cuerpo estaba obviamente más cansado que su mente. Ginny salió del cuarto de Harry en el hospital y se dirigió a la chimenea, echándole un poco de polvo Flú para llamar a Sirius y a Remus.

Ginny pausó por un segundo para luego llamar a su mamá también, invitándola a la reunión, para que pudiera ver por sí misma que Harry estaba bien. Molly había estado más que disgustada cuando no se le había dicho inmediatamente que Harry estaba inconsciente.

Con eso hecho, la muchacha caminó por el pasillo adormilada hacia el Gran Salón, a sabiendas de que estaba hecha una facha por haber dormido en sus ropas otra vez.

Ella empujó la puerta para abrirla y sonrió cuando todo el mundo se giró a verla. – Está despierto. – dijo simplemente.

Los vítores espontáneos que corrieron por el lugar casi la tumban al piso.

Ginny alzó la mano para calmarlos un poco. – Solo para que sepan. – dijo. – Harry y el profesor Snape fueron emboscados por Voldemort. Voldemort había preparado el ataque de antemano y encerró al profesor Snape y a Harry en sus mentes, y luego les lanzó el maleficio Avada a los dos.

Un resoplido de horror recorrió el Salón.

– Con suerte. – continuó Ginny. – Voldemort otra vez olvidó que mi novio es el Niño-Que-No-Será-Derrotado-Por-El-Gran-Cretino, y Harry se las arregló, con la ayuda del profesor Snape, de redirigir el maleficio de vuelta a Voldemort.

Hubo otro vitoreo de parte de los estudiantes – uno al que los profesores se unieron también.

– Obviamente, hacer lo imposible les tomó mucho a Harry y al profesor Snape, y por eso era que estaban los dos inconscientes. Como Harry usó toda su magia, yo honestamente pensé que había muerto. Y como pueden imaginar, estoy más que contenta de que todavía esté vivo.

Una ligera ola de risas recorrió el lugar.

– Pero. – continuó Ginny. – Hemos escuchado de los espías que Voldemort está hasta en peor estado que Harry.

Los vítores esta vez se acompañaron con brincos y saltos (con excepción de dos o tres) por toda la escuela.

Ginny sonrió y esperó a que terminaran. Había preparado ese discursito en su mente mientras esperaba por Harry, pero no esperaba esa clase de recepción. Le hizo darse cuenta que, como novia de Harry, había pasado de la oscuridad a la fama en muy poco tiempo. Así como Harry tenía ciertas responsabilidades, también las tenía ella.

– Profesor Dumbledore, profesor Snape, Profesora McGonagall, Ron, Hermione, Harry tiene algunas preguntas. Ya llamé a Canuto y a Lunático, y vienen de camino.

– Gracias, Ginny. – dijo Albus poniéndose de pie.

– Hay algo más. – dijo Ginny de súbito.

– Como no. – el director dijo abriendo los brazos.

Ginny puso las manos en las caderas y miró fijamente a todos en el lugar.

– Harry mañana tendrá un día libre. – dijo ella secamente. – Vamos a tener un picnic, y luego unos juegos, y terminar con una barbacoa. Todos, incluyendo a los maestros, están invitados. – ella pausó por un segundo para luego sacar su varita del bolsillo y murmurar – Sonorus. – mientras se la apuntaba a su garganta. – ¡Silencio! – gritó ella por encima de los vítores. Su voz ampliada mágicamente resonó por el lugar.

Cuando todo el mundo se aquietó y la miraron en silencio, ella canceló el hechizo. – Gracias. – murmuró. Ella miró duramente a todo el mundo en el lugar, incluyendo a los profesores. – Eso significa que mañana Harry no estará disponible para resolver ningún problema. No me importa lo que pase en el resto del mundo, mañana nadie va adonde Harry para que él resuelva. Él se va a divertir, se va a relajar, y se va a acordar de las cosas buenas del mundo Mágico, y lo mucho que se puede disfrutar.

– ¿Me entendieron todos?

Todos asintieron a la vez y hasta varios estudiantes tragaron en seco de forma audible.

– Muy bien. – dijo Ginny sonriendo. – Lavender, Parvati, ustedes están a cargo de organizar el menú. Hablen con Dobby, le encantará ayudar. Si quieren comprar algo, vengan a donde mí y se los traeremos aquí. Seamos, Dean, a ustedes les tocan los juegos. Háganlos mezcla de mágicos y muggles. Blaise, Susan y Luna, a ustedes les toca la música. Quiero algo suave para las comidas, y algo con que se pueda bailar en la tarde. Prefectos, a ustedes les toca buscar suficientes sillas para los profesores que no quieran sentarse en el suelo, y los hechizos para iluminar al atardecer. Orla, a ti te toca la fotografía, pero nada de publicar fotos de Harry sin mi aprobación.

Ella miró a la mesa de los profesores para encontrar a Snape riéndose tan fuerte que hasta tenía lágrimas bajándole por la cara.

– ¿Profesor?

Snape respiró profundo y se las ingenió para calmarse. – Gin. – empezó, y pausó en lo que el resto de la gente jadeaba en shock porque él había usado el sobrenombre de ella. – Ya que ordenaste a toda la escuela a organizar un picnic para tu novio, ¿te podría preguntar que estás planeando para más luego?

Ginny le sonrió. – Harry estará lo suficiente recuperado para encargarse de eso la próxima vez. – dijo ella de forma amable. – Así que no tendré que preocuparme de esa.

Snape resopló y se puso de pie. – Vamos, profesor. – le dijo a Dumbledore. – Ya nos dijeron lo que tenemos que hacer.

– Tienes toda la razón, Severus. – dijo Dumbledore alegremente. El se volteó para salir por las escaleras y pausó. – Creo que el plan de Ginny es excelente. – anunció. – Así que vamos a cancelar las últimas dos lecciones del día para darle aquellos que tienen trabajo el tiempo suficiente para cumplirlos. Espero que mañana sea un maravilloso día.

Los vítores que recibió fueron casi tan ruidosos como los anteriores. Casi.


Mientras Ginny dirigía a los profesores, a Ron y a Hermione fuera del lugar, Dean se volteó hacia Seamus. – Bueno, eso fue inesperado.

– Sí. – dijo Seamus alegremente. – Pero va a ser divertido.

Dean asintió y suspiró levemente.

– ¿Dándote de puntapiés?

– Un poco, sí. – dijo Dean suspirando. – Ella es como una flor.

– ¿En que sentido?

– Estos últimos días ella estuvo morosa y apenas se le notaba. Hermione, Ron y Blaise tomaron cargo del ED, con todo y que ella estaba ahí. Todo el mundo estaba siendo cuidadoso alrededor de ella. Pero no hace Harry más que despertarse y ella brilla de nuevo. Ella sola acaba de ordenar a toda la escuela como si nada, y se veía bonita haciéndolo.

– Sí. – dijo Seamus. – Eso hizo. Pero como dijiste, solo Harry es el único capaz de ponerle a ella esa sonrisa y esa energía.

– Lo se. – Dean suspiró de nuevo. – Me pregunto si yo hubiese sido capaz de hacer eso por ella, si hubiese peleado por ella, ¿sabes?

– No lo tomes a mal, amigo. – dijo Seamus. – Pero no hubieses podido. Solo tienes que verlos a los dos juntos para darte cuenta lo mucho que se quieren. Pero no te concentres en eso, concéntrate en las cosas buenas.

– ¿Cómo que? – dijo Dean morosamente.

– Ella nos acaba de sacar de Astronomía por un día y nos dio la libertad de organizar los juegos para mañana.

– Cierto. – dijo Dean, sonriendo lentamente. – Y hey, fue bueno de ella el invitarnos. Obviamente hay algo más en todo eso.

– ¿Te refieres a que Snape de repente la está llamando Gin, o que el director solo se vio divertido de verla a ella ordenando la escuela como si nada, en vez de estar disgustado?

– Ajá. – dijo Dean con una risita. – ¿Te pone a pensar, no?

– Un poco. – dijo Seamus, la sonrisa desapareciendo. De repente se dio cuenta que había estudiantes escuchando su conversación con Dean. Seamus se puso de pie y miró alrededor. – Pero sabes. – dijo en voz alta. – Me alegro de no estar más envuelto de lo que estoy. Para bien o para mal, Harry parece ser nuestra única esperanza, y si eso significa que él reciba tratamiento especial, así sea. Él es el que está arriesgando el pescuezo por todos nosotros y el único que casi siempre se pone en peligro al menos una vez cada año. No quisiera tener ese tipo de presión. Me gusta ser un chico normal de dieciséis. Prometo que cuando Harry me necesite, ahí estaré, de igual forma que él siempre ha estado ahí por mí cada año.

Al otro lado del Salón, Blaise se trepó sobre la mesa de Slytherin. – Con la excepción de dos o tres aquí. – dijo ella mirando duramente hacia la mesa. – Miren lo que es la escuela ahora. Lo que Hogwarts se ha convertido. Estudiantes de distintas casas están empezando a hablarse, a ser amigos. Eso es lo que Harry ha estado haciendo por nosotros, así que lo menos que podemos hacer es que tenga un día fenomenal mañana.

– Todos saben lo que les toca hacer. Si no se les ha dado nada que hacer, y quieren ayudar, vengan a ver a Susan, Luna, Parvati, Padma, Lavender o a mí, y los pondremos a trabajar. Vamos a demostrar que podemos organizarlo todo sin la ayuda de Harry, Ginny, Hermione o Ron.

Seamus sonrió y le ofreció una reverencia. - ¿Alguien mas quiere ofrecer un discurso? – preguntó.

– ¿Por qué no? – dijo Susan, poniéndose de pie y ruborizándose furiosamente. – Erm. – dijo ella mirando alrededor. – Soy una Hufflepuff, no Gryffindor. – murmuró ella, lo suficientemente alto para que la escucharan. – Para reforzar lo que dijeron Blaise y Seamus; por mucho tiempo hemos estado dependiendo de Harry y sus amigos. Esta es nuestra oportunidad de decirles gracias por arriesgar sus vidas por nosotros y nuestras familias. No lo echemos a perder, ¿vale?

Una ovación siguió a estas palabras, especialmente de la mesa de Hufflepuff y a Susan se le puso más roja la cara.

Cho Chang se trepó a la mesa también. – Pienso que el honor de Ravenclaw se quedará mancillado si al menos una Ravenclaw no dice nada aquí. – dijo ella respirando hondo. – Como casa, estamos completamente detrás de Harry y Ginny. Y luego de la forma magnánima en que me trataron después de mi error, yo, personalmente, estoy apoyándolos al ciento por ciento.  Tomando prestadas unas palabras de Harry, ‘cuando Hogwarts está unido, no hay nada que no podamos hacer.’

Hubo más vítores de parte de los estudiantes. Lavender entonces se puso de pie. – Muy bien, todo el mundo. Recuerden lo que dijo el profesor Dumbledore. Clases primero, organizar la fiesta después. Así que todos vayan a donde se supone que hay que ir.

Entre risas generales, los estudiantes salieron del Salón.


Ginny entró de vuelta al cuarto de Harry para encontrar que sus padres, Canuto y Lunático estaban ya allí con Harry, el cual estaba terminando de desayunar algo. Ella caminó hasta la cama y levantó los brazos hacia el muchacho. Ella era más que capaz de treparse a su lado, pero ese no era el punto.

Harry hizo desaparecer su bandeja con un chasquido de sus dedos, alargó la mano y fácilmente haló a Ginny, dándole un besito antes de sentarla a su lado. Inmediatamente ella colocó las piernas sobre el regazo de Harry y se acurrucó a su lado. No habían compartido demasiado contacto para su gusto y ahora que ya lo había regañado, definitivamente que era tiempo para arrumacos.

Harry colocó un brazo sobre ella, y le dio un apretoncito, obviamente sintiendo lo mismo.

– ¿Cómo te sientes, Sev? – preguntó Harry al profesor.

– Mucho mejor. Tú vas a estar cansado por el resto del día.

– Todavía te ves todo baldado. – dijo Harry riendo. – La luz del sol no mata, sabes.

Severus hizo una mueca. Ginny tuvo que esconder una sonrisa cuando miró las caras asombradas de Ron y Hermione. Aparentemente la idea de Snape y Harry repartiendo bromitas estaba fuera de su compresión. Ella no le había contado a nadie lo que había pasado y no era su historia para contar.  Pero si había algo que haría a Harry y a Snape acercarse, era el compartir un ataque con Voldemort.

– ¿Mañana descubriremos eso, verdad? – dijo Snape con una risita.

– ¿Cómo fue? – preguntó Harry.

– Pues sí. – dijo Snape. – La General Weasley, la que está sentada en tu regazo, decidió que mañana vas a tener el día libre y ordenó a toda la escuela a ayudar o enfrentar su ira. Fue un discurso verdaderamente emotivo.

– ¿Ginny? – preguntó Harry.

La joven sintió ruborizarse furiosamente. – No los amenacé. – protestó ella.

– No con esas palabras, Ginny. – dijo McGonagall con una ligera sonrisa. – Pero sí les dejaste bien claro que te enojarías si algo salía mal.

Ginny se encogió de hombros y se volteó hacia Harry. – Solo quería asegurarme que descansaras y te divirtieras mañana. Vamos a tener un picnic, unos cuantos juegos y una barbacoa al final del día.

– ¿Una parrillada? – preguntó Sirius. – ¿Estamos invitados?

– Claro que sí.

– ¡Wopa! – chilló Sirius. – Ahí voy, carne a la parrilla. ¡Que venga el fuego!

– Cocina la tuya, Canuto. – dijo Harry riendo. – Yo prefiero que la mía la cocine alguien que sepa cocinar.

– Me insultas. – refunfuñó Sirius.

– ¿Por qué? – preguntó Lunático. – Tú eres la única persona que conozco que deja quemar el agua.

– ¡Hey! – protestó Sirius. – ¿Qué es esto, el día de fastidiarme?

– Podría ser. – dijo Snape. – Pero por más divertido que sea eso, creo que deberíamos contestar las preguntas de Harry primero.

– Gracias. – dijo Harry secamente. – ¿Okey, que está pasando con Voldemort?

Dumbledore contestó. – Parece que te las arreglaste para rebotar el maleficio Avada hacia él, y ahora está sufriendo mas que tú.

– Muy bien. – dijo Harry alegremente. – Así que podemos esperar algo de quietud.

– Yo diría que sí. – dijo Dumbledore. – Los mortífagos no saben lo que pasó, así que estarán quitecitos hasta que les digan que hacer.

– ¿Entonces, hoy es viernes? – preguntó Harry.

– Sí. – dijo Hermione. – Estuviste noqueado por dos días y medio.

– Hey. – dijo Harry con una risita. – No está mal, considerando mi record. ¿Qué pasó con el ED?

– Yo y Hermione... – empezó Ron.

– Hermione y yo. – corrigió Hermione.

– ¿Importa? – preguntó Ron.

– Sí. – dijo Hermione con firmeza.

– Muy bien. – suspiró Ron. – Hermione y yo hemos estado a cargo, junto con Blaise, Susan, Lavender, Luna y Padma. Seguimos tus notas y practicamos el escudo un poco más.

– Excelente. – dijo Harry. – ¿Ahora, alguien mas puede decirme que mas pasó mientras estuve noqueado?

Ginny se acomodó plácidamente, escuchando con una oreja lo que los otros hablaban y con la otra el corazón de Harry.


Harry escuchó lo que había pasado mientras estaba noqueado, haciendo preguntas y todo eso, pero estaba más preocupado por Ginny.

El sentimiento de desolación que ella sintió lo había dejado helado. Era algo que nunca había experimentado y no quería que ella pasara por eso otra vez. Ella lo amaba. Más que cualquier otra cosa, ella lo amaba. Lo hacía sentirse humilde porque por fin tenía lo que mas deseaba. Ella era alguien que lo ponía a él primero y lo quería de la misma forma que él la quería a ella.

Y él sí que la amaba. Y el picnic de mañana era el momento perfecto para él darle el primero de los tres anillos a ella.

Harry miró su reloj cuando la gente dejó de hablar y vio que era casi la hora de almorzar. – Okey. – dijo él mirando alrededor. – Me voy a robar a Ginny por el resto de la tarde. Necesito investigar como les va a Fred, George y Abe. Creo que tenemos que empujar lo del lanzamiento lo más pronto posible para darle a Lucius donde le duela mientras Voldemort está fuera de comisión. Eso le debe hacer sentirse inseguro sobre qué hacer en caso de que haga algo que Voldemort no le guste.

– Buena idea. – dijo Dumbledore.

– Canuto, toma la tarde libre también. No quiero que te metas en líos antes de mañana. La búsqueda por la base de Voldemort puede esperar.

– ¿Molly, tiene algo planeado para esta tarde?

– Nada en absoluto. – contestó la aludida.

– ¿Ginny, a quien tienes trabajando para la comida de mañana?

– Lavender y Parvati. – respondió Ginny al instante.

– ¿Podría usted trabajar con ellas? Creo que las dos agradecerían el consejo de una experta.

– Me encantaría, Harry.

Harry cerró los ojos y convocó su billetera en silencio. Cuando apareció en su mano, se la pasó gentilmente a la mamá de su novia. – Compre lo que haga falta. Si vamos a tener fiesta, mas vale que sea una buena.

– ¿Hermione, Ron? A ustedes les tengo un trabajito más difícil.

– ¿Qué cosa? – preguntó Hermione.

– Quiero que vayan con Remus a la biblioteca.

– ¿Para que? – preguntó Remus.

Harry respiró profundo. – Estuve pensando mientras me duchaba. – el joven pausó por un segundo y decidió ver a cuantos adultos les podía tomar el pelo. – Y debí haber estado cansado porque no estaba pensando en Ginny. – Harry pausó y se echó a reír. Ginny estaba colorada, Snape se veía divertido, Sirius estaba gagueando, Molly y Arthur estaban con esta mirada de que lo que acaban de escuchar era demasiada información. Minerva y Albus estaban riendo levemente, y Ron y Hermione se veían como si supieran que Harry estaba bromeando. Tendría que tratar más fuerte la próxima vez. – Y por alguna razón. – continuó. – Estaba pensando en la vez aquella que estuve aquí en el hospital cuando Lockhart me removió los huesos del brazo.

– ¿Y que más? – preguntó Remus suavemente.

– Bien. ¿Todos sabemos que él era un completo fraude, verdad?

– Erm, no todos lo sabíamos, Harry. – dijo Sirius secamente.

– Oh, bueno, lo era. Pero eso no es lo importante ahora. Lo que él hizo fue, viajaba por el mundo, conocía gente, y sus historias, y las escribía clamando que él había hecho esas cosas.

– Ajá. – dijo Sirius asintiendo.

– Bueno, una vez nos contó una historia, en la clase de Defensa, de cuando estuvo por Australia.

Hermione miró sorprendida a Harry. – ¿Cómo me olvidé de eso? – preguntó bufando.

– No era tan importante en ese momento, Hermione. – dijo Harry encogiéndose de hombros.

– Pero me memoricé todos sus libros. – dijo ella. – Incluyendo Extraviado con Hombres Lobos… debí haber recordado.

– No debes culparte, Hermione. – dijo Harry con firmeza.

– Quien quiere apostar. – la voz de Sirius los interrumpió.

– Cara. – dijo Snape, mientras un galeón volaba por el aire.

– Cara es. – suspiró Sirius. – Todo tuyo.

– Muchas gracias. – dijo Snape con una risita. – Ya que gané, me toca la hacer la pregunta. ¿De que rayos hablan ustedes dos?

Harry se ruborizó mientras Ginny se reía a su lado. – Hermione, probablemente tú puedas citarlo mejor que yo.

Ella sintió. – Lockhart estaba hablando en clase con Harry al frente y dijo, “Yo me le eché encima, así - y lo estrellé contra el piso - entonces con una mano me las arreglé para aguantarlo - y con la otra, le puse mi varita contra la garganta. Saqué lo que me quedaba de energía y le lancé un inmensamente complejo Encanto Homorphus y él dejó salir un maullido de angustia. Venga, Harry, más alto que eso - muy bien. La piel se le esfumó, los colmillos se achicaron y él se volvió hombre otra vez. Simple pero efectivo. Y otra aldea me recordará para siempre como el héroe que les removió el terror de ataques de hombre lobos mensuales.”

– Tú a veces asustas. – dijo Ron sonriendo. – ¡Hasta la voz imitaste!

– Así es como en parte recuerdo las cosas. – explicó Hermione. – Me fui de vuelta a donde estuve en ese momento.

– Pues bien. – Harry continuó, mirando la cara incrédula de Remus. – Nadie le hizo caso porque era Lockhart quien lo dijo. ¿Pero, que tal si en realidad había un hombre lobo en Wagga Wagga? ¿Qué tal si alguien se las arregló para encontrar una cura?

– Pero… – Empezó Remus.

– Vale la pena investigar, Remus, mi viejo. – dijo Sirius alegremente. – De hecho, hasta me voy con ustedes a investigar.

Harry chilló. – ¡Ayy! – y se desvaneció con Ginny. – ¿Ya es seguro salir? – preguntó de debajo de la cama. Podía sentir a Ginny riéndose a su lado.

– ¿Err, donde te metiste? – preguntó Ron.

– Debajo de la cama. – respondió Harry. – Canuto queriendo ir a estudiar es uno de las señas de que el Apocalipsis se avecina.

Harry se Apareció de vuelta a la cama y sonrió cuando vio que todos, menos Sirius, estaban riendo a carcajadas.

– ¡Hey! – protestó Sirius.

– Okey. – dijo Snape mirando a su reloj. – Yo tengo una clase que enseñar. Los veré mas tarde.

– Y yo también. – dijo McGonagall, poniéndose de pie. – Es bueno verte despierto otra vez, Harry.

– Yo tengo que regresarme al trabajo. – dijo Arthur alegremente. – Te veré mas tarde querida. – dijo a su esposa y salió del lugar.

– Yo iré a ver que han hecho las chicas con lo de la comida. – anunció Molly. – Debe de ser divertido.

– No se preocupen por la bebida. – dijo Harry. – Veré si Fred y George pueden traer bastante cerveza de mantequilla para la escuela, si tienen la capacidad. Si no, compramos bastante de la vieja.

– Okey. – dijo Molly asintiendo. – Compórtate esta tarde. – le dijo a Ginny.

– Lo haré. – dijo Ginny calmadamente.

– Y nosotros nos vamos para la biblioteca. – dijo Hermione, llevándose a Ron, Remus y Sirius con ella, dejando a Harry, Ginny y Dumbledore a solas.

– Hablé con Severus. – dijo Dumbledore lentamente.

– Y yo ya tuve una charla muy efectiva con Harry. – interrumpió Ginny.

– Ahh. – dijo Albus y asintió lentamente. – En ese caso, le das mis saludos a sus hermanos y al mío.

– Lo haremos. – sonrió Harry y se Apareció junto con Ginny en su cama en la torre de Gryffindor.

– Tengo que cambiarme de ropa. – dijo él. – Y a lo mejor tomar una siestecita.

– Vaya, Sr. Potter. – dijo Ginny con una sonrisa. – ¿Está tratando de que me acueste con usted?

Harry asintió con ganas. Si no fuera porque estaba tan cansado, trataría la parte de estar sin ropa también. – Por favor. – pidió.

– Bueno. – dijo Ginny, quitándose los zapatos y la falda, dejándose puesta una larga camisa blanca. – Que no se diga que yo no hago nada por ti. – dijo ella mientras se escurría debajo de las cobijas con él.

– Gracias. – él sonrió y le dio un beso largo. – Te amo. – le dijo suavemente.

– Lo se, mi amor. – murmuró ella. – Duerme ahora, aquí estoy. Siempre estaré aquí.


De: Filius

Para: Los otros jefes de casas

Asunto: Un milagro

Estaba corrigiendo las tareas de mis estudiantes de sexto año durante el almuerzo y me encontré con un ensayo peculiar.

Estaba muy bien escrito, una E definitiva. Y estaba hecha en la letra del estudiante.

El único problema es que yo nunca le di esta tarea a este estudiante en particular. Y él ha estado inconsciente durante todo este tiempo.

Ahora, o los poderes de Harry han crecido tanto que puede escribir ensayos mientras está inconsciente o algo extraño está pasando.

F


De: Sev

Para: El comandante Albus y sus manos derechas

Asunto: Re: Un milagro

Debo confesar que yo noté algo similar. La tarea de Harry está aquí, bien hecha, bien escrita y es material E.

Desafortunadamente, la Srta. Granger es muy lista para su propio bien. Ella puede haber copiado la letra de Harry, y muchas de sus frases, pero no fue capaz de atontarlo lo suficiente.

Harry nunca ha escrito “a quien” en todo el tiempo que le he enseñado. Y tampoco ha usado la palabra “ininteligible” cuando “confundido” trabajaría de igual forma.

Así que, ¿Por qué está la Srta Granger haciendo la tarea de Harry que no se ha asignado todavía?

Sev – Curioso

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Mujer mano derecha

Para: El resto

Asunto: Re[2]: Un milagro

Yo también lo recibí – tarea perfecta. Es una falsificación excepcionalmente buena, y si le hubiese asignado la tarea a Harry le daría puntos por el esfuerzo.

¿Creen que le deberíamos preguntarle a la Srta Granger?

Min – Igual de curiosa

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prrr


De: Comandante Albus

Para: segundos al mando

Asunto: Re[3]: Un milagro

Conociendo a la Srta Granger como la conozco, pienso yo que ella está simplemente asegurándose de que Harry termine la escuela a tiempo y con buenas notas. Todos sabemos que él tiene cosas más importantes en su mente, como el mantener a todo el mundo vivo. Y como no le dijimos, ni a la Srta Granger, de que no le íbamos asignar tarea, ella debe de estar haciéndolas por él para asegurarse de que sus calificaciones no sufran.

Encuentro admirable y otro ejemplo de la lealtad que Harry genera en aquellos alrededor suyo.

Voy a tener una conversación calmada con ella sobre el asunto y si estoy correcto sobre sus motivos, entonces les sugiero a ustedes que acepten las tareas como si Harry la hubiese entregado y que ajusten las calificaciones según sea el caso.

Claro está, estoy seguro que una vez Harry derrote a Voldemort, él volverá a sus estudios de forma normal.

Albus

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Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Brote de la derecha (2)

Para: Izquierdos

Asunto: Re[4]: Un milagro

Bueno, en ese caso espero con ansias el recibir más tareas excelentes de parte de ‘Harry’.

¿Sev, como siguen las apuestas?

Pommie


De: General guardador del libro de apuestas

Para: Los-casi-casi-ricos-profes

Asunto: Apuestas

Buenas noticias, tengo apuestas de cuatro a uno de uno de los sindicatos de los duendes.

Y yo no me preocuparía de que nos hagan trampa. Seré más amable hoy en día, pero mis veinte y tantos años de práctica de ser un antipático no están ahí por nada.

Casi me creo que él pagaría aún si Harry perdiera.

Sev – silbando inocentemente

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Director General

Para: Coroneles superiores

Asunto: Re: Apuestas

Severus, debería castigarte por amenazar a un duende, pero como estoy en las apuesta, no lo haré.

¿Has estado practicando?

Albus

--
Jefe de Magos del Wizengamot y Gran Hechicero de la Confederación Internacional de Magos


De: Snape

Para: Minnie y Rolanda

Asunto: Ayuda

¿Les podría pedir un favor? Albus me acaba de recordar que necesito algo de práctica, así que ¿podrían reunirse conmigo para una práctica o dos?

Gracias,

Sev

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Buscadora Min

Para: Buscador Sev

Cc: Guardarora Rollie

Asunto: Re: Ayuda

Normalmente no… pero como hay dinero envuelto, cuenta conmigo. Todavía me acuerdo de un truco o dos de aquellos tiempos que hasta el día de hoy no se han visto.

Min

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prrr


De: Sev Agradecido

Para: Minnie

Asunto: Re[2]: Ayuda

No eres tan vieja, querida Minnie, ciertamente no lo aparentas

Severus

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Una ruborizada Min

Para: Encantador de serpientes

Asunto: Re[3]: Ayuda

Eres un encanto, pero de todos modos, todavía recuerdo cuando YO te enseñé Transformaciones.

Min

--
prrr prrr


De: El que no encanta a los gatos

Para: La gata

Asunto: Re[4]: Ayuda

Pero los añitos los llevas tan bien…

¿Puedo pasar por tu oficina más tarde? Necesito algo de consejos del corazón.

Sev

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Ahí se fue otra de mis vidas

Para: El mata-gatos 

Asunto: Re[5]: Ayuda

Creo que por poco me atraganto cuando leí ese último mensaje. Me sentiría mal si no fuera porque estoy bien curiosa.

Ven como a las nueve. Te tendré una bebida lista.

M.

--
prrr


De: Harry

Para: Sev

Asunto: Plantas Venenosas

Agradezco la lección de botánica. Entiendo ahora como las pociones son más útiles con un chin de veneno.

Me gustaría una demostración, frente a frente, como quien dice, el domingo.

Harry.

--
Audaces fortuna juvat


De: Profesor Snape

Para: Harry Potter

Asunto: Re: Plantas Venenosas

¿Estás SEGURO que no eres un Slytherin?

Arreglaré para una demostración, y dale mis disculpas a la Srta Weasley, pero esto debe ser una sesión a solas.

S.

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Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: HJP

Para: SS

Asunto: Re[2]: Plantas Venenosas

Accedí a contarle después a Gin todo lo que aprenda, y ella está conforme con eso.

Me deja saber a que hora.

Oh, debería hablar con Sirius… él tiene una cura bien efectiva para las resacas. Si los dos ponen esas mentes a trabajar, quien quita si la logran mejorar. CMOdBeH te compraría la receta de ustedes y venderla junto a la cerveza de mantequilla para la perfecta salida nocturna.

Así los dos ganarían mucho dinero con eso.

Harry

--
Audaces fortuna juvat


De: Sev

Para: Sirius

Asunto: Sociedad

Parece que Harry no está contento con que nosotros nos llevemos bien; ahora decidió que deberíamos trabajar juntos.

Me dice el chico que tienes una cura para las resacas que podría mejorarse un poco. Él sugirió que trabajáramos juntos y luego venderle la licencia a Harry para producirla.

¿Qué crees?

Sev.

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


De: Pensativo

Para: Provocador

Asunto: Re: Sociedad

¿Ya saliste de clases? Estoy tan atrás en esto de investigar que estoy pensando en convertirme en Canuto para al menos ser útil y calentarles los pies.

Si ya saliste, paso por allá y discutimos esto en persona.

¿Alguna vez pensaste que terminaríamos de amigos y que pasaríamos el tiempo detrás de un chico de dieciséis años que tiene siempre problemas buscando pasar tiempo con su novia?

Sirius

--
ladrando pensativamente  


De: Pobre Profesor

Para: La persona que puede cambiar eso

Asunto: Re[2]: Sociedad

En realidad, podremos hablar de eso cuando llegues acá. Aunque no voy a romper la confianza de Harry (estuve dentro de su mente) tenemos que ver como nos las arreglamos para facilitarles algo de tiempo a solas.

Ven para el sótano cuando puedas, está cerca de la sala común de Slytherin.

Sev

--
Trabajando por la derrota del Gran Cretino desde hace Quince Años


– Ponte esto. – dijo Ginny, colocando una camisa negra en la cama.

– Okey. – sonrió Harry. – Es un poco desconcertante despertarte y darte cuenta que te perdiste la mitad de la semana.

– Apuesto que sí. – sonrió Ginny mientras se sentaba en el borde de la cama. – ¿Cuál es el plan de esta tarde?

– Vamos a ir a ver a Fred, George y Abe primero. Luego iremos a ver a los duendes y actualizarlos en lo que está pasando. Luego iremos al Ministerio a ver como les va a Percy y a Kingsley.

Ginny sonrió suavemente. – Esa es una tarde ocupada. – dijo ella. – ¿Pero donde está la hora de beso-Ginny en todo eso?

Harry pausó en abotonarse la camina y la miró seriamente. – Estoy esperando tener la suficiente energía al final del día, y si la tengo, iremos a pasear en bote hasta el medio del lago para estar a solas.

Ella le sonrió de forma radiante. – Maravilloso. – dijo aplaudiendo. – Vamos pues. Y no te preocupes sobre tener la energía. La tendrás.

Harry asintió. – ¿Me veo bien?

– Te ves como si hubieses luchado por tu vida, y que deberías estar descansando, pero eres muy responsable para hacer eso.

La sonrisa de Harry era torcida. – Así es como me siento. Pero te prometo que mañana soy todo tuyo. – dijo alargando los brazos. – Vamos.

Ginny sonrió y se movió hacia los brazos de él, abrazándolo fuertemente. Un segundo mas tarde, los dos habían Aparecido en un almacén gigante.

Una inmensa rueda estaba dando vueltas en una esquina, un líquido marrón bajando en forma de cascada en lo que parecía un riachuelo profundo. Alrededor de riachuelo, botellas multicolores estaban burbujeando alegremente, ocasionalmente eructando burbujas reverberantes.

– Bienvenidos. – exclamó Aberforth, saludando feliz. – A la fábrica de Cerveza de Mantequilla Original de Abe el Honesto.

– Se ve fantástico. – dijo Ginny, mirando alrededor.

– Lo es. – dijo Abe. – Vengan, y echen un vistazo. – él los llevó a una esquina, donde lo que parecían un par de brazos gigantes estaban moviéndose a un ritmo estable. – Esto es el Burbujeo. – dijo con orgullo. – Es lo que le da a la cerveza su espuma. Parte muy importante del negocio.

– Esto. – continuó él apuntando a la rueda. – Es la mezcladora. Lo que hace es mezclar agua y la primera parte de mi fórmula. La altura está puesta de forma perfecta. Intentamos usar una batidora gigante, pero no era tan dramático. Cada una de esas burbujas de cristal está añadiendo mas ingredientes a la mezcla, incluyendo los preservativos.

Abe dio un bailecito hasta donde el riachuelo de cerveza parecía desafiar la gravedad y flotar en una tubería enorme. – De aquí va a la planta embotelladora. – explicó alegremente.

– Este lugar parece un parque de diversiones muggle. – dijo Harry.

– Exacto. – dijo Abe abriendo los brazos. – Vamos a abrir una sucursal de Sortilegios Weasley aquí y cobrarles a las familias mágicas por un tour. Vamos a tener un área experimental donde los chiquillos puedan jugar con los últimos inventos de los gemelos, sin cargos, dándonos una invaluable investigación de mercadeo y sujetos de prueba de forma gratuita.

– Y luego vamos a añadir un campo de Quidditch para que la gente pueda pretender que son Víktor Krum u Oliver Wood.

Harry se rio suavemente y colocó el brazo alrededor de Ginny. – ¿Necesitan dinero para hacer todo eso?

– Debemos de tener suficiente con lo que ya invertiste. – dijo Abe, de repente serio.

Harry se encogió de hombros. – Es solo dinero, Abe, y me gusta ver a mis amigos felices.

– Ese no es el punto, Harry. – replicó seriamente Abe. – El punto es divertirnos haciendo algo que nos gusta.  He vivido una existencia tranquila por muchos años. Con solo Michael y yo. Esto. – dijo, agitando la mano alrededor. – Es lo mas divertido que he hecho desde la vez aquella que Albus y yo cruzamos el Mediterráneo en un crucero con la monjas de La Madre de todos los Santos.

– Un día de estos – dijo Harry lentamente. – Vamos a sentarnos y me vas a contar todas tus historias.

– Y a mí también. – dijo Ginny con firmeza.

– Debes de saber, Harry. – dijo Abe con una risita. – Que a los viejos nos encanta hablar.

– Y a nosotros nos encanta escuchar. De todos modos, ¿Dónde están Fred y George? Quiero hablar con ellos sobre lo que está pasando aquí.

– Por aquí. – dijo Abe, abriendo una puerta hacia el área de embotellamiento.

Adentro había otra plétora de avisos y olores. La cerveza de mantequilla que había pasado por la tubería del otro lado, todavía estaba desafiando la gravedad, mientras corría por el techo hacia una tubería al revés antes de entrar a un cernedor enorme. La cerveza entonces se dividía en treinta o cuarenta vías diferentes y fluía dentro de una serie de conductos, cada cual terminando en una línea de botellas.

Una contracepción que funcionaba con vapor controlaba el flujo, deteniéndose cuando nuevas botellas eran colocadas en su lugar. Cuando las botellas estaban llenas, estas se movían a otra maquina donde dos manos en forma de esqueleto les ponían la tapa y la etiqueta.

– ¿Eso no que es algo ineficiente? – preguntó riéndose Harry.

– Un poco. – dijo Fred, apareciendo de la nada. Tenía puesto un mameluco azul. – Pero esto es solo para las botellas. La distribución al por mayor se hace abajo y allá tenemos el cuádruplo del volumen que tenemos aquí.

– ¿Cómo van con el volumen?

– Estamos a producción total, y listos para el lanzamiento el lunes.

– ¿Les sobra lo suficiente para repartirla a los estudiantes de Hogwarts mañana?

George bajó del techo, colgando de una soga patas arriba. Estaba vistiendo un mameluco naranja brillante. - ¿Nos vas a entrar a Hogwarts? – preguntó George con una amplia sonrisa.

Harry asintió.

George dio una voltereta hacia el suelo y dio un bailecito. – ¡Tan pronto prueben esto, estarán adictos y le dirán a sus padres! ¡Perfecto!

– Pueden agradecer a su hermana. Es su idea y ella es la que está organizando la fiesta.

– Y sí. – dijo Ginny instantáneamente. – Los tres están invitados. Es mañana a las diez en punto.

– ¿Qué dices, Abe? – preguntó Fred. - ¿Crees que puedas tomar un día para ir a socializar y enseñar lo que tenemos?

– Creo que sí. – dijo Abe alegremente. – Esta cosa ya corre por sí sola.

– Bueno. – sonrió Harry. – Sobre eso. Les tengo otro reto.

– ¿Otro? – preguntó George. – Todavía no terminamos con este.

– Shh, George. – dijo Fred consolando. – Estoy seguro que nos traerá mucho dinero. ¿Verdad que sí, Harry?

Harry echó un pasito para atrás para no estar ya al lado de Ginny. – Tengo a Snape y a Sirius trabajando juntos en una cura para las resacas. Ya yo la traté y se que funciona. De esta forma, la gente puede beber todo lo que quiera y luego tomar la cura y estar bien para trabajar al día siguiente.

Fred y George se miraron uno al otro antes de lanzarse contra Harry, el cual se echó calmadamente para el lado.

Mientras Fred y George volaban por los aires, Abe brincó y cayó encima de Harry.

– ¿No pensaste que te saldrías con la tuya con esa de nuevo, eh? – demandó Fred con una enorme sonrisa.

Harry gruñó y tiró a Abe para el suelo, un poco asombrado de lo fuerte que era el anciano – Lo esperaba. – gruñó. – De todos modos, voy a ir a ver a Amelia Bones para ver si aumenta el castigo para los borrachos y los que arman líos. No habrá excusa para todo eso cuando se pueden curar la resaca de forma rápida. De esa forma no arriesgamos el que alguien se vuelva loco bebiendo.

– Y podemos reclamar que uno sea socialmente responsable. – dijo Fred en acuerdo.

– ¿Socialmente responsables? ¿Nosotros? – preguntó George, antes de caer al piso riendo histéricamente.

Ginny sonrió y sacudió la cabeza lentamente. – Si no fuera por que estoy relacionada con ustedes dos, los negaba desde hacía tiempo.

– No lo harías. – dijo Fred, respirando fuerte después de tanta risa. – Siempre has sido nuestra hermana favorita.

– Soy su única hermana.

– Irrelevante. – dijo George con desdén. – El punto es, nos amas porque somos guapos.

– Seguro. – dijo Harry secamente. – No para volver sobre lo mismo, pero ¿como están los abogados con las notificaciones de cese y desista?

– Están listas.

– Estaba pensando. – dijo Harry lentamente.

– Rápido, alguien que busque algo de oxígeno. – dijo Abe. – Cuando empieza a pensar hay que estar preparado.

Harry le espetó una mirada de pocos amigos. – ¿No sería mas efectivo que los abogados fueran acompañados de algunos duendes armados, como guardias? Eso enviaría el mensaje de que no estamos jugando.

– ¿Cómo vas a arreglar eso? – demandó Fred.

– Déjenmelo a mí. – sonrió Harry. – Los tendré aquí el lunes. -  él se volteó hacia Ginny de forma de disculpa. – Me va a tomar un poco mas de tiempo en el banco del que pensé.

Ginny sonrió y rodó los ojos. – No te olvides de la hora beso-Ginny.

– ¿Problemas en el paraíso? – preguntó George, con los ojos encendidos divertidos.

– Solo que Harry tiene problemas con su tiempo libre, del cual no tiene nada. Organizar la derrota de Voldemort le toma mucho tiempo. – dijo con un mohín.

– Te prometo que mañana soy todo tuyo. – dijo Harry suavemente. – Y esta noche.

– Lo se. – dijo ella, parándose en la punta de los pies para besarlo en la mejilla.

– Se me olvidó eso. – dijo Fred, negando con la cabeza. – Siempre se me olvida que todavía estás en la escuela, y organizando todo este lío a la vez. Pareces siempre estar en todos lados cuando se te necesita.

– No soy infalible. – dijo Harry encogiéndose de hombros. – Solo estoy tratando en lo mejor posible que aquellos a quienes quiero estén contentos. – Harry miró su reloj. – Y más vale que nos vayamos. Tengo que hablar con Mackrack.

– Sí que te mueves en círculos altos. – comentó Fred. – Pero porque nos asombramos; sabíamos que estarías destinado para cosas grandes, especialmente después que salvaste a nuestra Ginny. Y nunca te hemos dicho esto. – dijo poniéndose serio de repente. – Pero te debemos más de lo que podemos pagarte. El que tú vinieras a nuestras vidas fue lo mejor que pudo haberle pasado a nuestra familia. Hasta persuadiste a Percy de que dejara de ser un pedazo de tonto.

– Seguro que sí. – continuó George. – Estaremos ahí contigo en donde sea.

Harry se ruborizó y miró para abajo, levemente de la enorme sonrisa que tenía Ginny. Ella se movió hacia al frente y besó a sus dos hermanos en la mejilla. – A ustedes los amo también. – dijo ella. – Con todo y lo incorregibles que son.

Fred y George sonrieron a la vez. – ¿Quieres un caramelo? – dijeron a la vez.

Ginny soltó una risotada y brincó a los brazos de Harry. – Sácame de aquí, rápido.

– Okey, los veremos mañana. – dijo Harry con una sonrisa y los Apareció a los dos en la entrada de Gringotts.

– Cuando entremos, no te sorprendas de lo que diga. – dijo Harry entrelazando un brazo con el de ella.

– ¿Oh? – preguntó ella.

Harry le sonrió. – Mackrack hace un buen té. – dijo cambiando el tema. – Me sorprendí mucho cuando lo conocí el lunes.

– ¿Qué le vas a preguntar?

Harry se echó una sonrisita. – Eso sería decirlo todo.

Ginny dio un brinquito frente a él y colocó los brazos alrededor del cuello de Harry. Ella se movió firmemente contra él, dándole besitos en la quijada. – Harry. – ronroneó.

Harry sintió sus brazos agarrarla de forma automática, abrazándola cerca. – Ginny. – gruñó.